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Crece el avance rebelde y se acerca a la ciudad natal de Kadafi

24/04/2011 22:52 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En su marcha hacia el oeste ya tomaron dos puntos estratégicos para el control del petróleo como Ben Jawad y Ras Lanuf. Los kadafistas se replegaron. Ayudados por los aliados, ahora los insurgentes se dirigen a Sirte, feudo del dictador

27/03/11

Por Marcelo Cantelmi

Ben Jawad. Libia. ENVIADO ESPECIAL

La ruta no dice nada. El camino hacia el oeste desde Bengazi está asombrosamente despejado y en calma.

Algo extraordinario ha sucedido con esta guerra porque este enviado recorrió ayer casi 500 kilómetros buscándola y no consiguió hallarla. El viaje con dos colegas españoles y un chofer dispuesto a no detenerse en ningún momento, cruzó gran parte del país, en el tramo donde se libraron las mayores batallas de esta guerra. Se llegó casi a Sirte, la ciudad natal del dictador Muammar Kadafi, la mayor fortaleza del régimen antes de Trípoli.

Y no se vieron combates en todo ese extenso camino.

Este giro se produjo a partir de la caída de Ajdabiya, la ciudad más cercana a Bengazi, y un punto crucial para el destino de esta guerra. Ayer ese lugar estaba un poco mejor que como lo vio este enviado el sábado, horas después del triunfo rebelde. Los cadáveres de alrededor de una docena de soldados del régimen ya en descomposición y que habían quedado amontonados junto a una de las puertas de la población durante días, habían sido retirados. Y llegó muchísima gente de Bengazi a celebrar con la milicia.

Esa batalla se definió después de que los aviones de la OTAN destruyeron los últimos tanques que las tropas de Kadafi retenían en el ala este de esa ciudad y que habían quedado aisladas, sin víveres, combustibles y comunicaciones.

Ayer se podían ver aún trozos enormes de los blindados estallados, el cañón con la torreta de uno casi sobre la ruta, las orugas desparramadas de otro arriba de una duna de arena, camiones militares incendiados y muchas balas servidas de enorme tamaño por todos lados. En el loquero de la gente festejando con camionetas llenas de pan y latas de comida, surgió la idea de seguir adelante para llegar al frente, se suponía que sería en Brega, a 240 kilómetros de Bengazi, el segundo puerto petrolero y gasífero en tamaño de Libia. La cuestión era ir preguntando para evaluar el peligro. Los periodistas que estamos aquí hace ya tiempo, aprendimos algunas palabras útiles, por ejemplo mushkila, que significa problemas. Si hay mushkila no se debe seguir. Pero no había.

Llegamos a Brega, entramos en la ciudad y estaba la bandera tricolor de los revolucionarios en todas partes.

En la puerta tres de la ciudad, había una multitud que mezclaba gente que clasificaba municiones en el piso, con artilleros cansados que venían de días de batalla, periodistas de medio mundo y camionetas que ofrecían sandwiches de atún y garbanzo. Las radios de los autos estaban a todo volumen sonando rap árabes que se burlaban de Kadafi. Los milicianos llenos de arena bailaban en las camionetas.

Los retenes insistían en tener cuidado porque podía haber francotiradores en los techos, que es un arma que utiliza insistentemente el régimen.

Un hospital del lugar estaba siendo lavado por los médicos y enfermeros, pero no había pacientes. Dijeron a este enviado que lo estaban habilitando en ese momento para comenzar a atender el día siguiente, aunque carecían de las medicinas necesarias y los equipamientos eran muy precarios. El lugar había sido usado por la tropa de Kadafi como guarida y los vidrios del frente estaban destruidos, aunque el edificio se encontraba en buen estado.

La estación siguiente fue el puerto petrolero de Ras Lanuf, un centenar de kilómetros más adelante, siempre hacia el oeste. En ese sitio, hace casi tres semanas, este enviado observó gran actividad militar, con bombardeos de la marina del régimen y los aviones de la fuerza aérea, ahora desactivada. Pero ayer, esa pequeña ciudad de arquitectura cuidada, era un páramo de tranquilidad. Dentro, el hotel muy cómodo, moderno y bonito que usábamos los periodistas cuando nos estirábamos hasta ahí, estaba abandonado y había sido parcialmente saqueado, como si la gente hubiera huido llevándose lo que podía en ese momento.

Todos los televisores de la segunda planta faltaban, pero sí estaban los de la primera. Algunas puertas de las habitaciones fueron destruidas al abrirlas. El restaurante era un chiquero, igual que la cocina. El cajero automático de la puerta estaba en pedazos y el televisor de ese hall tenía un disparo.

En el hospital del lugar, dos médicos que se identificaron como Abdullah y Wahid, dijeron que un día llegó mucha gente de Kadafi. “Se llevaban a los pacientes y a los médicos que eran del este del país o que creían que eran de ahí”, dice Wahid. El este es el área de la revolución. Su compañero aclara que ellos son oriundos de Sirte, a unos 150 km. de ahí, en el oeste, y por eso no los tocaron. Ambos afirmaron que habían llegado en la mañana de esa ciudad y que la ruta estaba despejada.

Desde allí el equipo de este enviado siguió hasta Agaila, un poblado donde hubo feroces combates y luego a Ben Jawad, importante sitio escala previa a Sirte. “ Mushkila, mushkila”, dijo señalando hacia adelante un artillero muy panzón que parecía más incrustado que sentado detrás de una enorme ametralladora en la caja de una camioneta y con la cabeza casi perdida en un casco que no era de su medida. El hombre y su chofer acaban de llegar del otro lado y afirmó que había intercambio de cohetes y no dejaban avanzar.

“Mushkila”, afirma y damos la vuelta.

Por la ruta nuevamente se veían los blindados destruidos por los aviones de Francia y Gran Bretaña, y también autos y camiones incendiados. En medio de esos descomunales destrozos y con ese tono de disparate que a veces tiene esta guerra, cada tanto aparecían por la banquina, caídos debido a las bombas, unos carteles con un camello dibujado que advierten sobre el peligro de esos animales sueltos. Algunos milicianos hasta se ocupaban de volver a ponerlos en pie.

Fuente: Clarin


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