Celebraciones y reuniones

Celebraciones y reuniones, ¿de qué sirven cuando son meros conciliábulos de
autonomía y segregaciones?
Se rodean de gente, brindan, parlotean, chismorrean, se comportan
de manera atrayente y convincente, pero su distanciamiento es evidente y contundente,
casi palpable, me convierten en residente disidente, canto rodado que se arroja por la pendiente.
Hay que sacar nota, parecer brillante, divertido, jamás remoto ni distante, interesante.
¡A quién le importa que seas un farsante! el espectáculo, de farisea catadura, se torna delirante
en la feria de trivialidades y vanidades, fruslería y luces de neón.
Si disientes o interfieres con objecciones o reconvenciones te conviertes en peón, ya no
sirves, estorbas.
Reuniones de puesta de largo en flamantes escaparates, se admiten toda suerte de disparates
y dislates en absurdos debates.
Lo único que cuenta es tu falsa sonrisa y el poderío de tu visa, tu cómplice e impostada sonrisa,
aunque venga embutida y manufacturada a toda prisa.
En estas reuniones serán tu salvoconducto, tu divisa.
Conocerte y escucharte no es relevante, no le taches de intolerante, tan sólo
pretende parecer interesante, educado y galante.
En los grupos reducidos, su fachada envolvente y glotona se "deslavaza", se acartona,
se "algodona", necesita nutrientes, que dimanan de los criterios colectivos espurios
de las falsas gentes, cantidades ingentes de falacias transformadas en verborrea
de apócrifa ralea.
Tienen "miles" de amigos, que acarrean sobre su engoladísima autoestima como pieles sucesivas.
Son aranas corrosivas, que sólo creen aquellos que no ven.
Se contentan ufanos, como huestes de cofradías indisolubles de hermanos, con su mundo
de apariencia, donde sobrevive quien aplica la primera dentellada.
Queda vedada la inocencia, pues tamaña levedad se torna mácula de nefanda inconveniencia.
La desdeñan con displicencia, y si surge, suturan su presencia con vehemente urgencia.
Celebraciones y reuniones de magnánimas intenciones que, tan pronto como brotan en los labios,
se marchan de vacaciones y se olvidan, como estribillos de antiquísimas canciones.
Sus pecados sanean por medio de hipócritas rezos o abluciones, y cuando les conviene
desembalan sus emociones y coacciona o cohechan a sus acólitos venales para escabullirse
de culpas y sanciones.
Todos somos iguales en derechos y obligaciones, aunque la afluencia de dinero en sus bolsillos
les convierte en influyentes e intocables faraones, aún cuando sus delitos sean, en ocasiones,
lesivos cuchillos lacerantes, como ponzoñosos colmillos que les confieren el aspecto de
grotescos y mefistofélicos diablillos.
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Sobre esta noticia
Autor: Victor Virgós (557 noticias)
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Tipo: Reportaje
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