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Corrupción y demanda chinas amenazan los bosques de Rusia

01/08/2010 14:12 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Considerados uno de los ecosistemas más diversos del planeta, los bosques del extremo este de Rusia y las especies que ahí habitan, como el tigre siberiano, están en peligro por la tala ilegal ante la demanda china y la corrupción endémica. En la estación de tren de Dalnerechensk, en el extremo este de Rusia, los trenes cargados de troncos aguardan para ser transportados unos kilómetros al sur, cruzar la frontera y entrar en China, primer consumidor mundial de madera. Dentro del gigante asiático, que importa seis de cada 10 troncos que se venden en el mundo, la materia prima será transformada en material de construcción, parquet o muebles que se venderán en las nuevas ciudades chinas o en los mercados europeos y estadunidenses. Se estima que cada día entre 10 y 12 trenes de 60 vagones cada uno cruzan la frontera sólo en el paso de Suifenhe, al noreste de China, lo que equivale a unos 30 mil metros cúbicos de madera. “La responsabilidad de la situación medioambiental de los bosques siberianos es al 50 por ciento de China y Rusia. No podemos decir que el gobierno chino sea el único responsable, pero desde luego que su actuación ha tenido un alto impacto”, explicó a Notimex Vladimir Bojarnichov, de la Academia Rusa de Ciencias en Vladivostok. Este experto, que lleva 20 años investigando la degradación ambiental de los bosques siberianos y su impacto en las especies, acusa a Moscú de no tomar medidas firmes y a Pekín de fomentar los negocios sin tener en cuenta el medio ambiente y de alimentar la corrupción. “En los 20 años que tengo de experiencia en el mundo del medio ambiente, no he visto que China tenga una estrategia de sostenibilidad”, dice la fuente. El negocio de la tala de bosques siberianos y en el extremo este de Rusia es casi imposible de controlar por la corrupción, la multitud de intermediarios y las grandes extensiones de bosques a vigilar. La tala ilegal de especies muy cotizadas como el roble o pino coreano la llevan a cabo pequeñas empresas rusas o incluso particulares que, residentes en una región con alto desempleo y pocas oportunidades para el desarrollo económico, ven en la tala una forma rápida de obtener ingresos. Dependiendo de la oferta y la demanda, un metro cúbico de madera de roble se paga en torno a 350 dólares en el lado ruso, justo después de ser cortado y sin procesamiento alguno; tras pasar por el aserradero, con el tronco convertido en tablones, el metro cúbico en China alcanza los 700 dólares. La tala de estos bosques no es un fenómeno nuevo, sino que comenzó tras la Segunda Guerra Mundial, como consecuencia de la demanda impulsada por un Japón destruido que tenía que levantar los edificios destruidos durante el conflicto. Durante los años de la extinta Unión Soviética el negocio se controlaba verticalmente, lo que permitió crear valor en las economías locales pero ello no impidió los desmanes medio-ambientales en los bosques siberianos. Tras el colapso del sistema soviético en 1991, explica el activista Anatoly Lebedev, el sector fue privatizado, atrayendo a cientos de pequeños empresarios privados. “Las empresas estatales se transformaron en empresas privadas y surgieron también muchas pequeñas empresas privadas que empezaron a competir por los recursos de los bosques”, indicó Lebedev, director y fundador de la ONG ambiental BROC y uno de los mayores expertos en la tala ilegal de bosques en Siberia. Así, los ya castigados bosques de la región de Primorsky sufrieron el impacto de la demanda china a partir de la década de 1990, cuando China prohibió la tala de árboles en su territorio para combatir las frecuentes inundaciones provocadas, paradójicamente, por décadas de tala indiscriminada y la consiguiente deforestación. La tala ilegal del extremo este de Rusia no se lleva a cabo en grandes extensiones, sino que está muy fraccionada y se hace a pequeña escala pero de forma muy diseminada, lo que tiene un gran impacto en las especies que, como el jabalí, dependen de las bellotas. Si la tala está en manos rusas, todo el proceso de transformación de la madera hasta el consumidor privado está copado en su mayoría por los chinos, que han creado cientos de plantas de manufactura a los dos lados de la frontera. Los expertos apuntan que la corrupción es un punto clave para comprender el daño que se está haciendo a los bosques rusos, sobre todo en un país que la organización Transparencia Internacional sitúa en el puesto 146 de un total de 180 en materia de corrupción. “China ha encontrado la forma de utilizar la corrupción en Moscú. Tras 20 años de trabajo, creo que la mayoría de las leyes para proteger el medio ambiente están influenciadas por gente que está pagada por China”, dijo tajante Bojarnichov. Una opinión que comparte Lebedev, que subraya la “naturalidad” con la que los chinos se mueven en el sistema de sobornos a gran escala. “La demanda china está alimentando toda esa industria ilegal. Los chinos no están preocupados del origen de la madera, está en el mercado y por tanto creen que no es su responsabilidad”, apuntó. Así que los chinos están muy cómodos en este juego de sobornos. Esas son las reglas del juego locales y ellos juegan con ellas. No tienen ningún problema con ello”, concluyó Anatoly Lebedev.


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