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Criar seres libres

20/05/2011 11:48 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageFábrica china Por Ileana Medina Hernández

Cuando en el neolítico (hace sólo  unos 7000 años), los hombres que vivían a las orillas de grandes ríos aprendieron a cultivar, descubrieron que podían vivir sedentariamente y producir más alimentos  de los que necesitaban. Surgió así, para decirlo en términos marxistas, el "sobrante o excedente" y con él, el comercio y la especialización. Lo que a unos les sobraba se vendía o intercambiaba con lo que le sobraba a otros. Como necesidad del comercio surgió también la escritura, en aquellas tablillas de arcilla de la antigua Mesopotamia.

A la vez, algunos hombres notaron que podían aprovechar su fuerza para poner a trabajar a otros hombres para ellos, de manera que pudieran obtener aún más beneficios a costa del trabajo de otros. Así, por primera vez en la vida natural, unos seres vivos comenzaron a invertir energías (en este caso "trabajo") no para su propia supervivencia ni la de su familia, sino para otros diferentes. Surgen así las llamadas "sociedades de clases". Primero bajo la forma esclavista, luego feudal y finalmente capitalista.

Pero estas sociedades de DOMINACIÓN  de unos hombres sobre otros  no hubieran sido posibles si a la vez la forma de criar y educar a los niños no los hubiera preparado -desde el mismo momento del nacimiento-  para eso: para ser amos o esclavos.

Por eso a las sociedades de dominación, a las sociedades de clases, también se las ha llamado PATRIARCADO. Estrictamente hablando, patriarcado significa "gobierno de los padres". El patriarcado se ha asociado comúnmente al dominio de los hombres sobre las mujeres, pero en su origen semítico, los patriarcas eran aquellos "padres" de los que  "descendían" todas  las tribus y grupos humanos (tomando la línea masculina y obviando la femenina).

El dominio del hombre sobre la mujer  es pues  inseparable del dominio de los padres sobre sus hijos, y del dominio general de unos seres humanos sobre otros. Todas las formas de poder son en el fondo lo mismo. Sólo dominando el hombre sobre la mujer, secuestrando su sexualidad y  el poder sobre el fruto de su vientre, podía perpetuarse la dominación de una generación a otra, y de unas castas sobre otras.

Nuestra civilización, la civilización occidental judeo-cristiana, se ha erigido sobre esos pilares: la sociedad de la dominación, la sociedad de clases, la sociedad patriarcal, la sociedad adultocéntrica, la religión monoteísta, nacieron en el mismo punto:  reprimiendo a las criaturas desde su nacimiento, reprimiendo nuestra vitalidad, nuestra sexualidad y nuestra personalidad,   para que  nos adaptemos  a la estructura social dominante-dominado.

Los primeros en explicar claramente los mecanismos de dominación "del hombre sobre el hombre" fueron Marx y Engels. Sobre su obra se erige la división izquierda/derecha y comunista/capitalista que se impuso en el mundo en el siglo XX. Pero el modelo del comunismo utópico marxista en la práctica se convirtió en una nueva pesadilla totalitaria, mucho más retrógrada que las sociedades democráticas capitalistas que salieron fortalecidas tras la Segunda Guerra Mundial.

La división izquierda/derecha, comunismo/capitalismo, socialismo/liberalismo, desarrollo/ subdesarrollo, primermundo/tercermundo, colonialismo/neocolonialismo, machismo/feminismo... se ha revelado en fin, reproductora del mismo sistema de dominación básico, el mismo que surgió allí entre el Tigris y el Éufrates hace 7000 años, y en otros puntos del planeta más o menos simultáneamente.

Es curioso como en la sociedades actuales, las supuestas  "sociedades del bienestar",   los seres humanos hemos dejado de tener conciencia sobre el funcionamiento de  la dominación. (O quizás nunca la hemos tenido: como dijo el sociólogo español Jesús Ibañez, la dominación debe ser inconsciente para poder funcionar).

La "clase media" de la sociedad del bienestar ingenuamente se cree liberada (en realidad se cree "rica", lo de la libertad no es importante). Las mujeres nos creemos "liberadas" al acceder al mercado laboral. Hemos cambiado la noción de lucha de clases, por las cuotas de sexos, pero el problema sigue siendo el mismo.  Curiosamente,   se quiere hacer ver que la libertad  radica en tener acceso a un puesto de trabajo remunerado, con salarios cada vez más altos y bienes de consumo cada vez más extravagantes, que no nos quitan el miedo ni nos devuelven la felicidad. Justamente es ahí donde se produce la dominación. ¿Cómo podemos no darnos cuenta de que el trabajo asalariado de hoy es la  nueva  forma -aparentemente  "rica" y tecnologizada- que asume el trabajo de  los siervos de la gleba feudales, o de los esclavos romanos?

¿Cómo podemos no darnos cuenta de que acceder al mercado laboral, o acceder incluso a puestos de mando, de poder, no nos "libera", y que además, desplaza la dominación del norte al sur, de los ricos a los pobres, de unos sujetos a otros? Los dominadores tampoco son libres, pues necesitan patológicamente  a los dominados para ser.

Y nos creemos que es un tema "político", o "económico", que  no tiene solución, o que debe tratarse  en los parlamentos, en los gobiernos, en la ONU, en el Club Bilderberg  o en los despachos de las grandes multinacionales.

Porque es allí, sí,   en la  macroeconomía  y en la macropolítica  donde se hace visible  la dominación.

¿PERO DÓNDE  SE  RE-PRODUCE?

La sociedad patológica, la sociedad esquizofrénica (como dijeron Deleuze y Guattari), la sociedad de neurosis colectiva donde sólo podemos ganar o perder, ser dominantes o dominados, se re-produce con y en cada niño que nace.

La dominación comienza, se produce y se re-produce no allí afuera, en el lugar de la política y la "lucha de clases", sino en el seno de cada familia, en cada habitación, en la vida íntima y privada donde se REPRIME al ser humano cuando más vulnerable es y se le  "entrena" para la dominación social. Los primeros "dominadores" somos los padres.

El malestar social e individual, se reproduce en cada niño que nace de una madre patriarcal robotizada, ausente,   frígida, víctima, dominante,   maltratada  o deprimida. En cada niño que es separado de su madre nada más nacer, y se le deja llorar solo, sufriendo en el nido, como dice Michel Odent,   su "primera experiencia de sumisión". En cada niño que se "domestica" para que aprenda a dormir solo, para que no exprese sus deseos, para que no reclame sus derechos ni exprese sus necesidades emocionales.  En cada niño que "ya-está-limpio-y-comido-¿qué-más-quiere-ahora?".    En cada niño que es mandado a callar, que es  castigado o abofeteado "por su propio bien". En cada niño que en su casa aprende a "obedecer" sin rechistar, a satisfacer las necesidades de los adultos, a "ser bueno, tranquilo  y OBEDIENTE". En cada niño que es dejado todo el día en manos de otras personas que lo tratarán, en el mejor de los casos, "como uno más". En cada niño que se escolariza muy tempranamente, y aprende a diluirse en la masa desde bien pronto, y a "seguir unas normas y unas rutinas" que no tienen nada que ver con sus deseos, sus necesidades, su ritmo y su personalidad.

Es por eso, que  la mujer dominada se convierte en la bisagra que garantiza la re-producción (de la dominación).   Es preciso acallarnos, desconectarnos de nuestro fuero interno desde niñas,   para que llegado el momento de la maternidad no sintamos el deseo y la necesidad de amamantar, consolar, cargar, acompañar y permanecer junto al bebé, o si lo sentimos, no podamos manifestarlo ni defenderlo.

Es preciso desbaratar  nuestra autoestima, nuestro poder  y  nuestra intuición; para que paramos atemorizadas y con dolor (el dolor del parto no es natural: está relacionado con el dominio del macho ¡eso fue lo que quiso decir la Biblia!), para que nos separemos  más o menos a gusto  de  nuestro bebé; para que los criemos según las reglas de la dominación: sin cuerpo, sin  nuestra propia leche, sin placer, sin brazos, sin compañía; para que seamos madres  infantilizadas y depredadoras en lugar de madres nutritivas, cómplices activas de la dominación.

Para ello, para que no sintamos, para que deseemos incluso activamente separarnos de nuestros bebés, para que sintamos que el bebé es el  "enemigo"  y que nos arraca nuestra  individualidad,     es necesario haber sido víctimas en nuestra propia infancia, provenir a la vez de una cadena de desamparo que se pierde en la prehistoria.

Para ello, es  preciso que las mujeres construyamos nuestra autoestima en algún lugar  fuera de nosotras mismas: en el maquillaje, el vestido, el peso corporal, la belleza física (impuesta según unos cánones determinados) o  incluso en  el talento académico o el éxito laboral: da igual, mientras sigamos siendo RE-PRODUCTORAS de la dominación,   mientras sigamos criando seres robotizados,   acorazados, domesticados, listos  para ser dominados o dominadores.

Es por eso que se ha  querido calumniar y confundir  el amor y el cuerpo maternal con la "malcriadez", con la "debilidad", con la "sobreprotección" o incluso con el "afeminamiento" (despectivo).

Es por eso que se sigue ocultando todo aquello que de verdad empodera a las mujeres, que nos hace libres, potentes y amantes, que nos tiene a bien con nuestra condición femenina, con nuestra fertilidad y con nuestro propio cuerpo. Es por eso que no se  reconoce  que la maternidad es sexualidad.  Es por eso que se sigue negando a la naturaleza y acusando de "determinismo"  a la defensa y recuperación de la fisiología de la mujer, y su relación con la libertad de todos los seres humanos.

Es por eso que la inmensa obra de Wilhelm Reich ha sido ocultada y censurada y no llega a los ámbitos académicos. Es por eso que seguimos negando el cuerpo, la sexualidad y el placer,   a pesar de  una aparente "liberación sexual" en realidad una  performance pornográfica aislada de las emociones y necesidades psicosomáticas profundas del ser humano.

Es por eso que se le sigue restando  importancia a la "etapa primal", que se le quita importancia al parto, a la lactancia, a los primeros meses y años de vida de los niños: porque es ahí precisamente DONDE SE INICIA Y SE CONSTRUYE LA DOMINACIÓN. Donde se prepara nuestro permeable e inmaduro cerebro, nuestra red neuronal, nuestro sistema emocional, para el miedo y para la guerra.

Es por eso que se ve o se quiere ver un dominio del macho sobre la hembra que no es más que un dominio del  ser humano  sobre sí mismo: cada niño varón que nace también será víctima, y por tanto se preparará para la guerra del más fuerte, para ser víctima o verdugo, para ser dominador o dominado, o las dos cosas a la vez (No hay más que ver como la gente más sádica con sus subordinados  es también la más  sumisa con sus superiores). Y cada niña hembra que nace sufrirá lo mismo, y se preparará para ser la re-productora de la dominación, para criar a  nuestros hijos como mismo nos criaron a nosotras. No es una cuestión de machismo: todos somos víctimas en la sociedad de la dominación.

Incluye también a  los dominadores y los abusadores: nadie se convierte en dominador o en abusador, si primeramente no es dominado o abusado. Es desde  su privación primaria que sentirá la necesidad de dominar o de abusar sobre otros.

Es por eso: porque la verdadera "liberación" de la mujer sería o podría ser  la liberación de la especie humana. Porque es desde el deseo maternal, desde el poderío de la mujer que no se deja arrebatar sus derechos en el parto y  en la lactancia, desde la mujer conectada con su criatura que late con ella al unisono, que le provee de calor, cariño, calostro, protección, defensa... desde la satisfacción de las necesidades emocionales de los niños pequeños, desde la conexión con nuestras vísceras y con la naturaleza,   desde donde se empieza a criar seres libres (y viceversa).

Porque sólo desde el macho protector del nacimiento, de la madre y de la cría -y no desde el  macho depredador- y con  la protección de toda la  estructura social,   es que pueden nacer, criarse y educarse seres humanos plenos, rompiendo el circuito de la dominación, que es el circuito de la enfermedad, individual y social.

Ese  sea  quizás el único modo de sanar la civilización, de  superar el pensamiento  binario  patriarcal, de abandonar el enfoque adultocéntrico, de tomar el problema desde la raíz  y construir una sociedad sana, desde el amor y desde la libertad.

RECUADRO

Freud y Marcuse: ¿Es posible una civilización no represiva?

"El pesimismo? de Freud se basaba en una constatación expresa en El malestar de la cultura: «Si la civilización es un inevitable curso de desarrollo desde el grupo de la familia hasta el grupo de la humanidad como conjunto, una intensificación del sentido de culpa -resultante del innato conflicto de ambivalencia, de la eterna lucha entre la inclinación hacia el amor y la muerte-, estará inextricablemente unido con él, hasta que quizá el sentido de culpa alcance una magnitud que los individuos difícilmente puedan soportar.» De lo que se deduce que para Freud la felicidad no tenía rango de valor cultural. Pero, ¿de dónde surge esta culpa, este "pecado original" que se reproduce desde los orígenes de la Humanidad y que pesa como una maldición en cada generación? Surge de una transgresión social que Freud explicó mediante la hipótesis de la horda primitiva. En ésta un individuo, el padre, se impuso a otros, y a fin de garantizar la cohesión de la horda, organizada en la dominación, impuso una serie de restricciones: monopolizó a las mujeres -es decir, el placer- y estableció en consecuencia unos tabúes y unos deberes hacia la comunidad- fundamentalmente el deber del trabajo a fin de satisfacer las necesidades del grupo-. Pero los hijos se rebelaron contra los tabúes que impedían la obtención del placer y contra los deberes penosos. La rebelión culminó con el asesinato del padre, que fue sustituido por el clan fraterno, pero éste, a fin de asegurar la cohesión del grupo, mantuvo las prohibiciones, los tabúes que el padre había implantado. El crimen primario había producido un sentimiento de culpabilidad y éste, a su vez, había llevado a una restauración de la autoridad, por momentos suprimida. En este momento nació, según Freud, la civilización, indeleblemente unida  a esta culpa original, que se reproduce a escala ontogénetica y filogenética, en cada individuo y en cada generación. El instinto de muerte, de agresión que de él se deriva, acabó con la dominación del padre, pero el remordimiento que produjo el amor que los hijos sentían por el padre (recuérdese la innata ambivalencia antes referida por Freud) creó el super-ego (superyó).    (...) Como que el trabajo es generalmente doloroso, funciona a contrario del principio de placer. La civilización se basa así en una renuncia a la vida instintiva (al principio del placer). Pero esta represión de los instintos sexuales -inclusive  los agresivos de los que Eros  extrae también energía para canalizarla en obras de cultura, en trabajo- termina por hacer fracasar la obra misma de Eros. El callejón sin salida de la civilización radica en que por un lado debe reprimir los instintos sexuales, pero por otro esta represión fortalece los instintos destructivos que terminan por escapar del dominio de Eros. En consecuencia, esta civilización reprimida y represora es incapaz de controlar la agresividad que genera. (...) En consecuencia, la culpa, como afirmaba Freud, es cada vez mayor, puesto que mayor es la destructividad que genera la civilización en su progreso.

(...) De esta reinterpretación de Freud a la luz del marxismo surgen dos aportaciones, que son, con mucho lo más original de Eros y Civilización. La primera de ella es el concepto de represión sobrante (surplus repression).

La represión sobrante es un principio económico que se refiere a la cantidad de energía libidinosa que se desvía de sus fines, más allá de la estricta represión de los instintos necesaria para que exista civilización. El surplus es una cuota adicional y monstruosa que la humanidad paga porque la sociedad está estructurada bajo la dominación. Y esta, históricamente hablando, es la dominación del capital. Esta represión sobrante, que se adiciona a través de los medios de reproducción social de la dominación -familia, escuela, etc.- ha llegado, según Marcuse, al paroxismo de las sociedades de capitalismo avanzado en las que a un trabajo alienante, no gratificador, se superpone el control del tiempo libre, último reducto en el que antaño el principio del placer encontraba su -parcial- plasmación. "

Prólogo no firmado de la Edición de la Editorial SARPE SA, 1983, de la obra de Herbert Marcuse Eros y Civilización. Ni Freud ni Marcuse pudieron ver una respuesta aparentemente sencilla: el problema es que se parte de "el padre". Así, el problema del "malestar en la cultura", de la civilización, de la culpa, de la agresividad y el Tanatos que crece en la misma medida que crece el progreso, es el punto de partida patriarcal. La inversión del principio del placer y del amor, por el principio de la dominación, la represión y el trabajo.


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tenemostetas.com
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