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Concepción virginal

06/09/2018 16:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los dioses que vienen de una virgen

En lo que se refiere a doncellas vírgenes dando a luz, los antecedentes son abundantísimos, y antiquísimos. Muchos siglos antes de que María hubiese nacido, ya otras religiones sostenían, como cosa cierta, que sus dioses habían venido a este mundo por medio de concepciones virginales en las que Dios directamente había hecho el trabajo de fecundar a la doncella escogida como madre de su «hijo» o de su enviado. Por lo tanto la idea de que tales creencias son copia de las cristianas, no vale en la mayoría de los casos. La concepción virginal de María nos la cuenta San Lucas así: «Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret a una virgen desposada con un hombre llamado José de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando donde ella estaba dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo. Ella se conturbó con estas palabras y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: No temas María, porque has hallado gracia delante de Dios, vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor le dará el trono de David su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin". María respondió al ángel: "¿Cómo será esto puesto que no conozco varón?". El ángel le respondió: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios..."» No se puede negar que el texto, literariamente, es bello. Pero si no le negamos belleza literaria a este texto, tampoco se la podemos negar a otros similares en los que se narra prácticamente lo mismo: la concepción virginal de un dios. Veamos cómo en el Atharva Veda del hinduismo se cuenta la concepción de Crishna en el seno de su madre la virgen Devaki. «Vivía ella con una comunidad de santas mujeres, en medio de la espesura del bosque, escondida de las iras de su hermano el rey Kansa. A veces mientras dormitaba a ¡a sombra de un gran árbol, se oían en el aire coros que cantaban: «Gloría a ti, ¡Devaki! El fluido puro, emanado de la Grande Alma, coronado de luz, vendrá y las estrellas palidecerán ante su esplendor. Vendrá, y la vida desafiará a la muerte y él rejuvenecerá la sangre de todos los seres. Vendrá más dulce que la miel y el amrita, más puro que el cordero sin mancha y todos los corazones se sentirán transportados de amor. ¡Gloria, gloria, gloria a ti, Devaki!» Y seguimos leyendo según nos lo narra Schuré: «Un día Devaki cayó en un éxtasis más profundo. Oyó entonces una música, como un océano de arpas y de voces divinas. De repente el cielo se abrió en abismos de luz. Miles de seres espléndidos la miraban, y en el fulgor de un rayo deslumbrante, el sol de los soles, Mahadeva, se le apareció en forma humana. Iluminada por el Espíritu del mundo, perdió el conocimiento y en el olvido de la tierra, en una felicidad sin límites, concibió al niño divino». Pasado un tiempo, el jefe de los anacoretas se presentó ante Devaki y le dijo: «La voluntad de los Devas se ha cumplido. Has concebido en la pureza del corazón y en el amor divino. Virgen y madre, te saludamos. Un hijo nacerá de ti que será el Salvador del mundo. Tu hermano Kansa te busca para matarte con el tierno fruto que llevas en tus entrañas. Es necesario escapar a su persecución. Los hermanos van a guiarte a las chozas de los pastores que habitan al píe del Monte Meru... Allí darás a luz a tu hijo divino y le llamarás Crishna, el consagrado». Según el Ramayana, Vishnu.se encarnó cuatro veces y las cuatro de madre virgen. En el Kalevala. la gran epopeya nacional finlandesa nos encontramos con otra concepción virginal. Marjatta fue fecun-dada por la baya de un arándano que le habló así: «Ven, ¡oh dulce, hermosa y casta niña!, ven a cogerme. Ven ¡oh virgen de la fíbula de estaño, del cinturón de cobre, de las mejillas rosas!; sepárame de mi tallo antes de que el gusano me roa o que la negra serpiente me devore. Ya cien muchachas, mil mujeres jóvenes y una multitud innumerable de niños y niñas pasaron junto a mi, pero ninguna mano se alargó para tomarme». Marjatta tomó el arándano y a los nueve meses, «...trajo al mundo un niñito. Dio a luz a un tierno niño, allí, sobre la paja, tumbada en e! pesebre, al pie del caballo de las hermosas crines. Lavó a su niñito y lo envolvió en pañales y lo acostó sobre sus rodillas y lo meció, apretándolo suavemente con-tra su seno...». Como vemos, el nacimiento fue en un pesebre, dentro de una cueva en un bosque de abetos y no faltaron un caballo «que calentaba con su aliento el lugar, ni una persecución ni la perdida del niño que finalmente fue encontrado por su madre. El mito de la concepción virginal es tan viejo como el hombre. Trasladémonos ahora a muchos miles de kilómetros, desde la India a la América precolombina, y a miles de años en el tiempo y veamos otro ejemplo de concepción virginal, tal como nos lo cuenta en toda su ingenuidad el Popol Vuh, el libro sagrado de los maya-quichés centroamericanos; «Esta es la historia de una doncella hija de un señor llamado Cuchumaquic. Llegaron (estas noticias) a oídos de una doncella hija de un Señor. El nombre del padre era Cuchumaquic y el de la Ixquic. Cuando ella oyó la historia de los frutos del árbol, que fue contada por su padre, se quedó admirada de oírla. —¿Por qué no he de ir a ver ese árbol que cuentan? —exclamó la joven. Ciertamente deben ser sabrosos los frutos de que oigo hablar. A continuación se puso en camino ella sola y llegó al pie del árbol que estaba sembrado en Pucbal-Chah. —¡Ah!, exclamó, ¿qué frutos son los que produce este árbol? ¿No es admirable ver cómo se ha cubierto de frutos? ¿Me he de morir, me perderé si corto uno de ellos? —dijo la doncella. Habló entonces la calavera que estaba entre las ramas del árbol y dijo: —¿Qué es lo que quieres? Estos objetos redondos que cubren las ramas del árbol no son más que calaveras. Asi dijo la cabeza de Hun-Hunahpú dirigiéndose a la joven. ¿Por ventura los deseas? agregó. —Sí, los deseo, contestó la doncella. —Muy bien, dijo ia calavera. Extiende hacia acá tu mano derecha. —Bien, replicó la joven y levantando su mano derecha Ia extendió en dirección a la calavera. En ese instante la calavera lanzó un chisguete de saliva que fue a caer directamente en la palma de la mano de la doncella. Miróse ésta con atención la palma de la mano pero la saliva de la calavera ya no estaba en la palma de su mano. —En mi saliva y en mi baba te he dado mi descendencia (dijo la voz en el árbol). Ahora mi cabeza ya no tiene nada encima y no es más que una calavera despojada de la carne. Así es la cabeza de los grandes príncipes; la carne es lo único que les da una hermosa apariencia. Y cuando mueren, espántanse los hombres a causa de los huesos. Así es también la naturaleza de los hijos, que son como la saliva, ya sean hijos de un Señor, de un hombre sabio o de un orador. Su condición no se pierde cuando se van, sino que se hereda; no se extingue ni desaparece la imagen del Señor, del hombre sabio o del orador, sino que la dejan a sus hijas y a los hijos que engendran. Esto mismo he hecho yo contigo. Sube pues a la superficie de la tierra, que no morirás. Confía en mi palabra, que así será, dijo la cabeza de Hun-Hunahpú y de Vacub-Hunahpú... Volvióse enseguida a su casa la doncella después que le fueron hechas todas estas advertencias, habiendo concebido inmedíata-mente los hijos en su vientre por la sola virtud de la saliva. Y así fueron engendrados Hunahpú e Ixbalanqué».. . Prosigue el Popol Vuh narrando cómo cuando en su casa sus padres descubrieron su embarazo se indignaron mucho y hubo una reunión de los Señores en la que su padre Cuchumaquic interrogó a su hija con estas palabras: «—¿De quién es el hijo que tienes en el vientre, hija mía? Y ella contestó: —No tengo hijo, Señor padre, aún no he conocido varón. —Está bien, replicó su padre. Eres una ramera. Llevadla a sacrificar. Señores Ahpop Achih; traedme el corazón en una jicara y volved hoy mismo ante los Señores. Los cuatro mensajeros tomaron la jicara y se fueron llevando en sus brazos a la joven y llevando también el cuchillo de pedernal para sacrificarla...» Luego nos cuenta el Popol Vuh cómo merced a un ardid se arregló todo y nacieron los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué. Pero tras el nacimiento extraordinario tampoco faltó la consabida persecución por parte de alguien que quiere destruir al «salvador». Y termina el Popol Vuh su deliciosa narración con estas palabras que se dirían una copia de otras que la liturgia cristiana repite a propósito de la Virgen venciendo a Satanás: «Así fueron vencidos los Señores de Xibalbá. [Xibalbá, en el Popol Vuh es sinónimo de demonio]. Por la doncella fueron engañados todos». Como el lector puede ver, evito en todo momento el entrar en honduras esotéricas, para explicar todos estos hechos y los infinitos parecidos que hay entre los hechos «sagrados» de una religión y otra. Evito igualmente entrar por los laberintos de la simbología y de las explicaciones herméticas. No quiero decir con esto, que los muchos y buenos autores que lo han hecho, se hayan equivocado en sus explicaciones. Pero el hacerlo aquí, contribuiría a confundir más al lector, que bastante indeciso estará ya en admitir hechos de los que acaso no haya oído hablar en su vida y que minan en sus raíces las creencias que hasta ahora ha tenido. Lo único que pretendo es exponer hechos que hasta ahora han estado bastante ocultos debido a las enseñanzas tendenciosas que todos hemos padecido desde nuestra infancia. Y sin entrar tampoco en honduras sociológicas o de psicología profunda, para desentrañar los significados ocultos de los mitos, lo único que quiero es que el lector reflexione por sí mismo y saque las conclusiones que crea más oportunas. Coatlicue era una doncella hija de príncipes, que se dedicaba a ayudar en las cosas del culto. Un día cuando estaba barriendo el templo vio entre la basura del suelo una pluma muy extraña, y en vez de arrastrarla con la escoba, se agachó y la recogió. La estuvo contemplando un buen rato, porque era de unos colores muy bellos y ejercía sobre ella una atracción especial. Indecisa sobre qué hacer con la pluma y no queriendo mezclarla de nuevo con el polvo que estaba barriendo, se Ia guardó en el seno. Cuando llegada a su casa, quiso contemplar otra vez la pluma, por más que la buscó entre sus vestidos, no la halló. Aquella misma noche tuvo un sueño en el que un ser resplandeciente se le aparecía y le decía que en aquella pluma estaba su semilla; que gracias a ella, había concebido y que daría a luz un ser extraordinario. Leyendo las historias antiguas de los mismos autores que nos narran otros hechos históricos ciertos, nos encontramos que la madre de Hércules fue virgen y lo mismo fue la de Sosios en Persia; los fundadores de_Roma. Rómulo y Remo nacieron de la virgen Rea; Atis tuvo por madre a la virgen Nana y vírgenes fueron, según las historias, las rnadres de Dionisos, Zoroastro, Perseo, Esculapio el dios de la medicina y Buda. Y hasta de héroes que no llegaron a la categoría de dioses, los historiadores aportan detalles de cómo sus madres los concibieron sin que mediase obra de varón: Pitágoras y Platón están entre ellos. En el caso de Platón. Apolo se le apareció a Perictione, su madre, y le dijo que tendría con él un hijo; y cuando ya estaba en estado, se le apareció asimismo a su desposado Ariston para decirle que lo que_había en el vientre de su prometida, no era obra de varón alguno sino de él mismo. La historia de la aparición del ángel a San José para decirle que lo que María había concebido no era obra de varón, tiene un parecido más que sospechoso. Y no olvidemos que tales historias, —verdad o no— ya estaban escritas mucho antes de que se escribiesen los evangelios.

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