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Caos Calmo

03/06/2010 17:45 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Se estrena en DVD la última película protagonizada por el italiano Nanni Moretti

Sería una tarea interesante hacer una lista con las películas más representativas de lo que podríamos llamar “cine generacional”. Por supuesto, esa lista también podría incluir obras literarias o teatrales, e incluso obras musicales, pero el cine es quizás uno de los puntos de referencia esenciales que han ayudado a crear ese concepto de “generación” y darle su sentido contemporáneo. Una de los aspectos característicos de las generaciones es que todas ellas han pretendido ser omnicomprensivas, o en todo caso ser objeto y sujeto de transformación social, sea desde los movimientos de liberación de los 60, del radicalismo político de los 70, de la ofensiva liberal de los 80 o del descrédito ideológico de los 90; y esa enumeración nos sirve para contextualizar una película como Caos Calmo, obra intimista que bucea por los fracasos de una generación y pretende crear un orden nuevo mucho más flexible. Para ello cuenta con la presencia del director, actor y guionista Nanni Moretti, referencia indispensable del cine italiano de las dos últimas dos décadas, y única figura de ese país capaz de atraer al público a las salas de cine. Aunque el film no lo dirige él, sino Antonello Grimaldi a partir de la novela del mismo título de Sandro Veronesi, Moretti se erige en el centro neurálgico de la trama, componiendo un personaje que ha perdido no sólo a su esposa, sino también su capacidad de adaptarse al mundo.

La referencia de Caos Calmo como “cine generacional” empieza con el hecho de que tanto el autor de la obra, como el director, como el actor protagonista nacieron a principios de la década de los 50, y que por lo tanto vivieron gran parte de su juventud durante los años duros de la izquierda europea e italiana de los años 70. Parte de ese compromiso ha sido recogido por Moretti a lo largo de su biografía, en films como Abril o El caimán, y es por ese compromiso por el que el director y actor italiano es reconocido. Sin embargo, la película dirigida por Grimaldi adopta un tono mucho más intimista, convirtiendo la historia casi en una reflexión teatral, en la narración de un desorden emocional del que el protagonista es incapaz de salir solo. Y es ahí cuando uno se pregunta si Caos Calmo es una suerte de justificación generacional, una especie de retrato íntimo que se centra en el placer de las pequeñas cosas, del transcurso de los días de un personaje que lo observa todo desde la quietud de un parque y deja de lado la necesidad de comprenderlo todo, y de mucho menos pretender cambiarlo.

Moretti se erige en el centro neurálgico de la trama, componiendo un personaje que ha perdido no sólo a su esposa, sino también su capacidad de adaptarse al mundo

Esa postura es perfectamente lícita; el problema es cuando la filmografía de Moretti (y Caos Calmo forma parte de ella, aunque no esté tras la cámara) se vuelve autorreferencial, y confunde experiencia vivida con experiencia generacional, deseos personales con necesidades del cine italiano. Es entonces cuando la película bucea por las carencias de un personaje, pero lo hace sin maldad (sin mala leche, para entendernos), y rescata de ello una serie de conceptos a los que asirse, como la familia, la ausencia, la soledad, el desconcierto, el fracaso emocional, que forman parte del cine europeo de autor contemporáneo, pero que se dispersan sin formar un todo, se diluyen en cavilaciones intelectuales y desactivan la carga que hubiera permitido llegar al fondo.

Mucho se ha hablado de la decadencia del cine italiano (y europeo en general), y se hace emulando a nombres como Fellini, Rossellini, Pasolini, y un largo etcétera del que Moretti se considera deudor. Sin embargo, pasada la primera sorpresa (y Caro Diario lo fue, sin duda, y muy grata) cabe preguntarse si existe vida para el cine italiano, más allá del retrato sociológico o la reflexión existencial. Películas como Gomorra o Romanza Criminale así lo apuntan, pero no hace falta llegar hasta fechas tan tempranas: obras como Niños robados o Lamerica, ambas de Gianni Amelio, ya fueron capaces en su momento de retratar el mundo convulso de la injusticia social, y lo hicieron sin aspavientos, con la sutileza del que no adoctrina sino que muestra, y dejando de lado discursos bienintencionados que con el tiempo pueden llevar a esa quietud ante todo, a esa pausa de un hombre que pasada la cincuentena cree que ya lo ha dicho todo. De Caos Calmo nos quedamos sobre todo con la imagen de Nanni Moretti haciendo listas mentales de los lugares que ha visitado, o las aerolíneas con las que ha viajado, o de las casas en las que ha vivido; y eso nos lleva a pensar en la cantidad de películas que se parecen a ésta, y en el sentimiento de conclusión que se desprende de ellas, y en los sueños que se perdieron por el camino, y en vacío existencial de una generación de italianos.


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