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Chalet antiguo se vende

10/09/2010 19:31 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En los lentos amaneceres, Elisa, tendía suavemente la mirada hacia él. Sus ojos se llenaban de ausencia y en su interior surgía un paisaje antiguo en el que ineludiblemente su vestido blanco y almidonado se abría como una magnolia escandalosa en el vals de los quince

Chalet antiguo se vende

( Mención género narrativa Centro Escritores Nacionales 2009)

Hacía, quizás, años que el cartel de venta pendía de uno de los barrotes de madera despintada del pilar. Todas las tardes Elisa y Arturo se sentaban en el hall de ventanales vidriados, en sendos sillones de mimbre, las piernas paralelas a los brazos, con la mirada fija en la calle. Desde la altura dominaban la vista de la esquina. Por la ruta pasaban a un ritmo detenido los autos, en tanto que sobre la de tierra, apenas algunos turistas que confluían para lanzarse a los balnearios de aquella pequeña ciudad escondida entre las sierras.Al principio, una vez tomada la decisión de la venta, y cuando los empleados de la inmobiliaria colocaron el cartel, todo fue expectativa. Comenzaron a tomarlo como una nueva actividad, interesante, con la idea, más que de vender la propiedad, de conocer gente, que se acercara a ver la casa para evaluar la posibilidad de adquirirla. Pasados los meses y al comenzar la temporada veraniega, se les sugirió que pintaran al menos las paredes exteriores, especialmente la que daba a la calle de tierra, pues la enorme mancha de humedad que tomaba casi toda la pared podía ser muy bien un motivo para ahuyentar a los ocasionales compradores. Entonces Elisa y Arturo vendieron el televisor y compraron el servicio de pintura, si bien, sólo alcanzó para blanquear la parte que daba al comedor. Desde esos días, las horas de espera en el hall se alargaron desde el atardecer hasta bien entrada la noche. En algunas ocasiones, algún auto merodeaba lentamente la esquina, ante lo cual, del despertar de alguna esperanza pasaron a la más absoluta indiferencia, pues de antemano sabía que al notar la presencia de la mancha, abandonarían la idea siquiera de verla por dentro. De alguna manera significaba un alivio, pues no esperar suele curar la decepción, pero continuaron en su abismal tarea de la tarde, acaso porque no había otra cosa que hacer. Entre los dos hermanos, las conversaciones se habían ido gastando con los años así como el apetito. En realidad, ya no había más que sentarse en sus viejos sillones, Elisa con su batón de seda y el bastón que le ayudaba últimamente a sostener sus caderas adoloridas y Arturo, con su camisa azul atravesada por tiradores y sus mechones de cabellos grises coronando la pelada incipiente como un oscuro y delgado payaso, espectrales y silenciosos, sosteniendo la vida de aquel viejo chalet en ruinas, elevado sobre un pequeño promontorio. ‘ Se vende Chalet antiguo, 2.700 mts. de terreno, ideal inversión. Inmobiliaria Palmer’ .Ese verano era singularmente fresco, así que no extrañaron el ventilador. Por otro lado, era el mejor lugar de la casa en el que se podía estar, pues la cocina y el comedor rebosaban de ese húmedo olor que no desaparecía ni aún manteniendo las ventanas abiertas la mayor parte del día. El enorme living, por otra parte, era ya para entonces, tan sólo un salón vacío. Bien recordaba Elisa aquellos días en que la necesidad de sobrevivir hizo que comenzaran a deshacerse de la vajilla hasta los últimos, cuando se llevaron los enormes sillones de pana y el bargueño provenzal como en una forzada mudanza. En cuanto a los dormitorios del subsuelo, ni hablar. Hacía ya tiempo que habían resuelto dormir en el antiguo escritorio, lugar desde el que, por otra parte, aún podían contemplar el añoso roble de la infancia, rememorar las épocasluminosas, las navidades debajo de sus paternales ramas extendidas hacia un horizonte de sierras y cielo, los festejos familiares, la presencia de abuelos, tíos y primos, cuando el silencio se poblaba de risas y cantos, y parecía menos dolorosa la ausencia de su madre, o tal vez, parecía que nunca hubiera existido, que la vida siempre hubiera sido así, con niñeras y lavanderas espiando tras los cortinados. El escritorio, efectivamente, daba para que la memoria rebrotara como el agua de las cañerías rotas que invierno tras invierno envolvía cada vez más los pisos y las paredes de la planta baja.El viejo roble, en cambio, permanecía erguido con su copa señorial, sin que el paso del tiempo hiciera mella en él. Sus hojas reverdecían con mayor belleza de año en año, y sus ramas, cada vez más gruesas y elevadas, acogían el trino de bellísimos pájaros, como si allá arriba nada hubiera ocurrido.En los lentos amaneceres, Elisa, tendía suavemente la mirada hacia él. Sus ojos se llenaban de ausencia y en su interior surgía un paisaje antiguo en el que ineludiblemente su vestido blanco y almidonado se abría como una magnolia escandalosa en el vals de los quince. Era la fiesta soñada. Músicos con violines, mesas con manjares, mucha, mucha gente y alegría en el aire. Don Newmann había gastado una fortuna y reía con la copa en alto entre sus amigos alemanes, brindando constantemente hasta que sonaron los primeros acordes y tomó la pequeña mano de su hija para sacarla a bailar. Giró tantas veces en los brazos de su padre, con la cabeza hacia arriba, mirando las estrellas, hasta sentirse una más, luminosa y perdida en un infinito cielo de libertad y plenitud. De los brazos del padre pasó a los de Arturo. Y entonces fue aquello del beso, el primer inolvidable beso, y el arrobo que duró por semanas en su memoria afectiva, como recién sentido, volviendo a provocar en su cuerpo el mismo éxtasis, una y mil fracciones de segundos más, en una progresión de sueños y vigilias.Todos suponían, sin embargo, que el reino estaba por caer. Newmann estaba cercado. Cada día significaba un nuevo avance para el enemigo oculto en su camino al anónimo rincón serrano donde a fuerza de trabajo y evasivas había logrado construir su paraíso. Newmann había llegado al país en el cuarenta y seis. Y con varios compatriotas en la misma condición había encontrado un maravilloso lugar donde pasar desapercibido y tratar de olvidar los rigores de la guerra. Se sentía a salvo en la nación asaz protectora, no obstante, como muchos en su condición, había edificado su casa con planta baja y subsuelo, dentro del cual, además de los dormitorios y la bodega, una puerta simulada en la pared, daba paso a una cámara secreta, atestada de quesos, fiambres y bebidas, por si el tiempo que allí, hipotéticamente debería pasarse, fuese largo, Y en una pequeña vitrina de cristal, el frasco de cianuro con el cual en el último de los casos, seria posible sostener el honor de la familia. Elisa promediaba sus quince y era vox populis que el viejo alemán en cualquier momento sería encontrado y vaya a saber entonces cuál sería su destino.Arturo, contrariamente a su hermana, ya no miraba el roble desde el ventanal. Prefería cerrar los ojos y olvidar. Olvidar como los fueron olvidando los tíos, los primos, los sirvientes y los vecinos desde entonces. Olvidarse a sí mismo. Olvidar a Elisa. Olvidar aquella tarde en que juntos enterraron la caja a suspies, con la gran promesa. Olvidar la promesa. Olvidar los ojos de oliva de su padre, contemplándolo por última vez, entre el odio y el dolor, pero sinlágrimas. Olvidar aquel amor inesperado, aquel beso inevitable, aquellos díasde pasión en la cámara secreta, hasta ser descubiertos. Y el fatal golpe que hirió de muerte a su padre, en medio de la encendida pelea. Fue entonces cuando, cavando para enterrar el cuerpo allí mismo, rompieron la cañería principal y comenzó aquel olor que atribuyeron a la humedad, y que, efectivamente, era un pútrido olor húmedo, como si la tierra llorara en silencio sobre todos los muertos.Más allá de los recuerdos de Elisa y del olvido de Arturo, llegó el último día del verano sin que el chalet fuera visitado por un solo comprador. Ese fue el signo por el cual comprendieron que se acercaba la hora de cumplir la promesa. Bajaron un rojizo atardecer al subsuelo. Abrieron la puerta de la cámara y la cerraron tras de sí.

María rosa meléndez

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Sobre esta noticia

Autor:
María Rosa Meléndez (25 noticias)
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Tipo:
Suceso
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