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Conversaciones en carretera

02/06/2011 09:11 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Al habla desde mi querida Lanzarote. La historia de hoy la protagonizan dos taxistas castizos Madrid, capital de España.

Al grano.

El primer taxista, llamemosle Relogio, me recogió, después de media hora de desesperación en que ninguna tarjeta me funcionara en ningún cajero. Una vez conseguido un poco de efectivo, me subí a su taxi. Acento madrileño marcado y muchas ganas de hablar por parte de los dos.

Le pregunté sobre los desaguisados de su profesión y me contó que en varias ocasiones un grupo de jóvenes, siempre chicos, se les había escapado sin pagar: "Salí corriendo detrás de ellos pero luego pense: ¡Coño! ¡Tengo el coche solo y abierto, con la llave puesta! Así que desde entonces ya no les persigo.’ (Me acordé de cierto día en Copenhague… )

Me contó que las chicas borrachas tienen un sistema de aviso antes de vomitar que son los ataques de hipo. Sin embargo, evitaba chicos borrachos, porque por lo general ellos carecen de esta alarma natural y claro, pasa lo que pasa: . "Una vez uno me vomitó, y mi madre me dijo echa lejía, amoniaco, detergente… y al final olía a una mezcla de pota con todo". Curiosamente, Relogio señaló que yo me había sentado en lugar preciso donde el tipo se había vaciado.

Sobre olores, contó que a veces llega gente con tal hedor en los pies que tiene que abrirles la ventana de atrás para que ventile sin pedir permiso y bloquear el modo que les impide a ellos bajarla: "Joer, macho. Vete a la farmacia y comprate unos polvitos pa’ los pies como hacemos todos".

Pero sin duda, el anécdota más graciosa está protagonizado por un cliente masculino vulgar que, al llegar a casa, mandó al taxista a esperar un rato porque quería continuar la ruta hacia otro sitio. "Yo esperando, esperando… Sale una señora del edificio y se sube al coche" "¡Señora! Este taxi está ocupado". Lo gracioso del caso es que la "señora" era el señor ordinario de antes, que se había travestido y le había indicado que le dejara, pues eso, en la zona donde estos camaleónicos seres de la ambigüedad se ponen a hacer la noche.

Relogio era un poco racista: "Yo no quiero ser racista, pero todos los sudamericanos vienen borrachos. Yo casi ya no los cojo". Y me contó de uno que no le había pagado porque "no encontraba el dinero", otro que le había dado un portazo y le había hecho el corte de mangas cuando él, viendo el estado en el que se encontraba, le había sugerido bajarse del coche (reacción del taxista: tortazo al tipo) y otro que, se había puesto a llorar a moco tendido en el taxi, lamentándose de que ya no estaba enamorado de su mujer. Qué tiránico es el amor, tan variable como el tiempo en estos últimos años; una no sabe si anillos o paraguas.

La crisis, por supuesto, tuvo su lugar en la conversación. Fulano me contó la historia universal de todos los españoles, las de "Spain in pain" que publica The Economist, the Times y the News Week esta semana. Llevaba un tiempo viviendo con su novia en un piso pero cuando rompieron, ante la imposibilidad de permitirse un alquiler por sí solo, ha tenido que volver al nido materno. "Al menos tengo la comida de mi mama" me decía, "Pero mi padre y mi madre me tienen hasta la poya. Son mayores ya, 70 años, y cuando vuelvo a casa de trabajar no hacen más de discutir y decir que van a separarse". "Pero nunca lo hacen", me decía, "Ya quisiera yo que uno se volviera a Ávila y hubiera un poco de paz". Chico, pues es lo que tiene volver al hotelito, muy buen servicio… PERO.

El segundo taxista, llamémosle Policarpo, tenía en común con Relogio que lo había dejado con su novia. No son buenos tiempos para el amor al volante. Demasiadas curvas.

También coincidian, Relogio y Policarpo, en su escepticismo con el precioso movimiento 15 M. Para Relogio, "menos utopías y más buscar trabajo". Policarpo se lo montó aún peor, aunando ignorancia y flirteo: "Seguro que esos universitarios… mucho protestar, pero luego ven una chica maja, así como tu, en el pasillo, y no le dicen nada. Eso es de maricones".

En fin, el piropo más feo y descarrilado que me han echado en la mia vita. Pero tengo que admitir que, a pesar de la antipatía que le estaba cogiendo, aderezada con las dosis de anticuerpos cliente-taxista que se van generando a medidas que la tarifa del viaje va in crecendo, al final Policarpo me hizo reir: "Mi ilusión es encontrar la Facultad de Fisioterapia", confesó con una sonrisa casi infantil. Unos sueñan con cambiar el mundo; otros con una novia que les haga masajes.


Sobre esta noticia

Autor:
Silcblnz (53 noticias)
Fuente:
dragonflyjourney.wordpress.com
Visitas:
2826
Tipo:
Reportaje
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