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Cristina Ramón, cooperante de la Fundación Vicente Ferrer: "Fui a la India para tres meses y me quedé once años"

20/11/2018 01:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

ARACELI GUEDE

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Cristina Ramón tiene 41 años, es coach y viven en Ibiza. Xisco Mercadal tiene 29 años, es profesor de Educación Física y reside en Menorca. Y Gema García tiene 37 años, es logopeda y natural de Palencia. Tres personas muy distintas que tienen algo en común: haber sido cooperantes de la Fundación Vicente Ferrer. Los tres se quedaron en la India más tiempo del que inicialmente habían previsto y los tres coinciden en destacar el trabajo integral de la organización.

La ONG Cumplirá en enero 50 años y con motivo de este aniversario, 20minutos ha entrevistado a su presidenta, Anna Ferrer, y ha querido conocer la experiencia de algunos españoles que en este tiempo han colaborado sobre el terreno en el camino hacia la erradicación de la pobreza en Anantapur, la zona más árida del país asiático.

"El primer impacto es duro"

imageCuando Cristina llegó de voluntaria a Anantapur en septiembre de 1999 tan solo tenía 22 años. Había viajado muy poco, internet no era lo que es ahora y aunque había visto algo sobre la zona en televisión, constatar la situación de sus habitantes en primera persona la invadió de tristeza: "El primer impacto es muy duro".

Esta ibicenca había acabado la carrera de Fisioterapia y tras ahorrar durante un año había decidido cumplir su sueño de contribuir a "crear un mundo mejor". "En aquel momento no había muchos voluntarios y tuve la suerte de que la Fundación Vicente Ferrer me aceptase", recuerda. Así empezó una aventura que duró más de lo que pensó en un primer momento: "Fui para tres meses y me quedé once años".

A Cristina la atrapó lo que considera un proyecto "muy especial, que trabaja el desarrollo de forma integral y a largo plazo", liderado por dos personas, Anna y Vicente Ferrer, "con un gran compromiso con el mundo". "Se nota el hecho de haber trabajado año tras año en una región, ese esfuerzo sostenido", apunta y cita como ejemplo a los grupos de mujeres que en la actualidad manejan sus propios microcréditos y pueden mantener a su familia o a los niños que estudian gracias a las becas.

Quien fuera secretaria de la fundadora, también impulsó uno de los programas contra el VIH, enfocado a familias con el virus que tenían hijos. Trabajar en ese proyecto la llevó a ser testigo de cómo las mujeres que quedaban viudas a causa del sida eran repudiadas por sus suegros, al culparlas de la muerte del marido.

A Cristina le costó volver a Ibiza. No se imaginaba fuera de Anantapur pero "la vida son etapas" y tras más de una década allí, empezó a sentir que había llegado la hora de darle más espacio a cuestiones personales. Ahora como coach sigue "ayudando a las personas de otra manera".

"Las nuevas generaciones están integrando el cambio"

imageXisco supo del Centro de Tenis y Educación de la organización, en el que colabora la Fundación Rafa Nadal, gracias a su profesión. A este profesor de Educación Física le suscitaba curiosidad un proyecto que actúa como complemento a la formación que los chavales reciben, a nivel deportivo y también mediante extraescolares como inglés e informática.

Su primer contacto con la zona fue en el verano de 2014, cuando llegó como voluntario. "Te das cuenta de que puedes aportar mucho más, de que la importancia de la cooperación es el trabajo a largo plazo y de que si quieres cambiar las cosas tienes que estar más tiempo. Tuve la gran suerte de seguir en contacto con la fundación y un año después me cogieron como coordinador del centro. Empecé en septiembre de 2015 y lo que iban a ser ocho meses se convirtieron en tres años", relata.

De todas las historias que conoció recuerda especialmente la de una niña de ocho años con una pequeña microcefalia y unos "enormes problemas de sociabilidad". Xisco cuenta con orgullo que después de tres años en el centro evolucionó tan positivamente que su transformación dejó huella en quienes la ayudaron. "Allí tienen un concepto de la discapacidad como el que teníamos aquí hace años. Que los padres y el resto de la sociedad vean que estas personas se pueden desarrollar y tener acceso al mercado laboral es fundamental", remarca.

"Las cosas avanzan poco a poco pero sí noté que las nuevas generaciones están integrando el cambio, a la hora de entender la igualdad entre hombres y mujeres, de querer tener un futuro mejor mediante la educación... Hay una diferencia bastante grande entre las generaciones de 15 a 25 años y sus padres y abuelos", agrega.

Prácticamente recién aterrizado nuevamente en España, este joven no se plantea ahora mismo regresar a Anantapur pero está convencido de que lo hará en algún momento: "Después de tres años allí, he dejado a mucha gente y el proyecto me encantaba".

"El audífono era como un objeto mágico para ellos"

imageGema estuvo en la región en las mismas fechas que Xisco. Como él, llegó en septiembre de 2015 aunque se fue en 2017, un año después de lo que había programado. Primero como voluntaria y después como coordinadora, esta logopeda trabajó en el proyecto dirigido a población con discapacidad auditiva que puede desarrollar el lenguaje oral.

Su función era formar a los profesionales y analizar qué hacía falta para que el plan saliera adelante, partiendo de la base de que era necesaria una campaña de sensibilización. "Hay mucho desconocimiento sobre el tema porque en la zona rural no hay medios técnicos. Llegas con la idea de desarrollar un programa de formación a familias para que sepan cómo estimular en casa a su hijo pero te encuentras con que para ellos un audífono es como un objeto mágico, que además una niña es mejor que no lleve para no hacer evidente su sordera porque en el futuro será más difícil casarla", expone.

De esta forma, Gema se fue dando cuenta de que de poco le iban a servir las ideas preconcebidas con las que había llegado y la planificación previa que había hecho. Para ella fue como volver a nacer: "Tienes que empezar a aprenderlo todo. Es como si fueras un niño. Todo te resulta curioso, te sorprende...". Porque de India "impacta todo" y es una vez allí cuando quien la visita por primera vez se da realmente cuenta de que "es otro mundo".

"A mí me impactaban especialmente las historias de las mujeres. Su vida es muy compleja. Apenas tienen autoestima. Una de mis compañeras logopedas era viuda y aunque tenía todo el apoyo de la fundación, sentía que no valía y que no podía continuar con su vida", señala.

Gema se alegra de haber podido estar allí y haber aportado "su grano de arena": "Pero lo que aportamos es poco en relación a lo que ellos nos aportan a nosotros, a lo que la experiencia nos hace crecer o cambiar de perspectiva. Yo aún lo estoy asimilando".


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20minutos.es
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