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CORBATA SIN FRONTERAS: discutida pero nunca abandonada, look del gentleman inglés, del probo empleado y de la mujer atrevida

23/12/2009 20:15 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los elegantes reivindican su valor estético, los diseñadores de moda innovan, para los actores y presidentes es prenda obligada pero a los jóvenes les estorba hasta los 30

Para quienes la llevan, su elección, por la mañana, es automática. Y no se trata nada más de acentuar el impacto masculino. En España y en Europa se ha impuesto esta prenda, aunque en julio y agosto cuesta llevarla en sitios calurosos como Madrid o Sevilla. La revista ‘ American Gigolo’ dice, por boca de Richard Gere, que la corbata en los hombres la exigen las mujeres. Aunque las opciones femeninas varían.

La corbata no se había ido nunca, pero hoy se vende más que antes, sobre todo en las capitales europeas. Para los ingleses, por ejemplo, el ir sin corbata es como ir sin uniforme. En la City equivale a ir en calzoncillos. No hay entrevista en una oficina o en la bolsa, aún en crisis; no hay entrada en un club mejor o peor desnudo; no hay consideración a un elegante traje sin la corbata, y el buen empleado no puede dejarla en casa. Sería pecado mortal. A nadie le gusta el paro y menos en estos aciagos días.

No basta el pañuelo de colores vistosos o de moda la -‘ cravate’ - que los elegantes, los cuidadosamente descuidados y a los ‘ snob’ llevan informalmente en un yate o durante el week-end.

Es el último baluarte del dandy inglés: ha perdido el bombín, ha perdido los guantes de cuero, el prendedor de oro y la rosa en el ojal. Le queda la corbata y se aferra a ella imponiéndola sobre todos los demás, de la oficina o de la banca, en invierno y en verano.

La corbata sigue siendo una prenda obligada en despachos de arquitectos y en talleres de moda aunque muchos diseñadores y los propios jóvenes de la moda le quieran quitar protagonismo y la sustituyen por una cravate de colores vivos.

¿Qué sería de un elegante traje oscuro sin una vistosa corbata y... cara? Los elegantes reivindican el valor estético de la corbata. Un consejo corriente que en un ropero tenga un amplio surtido de la misma para cualquier ocasión. Uno nunca sabe.

La corbata sigue siendo un elemento valioso en el ‘ look’ de cualquier caballero que tenga una vida social activa o un trabajo en cuyo entorno todos visten de traje y corbata.

En el cine hay quien la lleva siempre, incluso en momentos en que parece estorbar. ‘ James Bond’ (Sean Connery) impuso la corbata en las misiones más peligrosas, al igual que Rambo y Schwarzeneger y otros del cine y teatro inglés, tales como Michael Caine y el que fue Laurence Olivier, la lucían siempre. Este último se puede decir que la llevaba hasta en los ensayos de obras de Shakespeare.

Alfred Hitchcock era otro que insistía en la prenda. Incluso es la corbata y sus accesorios los que terminan denunciando a uno de sus mejores asesinos, Michael Caine, en ‘ Frenzy’ . Un alfiler de corbata que se deja en el lugar de uno de sus crímenes termina por traicionarle.... y en este caso es también la corbata lo que utilizaba el criminal para estrangular a sus víctimas.

He ahí dos situaciones opuestas: la seducción y la muerte. Pero la corbata da para todo.

La corbata, objeto fetiche del tocado masculino oscila entre esos dos polos, volviendo a exagerarla: es un objeto de tortura, fastidioso para unos, y una distinción para otros.

Hay también quien no se la pone jamás porque no la soporta. Sobre ella discuten estilistas y fabricantes, porque es cierto que también la llevan los que no son gentlemen, como todos los mafiosos en Sicilia, siempre bien trajeados.

Historia casi oficial

La historia de la corbata se remonta a unos cuantos cientos de años. El origen más corriente data del 600 en la contienda entre el regimiento Croata y los Turcos. Este regimiento (mercenario del imperio Austro-Hungaro), en una de sus visitas a París en el que se representaban como héroes ante su Majestad Luisa XIV (conocido por su gusto por el buen vestir y los pañuelos), los oficiales llevaban al cuello unos pañuelos de colores muy originales.

Estos pañuelos de colores se cree provienen de los oradores Romanos. Los llevaban en el cuello para calentar y cuidar sus cuerdas vocales. Tanto gustaron a Luis XIV que diseñó para el regimiento real un pañuelo con su insignia regia y lo denominó Cravette, proveniente del vocablo Cabete, que significa croata. Al regimiento se le conoció como el Royal Cravette.

Otros dicten que su origen es funcional. Deriva del ‘ focale’ (focal) romano, servía para proteger la garganta de los soldados romanos en el rigor de las campañas invernales fuera de la casa. O puede que de los más presumidos. Su nombre parece sin embargo que no es tan lejano y coincide en reivindicarlo en exclusiva para los mercenarios croatas, como en la primera versión. Fueron ellos los que la introdujeron después en Francia.

Pronto la idea se extendió y cruzo el canal haciéndose un hueco en Inglaterra. Al principio no era muy corriente ver a la gente con un trozo de tela al cuello, pero la idea fue cuajando poco a poco.

En un principio se vestían todo tipo de tejidos y estampados. Y no existían patrones determinados para tal prenda, que se podían ver, incluso, con borlas y cordones y de múltiples tamaños. Las primeras corbatas eran todas de importación.

A principios del siglo XX comenzó a fabricarse y perdura hasta nuestros días. Extravagante para algunos, distintivo de las clases bien. Se ha impuesto

A principios del siglo XX Europa comenzó a fabricarlas. Aunque muchos predecían su desaparición (no tenia sentido llevar un ‘ trozo’ de tela al cuello), la corbata perduró hasta nuestros días. Pasó de ser algo extravagante a un signo distintivo entre las clases bien. El dudoso valor estético que le atribuían los diseñadores no parecía tal. Muchos fueron los partidarios de la corbata, alegando que realzaba el uso de la camisa y destacaba la verticalidad del cuerpo. Decían que la corbata añadía estilo, elegancia, color y textura a la austera camisa.

Y los corbatistas afirmaban que, un buen traje, aunque se observe su calidad, no luce tanto sin corbata, como vistiendo una elegante se seda con un nudo Windsor, por ejemplo.

Los jóvenes de 20 años la rechazan. La cambian por un polo o una camiseta. Para ellos es una prenda regimental, no expresa un sentido de libertad. Pero los sastres de todo el mundo dicen que hay que esperar a los 30. También afirman que ellos llevarán en su despacho su oficina y que estarán muy a gusto y confortables.

Cuando la corbata termina por imponerse

A pesar de los detractores, la corbata y la camisa comenzaron su evolución de forma paralela para lograr una mejor armonía en el vestir, sin otras connotaciones.

Las corbatas originales, se fueron haciendo más largas y más anchas pues en un principio se parecían más a los pañuelos (cortos y anchos). Los cuellos de las camisas también se hicieron más amplios para adaptarse a la nueva prenda, Los nudos evolucionaron asimismo, surgiendo formas que en la actualidad aún se siguen utilizando.

Los nudos de la corbata suelen estar muy relacionados con el tipo de cuello de camisa que llevemos. Pero el tema de los nudos es casi tan amplio como el de las corbatas. En la actualidad las corbatas son muy standard, aunque aun se pueden encontrar en varios países del mundo variantes locales de esta prenda, en la que podemos encontrar lazos de cuero, corbatines, etc. Las medidas habituales de una corbata actual varían entre los 130 a 150 cms, aproximadamente. Existen fabricantes que hacen ‘ tallas’ en sus corbatas para que personas, pequeñas o grandes, utilicen la corbata a su tamaño, y no tengan problemas con el largo de la misma. Una de las características actuales de la mayoría de las corbatas, es que sus extremos son distintos. Uno es ancho, el que se deja por su parte delantera, y el otro más estrecho y es el que queda escondido detrás de la corbata (por norma general trabado el la etiqueta o en un pequeña trabilla posterior).

También en su momento y, aún las sigue habiendo en la actualidad, hay corbatas con ambos extremos iguales; generalmente son corbatas de punto y otros materiales, no utilizadas como corbatas de vestir. Estas corbatas con extremos iguales suelen ser cuadradas, mientras que, las de extremos distintos, acaban en pico. Los tejidos muy variables según la moda, admiten una amplia variedad. Pero las reinas son sin duda las corbatas de seda. Hoy tan caras como raras.

A través de líneas, formas, anchuras y nudos, muy variados y originales han sobrevivido al siglo XX. Su dimensión varía las más de las veces según el cuello de la camisa de moda. Es evidente que es una de las más indiscutibles prendas masculinas.

La corbata tiene un valor simbólico, es un plusvalor al resto del vestido masculino. Los políticos la llevan todos. También, como hemos dicho, los empleados de banco y los banqueros, aunque en Wall Street la moda ha dejado de serlo. A las muchas presiones que sufren los corredores de bolsa no quieren añadirle otra y menos en estos días de crisis. Crisis monetaria y de corbatas.

Así pues decimos que es un ornamento simbólico ritualizado, formalista. Para muchos, sobre todo de menos de 35 años, incomprensible. También el polo ha bajado enteros en los últimos l5 años.

Las mujeres: ‘ Chanel’ se suma a los hombres.

En Inglaterra, en los Estados Unidos y en París o Londres alternando con camisas de cuello tipo ‘ Chanel’ hubo hace pocos años mujeres con corbata (aunque las jóvenes lucen las camisas robadas a sus padres con las partes delantera y trasera al aire, pero no se roban las corbatas). Y si no ha habido una imitación total, la ha habido parcial: pañuelos más estrechos que forma parte de la estructura de la moda, a veces con los pechos desnudos o generosos escotes muy ingeniosos, hoy están en desuso las blusas transparentes. En las mujeres la corbata puede ser distinción o libertad. Es ahora prenda prohibida para las ejecutivas de alto rango que en el despacho bufete u oficina técnica lucen elegantes(a lo clásico) pero no así en el pub en que son de ordenanza los escotes amplios o las blusas descuidadamente desabotonadas.

Un diseñador famoso como Marc Boham, ha dicho de la corbata, poetizándola, que es la larga cola del colibrí, el pecho rojo del petirrojo, la cola azul de algunos simios de África, las plumas del pavo real, incluso en un hombre trajeado de gris.

En cierto modo la corbata es una forma culturizada de un mecanismo natural: la corbata es genética. Y así se llevó durante el siglo pasado, en que nadie que se preciara de culto, cortés hacia las damas, elegante y simplemente educado, la dejaba en casa. Los sin corbata eran casi los desheredados de la sociedad. En los Estados Unidos, los policías de ficción no la llevan dentro de la comisaría, pero sí fuera. Los del FBI figuraron siempre con corbata, que impuso su jefe Edgar J. Hoover, durante medio siglo. Y la siguen llevando todos los policías cuando no están infiltrados en organizaciones extremistas o de punkies.

Karl Lagerfeld, el famoso diseñador de Chanel, considera la corbata una marca de fábrica de los hombres y no se deja retratar sin corbata, ni aconseja un cambio a otra prenda. Total, parece como si quisiéramos ocultar una zona de nuestro cuerpo que no tiene nada de malo, aunque tampoco de bueno.

Según el sociólogo Hacer Diecks, la corbata puede reflejar de forma bastante precisa la personalidad de un hombre. En función de los colores utilizados, estampados, e incluso el nudo, nos puede dar una ‘ pista’ sobre aspectos básicos de su personalidad. Así pensaban Sherlock Holmes, Oscar Wilde y Hemingway. Cuando Graham Greene echaba una mirada a su interlocutor, sus ojos se detenían por un momento imperceptible en la corbata y su color.

(Algunas de las ideas de este reportaje fueron tomadas de Multimedia Goup LLC, partiendo del texto original de Alan Flusser).


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