Cosas que pasan en una rotonda
Al cabo de la calle, un niño de no más de ocho años canta por lo bajini, mientras su padre contempla un escaparate vacío: "We don't need no education". En el colegio le llaman el Pink Floyd.
Una señora muy mayor se acerca a un grupito de parroquianas y pide que alguien le devuelva la hora. ¿Cómo? Que se ha rebelao la cuerda del reloj. Compro oro, buena mujer. Cómprate un loro, desgraciá.
Uno cincuenta un café de buena muerte en una destartalá pastelería venida a menos. Instinto criminal con sacarina. Son ganas de provocar. En cambio, los industriales más listos desempolvan palabras mágicas en las pizarras, en los carteles anunciantes, en las cristaleras. Grandes ofertas, descuentos del carajo, croquetas caseras. ¿Qué quieren decir los avisos de comida casera? Será el doble sentido de esta tierra. La gente, en cambio, acude en masa a los garitos de comida no casera, no hogareña, de plástico. Algunos niños parecen globos hinchables. Y sus madres, actrices fracasadas.
Más metáforas. Los carritos del Pryca salen escopetaos con un bebé a bordo, un juguete para adultos y un jamón serrano. "¿Dónde está la crisis?" Pregunta en voz alta un locuaz camarero rodeado de donuts caseros. Sí, caseros. "La crisis es una gram mentira", sentencia el analista callejero. "Once millones de desplazamientos, y dicen que no hay dinero". Peaje al final del puente. "Yo salí ayer con mi parienta y estaba todo lleno. Si hubiera cinco millones de parados ..." Teoría de la relatividad de la crisis y la economía submarina. Oda al chapú. Y moraleja desmoralizante: "Han inventao esta crisis pa recortarnos la paga. Pa justificarlo todo. Pa que nadie se queje si le dan un trabajo por una miseria con derecho a que lo sodomicen". "¿Ha visto qué fino me ha quedao, joven?" El tipo habla y despacha a la vez. No distingue condiciones ni edades. A todo el mundo llama "joven" y queda como Dios.
Y ahora, "Cosas que pasan en una rotonda". De cómo entablar conversación con un chaval sin futuro inmediato, ni credenciales de orgullo, que camina hacia la nada. Hacia lo salvaje, como Amaral. Este relato, como los anteriores, podría no ser verídico, pero lo es, lastimosamente. Un joven magrebí que porta una bolsa de plástico a modo de macuto, vestido de domingo, pregunta por Italia. Mejor será no mentarle la prima de riesgo. La confusión arroja palabras raras, ninguno de los interlocutores entiende ni papa, así que se impone el lenguaje universal. El chaval viene de Marruecos, quién sabe cómo, y quiere ir a Italia. Por aquí se va a Rota. ¿Estamos en Málaga? No, estamos en Cádiz. Tira patrás, busca la estación de tren, treinta minutos a pie, tal vez un poco más, qué más da, buen viaje.
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Autor: Rosas & Mosquitos (162 noticias)
Fuente: rosasymosquitos.com
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Tipo: Reportaje
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