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Conozca a Manuel García Verdecia ganador del primer lugar del concurso de poesía El Mundo lleva alas

20/05/2009 16:28 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Manuel García Verdecia (Holguín 1953) es profesor, poeta, editor y traductor. Licenciado en Lengua Inglesa, graduado de Lengua Francesa y Máster en Cultura Cubana

Pedro PabloHoy Me voy a tomar la licencia de montarme en un avión y viajar hasta mi terruño. Mi querido y nunca olvidado Holguín, dejar mi ligero equipaje en la casa de mis padres e ir caminando hasta el parque central Calixto García, para allí, debajo de uno de los grandes fiscos que regalan sombra a los legendarios bancos que guardan historia, sentarme a conversar con Manuel García Verdecia, ganador del concurso de poesía El mundo lleva alas, quien coincidentemente nace de las mismas aguas que calmaron mi sed.

Después de un genuino abrazo y estrechón de mano, que mi imaginación recrea, dejo que Manuel comience a narrar como empezó en el mundo de la poesía:

Contar cómo uno se inicia en algo tan misterioso como la poesía, es casi como saber por qué hay vida en la tierra. Es algo que tiene que ver con un soplo de Dios, una disposición de los genes, el azar de un paisaje peculiar, un marcado de cataclismos, una niñez distinta a la del resto de los niños, una voluntad de acercarse con ojos propios al mundo… Nací en un batey, el del antiguo central Marcané, en una familia pobre, sin libros, sin antecedentes literarios… Aprendí a leer en casa con la revista Bohemia, cuando era una revista suculenta, bajo el auspicio de mi padre que la leía. Mi madre siempre fue muy severa y no me daba muchas libertades, así que pasaba muchas tardes solo, jugando con mi compañera la imaginación, y con dos o tres personajes de libros y episodios radiales (Robinson Crusoe, D’Artagnan, Sandokan, el Corsario Negro, Hucklebery Flynn…). Mi madrina tenía una biblioteca personal y allí di alimento a mi avidez por lo remoto y exótico. Ya mudado a Holguín, en mi adolescencia, pues llevaba diarios y escribía poemas, muy malos y sentimentales (como son los poemas de aprendizaje), que compartía con amigos. Los intercambiábamos y soñábamos con llegar a ser escritores. Empecé a presentar trabajos en los Encuentro-debates de Talleres Literarios, aunque en realidad no hacía vida de Taller. Sin embargo no lo hacía con poesía, pues había una amplia batería de poetas, con cierto reconocimiento, y me daba pavor. Tuve buena suerte en el cuento y ensayo, con los que gané distintos premios en esos encuentros. De hecho mi primer libro publicado, en 1986, fue una monografía, La consagración de los contextos, sobre la obra de Alejo Carpentier. De ahí para acá, entre lo llovido, lo no llovido, los golpes y los anhelos, completaron una carrera que creo que esté ya enraizada.

Mientras una brisa suave va moviendo las hojas de los gigantescos arboles que son testigo de nuestra conversación, el poeta me cuenta de cómo exactamente influyó su familia en el amor a la poesía.

La poesía puede ser un ejercicio de vida sin salida al texto. Mi madrina, como ya he dicho, que tuvo la suerte de estar casada con un hombre generoso y que, por demás, ocupaba un excelente puesto en la oficina del Central, pues se daba el gusto de poseer una biblioteca, donde había buenas novelas sobre todo. Allí leí sin método, pero asidua y vorazmente. Además, entré en intimidad con los libros, un hecho entrañable, erótico, de texturas, olores, chasquidos de hojas en sus torsiones, visiones desatadas por el estímulo verbal, algo solo superado por el encuentro con una mujer. Aparte de eso, creo que la barbería de Basulto, el barbero del pueblo cercano, que tenía, además de un repertorio de cuentos y chismes – que en toda barbería que se respete son elemento principal – fabuloso, sustancial para un niño azorado por lo desconocido, pues una surtida hemeroteca de comics –muñequitos en cubano – donde me bebí a Roy Rogers, Marvila, Los Hermanos de la Lanza, Dick Tracy, Tarzán, El Llanero Solitario… y, a pesar de Mattelart y toda esa bobería sobre modelación ideológica del conquistador, aprendí, quieran que no, a amar el bien, la bondad, y a sentir un gozo tremendo en que los buenos sean los que ganen. Esto inspira hasta hoy todo cuanto hago y me hace soñar que, algún día, ganarán definitiva y permanentemente.

Manuel

Escuchando a Manuel, voy buscando en su mirada la posible influencia que otros poetas han ejercido en la suya, y a cuáles de ellos les gusta leer. Sin embargo no me arriesgo a tomar conclusiones y prefiero preguntarle directamente, pero primero dejo que unos muchachos que jugaban alrededor de nuestro banco, se alejen con el sonido de sus matracas.

Un poeta, o un lector interesado, debe leer toda poesía. Una para conocerla, otra para vencerla por rechazo y otra para asumirla como propia. Uno nunca sabe por dónde lo puede alcanzar una influencia, pues todo poeta leído es a su vez una summa de influencias. Añádase a esto que soy profesor de lengua y literatura inglesas, así que se intuirá que lo anglo-sajón me fue cercano: Shakespeare, en la poesía de sus dramas más que en sus sonetos, Donne, Blake, Keats, Whitman, William Carlos William… Por otra parte, Martí, junto con la Biblia, Antonio Machado, Neruda de Residencia en la Tierra, Octavio Paz, Borges, Eliseo Diego, Pessoa, Quasimodo, Rilke, Brodsky, Sagajewski… Están junto a mí cada día, al lado de mi cama. Cumplo con ellos la definición que de poesía daba Eliseo Diego, “una conversación en la penumbra”.

Al conocer sobre su vasta obra literaria le pregunto sobre ella, y si hay más en el tintero del escritor y poeta. Y por aquello de satisfacer mi curiosidad, también lo abordo sobre los géneros que prefiere al escribir, o en cual de ellos se siente más cómodo.

Tengo materiales por publicar pues no es fácil sacar todo lo que uno crea en su justo momento y se va configurando un aluvión con cada época de lluvia creadora. Hay cuatro libros de poesía, dos novelas y un libro de cuentos, además de unos cuantos ensayos que se añejan en las gavetas. Y como no siento que la fuente se seque, al contrario, me molesta no tener más tiempo, por los mil inconvenientes y vicisitudes de la vida en un país pobre, para escribir lo que tengo en el caudal de sueños.

“Cómodo” no es palabra adecuada para definir el estado con que uno se instala en la literatura. Como en toda obra de creación, hacer obra es como un parto: un dolor amoroso. Dolor que se sufre por el gozo balsámico de la creatura. No me propongo hacer libros ni trabajar por géneros. Simplemente voy por la vida e, igual que un día siento ganas de volar o simplemente estar, de reír o llorar, así vienen a mí ciertos motivos que piden una estructura de expresión. El tono de lo que siento me dice si le acomoda un género u otro. Si resalta la fábula, la reflexión o lo imponderable emotivo, así será el género. No me impongo, ellos me hablan. Yo solo escucho. ¿Con cuál estoy mejor? ¿Con qué se siente uno mejor: con un vaso de agua fresca, un pan crujiente, una cómoda almohada o un cuerpo deseoso? Depende de las necesidades y ansias del momento.

A estas alturas de nuestra conversación, hacemos un alto para preguntarle directamente sobre el movimiento literario en la provincia de Holguín. Debo confesar que cierto brillo asalta mi mirada, y sin quererlo la emoción me va llegando de a poco, pues aunque muy joven me fui a vivir a la bella Habana, y también mis huellas quedaron por los adoquines de La Habana Vieja. Es en Holguín donde está la génesis de mis propias emociones, y conocer sobre su cultura me ilusiona.

No esperaba ganar este premio. Incluso, a decir verdad, había olvidado, con los afanes de la vida cotidiana y rigurosa, que había enviado los textos

Holguín, provincia con fama de aristocrática y dicen que pretensiosa, siempre ha querido resaltar. Entonces ha sentido necesidad de alzar la voz y expresarse, con nitidez, propiedad y distinción. Por eso, desde la segunda mitad del siglo XX, ha ido conformando un estado poético dentro de la Isla. No solo surgieron aquí voces como Gastón Baquero, Guillermo Cabrera Infante y Reynaldo Arenas –solo por citar distinguidos muertos y que nadie se moleste ante la omisión – sino que hay un singular entramado de autores, de varias generaciones, y en los distintos géneros, siempre presididos por la poesía. Esto, por demás, tiene que ver con la interrelación entre las diversas artes, pues existe un destacado movimiento en las artes plásticas, la música, el canto y la danza, que se interconectan y alimentan.

Hoy por hoy, de todos es conocido que es Holguín uno de los ámbitos más destacados de la literatura cubana actual. Téngase presente que funcionan más de veinte tertulias sistemáticas en la ciudad y que en la Editorial Holguín se publican unos veinticinco títulos anualmente, a pesar de limitaciones. Hacen su obra, tanto en la ciudad como por el mundo, una buena treintena de autores multigenéricos de primera magnitud. No los nombro para no olvidar alguno y para no abusar del espacio. A los interesados los remito al Diccionario de Escritores Holguineros colgado en www.monografías.com.

Hay algunas nubes que se van posesionando cuidadosamente sobre nuestras cabezas, como anunciando una lluvia de mayo, muy próxima a caer, pero ni a Manuel ni a mi, parece interesarnos mucho la situación climatológica, y entonces decido preguntarle por los premios obtenidos durante su trayectoria, por este primer lugar obtenido en nuestro concurso, El mundo lleva alas, y si le molestaba compartido con el hondureño René Novoa.

Nunca espero ganar. En nada. Solo trabajo. Soy un poco budista en esto. Jamás espero nada de lo que hago, ni de la vida, sino tomarla como venga. Así las sorpresas en realidad me sorprenden. Ciertamente envío a los concursos porque es la forma más expedita de publicar y alcanzar el necesario reconocimiento para que uno se sepa escritor y no diletante. En esto, como en todo cuanto hago, desde bañarme hasta saludar a los vecinos, trato de ser honesto, meticuloso y responsable. Le doy importancia a lo que hago, porque si no es perder el tiempo y es donde único lamento perder.

No esperaba ganar este premio. Incluso, a decir verdad, había olvidado, con los afanes de la vida cotidiana y rigurosa, que había enviado los textos. En principio envié los textos porque me parece interesante expandir la obra de uno, ir con ella por mundo, ya que este no puede venir a uno y, generalmente, uno no puede ir a él. Lo anterior no implica que no me sienta dichoso y feliz.

Para nada me molesta compartir el premio. Solo me molestaría si fuera una concesión, al otro o a mí. Si compartimos calidad literaria similar, siento que me enaltece. Existen mil estrellas en el cielo y no por eso alguna deja de ser atractiva y cautivante. Hay espacio suficiente entre las galaxias. Esto me alienta. Aprovecho para felicitar a mi co-premiado, a quien aspiro a conocer algún día y espero que no se sienta deshonrado por mis poemas. Que sea de “Honduras” sugiere ya un rasgo esencial de toda poesía verdadera.

Ahora sí…, ya en contra de nuestra voluntad, la entrevista se ve interrumpida por fuertes goterones que comienzan a desplomarse de un cielo gris. Y gris se me pone el alma, cada vez que la despedida se acerca. De pronto recuerdo que hay un avión que me traerá de vuelta a mi realidad, y que antes debo pasar a robarle un beso a mi familia. Debo de quitarles un poquito de ese amor que tanta falta me hace en la distancia. Creo que Manuel está leyendo mis pensamientos, y para no dañar nuestro encuentro le dejo con mi última pregunta:

-¿Cuáles son tus planes literarios para el futuro?

Mis planes para el futuro: sobrevivir y tratar de publicar la mayoría de mis criaturas literarias, hijos de mi desvelo y mis obsesiones. Por demás, como ya he dicho, soñar con que algún día, definitiva y perpetuamente, los buenos no de la película, sino de la vida ganen.

Pedro Pablo Pérez Santiesteban

www.vocesdehoy.net


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