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"crepúsculo argentino sin campanas ... "

08/12/2010 22:07 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

No menos conmovedor es el encuentro místico en la descripción de García Lorca

El tema de la Anunciación ha despertado en la pintura la inspiración de los más excelsos artistas de todas las épocas. Es, posiblemente, por la fuerza y la belleza de su misticismo, fuente de obras inmortales que siguen arrobando a los que gustan de la contemplación y del arte religioso.

Pues la literatura no se queda atrás. A través de los más destacados poetas de cada época, sin importar su línea de pensamiento o sus creencias, encontramos piezas que se destacan por su delicadeza y perfección.

Bástenos tomar como ejemplos, a dos increíbles poetas españoles. El primero de ellos, Miguel Hernández, poeta que militó en la guerra civil española en las filas republicanas, embebido en la poesía barroca y que puso su tinte vital irrepetible en cuanto escribió. Fíjense, amigos, qué versos tan plenos dijo en su poema a la Anunciación:

“Nunca un Ángel oyó más tembloroso

La misión que el Señor le encomendara:

Busca en Judea una Azucena clara,

Un Cáliz matinal y silencioso…”

Con estos versos exquisitos el poeta comienza un soneto en el que expresa el encuentro entre el Ángel Gabriel y María de Nazaret, a quien encontraría tejiendo después de un vuelo “leve y poderoso”.

“Rompió enseguida el nudo nebuloso

Que los lindes del mundo le cerrara,

Y con plumas que el cielo le nevara

Rasgó el espacio, leve y poderoso”

El impacto para el mismo Ángel fue tal que “dobló la rodilla” y quedó “suspenso”. No era para menos.

“Era el Arcángel un fulgor inmenso

Que llenó la ventana de María

Con exquisito y celestial incienso.

La Virgen dejó el copo que torcía,

Ante Ella el Ángel se quedó suspenso

Y dobló la rodilla, y sonreía.”

No menos conmovedor es el encuentro místico en la descripción de García Lorca. Sólo que este maravilloso andaluz pinta un cuadro regional en el que Gabriel luce un chaleco bordado y lleno de lentejuelas:

“Abre la puerta al lucero

Que por la calle venía

El Arcángel San Gabriel,

Entre Azucena y sonrisa.

En su chaleco bordado

Grillos ocultos palpitan…”

y la Señora de la Anunciación es una “Morena de maravillas”.

”-Dios te salve, Anunciación,

Morena de maravilla,

Tendrás un niño más bello

Que los tallos de la brisa…”

Las estrellas de la noche

Se volvieron campanillas”

Campanillas para anunciar la noticia feliz. Ese brillo intermitente grita con armonía celestial el gran acontecimiento

Como en toda su lírica, el presentimiento cae con su peso en la obra y aparecen por allí, en medio del encantamiento del momento, “tres clavos de alegría”, “un lunar y tres heridas”, “tres balas de almendra verde…

“…”-San Gabriel aquí me tienes

Con tres clavos de alegría.

Tu fulgor abre jazmines

Sobre mi cara encendida…”

………………………………………

-Dios te salve Anunciación,

Bien lunada y mal vestida,

Tu niño tendrá en el pecho

Un lunar y tres heridas.

……………………………………..

Tres balas de almendra verde

Tiemblan en su vocecita”

Finalmente, después de un diálogo de lo más gitano, las estrellas que habían sido “campanillas”, se vuelven

“siempre vivas”. El gran acontecimiento será celebrado para toda la eternidad.

“Ya San Gabriel en el aire

Por una escala subía.

Las estrellas de la noche

Se volvieron siemprevivas.”

Pero, amigos, el poema que más me conmueve, es el del criollo Baldomero Fernández Moreno. Imaginen ustedes a un hijo de españoles que recuerda, en su inconsciente familiar, con afectiva insistencia, las campanadas del Ángelus en el atardecer de su tierra. Esas campanas fundidas en el violáceo cielo del ocaso, a esa hora en que todo se detiene y el alma es invitada a la meditación silenciosa, caerían como un llamado ultracelestial al corazón del campesino fatigado que retornaba a recogerse en su hogar.

Pues no menos místico, en el lugar de las campanas, el mugido y el balar de los rebaños, presta, en el campo argentino, un fondo de dulce recogimiento al momento místico por excelencia. Será porque esas extensiones de apariencia infinita, como alguna vez lo notara Menéndez Pidal, hacen que la mirada no se detenga hasta encontrar el cielo. Y entonces, la pampa en la hora del cénit, es el escenario ideal para la contemplación del espíritu.

“Crepúsculo argentino sin campanas,

Qué ganas sin embargo de rezar…

De juntar nuestras voces humanas

Al místico mugido y al balar.”

Este arrobamiento de los mansos ganados de animales ante la Anunciación es como que toda la creación se conmueve y promueve en el hombre la necesidad de detenerse y fundirse en el Milagro.

¡Feliz Navidad!

María Rosa Meléndez


Sobre esta noticia

Autor:
María Rosa Meléndez (25 noticias)
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5974
Tipo:
Suceso
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Creative Commons License
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