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«La creatividad se ha agotado, no sé hacia dónde vamos», entrevista a Elena Poniatowska

24/06/2011 07:39 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La escritora mexicana ha obtenido el Premio Biblioteca Breve con «Leonora», novela que relata la vida de la pintora surrealista Leonora Carrington

INÉS MARTÍN RODRIGO / MADRID

Las vidas de Leonora Carrington (Lancashire, 1917) y Elena Poniatowska (París, 1932) están marcadas por la profunda huella del exilio. Carrington nació en el seno de una acomodada familia británica, pero su rebeldía y genialidad la llevó a alejarse de un destino prefabricado y a refugiarse en los brazos del arte. Vivió los más bellos y convulsos años surrealistas en París junto a Max Ernst, se rebeló contra el fascismo imperante en Europa, se recostó en el lecho de la locura con obligatoria parada en España, Nueva York ejerció de bálsamo artístico frente a las heridas y, finalmente, logró asentarse en México, donde vive en la actualidad. Poniatowska, por su parte, nació en la capital francesa como la hija del heredero de la corona polaca, pero la Segunda Guerra Mundial estalló y con ella los planes de su familia, que emigró a México, patria de su madre. Leonora y Elena se conocieron en la década de los 50. «Platicaron» hasta la extenuación y forjaron una amistad que se ha ido cimentando con los años en la solidez del mutuo respeto y la admiración. De esa admiración surge «Leonora», el «homenaje» que la escritora mexicana ha querido regalar a Carrington y que ha sido merecedor del último Premio Biblioteca Breve de Seix Barral.

- ¿Por qué ha novelado la vida de Leonora Carrington y no ha escrito directamente una biografía?

- Porque me resulta muy difícil escribir pies de página, decir de dónde saqué tal o cuál información... y porque la propia Leonora escribió mucho sobre su vida. A lo largo de 50 años tuvimos tiempo de platicar, pero muchas de las cosas que ella dice ya estaban escritas, reconocidas. Si uno la lee con cuidado la encuentra a cada rato en sus cuentos. Buscaba dar una imagen de ella que quizás no se conoce tanto, más allá de las críticas que existen sobre su pintura.

- ¿Qué fue lo que más le atrajo de un personaje como Leonora Carrington?

- Me atrajo mucho que fuera tan distinta a los demás, tan atrevida, que saliera de sí misma y creyera tanto en sí misma, cuando a las mujeres les cuesta mucho trabajo creer en ellas y hacer lo que quieren. Dicen que va a iniciarse el siglo de las mujeres, el tiempo de las mujeres, y yo creo que sí, que es cierto, que las mujeres ya están interviniendo en todas partes. Leonora Carrington es sin duda un referente de lo que está por llegar.

- ¿Cuándo tuvo la oportunidad de conocerla y en qué momento decidió que iba a novelar su vida?

- La conocí en los años 50 y desde entonces escribí entrevistas, ensayos y crónicas sobre ella. Solo en los últimos años decidí escribir una novela porque ella me contaba cosas que yo retenía porque me impactaban. No las escribía delante de ella ni grabé jamás, porque a ella le hubiera molestado mucho, ya que odia las grabadoras. El objetivo de la novela no era sacarle algo morboso, sino rendir tributo a su inteligencia. Es un regalo, un homenaje que yo le hago.

- ¿Qué sacó Elena Poniatowska de sus conversaciones con Leonora Carrington?

- La certeza de que si alguien defiende lo que tiene adentro, su tesoro, sale adelante. Claro que lo que Leonora tiene adentro es muy especial, es único, pero ella lo defendió como gato panza arriba. Se rebeló contra su padre, querían que se casara con un noble, que llevara una vida convencional... y ella se lanzó al precipicio. Fue extraordinariamente valiente y leal a su vocación. También me conmueve mucho su lucha contra el fascismo, hasta el punto de que llegó a pedirle entrevistas a Franco para que parara la guerra. Me conmueve igualmente que protegiera tanto a los judíos, a los que estuvieron en campos de concentración y a los que después emigraron a México. Y luego es una gran humanista, adora los animales, se manifiesta siempre a favor de la causa de las mujeres, es feminista.

- ¿Cómo acabó internada en un manicomio en Santander?

- Escapa de París y llega a Madrid. Primero se aloja en hoteles modestos y después, cuando descubren que su padre es un importante empresario británico, la alojan en el Ritz. Allí empieza a perder la razón, o a hacer actos que para nosotros los normales no son producto de la racionalidad. Pero nadie sabe lo que está pasando por su cabeza y es posible que esa persona a la que llaman loca sea mucho más rebelde y esté mucho más dispuesta a hacer cosas extraordinarias. Pero ella no habla mucho de esa época, no le gusta. En este momento de su vida, a punto de cumplir 94 años, sin duda se pregunta cómo será su muerte, cómo va a ser ese paso, qué es lo que va a suceder. A veces dice: «Me voy a evaporar». Piensa que está cerca de la muerte y tiene miedo... como todos.

- ¿Qué papel desempeñó Peggy Guggenheim en la vida de Leonora?

- Leonora siempre dijo que Peggy fue muy noble con ella, pese a que le tenía muchísimos celos. Ella era la proveedora, la benefactora de Max Ernst, pero no era la amada y Peggy se dio cuenta. Ernst la usó para escapar de Europa, pero nunca se enamoró de Peggy porque amaba a Leonora.

- ¿Qué valoración personal haría de su arte?

- Es el mundo celta, de la magia, de los duendes, de los personajes que salen de debajo de la tierra y te protegen, el mundo de los seres más débiles y al mismo tiempo más fuertes. Su mundo es un mundo muy alado, muy movedizo, ligado a «Alicia en el País de las Maravillas». Su arte es muy distinto al de Frida Kahlo. Frida pintaba su intimidad, es realista, se pintó a sí misma en distintas circunstancias, pero Leonora, salvo el primer autorretrato con la hiena, no se retrata.

- ¿Cree que en la actualidad sería posible encontrar a personajes de la talla personal y artística de Leonora Carrington, Max Ernst, Paul Éluard...?

- No. Los grandes personajes o las grandes personalidades han disminuido... quién sabe por qué. Hay gente como Madonna o Lady Gaga, pero se limitan a la escena y los gestos corporales, no sé cuáles son sus ideas acerca de nada. De Madonna sé que le interesa la pintura, que compra muchos cuadros de Frida Kahlo, pero no sé qué compra Lady Gaga salvo biquinis. Siento que la creatividad se ha agotado, se ha ido adelgazando muchísimo y no sé hacia donde vamos, no sé quién va a renovar todo esto.

- ¿Qué opinión le merece la actual literatura hispanoamericana?

- Aún es muy rica y vital. Se ha separado un poco del realismo mágico de García Márquez y hay escritores muy buenos. En España me encanta Elvira Lindo, Rosa Montero... pero, sin duda, la escritora española que más me gusta es Mercé Rodoreda. «La plaza del diamante» es casi mi libro de cabecera porque se ve toda la guerra en España sin una batalla, sin un balazo y, sin embargo, ves la guerra.

- ¿Qué ha supuesto para usted ganar este Premio Biblioteca Breve en un año tan especial para Seix Barral como es el de su centenario?

- Sientes que es la flor que te tienden con la mano al final de mucho trabajo. He trabajado mucho a lo largo de toda mi vida, mi vida que ya se acaba, ya viví todo lo que tenía que vivir y es como esperarme al final del camino con una flor.

Fuente: ABC.es


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libroscolgados.blogspot.com
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