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Como en un juego de ajedrez

14/10/2009 05:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

"Chamaco" obra original del cubano Abel González Melo, bajo la dirección de Alberto Sarraín, se presenta en el Teatro Trail de Miami

"Chamaco" de Abel González Melo, dirigida por Alberto Sarraín. Sábados 17 y 24 de octubre. Teatro Trail, Miami.Por George Riverón

La primera vez que vi una puesta en escena de Alberto Sarraín, yo era estudiante de Dirección de la facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual del Instituto Superior de Arte de La Habana. Nuestro profesor de dirección escénica, quien había viajado años antes a Miami, llegó al aula con una cinta de video. Eran las 7:45 de la mañana de un jueves, lo recuerdo bien. El profe traía una obra de teatro grabada en video. Había que analizarla, desmenuzarla, hacerle cuestionamientos, no quedar indiferentes. En eso consistiría la clase. Aún recuerdo mi cara, a esa hora de la mañana cuando la resaca de la noche anterior te recorre persistentemente como un gusanillo, es imposible concentrarse mirando una pantalla. Pero para mi asombro, se trataba de Manteca, de Alberto Pedro en una puesta en escena de 1997 del grupo La Má Teodora, dirigido por Alberto Sarraín. Ya conocía la obra y me gustaba el texto. Haciendo un poquito de esfuerzo traté de mantenerme con los ojos bien abiertos.

A unos cuantos años de aquel primer encuentro, más audiovisual que teatral, con el teatro de Sarraín, hoy acudí al Teatro Trail de Miami para disfrutar de Chamaco, obra original de Abel González Melo, bajo la dirección del propio Alberto Sarraín.

La Má Teodora, el Latin Quarter Cultural Center y el Archivo Digital del Teatro Cubano de la Universidad de Miami han venido a darle un poquito de oxígeno a esta ciudad, donde con el ajetreo al que estamos obligados diariamente, parece que no pasa nada. Al menos nada interesante.

Pero llegó Chamaco, una obra que tiene como telón de fondo a La Habana y que narra a lo que ha quedado reducida la vida de Kárel Darín: el sexo como única opción de supervivencia. Al menos, eso es lo que el espectador común podría interpretar. Pero nada es blanco o negro, y ahí es donde encuentro la grandeza de esta obra.

Alberto Sarraín ha apostado por una puesta imperfecta, basada en un texto imperfecto. Y ahí está su mayor virtud. No creo que la perfección pueda conmoverme de tal manera como lo ha hecho este Chamaco. Siempre he odiado lo perfecto, porque creo que nos limita, nos corta las manos y la voz, nos hace roca el corazón. Desde el desgarramiento han sido escritos muchos de los diálogos de esta obra, pero también desde la frivolidad y el distanciamiento. Y es que eso es la vida. Un tropiezo y puedes caer, otro tropiezo y si caes, tienes la opción de levantarte, si puedes, o morir.

Visualmente estamos en presencia de una puesta en escena hermosa y equilibrada. El diseño escenográfico y de luces del maestro Carlos Repilado nos transporta a las noches de esa Habana movida por el morbo.

El diseño escenográfico y de luces del maestro Carlos Repilado nos transporta a las noches de esa Habana movida por el morbo

Un joven aparece asesinado en el Parque Central y el único testigo del homicidio, una pordiosera, nos narrará la historia del asesinato a través de flash backs que el director de la puesta ha sabido solucionar excelentemente, con fluidez y elegancia, como quien mueve con precisión las fichas sobre un tablero de ajedrez.

La obra está dividida en dos actos, y he aquí su talón de Aquiles. El primero de ellos resulta algo lento. Los actores pierden el ritmo y con ello se nota el desnivel actoral, que logra equilibrarse en el inicio del segundo acto con el excelente monólogo de Silvia Depás, hermana del chico asesinado, a quien la actriz Alexa Kuve da vida.

Adrián Más es Kárel Darín, el chamaco sobre el que recae el peso de la historia. Una actuación franca, sin estridencias de moda. Por su parte, Juan David Ferrer es Alejandro Depás, abogado y padre de Miguel y Silvia. Un hombre a quien cuya doble vida le pasa la cuenta.

Orlando Casín y Nattacha Amador logran incorporarse airosos en la piel de Felipe Alejo, tío de Kárel, y la pordiosera-veladora del héroe, respectivamente. Lian Cenzano, como Miguel, y Lyduán González, como Saúl-policía, logran momentos muy buenos en sus interpretaciones y a quienes me gustaría verlos en nuevos proyectos que requieran de interpretaciones más exigentes. Elvira Valdés, por su parte, logra matizar con gracia y profesionalismo su personaje de La Paco.

Podría, tal vez, detenerme un poco más en cada uno de los personajes y sus intérpretes, pero creo mucho más válido reconocer el esfuerzo de ellos, ya que la mayoría trabaja en profesiones que nada tienen que ver con la actuación para sobrevivir; y aún así, contra viento y marea, se entregan decorosamente a lo que aman: el teatro.

Talento como el que acabo de ver sobre las tablas del Teatro Trail, merece seguir haciendo teatro y vivir de él. Es tiempo de que hagamos algo más por el arte y la cultura de esta ciudad, porque nuestro aplauso reconforta, pero no basta.

Una obra que tiene como telón de fondo a La Habana y que narra a lo que ha quedado reducida la vida de Kárel Darín: el sexo como única opción de supervivencia


Sobre esta noticia

Autor:
George Riverón (1 noticias)
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Tipo:
Opinión
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