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San Sebastian en tiempos del Cólera

18/01/2019 11:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Desde mediados del siglo XIV, con motivo de la peste negra, la popularidad del santo creció muchísimo en todo el país como lo había sido de Roma en los años 700

Desde mediados del siglo XIV, con motivo de la peste negra, la popularidad del santo creció muchísimo en todo el país como lo había sido de Roma en los años 700 con motivo de la epidemia de la peste. Y su gran popularidad como protector y defensor del pueblo de Euskal_Herria llegó para quedarse. 

La tradición cristiana ha convertido a San Sebastián desde esos días en un protector de todas las enfermedades relativas de la piel y también de las de los que los pescadores contraían en el mar. “El nombre de San Sebastián está en buena parte vinculado a ciudades y pueblos de zonas cercanas a puertos, muelles, lugares de Euskal Herria tanto entre la la gente trabaja en el mar o en tierra. El santo se convierte en un defensor  y protector de males como el escorbuto, enfermedades que tienen que ver tambien  con el estómago y con la piel. San Sebastián también es patrono de ciudades de interior.

Las creencias en la protección de los santos en momentos trascendentales de la enfermedad y de  la muerte, desarrollaron su papel como intercesores y taumaturgos y se plasmaron en textos hagiográficos y representaciones visuales. El caso de San Sebastián, como abogado contra la peste, es bien ilustrativo, al igual que ocurriría con San Roque a partir del siglo XV.

El origen de la protección de San Sebastián sobre la peste data del año 680, cuando libró a Roma de una gran epidemia, hecho divulgado por Pablo Diácono en su Historia Longobardorum. A la sazón, hay que recordar que a la peste se le hacía represntar por una lluvia de saetas, tanto en las fuentes clásicas -pasaje de la Ilíada en que Apolo desencadena la peste con el disparo de su flecha- como en las bíblicas (Salmos 7 y 64). La Leyenda Dorada colaboró decisivamente a la difusión de su culto e iconografía. En su texto se afirma que el santo quedó como un erizo tras su primer asaeteamiento decretado por el emperador romano Diocleciano.

A fines de la Edad Media, se había convertido en el santo patrono, por excelencia, con gran notoriedad no sólo en Euskadi sino en toda Europa. Se glosaron los paralelismos con Cristo, no sólo por su relación con el pasaje de Cristo atado a la columna o con el Ecce Homo -en el caso de aparecer con los brazos hacia adelante-, sino por el árbol al que fue atado en analogía con el madero de la cruz y por el número simbólico de sus flechas. Si éstas eran tres evocaban a los clavos de Cristo y en número de cinco a sus llagas. 

En Navarra cuenta con tres parroquias bajo su advocación: Juarbe, Aramendía y Eulz y sus ermitas rondan la docena entre las existentes y las desaparecidas (Allo, Arano, Arruazu, Asarta, Cascante, Cintruénigo, Gastiáin, Lacunza, Muniáin de la Solana, Olazagutía y Navarzato en Roncal). Respecto a las cofradías, al menos llegó a haber veinticinco, la mayor parte de ellas en Tierra Estella.

 Las autoridades municipales de ciudades y pueblos de Olite y Pamplona y patrón de Sangüesa y Tafalla hicieron, desde el Medievo, votos al santo que se traducían en promesas para guardar sus fiestas, en agradecimiento por los favores recibidos. Uno de los primeros votos a San Sebastián documentados en Navarra es el de Olite, en 1413, a raíz de la peste de aquel año. Se acompañó del rito protector consistente en rodear el perímetro de la localidad con un pabilo o mecha bendecida. Pamplona sufrió una epidemia de peste en 1599. Entre las medidas tomadas las autoridades municipales se comprometieron a guardar abstinencia las vísperas de San Sebastián y San Fermín.

En Tafalla, el legendario milagro de la boina de 1426 hizo crecer su culto. Su célebre imagen pétrea se atribuye al escultor Johan Lome y para su realización dejó un mandato, en 1422, el secretario real Sancho de Navaz.

El eco anual del voto de Tafalla estuvo ligado a la procesión de los muros, puesto que, al igual que en Olite, el perímetro de sus murallas se rodeaba por un rollo de cera llevado en andas. El acto devocional se recuperó en 1885, con motivo de la epidemia del cólera, añadiendo al rollo céreo, que estaba mermado, cantidades cera para que alcanzase su longitud primitiva.

Un extenso y documentado estudio sobre el patrono de Sangüesa se debe a Juan Cruz Labeaga. En 1543 ya se celebraba el voto, con anterioridad a las grandes epidemias de 1566 y 1599. El ayuntamiento nombraba al predicador de la fiesta y a la procesión anual asistían todos los gremios.

 Los diez años transcurridos desde que la Hermandad del Santísimo Cristo, María Santísima de la Amargura y San Sebastián Mártir de la localidad, hicieron que San Sebastian asumiese la titularidad del Patrón del municipio, como un icono milagroso.En sus concepciones artísticas

San Sebastian fue igualmente venerado en Navarra durante todas las pandemias que sufrió a partir del siglo XIV

 plasmaron distintos momentos del recorrido procesional del santo mártir a lo largo de los diez últimos años que no se han olvidado nunca.

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A fines del siglo XIV reapareció en España la epidemia de peste, con singular intensidad en Sevilla y de allí se propagó hacia el norte, hacia Euskal-Herria.Se promulgáron, ante el peligro, nuevas ordenanzas sanitarias, se nombraron visitadores de parroquias y barrios, se prohibiéron las reuniones públicas, y se crearon lazaretos donde se quemaba la ropa de los apestados. Discutían, en tanto, los doctores, acerca de la denominación apropiada de la plaga, y su diferenciación con otras análogas. Cuenta Gracian «que mientras los médicos andaban en sus disputas y controversias, se llevaba la peste una ciudad y se extendía a todo un reino».

La Peste negrapeste bubónica o muerte negra fue una pandemia o de peste que asoló Europa durante el siglo XIV y era transmitida por unas pulgas transportadas por ratas. Se cree que la epidemia surgió en Asia central, desde donde pasó a ciudades italianas como Génova, con gran actividad marítima, y de ahí a toda Europa. La peste negra acabó con casi la mitad de la población europea y con unos 100 millones de personas en todo el mundo.

Alcanzó su punto máximo entre 1346 y 1361 Diane Zahler estima que la mortalidad superó la mitad, quizás el 60 % de los europeos, o lo que es lo mismo, habrían muerto 50 de los 80 millones de habitantes europeos.​ Se estima que la misma fue causa de muerte de aproximadamente 50 a 75 millones de personas entre los primeros casos en Mongolia (1328) y los últimos en la Rusia Europea(1353).​ Esta enfermedad afectó devastadoramente Europa, China, Ididia, Medio Oriente y Norte de Africa, .No afectó a Africa subsahariana ni al continente américano..​

La teoría aceptada sobre el origen de la peste explica que fue un brote causado por una variante de la bacteria Yersina pestis.cuando aquella deriva del latín «pestis», es decir, enfermedad , y no del agente patógeno. 

Donosti, puerto de comercio de la gran pesca donde recalaban barcos de diversas procedencias de España y Europa, estaba seriamente amenazada. El Ayuntamiento acordó no permitir el acceso intramuros a los tripulantes de muchas embarcaciones, y para ejecutarlo puso en la Puerta de Tierra un vigilante especial. En 1581, marinos que volvían de Sevilla, Santander, puerts cántabros y galos y otras poblaciones europeas donde había peste negra, se entrevistaban con sus allegados fuera de la villa, a donde éstos volvían con riesgo de contagiar a los donostiarras. Alarmado el Municipio, decidió realizar determinadas reformas en la ermita de Santa Clara, y ordenó que quienes vinieren de los puertos infectados fueran examinados en dicha isla, sin que pudieran salir de ella sin recibir cura completa so pena de cien azotes y de ser desterrados a perpetuidad de San Sebastián y su jurisdicción.

 

Insuficientes estas medidas para soslayar la amenaza, en un recrudecimiento de la epidemia, en 1597, la peste penetró en el recinto amurallado. Encerraba entonces la villa unos 16.000 habitantes entre naturales y extraños. 

Aunque se destinaron a hospitales algunas casas particulares y se dictaron diversas medidas profilácticas, el azote sacudió a la población. En sesión de 17 de Octubre, el Ayuntamiento concretó con Maese Juan de Lortia, cirujano de Jaca, que éste con su hijo y un criado asistieran a los afectados hasta Navidad.. El corregidor de la provincia de Gipuzkoa socorrió a la villa con 3.000 ducados, y el Rey, merced a gestiones de don Juan de Idiáquez —(una carta original del cual, sobre este asunto, existe en Madrid)— con 4.000 ducados. 

Asediada la población por la peste, la ciudad hizo voto solemne a su santo patrono, de ir procesionalmente a la parroquia de su advocación, el día de su festividad, previo ayuno de vigilia. En cumplimiento de esto, anualmente, todas las cofradías, con sus estandarte, y los dos cabildos, se dirigíeron por la playa hasta la iglesia de San Sebastián, llevando la reliquia del santo que, según Isasti, era un brazo del mismo. Al entrar y salir de la villa, como al llegar a mitad del arenal, se disparaban desde la muralla numerosas salvas de artillería y varios cañonazos contra un blanco que flotaba en medio de la bahía. El artillero que conseguía destrozarlo percibía una gratificación del Ayuntamiento. 

Por ser un enero riguroso, la Ciudad solicitó en el siglo XVII a la Sagrada Congregación de Ritos, el traslado de la festividad de San Sebastián a otra fecha en espera de tiempo más benigno, pero naturalmente nada se logró. 

En la hecatombre de 1813, con el retablo de Santa María, desapareció la reliquia de San Sebastián. Cinco años después, la Corporación Municipal consiguió de Roma otra reliquia del santo, que fue llevada a hombros en la procesión votiva al Antiguo. En 1820, se volvio a instar a la Congregación de Ritos, el traslado de fecha de la festividad. Pero estas nuevas gestiones fracasaron, lo mismo, que las llevadas a cabo en 1830, cuando la procesión hubo de ser aplazada durante más de ocho semanas a causa del tiempo desapacible. Desde entonces la procesión a San Sebastián el Antiguo fué suprimida oficialmente, pero los donostiarras, llevaron la efigie del santo saeteado por, todas las calles de la Ciudad, invocando su ayuda que, como siempre fue escuchada.Y la epidemia de peste desapareció  pronto de Donostia.

 


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