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Cinco poemas

03/04/2011 23:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Nada

Yo era joven

Y aunque no tenía nada,

Nada,

Quería sacarlo todo

De la vida.

Vivía deslumbrado

Por el dulce resplandor.

Era joven

Y no tenía nada;

Pero vivía, sin saberlo,

Los mejores momentos

De mis pobres vidas.

No tenía nada

Y recibía golpe

Tras golpe,

Pero me bastaba

La intensidad del día

Para creer

Que lo tenía todo.

Fue sólo un momento,

Un momento de fuerza,

De romanticismo,

De juventud.

Aquel lejano resplandor

Es todo lo que extraño.

Nunca las pedí

Todo cuanto quise

Es una pizca de infinito,

Diez gramos aunque fuera

De radiante infinito,

Dulce como tus dulces muslos.

Y aunque me fascinaron las estrellas

Te juro que nunca las pedí.

Yo sólo quería que me miraran,

Quería tener para mí

Alguna brizna del infinito

Que a otros les regalan.

Quise la chispa que brilla

En el fondo de tus ojos,

Y tiembla,

Y huye,

Y se va...

Una fina cinta roja

¿Qué fue de vos,

De mí,

De nosotros?

Un cansancio de siglos

Me derrumbó el alma

Y la tarde se llenó

De huesos y palomas.

Te lo juro,

Nunca quise irme

Para siempre.

Nunca supe qué fue de tus cartas;

Estaban allí,

Atadas con una fina cinta roja,

La fina cinta roja

Que una tarde lejana

Temblaba en tu pelo.

Puedo ver todavía

Tu letra pequeña y prolija,

Pero todo se desvaneció,

Se perdió para siempre,

Nunca supe cuándo.

Te lo juro,

Yo nunca lo quise,

Nunca.

La magia de un tilde

No se por qué

Se me ocurrió llamarte Malená,

Un poco a la francesa,

En lugar de Malena.

No se por qué me persiguió

El berretín de hacerte diferente,

Pero me gustaba la dulce dulzura

De aquellos Malená, Malená,

Que llenaban la tarde de violines...

No se por qué me desgarraste

El corazón.

El poeta

Una sola vez lo vi.

Caminaba muy erguido,

La cabeza estática

Levemente inclinada hacia atrás.

El pelo blanco acariciaba las nubes.

Erguido como un joven roble,

Un joven de ochenta años,

Buscó a tientas la silla

Y sus manos pensativas

Acariciaron la mesa

Buscando la taza de te.

Estaba entre nosotros

Pero también en otra parte,

Habitado por los ecos

De vidas pasadas

Y las voces que seguirán resonando

En los laberínticos anaqueles

Poblados de libros.

Ya no está,

Pero su voz inagotable,

Hecha de aves y de rosas,

Sigue flotando

Como una música suave

En las entrelíneas del Tiempo.


Sobre esta noticia

Autor:
Arteytextos (77 noticias)
Fuente:
arteytextos.blogspot.com
Visitas:
1730
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
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