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Comentario de Mateo 25, 31-46

02/11/2011 21:36
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Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme. Entonces los justos le responderán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?. Y el Rey les dirá: En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis. Entonces dirá también a los de su izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces dirán también éstos: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos? Y él entonces les responderá: En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna.

Estas semanas están resultando muy atareadas debido a que ando en procesos de postulación para estudios de doctorado y ello implica todo un papeleo que se une a toda una disposición particular del ánimo; sin embargo, no quería dejar escapar la oportunidad de decir un par de cosas sobre este hermoso y desafiante pasaje del evangelio de Mateo. Algo, por lo demás ni novedoso ni particularmente sofisticado si de interpretación hablamos. Simplemente quiero resaltar la contundencia del mensaje: amar a Dios, a quien no vemos, supone amar al hermano que sí vemos (que es la forma positiva de algo planteado en pregunta en otro pasaje de la Biblia). A todo hermano, sin duda, pero de modo preferente al que sufre desamparo. La idea es sencilla y parece una obviedad; sin embargo, la historia es siempre más compleja y esos rostros de Cristo se nos vuelven siempre opacos, a veces no somos capaces de reconocerlos. Es más fácil asociar al pobre la figura del potencial ladrón, la del maleducado, la del sucio, la del vulgar, la del enfermo que nos puede contagiar. Buscar motivos para alejarnos de quienes padecen es siempre más simple, porque el desafío de acercarnos, más bien, es muy grande. No se pretende con esto decir que muchas de las personas que padecen pobreza y desamparo no tengan las características mencionadas: males de todo orden afectan a estas personas y muchos de ellos están en sus propias manos. Lo importante, a pesar de ello, es recordar que el amor de Dios no se da al pobre por su condición moral, se le da por su condición de insignificancia y punto. Lo demás tendrá que ser corregido y, si corresponde, sancionado, pero el amor que se entrega es en atención a su dignidad de ser humano, esa que le ha sido arrebatada. Es una tarea desafiante, pero esa es la tarea de cristiano: tratar de ser como Jesús, amigo de prostitutas, de publicamos, de leprosos, de niños, de todos los insignificantes de la sociedad.

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