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Crecen protestas en Siria ante reformas insatisfechas

27/04/2011 12:09 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Las protestas civiles en Siria cobran fuerza día tras día impulsadas por las insuficientes reformas del presidente Bashar Assad y la división de una sociedad en clanes tribales que identifican al ciudadano por encima del Estado. País de culturas ancestrales que obtuvo su independencia en 1946, Siria es una amalgama de grupos étnico-religiosos y subdivisiones tribales, algunos de los cuales trazan su pasado hasta épocas tan antiguas como el Imperio griego hace dos mil años. "El apoyo a las protestas proviene de una mezcla (de razones). No hay casi ningún tipo de organización entre los manifestantes", aseguró un ciudadano sirio en su blog, en un artículo sobre la situación en su país después de cinco semanas de manifestaciones y represión militar. Más de 400 personas han muerto y miles resultaron heridas hasta ahora, según organizaciones de oposición, desde que un pequeño grupo de personas salió a las calles de la sureña ciudad de Dara a exigir reformas institucionales y políticas. Protestas que podrían ser un efecto de contagio de las manifestaciones similares en Egipto, Túnez, Yemén o Bahrein. Pero a diferencia de éstas, las protestas en Siria se mantienen más o menos alejadas de la capital, Damasco, y no han logrado consolidar un estandarte único y común por la libertad como ocurrió en la Plaza Tahrir de El Cairo, o contra la persona del presidente Assad. "Piensa con la mentalidad tribal (de la zona): No estaba indignado contigo hasta que mataste a mi primo/hermano/amigo y ahora lo estoy", escribe el autor en el portal estadunidense Stratfor Global Intelligence y en un artículo publicado en el diario israelí Haaretz. "Muchos están en las calles porque alguien cercano a ellos ha muerto", aseguró sobre la naturaleza de unos disturbios que fueron cobrando fuerza de forma progresiva y de forma proporcional al número de víctimas. El momento crucial para el régimen, según algunos analistas, pudo haber ocurrido el viernes con la muerte de más de 110 personas en sólo 12 horas. Una cifra que no sólo marcaba un récord desde que comenzó la ola de manifestaciones, sino que también representaba hasta ese momento más de la mitad del balance total de muertos. "Para el presidente sirio y la elite militar alawita a su alrededor, esta es una guerra por la supervivencia", afirmó el comentarista israelí de asuntos árabes Avi Issacharoff, quien aseguró que Bashar decidió "quitarse los guantes" y seguir el ejemplo de su padre en Hama en 1982. En esa ciudad surgió en los años 60 un movimiento insurgente suní, vertiente del islam que sigue más del 70 por ciento de la población, que amenazaba con derrocar el histórico régimen del oficialista Baath, encontrándose una fuerte represión en la que murieron miles de personas. La casta alawaita del presidente representa una minoría identificada con la corriente shií del islam, religión del 80 por ciento de los sirios que no sirve como cohesión social frente al más arraigado sentimiento étnico de sus 22 millones de habitantes. Con los cerca de dos millones de alawitas, en Siria conviven siete millones de personas de diverso origen histórico y geográfico. Entre ellos los refugiados palestinos, drusos, kurdos, turcosirios, siríacos cristianos, armenios, refugiados iraquíes (con sus respectivas subdivisiones étnico-religiosas), y circasianos. Entre la mayoría árabe suní, las divisiones en clanes no son menores y aunque las autoridades trataron hace décadas de disipar el instinto tribal típico de los pueblos árabes, en el fondo persisten y afloran en este tipo de crisis. Al igual que Hafez Assad hizo en Hama con los suníes, este fin de semana tanques y fuerzas militares sirias tomaron varias ciudades y bombardearon posiciones civiles en una represión que sólo ha generado mayor indignación por todo el país. "Un punto que tengo que resaltar una y otra vez es que mucha de la gente que protesta lo hace porque alguien que conocían murió y no porque estaban contra el gobierno, aunque ahora ya lo están", escribió el autor sirio, que no revela su identidad por posibles represalias. En un país en el que en estos días son pocos los que se atreven a hablar con nombre y apellido, y en el que la información de los medios se ve limitada por las restricciones a la libertad de prensa, el artículo expone un movimiento de protestas desorganizado y lejos de cualquier paralelismo con el caso de Egipto. "A diferencia de la Plaza Tahrir en El Cairo, los manifestantes en Siria están dispersos por todo el país y no tienen suficiente tiempo de hablar los unos con los otros", señaló. Otro elemento es la insuficiencia y tardanza de las reformas prometidas por Assad, que cuando llegó al poder en el año 2000 a la muerte de su padre, habló de ellas pero nunca las implementó. "Lo que está quedando claro es que Bashar no es el reformista que proclamaba ser", explicó el artículo, y "sus palabras no son respaldadas con acciones concretas", agregó. En fecha reciente el presidente anuló, después de muchas promesas, las leyes de emergencia nacional formuladas en los años 60, pero desde entonces las protestas sólo han aumentado y así también el número de víctimas. Este círculo vicioso no parece conducir a más salidas que a un mayor involucramiento internacional, una mayor represión oficialista para sofocar las protestas, o a la adopción de reformas inmediatas y profundas que convenzan a los manifestantes de quedarse en casa. En el plano internacional, Estados Unidos, Rusia y varios países de la Unión Europea expresaron su preocupación y condena por la muerte de civiles. Mientras, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) trata de sacar adelante una resolución que tendrá poco o nada de solidez mientras la comunidad internacional siga atada a la operación militar en Libia. La alternativa, según el autor sirio, queda en este momento en el plano interno y la brutal represión de los últimos días parece indicar que Assad no ha optado por reformas significativas que amenacen su régimen, sino por "jugar la opción de Hama".

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