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IV.- ¿Que es Cataluña? según Cantarero del Castillo. Conclusión

10/04/2018 10:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Lo que Cataluña pueda ser óptimamente en el futuro no dependerá de lo que pueda hacer sola o con ésta o aquella nación europea sino, muy principalmente, de lo que haga con España-Portugal, como peninsular región geofísica, geopolítica y geohistórica, de Europa

 

Finalizo la reproducción extractada del libro ¿Que es Cataluña? de Manuel Cantarero del Castillo, insertando sus inestimables conclusiones sobre el concepto de Nación, sobre Cataluña, España y Europa.

"Tras todo lo expuesto, creemos poder afirmar que el "estado" catalán inscrito en el marco de la soberana monarquía hispana desde el inicio de la misma y después en el siguiente de la aún más soberana "nación-estado" española, ha sido siempre "de derecho" y sigue siéndolo hoy -aunque a veces se le haya impedido "de hecho"- la comunidad autónoma española de más alto grado de autonomía interna y como siempre también muy constante y celosa guardadora de la integridad de la misma. Pero a la vista del amplio cuadro de connotaciones determinantes de los diferentes "hechos nacionales" descritos hay que reiterar a modo de final recapitulación que, al igual de los similares estados infrasoberanos preexistentes en las demás "naciones-estado" del Viejo Continente, Cataluña no ha sido nunca una "nación" por las concordantes razones siguientes:

     Porque la geografía catalana, además de su territorialidad hispánica, es de muy exigua dimensión para el soporte de una viable nación-estado y, salvo por su costa marítima y por el Pirineo, de muy imprecisos límites, tanto geofísicos como geohistóricos. Ello con efectos de dependencia del resto de la geografía peninsular hispana en los distintos aspectos hidrográficos, orográficos, comunicacionales, ecológicos, estratégico-defensivos y, por demás, en el mercadológico, básico para su adelantada y próspera industrialización, a la cual ayudó una protección arancelaria que, según Larraz, se mantuvo, durante más de un siglo, en una media del 40 % del valor de los productos importados en tanto que en Europa, en el mismo tiempo, la media de esa protección fue del 16 % del valor de las importaciones.

     Porque la etnogénesis catalana, es esencialmente española, tanto por su común base poblacional ibérica, cuanto por el pleno alcance a ella de todas las invasiones e inmigraciones registradas en la península a lo largo de los siglos, amén de otras muchas -internas- que se siguieron, desde el año 711, integradas por los millares de españoles del sur huidos hacia el nordeste del invasor musulmán, por las que se siguieron al hilo de la Reconquista y por las que, en tiempos más recientes, se han venido registrando desde el deprimido sur hacia las más desarrolladas regiones del norte y el nordeste. Estas, en virtud del "Pacto Triangular", para la localización en ellas de los diversos centros de producción industrial y para la contracción de la actividad productiva en tales regiones meridionales a la sola producción campesina, dominada por ciertos de sus grandes latifundistas agrarios, inversores de las rentas de esa producción agraria en las grandes empresas financieras e industriales establecidas en las indicadas regiones del Norte y del Noreste de la península y no en sus propias áreas geográficas; siendo el caso que en la liberal Andalucía ya se habían registrado antes los primeros intentos de un pionero desarrollo industrial español, obstaculizados pronto con éxito por parte de la misma aristocracia agraria andaluza y de las indicadas empresas norteñas. Un "Pacto", el descrito, observado y consignado por el competente historiador catalán Jaime Vicens Vives en su excelente "Historia de España y de América".

     Porque la cultura catalana no ha sido, ni es hoy, esencialmente diferente de las restantes culturas regionales españolas, en tanto que, con la salvedad de determinados factores, de carácter eminentemente adjetivo, su originario y continuado sincretismo es, sobre la base de la escala de valores cristiana, más o menos laicizada, una variante del general operado, al cabo de los siglos, en todos los ámbitos hispánicos, por las ya aludidas aportaciones iberas, celtas, fenicias, griegas, cartaginesas, romanas, romano-germánicas, judías y árabes y, tras de ellas, desde el Renacimiento a nuestros días, por la propiamente euro-hispana y la europea general. De ahí que carezca de sentido hablar de esenciales diferencias culturales entre catalanes, gallegos, baleáricos, navarros, valencianos y vascos y los demás de sola lengua castellana, contemplados en sus respectivos y equivalentes niveles sociales. No en vano, conforme a lo antes indicado, sus comunes y decisivos datos culturales de conjunto son la romanidad, la cristiandad, la hispanidad, la europeidad y la occidentalidad y, de ahí, que el Medioevo románico y gótico, el Renacimiento, el Barroco, el Rococó, la Ilustración, el Romanticismo y la Modernidad, sean, con sus adjetivas pluralidades internas, momentos culturales todos tan europeos como españoles, catalanes, andaluces, gallegos, etc. Lo cual es exhaustivamente comprobable en la Literatura, la Poesía, las Artes Plásticas, la Arquitectura, la Música el Teatro y, por demás, en todas las áreas del pensamiento religioso, del filosófico, del laico, del político y, sobre todo, en el de las distintas ideologías políticas derivadas de la variedad de esos pensamientos. Todo, sin perjuicio de la conservación de las diversas y singulares tradiciones regionales y locales, no ya por encima de las diferencias idiomáticas entre los españoles de la general lengua nacional y de los bilingües de primera lengua vernácula, sino, incluso, por encima de las diferencias lingüisticas, mucho más hondas, entre los españoles y los demás europeos. Ello fuertemente intensificado por el radical y ya avanzado proceso de universal integración cultural de masas, operada en nuestro tiempo, tanto a través de los múltiples canales mundiales de comunicación interpersonal, como de los poderosísimos y ubícuos de comunicación intercolectiva. 

     Porque el "estado catalán", como todos los demás hispanos, dejó de ser independiente para pasar a ser autónomo-infrasoberano desde el día de su integración, junto a Aragón, en el general estado monárquico español creado por los Reyes Católicos con depósito de la suprema representación y autoridad del conjunto integrado en sus personas reales y en las de sus sucesores, como ya vimos. Ello -reiterémoslo de nuevo- dado que, a la vez de reyes de esa monarquía general española, lo fueron de todos y cada uno de los estados o "reinos" integrados (en Cataluña, equivalentes condes soberanos) y así lo siguieron siendo cuando en el siglo XIX la integrada España monárquica pasó a ser "nación-estado" como también pasaron a serlo "mutatis mutandis" las dos malogradas experiencias republicanas. De ahí que, desde los más antiguos orígenes de la monarquía española hasta hoy Cataluña, como todos los originarios reinos españoles que la integraron, no haya sido nunca una "nación" sino en el marco de lo que España ha ido siendo o ha debido ser lo largo de los tiempos, el autónomo "estado condal infrasoberano" tantas veces aludido. En el tiempo de la segunda República pudo ser formalmente coherente con la verdad histórica la demanda del "Estat Catalá" dentro de la nación española formulada por el coronel Maciá; pero no lo fué ayer, ni lo es hoy, la de una nunca existida "nación catalana dentro del Estado español". Y de ahí que, en principio, el Estatuto catalán de entonces, como el siguiente vasco, a pesar de sus plenas libertades internas no atentara, en tanto que ley, a la unidad de España.

La Historia de Cataluña es, de suyo, radicalmente inseparable de la de España

Recordemos además que el "Estado" es artificio jurídico político y organizativo, concebido a posteriori para la formal articulación de la "Nación". Ello -insistamos- en cuanto que ella, a diferencia de aquél, es fenómeno previo de acordada integración de hombres, familias y pueblos, acaecido al lento discurrir de los siglos, en una geografía concreta y generador, en ella, a partir de un momento dado, de una general conciencia de común destino, estimulada por los de siempre imprevisibles influjos del "azar y la necesidad", para decirlo al modo de Jacques Monod.

     Porque, como ya afirmábamos y hemos tratado insistentemente de evidenciar, la Historia de  Cataluña es, de suyo, radicalmente inseparable de la de España, como lo es, en sentido inverso, la española de la catalana y como lo son igualmente las demás hispanas entre sí y, a su vez, como también lo son las Historias de todas las naciones europeas de la Historia conjunta de Europa.

Reiteremos por último que Cataluña no es una "nación", como pretenden los nacionalistas catalanes. Ello, no sólo por la carencia de los fundamentales factores que, en su conjunto, han configurado los distintos "hechos nacionales" europeos, sino -hoy mucho más decisivamente- porque, desde la constitución de grandes naciones como EE.UU., Rusia y otras orientales, las del Viejo Continente han comprendido que se han quedado demasiado pequeñas y que ya no reúnen las condiciones  de autonomía histórica y de suficiente geografía, población y recursos, para poder seguir siendo verdaderamente tales naciones por sí solas y que deben optar por su unión; es decir, por la constitución, entre todas ellas, de una gran nación europea a la altura de los tiempos, pues que de ello se trata, tanto por insistente exigencia del sentido integratorio -y organizador- de la Historia, cuanto por decisivas razones de común supervivencia colectiva. (No en vano, la Historia de Europa como posible y necesaria "nación", no se inicia formalmente hasta el Tratado de Roma, después de una fidelísima repetición, a su escala continental, de las internas e innumerables guerras que se sucedieron, en todo el territorio europeo, primero entre los estados primarios que habrían de constituir sus distintas monarquías integradoras y, luego, entre éstas como tales y, tras de la Revolución Francesa, entre ellas, ya como naciones-estado).

Y sí, en el sentido dicho, Alemania, España, Francia, Gran Bretaña, Italia, etc., se han quedado demasiado pequeñas para ser verdaderas y efectivas naciones, por sí solas, muy difícilmente lo podría ser Cataluña ni ningún otro de los que fueron originariamente estados medievales europeos insertos primero en sus respectivos estados monárquicos integradores y, después, constitucionalmente en sus respectivas naciones-estado. Y ello, justamente, cuando todas y cada una de ellas, llegadas al límite de sus posibilidades, se hallan ya unánimemente empeñadas en la superior etapa histórica -aún larga y difícil- de la cada día más urgente integración de Europa como tal aludido "gran estado nacional" o "nación-estado" a la altura de los tiempos.

De todo ello que el mejor futuro de Cataluña no haya de ser, en absoluto, el que pueda forjar sola, desde dentro de los estrechos límites de su geografía autonómica, sino, una vez establecida plenamente la "Unión Europea", el que pueda abordar en firme solidaridad con los que han sido, multisecularmente, sus familiares estados y pueblos de España, en el marco de esa gran área metropolitana sureuropea que, junto al fraterno Portugal, está llamada a ser pronto la península ibérica, complementada por sus archipiélagos familiares. En cualquier caso, una cosa parece estar bastante clara; por imperativo situacional, inercia histórica y afinidad de intereses, lo que Cataluña pueda ser óptimamente en el futuro no dependerá de lo que pueda hacer sola o con ésta o aquella nación europea sino, muy principalmente, de lo que haga con España-Portugal, como peninsular región geofísica, geopolítica y geohistórica, de Europa, nítidamente definida como tal.

Llegados al fin de esta "Conclusión", pasamos a formular cuatro definitivas precisiones. La primera es que la medular Europa orgánicamente integrada será, por un muy largo e indefinido tiempo, la Europa de las naciones-estado y no la "Europa de las regiones", que sólo lo podrá ser en un orden de relaciones funcionales. La segunda que "integración" significa siempre "organización" humana a más amplia y solidaria base geográfica y que por tanto, es ella el premioso, pero terco agente, que intenta, esforzadamente hacer del mundo la "Patria de la Humanidad". La tercera, que España, a su vez, es la "Patria de las Patrias españolas" y que por tanto lo es de la "Patria catalana". La cuarta, que Europa no habrá de ser la "Europa de las Patrias" que, con miopía histórica -en ello- propugnaba el gran francés y europeo que ciertamente fue el general De Gaulle, sino, a su pesar y en un sentido mucho más transcendente, la "Patria grande de todas las Patrias Europeas".

Cataluña no es una "nación", como pretenden los nacionalistas catalanes

AscoHastaLaNáusea


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