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"La confianza, la franquicia y el dinero de piedra" (2ª de 2 partes), por Jaime R. Parrondo, socio-director de JJ ComunicAcción

20/12/2010 00:29 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Jaime R Parrondo[Continuación de este artículo]

El caso es que un nativo con el que el antropólogo estadounidense hizo "migas", de nombre Fatumak, le explicó que en la aldea vecina residía una familia cuya riqueza indiscutible –es decir, admitida por todos– no había sido realmente vista ni tocada nunca por nadie; ojo: ni siquiera por la familia en cuestión. Consistía en un 'fei' enorme, cuyo tamaño se conocía mediante la tradición oral, ¡ya que, durante las dos o tres últimas generaciones, es decir, siglo y medio, había permanecido hundido en el fondo del mar!

Hacía muchos años que uno de los antepasados, durante una expedición en busca de 'fei', había dado con esa piedra de tamaño descomunal y por lo tanto de valor incalculable. Busco ayuda para embarcarla en una balsa y poder así remolcarla hasta su isla, pero por lo visto se declaró entonces una fuerte tormenta y los expedicionarios, para salvar su propia vida, se vieron obligados a cortar amarras. Resultado: la piedra se hundió, desapareciendo para siempre. Sin embargo, nada más llegar a la aldea, todos atestiguaron que aquel 'fei' encontrado, pero recién perdido, era de proporciones magníficas y de calidad extraordinaria, y que de ningún modo se podía culpar al propietario por haberlo perdido. En consecuencia, todos admitieron de buena fe que el inevitable accidente del naufragio carecía de importancia, y que unas decenas de metros de profundidad no perjudicaban lo más mínimo al valor de la pieza, que ya había sido tallada en la forma tradicional. De aquel modo, el poder adquisitivo de la piedra seguía aceptándose como válido, de la misma manera que si aquella permaneciese a la vista de todos, apoyada contra la pared de la choza de su descubridor y propietario…

‘ Recuerden ambas partes: confianza, seguridad, convicción, buena fe y entrega.’
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Ya sé, ya sé... la reacción del lector corriente se parecerá seguramente a la que yo mismo experimenté cuando tuve conocimiento de esta pieza antropológica, que tanto choca con nuestros hábitos y costumbres: "Esto es absurdo. ¿Cómo puede ser tan ingenua esa gente?". Y sin embargo, antes de ponernos a criticar con demasiada severidad a los ingenuos aborígenes de Uap, merece la pena conocer otro episodio antropológico, esta vez acaecido en Estados Unidos, que habría suscitado quizá la misma reacción de aquellos isleños. Lo relata el premio Nobel de Economía Milton Friedman. Entre 1932 y 1933, el Banco de Francia, temeroso de que Estados Unidos modificase el patrón oro, prescindiendo del cambio tradicional de 20, 67 dólares la onza, solicitó a la Reserva Federal estadounidense la conversión en oro de la mayor parte de los saldos en dólares que mantenía en aquel país. Y para evitar la necesidad de embarcar los lingotes de metal precioso y emprender con ellos la travesía del océano Atlántico, con el riesgo y el coste que un traslado de estas características conllevaría, pidió a la propia Reserva Federal que continuara almacenando dicho oro, por cuenta del Banco de Francia. Entonces, los funcionarios de la Reserva Federal se dirigieron a los depósitos de sus cajas fuertes, colocaron en estanterías aparte la cantidad correcta de lingotes franceses y pusieron en tales baldas una etiqueta, recordando que su contenido era propiedad de la República Francesa. El problema es que a los diario económicos estadounidenses les faltó tiempo para hablar de "merma" en sus reservas, frente al "incremento" de las galas. De ahí a la creencia injustificada de que el dólar se devaluaba, mientras que el franco se revaluaba, no hay más que un paso: el de la desconfianza. De hecho, según los cronistas de la Historia, esta llamativa retirada (que en el fondo no era tal, pues el oro seguía en los mismos sótanos blindados...) fue uno de los factores que influyeron decisivamente en el pánico bancario de 1933. ¿No les recuerda a la confianza de los nativos de Uap en el valor del 'fei' hundido?

Comenzaba estas líneas hablándoles de eso, de confianza, en que la marca por la que apuesta todo franquiciado en la fetén, la que le va a hacer ganar dinero y encima estar orgulloso de pertenecer a su red; convicción, en que el saber hacer transmitido por el franquiciador durante el periodo de formación va a ser un salvoconducto hacia el éxito; seguridad, por parte de la central, en todos y cada uno de sus franquiciados y en su entrega diaria; buena fe, de ambas partes, en que cada una cumple con la tarea que se le presupone… Sólo de este modo una empresa, que echa mano de la franquicia como sistema de colaboración con emprendedores y/o inversores, que desean aprovechar el éxito de la marca para explotar su mercado local bajo el paraguas de su concepto de negocio, puede tener éxito a medio y largo plazo. Y sólo así aquellos emprendedores y/o inversores, que apuesten por una enseña de franquicia, podrán clonar con éxito el negocio que llamó su atención y despertó su olfato empresarial. Recuerden ambas partes: confianza, seguridad, convicción, buena fe y entrega.

Lo que no está claro es que los consultores acepten cobrar en piedras...


Sobre esta noticia

Autor:
Jjcomunicaccion (901 noticias)
Fuente:
comunicacionfranquicias.es
Visitas:
3441
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
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