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Cine prohibido: manual del perfecto censor

15/11/2020 09:56 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

A la censura le debemos obras maestras del cine. Esta frase parece una contradicción en sí misma. Pero la paradoja se desvanece cuando se repasa, por poner un ejemplo cercano, la filmografía de Luis García Berlanga durante el franquismo. Como él también desarrollaron esta habilidad para burlar la censura muchos directores de su generación y también todos los que sufrieron las listas negras de Hollywood. O las imposiciones del comunismo en China, donde surgió la conocida Quinta Generación con directores como Chen Kaige o Zhang Yimou, censurado por criticar la Revolución Cultural en Vivir (1994), ahora refugiado en las artes marciales como elemento metafórico de crítica.

En Irán, el gran cineasta Mohsen Makhmalbaf tuvo que salir del país por su denuncia del patriarcado y el apoyo al sufismo en Gareth (1996). Y hoy en día hay directores privados de libertad como Jafar Panahi, que rodó en su casa Esto no es una película (2011) y consiguió sacar el film del país en un USB; y Mohammad Rasoulof, último ganador del Festival de Berlín con There Is No Evil (2020), condenado a un año de prisión acusado de propaganda contra el sistema iraní.

Y sin movernos del mundo árabe, en Argelia los productores de Papicha (2019), de Mounia Meddour consiguieron, con el apoyo de Francia, que la película representara al país en los últimos Oscar, a pesar de la prohibición del Gobierno para distribuirla. Los censores y a los gobiernos autoritarios, temerosos de nuevas visiones lejos de la imperante, incentivan la imaginación de los creadores. Sobre este concepto de obras censuradas o mutiladas trabaja el ciclo Cine prohibido, que se puede disfrutar en Filmoteca Española (Cine Doré) hasta el próximo mes de diciembre. En total, y desde septiembre, son cincuenta películas que proponen un viaje a lo largo de 120 años de historia del cine y que componen un manual sobre el acto de censurar.

La censura no siempre se produce en regímenes dictatoriales. En 1965, Peter Watkins recibió un encargo de la BBC para realizar una película sobre los efectos de una guerra nuclear en Gran Bretaña y el cineasta entregó The War Game , un film en forma de noticiario, con imágenes de archivo y otras rodadas por él, que a los que realmente aterrorizó fue a los ejecutivos de la cadena. No la emitieron porque su efecto iba a ser "demasiado horroroso" y preferían que se quedara para "pases privados". Watkins, sin embargo, aseguró que las autoridades no querían mostrar la realidad sobre la proliferación de armas nucleares y el riesgo que corría la humanidad.

La película viajó por festivales, se convirtió en un título de culto y estuvo nominada al Oscar. A la BBC la jugada no le pudo salir peor. Y tampoco había ya dictadura en España cuando se prohibió El crimen de Cuenca (1979) de Pilar Miró. Las escenas de tortura por parte de guardias civiles a dos acusados de asesinatos, hechos reales acontecidos a principios del siglo XX, propiciaron la orden de secuestro del film, porque esas escenas podían ser constitutivas de delito, y su directora fue acusada de injurias. De nuevo, un intento de censura no hizo más que ayudar al film, que acabó siendo un éxito en taquilla cuando se estrenó dos años más tarde.

Aunque uno de los casos más recordados dentro de la historia del cine español es el de Viridiana (1961). La censura primero obligó a introducir varios cambios en el guion, incluido el final, lo que propició que Buñuel diera un giro aún más afinado al desenlace. Luego llegó la consideración de film "blasfemo" en un artículo de en L'Osservatore Romano , la Palma de Oro de Cannes, la prohibición en España y la destrucción de todas las copias. Y con todo este ruido, y gracias a que en París se conservaron negativos del film, Viridiana se estrenó en 1977 y no perdimos una obra maestra del cine.

Y es que ser un genio del cine no exime de tener problemas con las autoridades. Uno de los casos más claros fue el de Pasolini, acostumbrado a sembrar el escándalo con sus films, que alcanzó las cotas más altas con Saló o los 120 días de Sodoma (1975), con la que revisaba la Italia fascista de Mussolini a partir de la obra de Sade. Consiguió llegar a los cines en 1976, pero fue secuestrada por orden judicial en Italia, prohibida en varios países y su productor, Alberto Grimaldi, estuvo dos meses en prisión. Pasolini había fallecido un año antes de todo este escándalo.

Algunas veces, la censura ha obligado a algunos directores al extremo de abandonar su país para poder seguir haciendo cine. Algo que sufrió el griego Costa-Gavras cuando decidió filmar Z (1969), su denuncia de la dictadura militar en su país, que contaba con el apoyo de EEUU y se prolongó durante siete años. El cineasta abría su película anunciando que el parecido de los hechos con la realidad no era casualidad, sino "deliberado". Dio forma al cine como arma de denuncia y el film se convirtió en un título de culto para movimientos sociales de la época.

Y es que los años setenta fueron muy agitados a nivel sociopolítico y dejaron varios casos de prohibiciones a lo largo del mundo. Uno de los más graves aconteció en Argentina con La Patagonia rebelde (1974), que sufrió la prohibición de Isabel Perón -después de estrenarse y ganar el Oso de Oro en Berlín-, algo que mantuvo la inmediata dictadura de Videla. Se trataba del retrato de la lucha sindical de unos obreros en la Argentina de 1920 y este film obligó a que algunos integrantes del equipo de producción tuvieran que exiliarse. La caída de la dictadura permitió que el film volviera a los cines.

En algunos casos, la censura política acabó por transformar del todo una película y convertir la original en un título de culto. Como sucedió con Sayat Nova (1961), de Serguei Paradjanov, a propósito de la vida del poeta del que toma su nombre el film. Las autoridades soviéticas remontaron por completo la película, pusieron el título El color de la granada , y acabaron eliminando cualquier rastro de simbolismo religioso y de carga metafórica. Su director pasó nueve meses en la cárcel acusado de violación, cohecho y homosexualidad y cuatro años en un campo de trabajo. No volvió a dirigir hasta la década de los ochenta.

Sin abandonar la URRS, en el caso de Andrei Tarkovsky fue él mismo quien decidió remontar La pasión según Andrei para conseguir estrenarla como Andrei Rublev (1966). Y luego aseguró que prefería esta segunda versión. Su biografía de un pintor ruso del siglo XV fue considerada errónea a nivel ideológico por las autoridades, que previamente habían aprobado el guion. Lo que hizo fue rebajar el nivel de violencia, recortar media hora de metraje y esperar cinco años para poder estrenarla.

Ni siquiera el cine mainstream de EEUU, se ha librado del yugo de las prohibiciones. Un clásico como El exorcista (1973), que ahora se estudia como un film de terror canónico, pudo acabar relegado a la categoría de película para adultos (calificada como una X). El hecho de que fuera una producción de la Warner debió de convencer a la temida MPAA, organismo que califica las películas en EEUU, y la rebajó a "menores acompañados de un adulto" (R). Y así el film de Friedkin se convirtió en uno de los grandes éxitos de la compañía, aunque dos localidades de Misisipi la prohibieron por obscena.

Y es que EEUU, además de la cuna de la democracia, también es una auténtica impulsora de las prohibiciones. Hollywood llegó a tener señalados a 300 "comunistas subversivos" por el Comité de Actividades Antiamericanas. Y gracias a esa persecución surgió una verdadera obra maestra del cine social como La sal de la tierra ( 1954), de Herbert J. Biberman, que muy pocas salas se atrevieron a proyectar y que ahora se encuentra conservada por la Biblioteca del Congreso. Llegó a ser calificada por la prensa como una película producida "directamente bajo órdenes del Kremlin". Una vez más hay que dar gracias a la censura.


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