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Contrición

27/07/2010 14:02 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El Artículo anterior ha levantado ampollas. Se me ha acusado de ridiculizar injustamente a la comunidad vigoréxica por tratarla como un colectivo imbécil en vez de analizar caso por caso. Las generalizaciones nunca son bien recibidas, como puede verse en los comentarios de cualquier artículo de este blog (un ejemplo reciente: cuando escribí sobre los presos de ETA aparecieron multitud de defensores de los "presos políticos sin delitos de sangre"). Desde mi punto de vista, los etarras que no matan son como los vigoréxicos que leen a Flaubert: una anomalía social estadísticamente despreciable. 

No obstante, admito que generalizar no está bien y, por tanto, me gustaría disculparme ante todos aquellos varones que pueden saludar moviendo las tetillas sin que ello sea óbice para un pleno disfrute de la bibliografía de Kierkegaard. Asimismo me gustaría disculparme ante quienes consideran que recolectar dinero para comprar balas es una actividad comercial éticamente digna. 

Y ya puestos a pedir perdón, también quiero disculparme ante la comunidad gay, por sugerir repetidamente que el sexo anal sólo mola si no eres tú quien pone el culo, y ante los periodistas por sugerir que el periodismo sólo mola si no eres tú quien pone el culo. 

Pido perdón asimismo a nuestros líderes políticos y sindicales, por afirmar que sus egos y su ambición superan con creces su capacidad, y a los nacionalistas españoles, vascos, catalanes y gallegos por faltarles al respeto en nueve de cada diez artículos. Admito que el debate de los trapos de colorines es una cuestión delicada en nuestro país y que las preferencias cromáticas son aquí muy pasionales. 

Me disculpo también ante los ciudadanos españoles que consideran que gritar en todas partes y limitar su universo cognitivo a los titulares de Marca son rasgos indisolubles de la idiosincrasia nacional. A pesar de que estos individuos hunden las medias de nuestro país en todos los indicadores, es justo decir que ellos ni siquiera lo saben, ya que para leer indicadores hay que leer primero. 

También quiero pedir perdón, si les he ofendido, a todos aquellos que profesen creencias místicas: a los católicos, a los adoradores del violento Alá, a los homeópatas y a los portadores de pulseritas mágicas del equilibrio. Cada uno es libre de creer en sus propias mierdas y merece, por tanto, un respeto. 

Me disculpo también ante los mojigatos y mojigatas por usar tantas palabrotas, y ante los adalides de la corrección política por usar los vocablos subnormal y joseblanco como sinónimos de idiota

Espero sinceramente que los hombres y mujeres de fe perdonen, por la presente, mi sistemático desprecio a los mentados colectivos, así como yo les perdono a ellos. 

Por los siglos de los siglos. 

Amén.


Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
mimesacojea.com
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Tipo:
Reportaje
Licencia:
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