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Chicza, el chicle de los mayas conquista los mercados orgánicos del mundo

13/01/2011 08:29
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Chicza, el chicle de los mayas conquista los mercados orgánicos del mundo por Ulyses Huesca Tercero Última modificación Jan 12, 2011 03:42 PM — archivado en:

Los mayas aportaron al mundo la goma de mascar desde hace quizá miles de años; pero el chicle fue comercializado y popularizado mundialmente por transnacionales norteamericanas, que terminaron utilizando derivados del petróleo en su fabricación para imitar la original y orgánica goma de chicozapote, el árbol de la selva maya que sigue produciendo el mejor y más sano chicle del mundo.

Chicza, el chicle de los mayas conquista los mercados orgánicos del mundo

Chicza está ganando mercados internacionales, es el único chicle 100% natural y orgánico. Foto vía El chicle original de la selva maya se elabora con los métodos tradicionales y milenarios. Foto cortesía de Consorcio Chiclero

PENÍNSULA DE YUCATÁN.- El chicle, en maya XIK YA Á, en náhuatl TZICTLI (de donde proviene la palabra chicle) es en principio un látex natural que se extrae del árbol del chicozapote (manilkara zapota) que crece en el sureste de México, Guatemala y Belice -una gran región selvática de importancia ecológica mundial- su uso en las civilizaciones prehispánicas principalmente mayas y aztecas se remonta a tiempos inmemoriales, se usaba para limpiar los dientes y también para llamar la atención al mascarlo sonoramente, aunque esto último ha sido mal visto, desde las sociedades prehispánicas hasta las actuales, ya que se asocia a un gesto muy usado por prostitutas (en nahuatl ahuianime, alegradoras) y a "chicos maleducados" a quienes a veces ya sin saber con exactitud el porque, los profesores les han prohibido por generaciones mascar el chicle.

El chicle se comenzó a comercializar en 1871 cuando Thomas Adams vio la costumbre de mascarlo en el Gral. Antonio López de Santana en la ciudad de Nueva York durante su exilio desde México y trato de popularizar su uso vendiendo unas pequeñas bolitas de chicle a precio de un penique.

Pronto tuvo competencia de William J. White y William Wrigley iniciando así una larga carrera para mejorarlo, agregándole sabor a menta, promocionándolo con beneficios como incrementar la fuerza del cuello, cambiándole su nombre mexicano por uno en ingles "chewing-gum" incluso sustituyendo el chicle natural por derivados de petróleo.

El éxito de todo ello ha sido tal, que mascar chicle se convirtió en un emblema de la cultura yanqui y sus empresas, ahora transnacionales, aún persisten.

El chicle y el aprovechamiento del árbol del chicle (Manilkara zapota) proviene de una práctica ancestral prehispánica, que México ha legado al mundo, gracias a ello los productores chicleros de Quintana Roo y Campeche preservan el uso del chicle natural y han contribuido a la conservación de la selva mexicana en la Península de Yucatán.

Hoy los chicleros y sus técnicos cuentan con una empresa social integradora de cobertura regional que agrupa a 46 cooperativas y sociedades de producción chiclera de los estados de Campeche y Quintana Roo, únicos estados en el país que producen chicle natural actualmente.

Esta empresa es la cooperativa denominada Consorcio Corporativo de Productores y Exportadores en Forestería S.C. de R.L. con base en la Ciudad Chetumal, Quintana Roo y es la que se encarga de administrar la producción, logística, comercio y finanzas para la fabricación de la goma del árbol de chicozapote y coordina alrededor de 2, 000 chicleros que trabajan en un área de 1.3 millones de hectáreas de selva tropical, áreas coincidentes con las Reservas de la Biósfera de Sian Ka'an, Calakmul, entre otras áreas naturales protegidas de carácter estatal y el Corredor Biológico Mesoamericano-México.

Durante siglos, las regiones productores de México y los indígenas mayas, que crearon el legado del chicle al mundo, han producido miles de cientos de toneladas de esta goma base que ha sido exportada. El manejo sustentable de esta técnica ancestral ha sido un éxito en términos de su contribución para agregarle valor a las selvas generando empleos para los pobladores dueños de dichos territorios.

Su aprovechamiento no ha estado exento de amenazas derivadas de factores naturales, sociales y económicos, al grado de ponerlo en crisis de desaparecer en algunos momentos, como en 1960 cuando la producción de chicle sufrió una importante caída cuando las fábricas de goma de mascar reemplazaron la goma natural por gomas sintéticas y solo algunas de las principales procesadoras a nivel mundial continuaron utilizando una pequeña fracción de goma natural de chicozapote debido a sus características físicas y organolépticas.

Tradicionalmente el chicle se ha obtenido practicando cortes a la corteza del tronco del árbol para hacer fluir el látex, estos cortes se hacen formando una especie de canales que permiten conducir el látex desde lo alto del árbol a la base del mismo donde se colecta. Posteriormente la resina se hierve en pailas, moviendo constantemente y estirando manualmente para coagular y texturizar el látex colectado de los árboles. De este proceso se obtiene una pasta, la cual se coloca en moldes cuadrados que al enfriarse y solidificarse, se forman unos bloques que son llamados marquetas. En esta forma es como el chicle se exportó de nuestro país durante más de 100 años, implicando entre otras cosas altos riesgos para los chicleros por las largas jornadas en las que debian permanecer expuestos a los peligros de la selva, además bajos ingresos por las cadenas de intermediación, entre otros.

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Las marquetas representan una materia prima fundamental para la elaboración de la goma base que se adiciona a las gomas de mascar de mayor calidad, ya que actualmente solo algunas marcas agregan chicle natural a sus productos finales, la mayoría de los productos de las marcas comerciales globales suelen ser totalmente de polímeros derivados de petróleo.

La creciente demanda de productos orgánicos en el mundo principalmente en Europa se presentó como una oportunidad que el Consorcio Chiclero aprovechó para darle valor a la materia prima que durante siglos se había vendido manejando prácticamente sin cambios en su proceso productivo.

Así, desde hace cinco años esta colectividad logró adquirir el conocimiento y darse los medios para producir una goma de mascar 100% natural, biodegradable y certificada orgánica, de hecho, ¡el primer chicle orgánico nunca antes fabricado! Al ser elaborada a base de goma orgánica, el chicle que se obtiene es completamente natural y presenta todas las virtudes de una materia prima biodegradable: inocua, hidrosoluble, no adherible. Se descompone fácilmente al combinarse la biodegradación enzimática y la bacterial, con el tiempo se hace polvo y regresa a la tierra, igual que la madera podrida, las hojas caídas y muchos otros elementos que enriquecen los suelos.

Este camino no ha sido fácil de recorrer puesto que ha implicado la creación de una Planta de Elaboración de Goma de Mascar propiedad de los chicleros, la mejora del abastecimiento de chicle a la misma, la realización de ensayos de formulaciones y elaboración de la goma de mascar orgánica, la creación y registro nacional e internacional de la marca "CHICZA" (abreviatura de chico zapote) así como la participación y seguimiento de la propia organización en el proceso de evaluación de las empresas certificadoras como Bioagricert bajo las normas internacionales de IFOAM para productos orgánicos y de SMARTWOOD respaldado por FSC (certificación mundial) que garantizan el manejo sustentable de la Selva.

Todo este proceso permite a los productores la obtención tanto de materia prima como de producto terminado con características probadas de calidad e inocuidad tanto de la materia prima (chicle) como en el producto terminado (goma de mascar) bajo estándares y características que demanda el mercado internacional, lo cual finalmente se traduce para los chicleros en la obtención de un mejor precio por sus productos y para el consumidor la completa seguridad de la calidad del producto.

La incorporación de los procesos de agregación de valor de la goma base para la producción de chicle orgánico han requerido de un trabajo de organización y técnico que viene desde 1940 con la fundación de la primera Federación de Cooperativas de Quintana Roo, F.C.L. y la Federación de Cooperativas de los Chenes en el estado de Campeche, la organización social más antigua en ambos estados. En todo esto se han requerido importantes inversiones de diversas fuentes gubernamentales, internacionales, privadas tanto para el equipamiento de la planta industrial como para el desarrollo y certificación del producto comercial, así como el trabajo comprometido de muchos profesionales.

Actualmente y desde hace varios años se están implementando acciones para cambiar los materiales tradicionales que utiliza el productor para el colado de la resina, la coagulación, la extracción, a partir del diseño y prueba de equipo prototipo que han permitido la implementación de técnicas modernas para su realización. Con ello se trata de garantizar que el proceso productivo mejore y en consecuencia la calidad de vida y los ingresos de los chicleros, siendo necesario que se adapte a las condiciones actuales de los mercados internacionales de la goma de mascar hacia los cuales se exporta.

La obtención del chicle terminado, sintetiza todo el proceso de producción y manejo sustentable no maderable de la selva tropical, esta actividad casi legendaria que también implica el rescate de la cultura productiva de nuestra región, el trabajo de asesoría, concientización, capacitación.

El chicle ha pasado por ser, desde enemigo número uno de profesores, rechazado, sustituido, olvidado, hasta popular a nivel mundial y emblema de culturas.

Pero sin duda es un producto que se ha mantenido presente, siendo también un testigo de los cambios en las formas de consumo y producción de la humanidad, desde producción manual y casera hasta producciones masivas con grandes estrategias de comercialización, permitiendo el surgimiento de empresas transnacionales, ha observado también la sustitución de su esencia por derivados de petróleo y ahora también se suma al giro que el hombre necesita dar para hacer un consumo de productos naturales y orgánicos que contribuyan con la salud de los individuos y el planeta.

Y es en esta última tendencia donde finalmente el chicle está encontrado su nicho y el esquema que le hace justicia a sus creadores originales, las selvas y los indígenas mayas que dieron el legado del chicle al mundo.

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