Charlando sobre ciencia y racionalismo en la Universidad de Vic
El martes pasado, día 20 de diciembre y día mundial de escepticismo, tuve la oportunidad de participar en el programa de las Tertúlies de Literatura Científica de la Universitat de Vic, un interesantísimo proyecto docente que tiene como objetivo acercar la divulgación científica a estudiantes de diversos niveles. Para ello, los estudiantes leen un libro (o una serie de artículos) de divulgación para, tras trabajarlo en clase, asistir a una conferencia por parte del autor.
Uno de los libros seleccionados para el programa de este curso fue mi querido Ciencia para Nicolás y sobre él charlé un rato con alumnos y profesores de dos institutos barceloneses. Comencé con un suicidio homeopático (y analizamos al final de la charla el nulo efecto de cuarenta pastillas de Sedatif PC); el resto del tiempo, además de mostrar algunas curiosidades relacionadas con la ciencia, traté de transmitir la necesidad de apreciar la ciencia en lo que vale y, a la vez, prevenir contra la irracionalidad propia de las pseudociencias. Después, en el rato de debate, quedó clara la necesidad de que desde bien pronto se enseñe en las escuelas -y no sólo desde las asignaturas científicas- a pensar racionalmente, a adquirir una forma crítica de pensar, a practicar el escepticismo científico como una herramienta que nos va a permitir transitar por la vida con una cierta protección frente a fanatismos, supersticiones y engaños pseudocientíficos, algunos socialmente tan aceptados como la homeopatía. Cuanto antes, porque cuando llegamos a cierta edad nos cuesta mucho. Y a los hechos me remito: no deja de sorprenderme el ímpetu con que muchos adultos defienden su creencia en alguna (en general el que cree en una cree en muchas) pseudociencia con el único argumento del lo que tú digas, pero a mí me funciona .
Terminando el debate quedó claro que hay muchas pseudociencias muy populares, lo que constituye una plaga cultural de difícil erradicación.
Como anécdota, cuando llegaba a Vic en el cercanías que había tomado en Barcelona, justo frente a mí estaba sentado un hombre de unos cuarenta años con un aspecto muy intelectual totalmente enfrascado en la lectura de un libro. De vez en cuando lo subrayaba y apuntaba algo al margen. En ese momento no me hubiera extrañado que estuviera leyendo, qué se yo, algún sesudo texto filosófico o un ensayo sobre música barroca o, incluso, iluso de mí, algo de divulgación científica. Me di cuenta de que queda mucho trabajo por hacer cuando cerró el libró y pude ver la portada. Google me ha permitido encontrarlo:
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Sobre esta noticia
Autor: Lacienciaesbella (30 noticias)
Fuente: lacienciaesbella.blogspot.com
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