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Comida chatarra causa obesidad, no la falta de ejercicio

21/12/2018 23:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Las multinacionales de la alimentación recurren más a los mercados emergentes de los países más pobres para satisfacer a Wall Street

Por: Martha Rosenberg

La Gran Época, Estados Unidos

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Una hamburguesa Big Mac con papas fritas fotografiadas en un McDonald’s en el centro de Londres. (Foto: Ben Stansall/AFP/Getty Images)

Actualmente hay más de 700 millones de personas obesas en el mundo, de las cuales 109 millones son niños, según el New York Times en 2017. En Brasil, el gigante de la alimentación Nestlé utiliza vendedores de puerta en puerta para distribuir su comida chatarra de alto contenido calórico y ofrece a los clientes la oportunidad de pagar un mes después de la compra. Nestlé define a los vendedores ambulantes de comida chatarra, que a menudo son obesos, como “microempresarios”.

Las multinacionales de la alimentación recurren cada vez más a los “mercados emergentes” de los países más pobres para satisfacer las expectativas de Wall Street y de los accionistas, probablemente porque el mercado de la comida chatarra en los países más desarrollados está ahora saturado.

Sustituir las dietas indígenas de los habitantes de los países pobres por alimentos precocinados o envasados y bebidas azucaradas es inmoral por muchas razones. Además de causar obesidad, diabetes, problemas cardíacos, enfermedades crónicas y dañar los dientes, la comida basura está reemplazando los cultivos tradicionales por los de cereales y soya transgénica. Incluso organizaciones humanitarias como la Fundación Bill y Melinda Gates han creído en la historia difundida por las multinacionales de la alimentación de que los OGM (organismo genéticamente modificado) alimentarán al mundo. En realidad, los OGM llenan el suelo con pesticidas tóxicos y contaminan el agua.

Nestlé manipuló a los más pobres hace más de 40 años, cuando consiguió convencer a las madres de escasos recursos, de no amamantar a sus hijos con su propia leche (lo único que una madre puede ofrecerles), sino con formula láctea de esta marca. Varios grupos activistas afirman que muchos niños mueren en las zonas más pobres de Asia, África y América Latina porque sus madres los alimentan con leche de fórmula.

Según las investigaciones del Times sobre la influencia de las multinacionales de la alimentación en Brasil, “el mayor donante para las elecciones parlamentarias fue el gigante de la alimentación JBS S.A., que donó 112 millones de dólares a los candidatos en 2014” (Jbs adquirió Swift & Company, la tercera empresa procesadora de carne de vaca y cerdo más grande de los Estados Unidos, que en 2007 sacrificó la increíble cantidad de 51 mil 400 animales por día). En 2014, Coca Cola donó 6, 5 millones de dólares a la campaña electoral brasileña, mientras que McDonald’s donó 561 mil dólares.

Hace unos años, Reuters informó que la Organización Panamericana de la Salud había recibido cientos de miles de dólares, además de algunos “consejos” sobre el tema de la obesidad, de las multinacionales de comida chatarra y bebidas azucaradas. No es de extrañar que recomendaran hacer hincapié en la importancia del ejercicio físico y pedir la liberalización de campañas de marketing agresivas dirigidas a los niños. ¿Alguien se sorprendió de que Coca Cola se convirtiera en la bebida azucarada más vendida en México cuando la compañía fue dirigida por Vicente Fox, quien más tarde fue incluso elegido presidente de México?

Con el tiempo, Coca Cola ha adquirido una enorme influencia económica: financia la American Heart Association, la American Lung Association, la American University of Cardiology, la American University of Paediatrics y el Departamento de Medicina de Harvard. Proporciona fondos a las principales universidades, grupos deportivos y de ejercicio, y organizaciones que ayudan a las minorías étnicas, cuyos miembros se ven particularmente afectados por la obesidad.

Coca Cola también financia los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades en los Estados Unidos a través de la asociación sin fines de lucro Cdc Foundation, creada por el Congreso en 1992 para fomentar las “relaciones” entre la industria y el gobierno.

Y la prensa tampoco ha sido inmune. El año pasado, el British Medical Journal escribió que Coca Cola está expandiendo su influencia oculta en el periodismo médico y científico a través de la subvención de conferencias de periodistas, incluyendo las celebradas en la prestigiosa National Press Foundation en Washington, D.C.

Por eso, declaraciones irresponsables como “la causa de la obesidad es la falta de ejercicio” y no la comida basura como la Coca Cola, han sido hechas no sólo por gobiernos y profesionales médicos, sino también por periodistas.

En 2014, el documental de Katie Couric,  ‘Fed Up’, mostró cómo el gobierno de los EE.UU. insta a la gente a comer bien, mientras que al mismo tiempo promueve los alimentos que engordan, y cómo los comedores escolares compran la comida a las multinacionales de la alimentación. El documental revela cómo las transnacionales del huevo, el azúcar y otras empresas han cambiado las directrices desarrolladas por el Informe McGovern de 1977, que recomendaba que la gente comiera menos alimentos grasos y azucarados, con el fin de promover su negocio.

En 2006 se produjo otro “triunfo” de las multinacionales de la alimentación. Ante las directrices de la Organización Mundial de la Salud, similares a las del Informe McGovern, el entonces Secretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, Tommy G. Thompson, viajó a Ginebra para amenazar a la Organización Mundial de la Salud de que si no se modificaban las directrices, los Estados Unidos dejarían de apoyar económicamente a la Organización. Sí, para el Gobierno de los Estados Unidos, apoyar la agricultura es más importante que la salud de las personas.

El verano pasado, el New York Times documentó los efectos devastadores de la comida chatarra, las personas más pobres de la región de los Apalaches tienen obesidad y diabetes, la mayoría de las cuales tienen poco acceso a los servicios de salud. Joseph Smiddy, médico voluntario de Virginia, dijo que la población de la región de los Apalaches está más enferma que la de América Central: “En América Central comen frijoles y arroz y caminan mucho. No beben Mountain Dew [una bebida carbonatada de PepsiCo, ndt] y no comen dulces. No están plagados de epidemias de obesidad y diabetes”. Por supuesto que Smiddy se refería a zonas que aún no han sido invadidas por Nestlé, Coca Cola y McDonald’s.

El año pasado, en Chicago, surgió una amarga disputa por un impuesto a las bebidas endulzadas. La industria de las bebidas gastó más de 1, 4 millones de dólares en publicidad para tratar de convencer al público de que el impuesto se debía abolir. La industria ha hecho todo lo posible para transmitir el mensaje de que el deseo de beber bebidas altas en calorías que causan obesidad, diabetes y afecciones dentales es una “elección del consumidor”. Irónicamente, los principales partidarios de la revocación del impuesto fueron las comunidades pobres de Chicago, que también son las más afectadas por las bebidas azucaradas y la comida chatarra.

Un individuo que consume 2 mil calorías al día debe consumir un máximo de 200 de azúcar, el equivalente a un poco más de una lata de una bebida carbonatada. Sin embargo, la mayoría de los estadounidenses consumen al menos el doble de la cantidad recomendada, algunos beben aún más y otros admiten ser dependientes de ella.

Alguna vez, “azúcar” significaba azúcar obtenido de la caña de azúcar o de la remolacha. Pero desde 1980, los fabricantes de bebidas endulzadas han estado favoreciendo el jarabe de maíz con alto contenido de fructosa (Hfcs) y desde entonces han sido imitados por los principales productores y procesadores de alimentos. Las restricciones comerciales en otros países para proteger la producción local de azúcar han encarecido el azúcar, sobre todo porque los agricultores estadounidenses cultivaban enormes cantidades de maíz debido a los subsidios gubernamentales y a las semillas transgénicas. El jarabe de maíz de alta fructosa también es más barato de producir, almacenar y transportar.

Este edulcorante está directamente relacionado con la obesidad, la diabetes, las enfermedades hepáticas y los problemas de memoria, pero esto no significa que los edulcorantes artificiales sean mejores. El aumento en el uso del aspartamo, que se encuentra en la Coca Cola light, y la sucralosa, que se encuentra en Pepsi One, parece ser una de las causas del aumento de personas obesas, según el Yale Journal of Biology and Medicine.

En conclusión, los gigantes de la comida gastan millones de dólares en comida chatarra y millones de dólares en decirle a la gente que no es esta comida la que los hace engordar. Pero, ¿alguien sigue creyendo eso?

Martha Rosenberg es la autora de la premiada encuesta sobre alimentos “Born With a Junk Food Deficiency”, publicada por Random House. Ha dado conferencias en universidades y escuelas de medicina y ha sido una invitada frecuente en programas de radio y televisión.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente las de La Gran Época.

Artículo en inglés: Big Food Wants You To Believe Obesity is Caused by Lack of Exercise not Junk Food and the Spin Is Working

Traducción de Lucía Aragón

 


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Autor:
Lucia Aragón (1222 noticias)
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Tipo:
Reportaje
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