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Ciudad de La Habana, Cuba: ¿Dónde hacer ejercicios?

21/08/2010 01:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Se acaba el día y llega el momento de abandonar el trabajo para regresar a la casa. Va recogiendo las cosas para dejar el buró ordenado

Al bajarse de la guagua, más llena a esta hora, recorre la distancia de la parada hasta su vivienda. Es viernes; en su caminar pausado se nota el cansancio de una semana.

En la cima de la loma, un poco alejado, ve su edificio. Recuerda otra vez el dolor en la cervical, debido a tantas horas sentada, y en un hombro, por cargar el arroz y el azúcar de la bodega, o la vianda del agro. Va sorteando a los niños que a esa hora se adueñan de la calle para jugar al fútbol, la más reciente furia deportiva tras el Mundial de Sudáfrica. Se agita por la subida y el calor vespertino del verano ya le humedece la ropa.

Por fin llega. Vivir en un quinto piso sin ascensor implica siempre un esfuerzo más. Se aguanta del pasamanos y observa la escalera. Al subir, regresa el dolorcito en el hombro, en el cuello y en una rodilla. Carga el peso de la cartera y del cansancio de la semana; pero también de unas libritas de más que no ha perdido después del nacimiento de su hijo.

Ha intentado hacer dieta, pero las frutas están muy caras y no siempre hay. Sabe que ahora, al llegar hambrienta del trabajo tras un exiguo almuerzo, terminará comiéndose un pan. Abre la puerta y se sienta. Los dolores en el cuerpo le recuerdan que debe encontrar el tiempo para hacer un poco de ejercicio. «No puedo seguir tomando pastillas cuando me molestan las articulaciones, y cada vez me duelen más». Sabe que con los años todo será peor. Por ello, ahora que todavía está a tiempo, quiere ejercitarse.

1, 2, 3… ¿Y?

La forma más segura para tener un cuerpo sano y estilizado es ejercitarlo. Ya sea en un gimnasio, en la casa, en parques o avenidas, cada día son más los cubanos que apuestan por un modo de vida saludable, en el que la práctica de ejercicios constituye una prioridad. La asistencia a un gimnasio en busca de asesoramiento es una de las alternativas más socorridas.

«En los últimos años los cubanos están entendiendo lo importante que es hacer ejercicios, aunque muchos solo quieren ponerse fuertes», opina Ricardo Vantes Rodríguez, ex integrante del equipo nacional de voleibol —que integró desde 1983 hasta 1998—, quien asiste al gimnasio estatal de 17 y 24, en el Vedado capitalino.

La Ciudad de La Habana cuenta con un total de 18 gimnasios estatales, distribuidos en varios municipios. Sin embargo, Alberto Calderón Moreno, subdirector de Programas de Educación Física, Cultura Física y Recreación en la provincia, reconoce que «las condiciones de estas instalaciones no son las óptimas para ofrecer un servicio de calidad».

El cuidado de los locales y el mantenimiento de los equipos requieren constancia. Ello implica la necesidad de inversiones sistemáticas.

Calderón explica que la Dirección Provincial de Deportes de Ciudad de La Habana recibe un presupuesto anual en moneda nacional.

No obstante, agrega que «todos los años, los gobiernos municipales apoyan con un presupuesto en divisas para el mantenimiento de determinadas instalaciones».

Entre los servicios que ofrecen los gimnasios, sobresalen los ejercicios aeróbicos y mecánicos. Para la práctica de los primeros es indispensable la disposición de espacios ventilados, mientras que para los segundos es vital el buen funcionamiento de los equipos.

Lay García Ruiz, jefa de actividades Físicas y Comunitarias en Ciudad de La Habana, refiere que la Dirección Provincial de Deportes ayuda con la iluminación de los locales, pintura para preservarlos y el mantenimiento de algunos aparatos. «Los equipos que tenemos están en mal estado. Hace cinco meses les dimos a todos los gimnasios un gran número de pesas para trabajar, hechas en empresas de la capital.

«Los aparatos que tenemos no alcanzan. Hay un solo banco de pron y una sola mesa de cuádriceps. Si vas a trabajar pecho y tienes 12 alumnos, ¿cómo te organizas? Además hay pocas pesas; desde hace mucho no entran. Trabajar así es muy difícil», explica la profesora Olara Aguiar Arango, máster en Cultura Física, quien desde el año 1991 trabaja en el gimnasio de 17 y 24, en el Vedado.

Vantes, campeón de la Copa Mundial de Voleibol en 1989, opina que «el hércules de este local es muy viejo; hay que arreglarlo. Todos los aparatos tienen muchos años, y están acabados. Se podrían reemplazar por otros, que estén mejores aunque sean rústicos. El banco de cuádriceps, por ejemplo, tiene la tabla inclinada, y eso podría lesionar la columna. A pesar de eso vengo, porque el ambiente es muy agradable y la profesora muy competente».

También encontramos allí a Alberto Cuba, primer campeón de nuestro país en los Juegos Panamericanos de La Habana 1991. Hay áreas laterales que si se techaran podrían habilitarse para la gimnasia aeróbica. Hacen falta más pesas y aparatos. La gente cada vez viene más a los gimnasios», comenta.

En el Cotorro, Ornel Suárez, profesor del gimnasio de la piscina en el reparto Lotería, cuenta que hace algún tiempo está pidiendo al municipio apoyo para habilitar un espacio más ventilado donde hacer los aeróbicos. Hubo promesas, pero la ayuda aún no se concreta.

La joven Madelayne González asiste a este gimnasio desde hace cinco años por la cercanía a su casa. Reconoce que cuando no hace ejercicios se siente mal. Pero a veces lo duda. «Hay que hacer cola para los aparatos y esto es una sauna con tanto calor», comenta.

«Llevo aquí diez años, y estos aparatos están desde antes. Nosotros recaudamos fondos, los entregamos al INDER, pero no nos dan nada. A veces quisiéramos hacer cosas, pero no podemos sacar dinero de nuestro bolsillo para arreglar esto», comenta el profesor Ornel Suárez.

Las tarifas de los gimnasios estatales está regulada en la Resolución número 14 del Ministerio de Finanzas y Precios, emitida en julio de 1994. Este documento establece el cobro según la categoría del recinto, en dependencia de la calidad y cantidad de los servicios que se oferten.

Al mes, para la categoría A, el importe sería de 10 pesos en moneda nacional. Mientras, la categoría B abonaría 5 pesos y la C tres pesos.

Lay García Ruiz, funcionaria del INDER en Ciudad de La Habana, plantea que los precios se han reajustado como consecuencia del deterioro de muchas instalaciones, con la inevitable pérdida de servicios.

El gimnasio estatal de 17 y 24 es categoría C. La profesora Olara Aguiar confirma que el precio es de tres pesos en moneda nacional, pero de todas formas hay servicios que no se ofrecen. «La categoría C tendría que tener sauna o baño de vapor, servicio de masajes y baño con agua corriente», explica.

Madelayne González paga cinco pesos mensuales en el gimnasio del Cotorro, pero «pagaría 50 si los aparatos estuviesen mejor».

Otro aspecto imprescindible es contar con profesionales capacitados. Un mejor aprovechamiento de los gimnasios está relacionado invariablemente con el personal que trabaja en estos.

Según Lay García Ruiz, los gimnasios de la capital cuentan con la fuerza especializada. «Hoy Ciudad de La Habana tiene 259 profesores que garantizan el funcionamiento de las instalaciones y los diferentes programas del INDER. Impulsamos un total de 22 proyectos, mediante los cuales se atienden desde embarazadas hasta adultos mayores. De esos profesionales, 128 son licenciados; el resto son técnicos de nivel medio o profesores en formación».

Al aire libre

A pesar del esfuerzo del INDER, el número de gimnasios es insuficiente y la calidad de los servicios aún no es la deseada.

Ante esta realidad, una de las variantes disponibles para el público son los gimnasios al aire libre. «Ciudad de La Habana tiene 90 instalaciones de este tipo, emplazadas en los diferentes consejos populares», explica Lay García Ruiz.

Esta variante se refiere a la instalación de un equipo múltiple, o una serie de aparatos, en un área abierta. Estos sirven para hacer barras, abdominales o pron.

«No garantizan la misma eficiencia que los gimnasios regulares, porque allí los ejercicios se hacen con el propio peso corporal, pero es una opción para la población. No hay que inscribirse a un local, ni pagar por su uso», afirma Alberto Calderón Moreno.

Según García Ruiz, el diseño de los gimnasios al aire libre pretende extenderse al resto de las provincias, aunque son más difíciles de mantener debido a su exposición directa a la lluvia y el sol.

Otra alternativa puesta en práctica son los llamados gimnasios biosaludables, destinados especialmente para el adulto mayor. Cumplen una función comunitaria y fueron donados a Cuba para ser colocados en provincias con mayor índice de envejecimiento poblacional.

La jubilada Teresa González Rodríguez nos cuenta que fue al gimnasio biosaludable de 23 y B, en el Vedado, «porque lo necesitaba. Ayer, por ejemplo, casi no trabajé en la casa y me sentí agotada. Vine por salud».

Hace solo cuatro meses que Alicia Bárbara Enríquez Castro acude a ese gimnasio. Ella es ama de casa y tiene 49 años de edad. «Conocí del lugar por otras madres en la escuela de mi hijo y me embullé». Entonces pesaba 230 libras. Ya ha perdido 40 y se siente mucho mejor.

«El trabajo con los aparatos es sencillo; la profesora primero nos explicó cómo usarlos. Cuando empecé me dolía todo el cuerpo y ahora me siento muy bien», confiesa.

¿Sin permiso?

En los últimos años han florecido gimnasios particulares. Roger Machado es hipertenso a sus 29 años y necesita hacer ejercicios para controlar su enfermedad. «Siempre he asistido a particulares, porque los estatales tienen muy pocos recursos», admite.

No obstante, buena parte de estos lugares no tienen licencia que los autorice a ofrecer ese servicio por cuenta propia. Por lo tanto, no pagan impuestos y no existe control sobre las actividades que realizan.

Durante los últimos tiempos nadie ha obtenido permiso, pues el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social suspendió las licencias para los «Instructores de Prácticas Deportivas», según consta en la Resolución 9 del año 2005.

Esto no impide, sin embargo, que muchas personas instalen y mantengan gimnasios con gran clientela. De hecho, el funcionario Alberto Calderón estima que en Ciudad de La Habana existen al menos 82 gimnasios sin licencia.

Este equipo de trabajo visitó un gimnasio particular en el Vedado, que funciona desde hace 12 años. El profesor del lugar asegura que nunca ha tenido problemas por no tener licencia.

«Tuve la idea de poner un gimnasio, pero fue un acuerdo con el Consejo de vecinos. Pedí permiso para poder usar una parte del garaje de este edificio. Al final todo el mundo se beneficia, porque con el dinero que recaudamos se paga el custodio que cuida este garaje y se arreglan el elevador o las bombas de agua», explica.

«Además viene mucha gente. A todo el mundo le gusta hacer ejercicios, y más en verano. Cuba es un país deportivo; siempre ha sido así. Aquí somos dos profesores. Yo soy licenciado en Cultura Física y el otro es cirujano ortopédico.

«Quisiera pagar mi licencia, pero he ido a la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT) y no dan licencia para gimnasios», concluye.

Antes y después

Según nos comenta Alberto Calderón, los particulares obtuvieron permiso para brindar servicio años atrás. «Cuando se legalizó el trabajo por cuenta propia, el INDER junto al Ministerio de Salud Pública y el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, inspeccionaron algunos locales y evaluaron si tenían las condiciones para funcionar como gimnasios».

Uno de los pocos que tiene licencia es Jorge Carnet Delgado, quien fue presidente de la Asociación Cubana de Fisiculturismo, entre 1985 y 2005. Su gimnasio, ubicado en Luyanó, obtuvo permiso en 1997.

Otro de los escasos locales con autorización es el instalado por Rolando Lara en el Vedado. Obtuvo su licencia en 1997.

Sin embargo, él reconoce que su instalación no tiene las condiciones necesarias. El espacio es reducido y hay poca ventilación. «Este no es un lugar apropiado para tener un gimnasio; es la entrada de mi casa».

No obstante, el Gimnasio D’Lara, como se le conoce, siempre está lleno por ser barato y porque el profesor tiene amplios conocimientos sobre cultura física.

Lamentablemente, en muchos casos no sucede así. Los gimnasios particulares no siempre cumplen la función de promover una práctica de ejercicio sana y equilibrada. Según nos comenta Alberto Calderón, esto también es resultado de que el personal que trabaja allí a veces no está preparado.

Muchos adolescentes quieren «ponerse fuertes» en poco tiempo. Tienen la creencia errónea de que al incrementar rápidamente el peso que levantan adquirirán gran musculatura. Al cargar un peso inadecuado se lesionan.

Otro de los mitos relacionados con la pérdida de peso es ponerse nailon o fajas apretadas para adelgazar más rápido. Sin embargo, se debe hacer ejercicios lo más fresco y cómodo posible. Al sudar más se elimina agua del cuerpo, no grasa.

Uno de los problemas de los centros estatales es la carencia de aparatos y la imposibilidad de mantener los que se compran nuevos, pues no existe un presupuesto para sostener un gimnasio con equipamiento en las áreas deportivas estatales.

Ahora bien, ¿de dónde sacan los aparatos los propietarios de gimnasios particulares? Al indagar sobre la procedencia del equipamiento, la mayoría explicó que son producidos de forma artesanal.

Otros gimnasios compran los aparatos hechos a particulares. Este es el caso de Lara, quien afirma que «son producto de la inventiva del cubano», y agrega que quienes los construyen miran materiales audiovisuales sobre gimnasios y copian los modelos.

¡¿Tanto?!

Otro problema de los gimnasios particulares es el costo. Muchos exigen precios muy por encima de la capacidad adquisitiva de la población. Algunos cobran entre 25 y 100 pesos en moneda nacional, aunque las tarifas de otros ascienden a 30 CUC o más.

La estomatóloga Yanirse Figueroa es una joven de 25 años. Ella empezó a hacer ejercicios buscando calidad de vida y «sobre todo menos estrés». Yanirse advierte que busca los gimnasios en dependencia de su precio, siempre teniendo en cuenta que le sea asequible. «Hay algunos lugares donde hay más ambiente de gimnasio; en el Vedado, por ejemplo, como hay varios lugares para ejercitarse cuyo costo es bajo, las personas tienen más opciones, pero aquí en Luyanó, donde vivo, no es igual».

Las condiciones económicas actuales obligan a priorizar los gastos domésticos hacia el aseguramiento de necesidades más básicas. Por ello, costear la práctica de ejercicios en un gimnasio particular se torna más complicado para muchas familias.

Ni los centros estatales ni los particulares por sí solos representan una solución única. Según nos comenta Calderón, los existentes entre las dos modalidades no alcanzan para una población de dos millones de habitantes de la capital. «Incluso los 90 al aire libre y los biosaludables son insuficientes. No obstante, esta no es la única vía para realizar actividades físicas. Muchas personas prefieren correr o caminar, porque los gimnasios tienen una matrícula limitada».

De acuerdo con una información ofrecida por la Dirección Provincial de Deportes en la capital, llegará nuevo equipamiento de donación para instalar otros gimnasios biosaludables, pero esto no cubre ni la tercera parte de los municipios de la ciudad.

Si bien los estatales no dan abasto, los particulares necesitan de una cobertura jurídica que legitime su existencia. Así las instituciones autorizadas podrían evaluar su funcionamiento y estipular un rango de precios de acuerdo con los servicios que ofrecen.

Uno de los principales problemas que trae el sedentarismo, ya sea por desconocimiento o falta de opciones, es la aparición de muchas enfermedades como la hipertensión y los padecimientos óseos. Precisamente por ello, cabe preguntarse cuánto menos las personas padecerían precozmente este tipo de dolencias si hicieran ejercicios.

Para ello, han de existir opciones que cubran la demanda y cuyos servicios estén asesorados por personas capacitadas.


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El Mundo (4819 noticias)
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