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El infierno del Campo de gurs

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09/10/2019 11:04 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El 23 de abril, 1079 españoles cerraron esta serie de remesas humanas. Totalizaban un conjunto de 15.013 recluidos que pasaron a ocupar los 382 barracones que habían sido levantados para ellos en 13 islotes

En febrero de 1939, miles de personas pasaron el puente internacional hacia Francia.Empezaba el exilio y el fin de la libertad. Desde febrero de 1939, un sin fin de improvisados “campos de acogida” los tenía recluidos en las playas de Argelés, Saint Cyprien y Barcarés y en otros puntos del interior del hexágono francés. Una buena parte de los restos del ejercito republicano, tras la caída de Barcelona en poder de los franquistas, había pasado en desordenado grupos-incluido el lehedakari Aguirre y el presiente de la Generalitat, Lluis Companys y sus escoltas por los pasos fronterizos de Gerona… y la administración francesa se veía obligada a albergar a aquellos miles de derrotados., .Pero los “campos sobre las playas mediterraneas”, dieron rápidamente paso a nuevos campos de concentración en otros departamentos franceses. La tendencia clasificatoria, tan cara a todos los regímenes de encuadramiento y reclusión, pronto determinó que los refugiados catalanes fueran al de Agde (Herault), los vascos, los españoles, los técnicos del ejercito republicano español denominados como “aviateurs” y los brigadistas internacionales a un campo que iba a abrirse en un punto, aún no determinado, del departamento de los Bajos Pirineos.

Finalmente, el 23 de abril, 1079 españoles cerraron esta serie de remesas humanas. Totalizaban un conjunto de 15.013 recluidos que pasaron a ocupar los 382 barracones que habían sido levantados para ellos en  13 islotes.

 

Designados estos por letras que iban desde la A hasta la M, quedaban articulados a ambos lados de una vía central que, con 1800 metros de longitud, recorría el campo en dirección norte-sur. Los islotes estaban cerrados por alambradas y tanto el acceso a la citada vía como a los islotes vecinos estaba prohibido a los internos. En el extremo sur de la calle central se encontraban las instalaciones de la administración francesa, el servicio de correos, hangares para los camiones y los barracones de la mayor parte de la tropa que ejercía la vigilancia sobre el campo a cargo de gente del pais armada local

.

.Hoy Gurs parece un sitio tranquilo. Situado a 35 kilómetros de la muga  en este municipio del Departamento de Pirineos Atlánticos viven pocas personas. Aunque muchos hubiesen preferido otra cosa, su principal atractivo turístico es el campo de concentración que se levantó sobre 28 hectáreas en abril de 1939, cuando se aproxiban a Irun las tropas franquistas la gente, con lo puesto, se lanzó en desbandada hacia Francia para exilarse, refugiarse, no dejarse matar. Buscaban salvar su vida, aunque no todos lo lograron.

 

“Gurs, una extraña sílaba, como un sollozo que no consigue salir de la garganta”, escribió el poeta y comunista francés Louis Aragon. Cuesta imaginar aquel sitio sin pensar en sus lúgubres barracones o en las ratas que devoraban las ya destrozadas vestimentas de sus inquilinos. 

 

60559 hombres, mujeres, ancianos y niños estuvieron en diferentes momentos internados en Gurs... algunos nacieron y murieron en Gurs... 1073 quedaron para siempre en Gurs... algunos fueron liberados o huyeron, otros trasladados a otros campos... franceses... alemanes... Mauthausen... cuando judios hacia las cámaras de gaz de Auschwitz... Sobibor...

 

  

Es muy cierto que los que se salvaron dormían abrazados para darse calor y guardar el pan para que los roedores no se lo comieran. En realidad, esa dantesca escena no ocurría siempre. No por falta de ratas, sino por ausencia de pan. Porque Gurs, el sollozo que no consigue salir de la garganta, también era sinónimo de hambre.

 

.

Según cifras oficiales, por allí pasaron 6.500 vascos. Su llegada se produjo en la primera etapa de la primeras instalaciones, y se dijo que los barracones recien construidos  estaban dedicadas a “acoger” a los que huían del franquismo. Quédese con ese término: acoger. Por eso le llamaron "campo e acogida" lo que eran campos  de concentración, incluidas las alhambradas.Porque una cosa es ir por voluntad propia y otra que te encierren por designio superior.

 

El aforo de sus 382 barracones era teoricamente para 18.500 personas, pero las autoridades francesas entendieron que se podían meter a más. Muchos más. Tantos como 61.000. Si alguna vez busca un sinónimo de hacinamiento, acuérdese de Gurs. También retenga este nombre para asociarlo a desgracia y mala suerte: después de escapar del franquismo, aquellos anarquistas, republicanos y nacionalistas se toparon con los preparativos de la II Guerra Mundial. O mejor dicho, la guerra mundial se topó con ellos y decidió hacerles sufrir el ensayo. Lo suficiente para que muchos quisieran morir antes de vivir así.

 

 

“Quien haya estado en Gurs, lo suficiente para conocerlo sabe lo que era. Era muy duro dormir sobre duro, comer en unas latas viejas, de cualquier manera. Hacer nuestras necesidades en unas letrinas súper sucias, que parecían un púlpito abierto por todos los lados. De todas formas, eso fue poco con lo que luego iban a pasar los judíos y los que trajeron después, con las deportaciones que hicieron os nazis… “Nosotros al menos salimos vivos”, relata el miliciano Ramón Agesta en la obra Gurs: el campo vasco, del historiador vasco Josu Chueca Intxusta, una de los expertos que mejor ha documentado lo que ocurrió allí dentro.

SOLO PARA 'INDESEABLES'

Tras la ocupación de Francia por parte de los alemanes, este campo de concentración quedó dentro del territorio bajo control del régimen que comandaba el mariscal Philippe Pétain. “A partir de octubre de 1940, las autoridades enviaron a Gurs a los ‘indeseables’ (judíos, antifascistas europeos, etc.) como antesala de los campos de exterminio”, escribió hace algunos años el ya fallecido historiador Alberto Garate Goñi en la enciclopedia vasca Auñamendi. El “etc” de Garate comprende también a gitanos, apátridas, homosexuales o militantes republicanos que huían de la España franquista.

 

Según distintas investigaciones, alrededor de 5.500 judíos fueron enviados desde allí a otros campos de exterminio nazis. También hubo “traslados” de algunos prisioneros vascos hacia Auschwitz y, sobre todo, a Mauthausen, ubicado en Austria.

 

 

 

En este último centro de exterminio estuvo el anarquista vizcaíno Marcelino Bilbao, quien consiguió salir con vida de aquel infierno. No fue fácil: el médico nazi Aribert Heim, también conocido como 'Doctor Muerte', lo utilizó como cobaya en uno de sus brutales experimentos. La prueba, que fue realizada también a otras treinta personas, consistió en inyectarle benceno cerca del corazón.

 

“Entonces no sabíamos lo que era aquel líquido, pero durante la semana había que evitar parecer enfermo para que no te enviaran al crematorio”, contó varios años después Marcelino. De aquel grupo solo sobrevivieron siete, entre ellos este militante del batallón Isaac Puente de CNT. Murió el 25 de enero de 2014 en Poitiers, a los 94 años de edad.

 

Tras el fin de la ocupación nazi, el campo de Gurs alojó durante un tiempo a soldados alemanes y colaboracionistas franceses. El cierre definitivo se produjo en 1946. Detrás dejaba unas cifras de espanto: cerca de 61.000 prisioneros de 52 nacionalidades habían pasado por allí. Se estima que 1.100 murieron dentro. En 1985, casi cuarenta años después de su clausura, se levantó un memorial para homenajearles.

 

En el homenaje institucional que se ha realizado en sus instalaciones y entre los invitados estaba Luis Ortiz Alfau, uno de los vascos que logró salir de allí. Hoy, con más de un siglo a sus espaldas, ha vuelto a pisar Gurs, aquel inmundo sitio en el que creyó que moriría, pero sigue aquí.

No es un bosque natural: lo plantaron en 1950 para cubrir la llanura de Gurs,  para ocultar una vergüenza. Es una masa oscura de robles muy altos, de 20 o 30 metros, que levantan las ramas como brazos agitándose en el cielo, contra las nubes grises, contra la mancha azul de los Pirineos, bajo  los cuales está el cementerio...

 

-Del campo no queda casi nada, el cementerio y poco más, que algun barracón como muestra. Es una réplica de los 382 barracones de los presos, construida al final de la guerra civil. Entre 1939 y 1945, en este campo de concentración encerraron a 63.929 personas -milicianos, gudaris, comunistas, judíos, gitanos, putas, extranjeros, todos de los que quedan muy pocos con vida. Apenas una decena.

Gurs fue un campo muy grande sobre el terreno -80 hectáreas y hubo hasta 18.000 personas recluidas al mismo tiempo, cifra que lo convertía en la tercera localidad más poblada de los Bajos Pirineos, solo por detrás de Pau y Bayona-, y ha sido un campo muy pequeño en los libros de Historia. Muy olvidado. Gurs, el campo del que casi nadie se ha atrevido a hablar durante medio siglo, resume la escalada del horror europeo: enlaza el bombardeo de Gernika con el exterminio de Auschwitz.

 

Lo construyeron a todo correr,  en solo 42 días, para acoger -para acoger(¿??)- a refugiados republicanos de la Guerra Civil española.

En la primavera de 1939,  el Gobierno francés levantaba campos por todo el país para “recibir”, redistribuir a los más de 250.000 refugiados que se apiñaban en playas mediterráneas como la de Argelès-sur-Mer donde ya no cabían. Las autoridades francesas aceptaron una petición de algunos miembros del Gobierno vasco en el exilio, una sugerencia de enviar a los refugiados vascos a un campo más cercano a las provincias vascas.

Porque en Iparralde los fachas no los quisieron.

El diputado labortano René Delzangles pidió al ministro francés de Asuntos Exteriores “la repatriación general” de los refugiados “porque Francia no debe convertirse en el vertedero de Europa”. El ayuntamiento de Bayona también exigió que se rechazara a los ciudadanos españoles que habían pasado a Francia a partir del 18 de julio de 1936.Telesforo Monzón, Heliodoro de la Torre y Juan de los Toyos hicieron algunas gestiones.Mientras, Jean Ybarnégaray, diputado por Mauleón, primer presidente de la Federación Internacional de Pelota Vasca, luego ministro de la Familia Francesa en el régimen filonazi de Vichy, un perfecto hijo de puta, reclamaba “medidas de extrema urgencia”, ante la “intolerable amenaza” que constituía “la presencia de cuatro millones de extranjeros y en particular de 250.000 milicianos españoles”.

En febrero de 1938 hubo 18 esclavos fugados, que estaban prestados de gurs en un capo de trabajo

.

 

 

En el grupo de los 18 fugados había tres cabos y 15 soldados de diferentes ideologías: 14 del PNV, tres socialistas y un comunista. La lista es la siguiente, respetando la grafía que figura en las fichas de la Delegación vasca en Catalunya que se conserva el Archivo Histórico de Euskadi: Jerardo Eguia Lausirica (batallón Mungia);Jerónimo Echevarria Lecue (batallón Itxas-Alde);Manuel Cahué Artola (batallón Madrid); Andrés Beltrán Elosegui, cabo del batallón Gordexola; Enrique Barrena Borroño (batallón San Andrés); Andrés Arrizabalaga Inda (batallón Loyola);Nicolás Bilbao Bilbao (batallón Mungia); Jesús Ladislao Bolumburu (batallón Martiatu);Alberto Pérez Peña, cabo del Gordexola; Marcial Inchuspe Rezola (batallón San Andrés); Vicente Iriarte Astola (batallón 2º de Ingenieros); Elías Zabala Sarria (batallón Malato); José Ganchegui Lizarralde soldado (batallón Amuategui);Francisco Bilbao Gastañaga, cabo del Martiatu; Enrique Iriarte Unzueta (batallón 2º de Ingenieros de UGT);Emilio Hernández Vázquez (batallón San Andrés);Juan Ganchegui Azcagorta (batallón U.H.P);y Agustín Mendizabal Bilbao (batallón Martiatu).

Estos gudaris y milicianos huyeron del batallón de trabajo esclavo 115 que trabajaba en los municipios oscenses de Yebra de Basa y Sobá. “Es increíble pensar que, de 96 personas vigiladas 18 se escaparan, si no fueron más. Se ha buscado en periódicos de ambos bandos en aquellas fechas y no aparece ninguna fuga. Trataban de encubrirlo”, sostiene Domínguez quien titularía la fuga como “Evasión y victoria” haciendo un juego de palabras con la película Evasión o victoria. Pero fue una hazaña. “En el caso de estos vascos, lograr la evasión, porque consiguiron su objetivo de llegar a posiciones republicanas.”.

Se produjo otra fuga masiva del campo de Gurs protagonizada por Iñaki de Azpiazu que consiguió que una parte del contingente vasco consiguiera escamatearse en autobuses y lllegar al puerto de San Juan de Luz y subir a barcos polacos y de allí escapar a Inglaterra, .Pero apenas se tiene detalles de esta hazaña.que años más tarde relató iñaki de Azpiazu a Zubizarreta.

 

 

EL EXTERMINIO JUDÍO. Salió unos meses antes de que llegaran las nuevas oleadas de presos, en una transformación cada vez más monstruosa de Gurs.

A principios de 1940, con los nazis ya en Holanda y Bélgica, las autoridades francesas metieron en Gurs a 14.875 personas, casi todas mujeres, judías: habían huido del Tercer Reich, pero Francia las consideró “peligrosas para la defensa nacional” porque eran alemanas o austriacas. Aprovechando el ambiente, también encerraron a comunistas y anarquistas franceses.

La deportación de los judíos alemanes a Gurs en octubre de 1940 es un caso extraño en la historia del holocausto. Se trata de la única deportación de judíos realizada hacia el oeste de Alemania por el régimen nazi. No se han obtenidos notas precisas sobre los motivos de esta deportación. Sólo existe la sospecha de que pudiera haberse tratado de poner en marcha el llamado Plan Madagascar, que preveía trasladar y apiñar a toda la población judía de Europa a la isla homónima. En este caso, esta deportación fue a su vez él único intento conocido de llevar este plan adelante. Pero lo más probable fue que el gauleiter Bürkel quiso cumplir rápidamente y a rajatabla el deseo de Hitler de no ver más judíos alemanes en Alemania, realizando por su cuenta de modo tan criminal la consigna "Dem Führer entgegen arbeiten" (Trabajar a favor del Führer)

"Venían a buscar a los judíos en camiones y se los llevaban... no les daban su ropa, porque ya no la iban a necesitar más. Casi todos eran   mujeres."

Al final acogieron a los exilados en el distrito de Olorón (región del Bearne), gracias a las gestiones del alcalde Jean Mendiondou, diputado bearnés de la Izquierda Independiente y al incansable  Telesforo. El 4 de abril de 1939, Mendiondou recibió en la estación de tren a los primeros refugiados y les estrechó la mano. En la primera semana llegaron más de 4.000 vascos, todos hombres jóvenes, casi todos soldados, militantes del PNV, del PSOE, del PC, de Izquierda Republicana: los perdedores de la guerra civil. Los enviaron al pueblo de Gurs, donde habían despejado un inmenso campo cenagoso, habían construido 328 barracones y habían rodeado todo con alambradas y vigilancia local.Luis Ortiz Alfau fue uno de los primeros en llegar.

-Ni siquiera habían terminado los barracones, ni había cocinas ni nada. El Gobierno vasco que con el bravo lehendakari Aguirre se había logrado escapar nos mandaba unas sardinas, unos embutidos, y con alguna cosa más que nos daban los franceses, nos teníamos que apañar. Para dormir, nos metíamos bajo una chapa de zinc.on cuidado de las ratas hambrients que querían nuestro pan. Y para lavarnos, nos ponían agua en las cubetas donde luego hacían el cemento los obreros.

En la entrada al campo, un hombre daba a cada uno una pegatina y él se la pone en la solapa: es el triángulo azul con el que los nazis marcaban a los republicanos españoles en los campos de exterminio,  un triángulo con la “S” de Spanier.

 

-No tuvimos nunca ni un camastro, dormíamos en el suelo. Yo conseguí un clavo y lo metí aquí, en esta viga, para colgar el macuto.

-¿En esa viga?. Y aun sigue allí.

 

"Se empañan los ojos cuando veo que meten hoy a los refugiados que llegan de Africa en campos como hicieron en Gurs. Seguimos igual que hace 100 años"

A finales de la primavera de 1939,  Gurs recibió de golpe a 18.000 personas: además de los vascos, había republicanos de diversas partes de España y brigadistas internacionales con quienes los vascos se entendían bien y compartian. Había pulgas, piojos, ratas. Se extendieron la sarna, y el tifus, y el estreñimiento, porque la comida era muy pobre -pan, caldo negro, patatas, lentejas-. Hubo casos de escorbuto por falta de vitaminas, hubo tuberculosis por la humedad y el frío, hubo anemias, paludismo, sífilis, diarreas, reúmas. Con las lluvias, el campamento se convirtió en un barrizal.

“Muchos no tenían ni zapatos -dice Luis Ortiz-. Se ataban sacos a los pies, para ir de un lado a otro. Íbamos con unas camisas rotas, llenas de agujeros, y nos tapábamos con mantas viejas. Una cosa terrible. Teníamos unos grifos de agua fría, para lavarse. Pero lavarse con qué, si no había ni jabón.

Los refugiados sufrían un régimen carcelario, encerrados entre alambradas, y necesitaron meses de protestas para que les permitieran recibir visitas -solo los domingos, solo unos minutos, todos en una misma barraca vigilada por guardias.

Los refugiados sufrían un régimen carcelario, encerrados entre alambradas, y necesitaron meses de protestas para que les permitieran recibir visitas -solo los domingos

-Nuestro barracón estaba cerca de la carretera. Una suerte, porque los domingos venían chicas en bicicleta desde los pueblos cercanos y nos gritaban desde el otro lado de la valla: “¿Os hace falta algo?”. Cogíamos un papel y un lápiz y escribíamos: “Me llamo fulanito, estoy en el barracón número tal, necesito jabón, hojas de afeitar, pasta de dientes”. Tirábamos el mensaje con una piedra al otro ladode la valla alhambrada. Entonces el domingo siguiente te llamaban por los altavoces: “Luis Ortiz Alfau, tiene visita”. Y esa gente de la zona nos traía jabón o pasta de dientes o lo que fuera. Una vez nos trajeron unas onzas de chocolate. ¡Chocolate!!Chocolate¡ Con eso nos sentimos capitán general.

Según la ficha que guarda el Archivo Histórico de Euskadi,  Luis Ortiz Alfau salió del campo el 27 de junio de 1939 “reclamado por su familia”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Finalmente, el 23 de abril, 1079 españoles cerraron esta serie de remesas humanas. Totalizaban un conjunto de 15.013 recluidos que pasaron a ocupar los 382 barracones que habían sido levantados para ellos en  13 islotes. Designados estos por letras que iban desde la A hasta la M, quedaban articulados a ambos lados de una vía central que, con 1800 metros de longitud, recorría el campo en dirección norte-sur. Los islotes estaban cerrados por alambradas y tanto el acceso a la citada vía como a los islotes vecinos estaba prohibido a los internos. En el extremo sur de la calle central se encontraban las instalaciones de la administración francesa, el servicio de correos, hangares para los camiones y los barracones de la mayor parte de la tropa que ejercía la vigilancia sobre el campo a cargo de gente del pais armada local..

 

Hoy Gurs parece un sitio tranquilo. Situado a 35 kilómetros de la muga  en este municipio del Departamento de Pirineos Atlánticos viven pocas personas. Aunque muchos hubiesen preferido otra cosa, su principal atractivo turístico es el campo de concentración que se levantó sobre 28 hectáreas en abril de 1939, cuando se aproxiban a Irun las tropas franquistas la gente, con lo puesto, se lanzó en desbandada hacia Francia para exilarse, refugiarse, no dejarse matar. Buscaban salvar su vida, aunque no todos lo lograron.

 

“Gurs, una extraña sílaba, como un sollozo que no consigue salir de la garganta”, escribió el poeta y comunista francés Louis Aragon. Cuesta imaginar aquel sitio sin pensar en sus lúgubres barracones o en las ratas que devoraban las ya destrozadas vestimentas de sus inquilinos. 

60559 hombres, mujeres, ancianos y niños estuvieron en diferentes momentos internados en Gurs... algunos nacieron y murieron en Gurs... 1073 quedaron para siempre en Gurs... algunos fueron liberados o huyeron, otros trasladados a otros campos... franceses... alemanes... Mauthausen... cuando judios hacia las cámaras de gaz de Auschwitz... Sobibor... 

Es muy cierto que los que se salvaron dormían abrazados para darse calor y guardar el pan para que los roedores no se lo comieran. En realidad, esa dantesca escena no ocurría siempre. No por falta de ratas, sino por ausencia de pan. Porque Gurs, el sollozo que no consigue salir de la garganta, también era sinónimo de hambre.

 

.

Según cifras oficiales, por allí pasaron 6.500 vascos. Su llegada se produjo en la primera etapa de la primeras instalaciones, y se dijo que los barracones recien construidos  estaban dedicadas a “acoger” a los que huían del franquismo. Quédese con ese término: acoger. Por eso le llamaron "campo e acogida" lo que eran campos  de concentración, incluidas las alhambradas.Porque una cosa es ir por voluntad propia y otra que te encierren por designio superior.

 

El aforo de sus 382 barracones era teoricamente para 18.500 personas, pero las autoridades francesas entendieron que se podían meter a más. Muchos más. Tantos como 61.000. Si alguna vez busca un sinónimo de hacinamiento, acuérdese de Gurs. También retenga este nombre para asociarlo a desgracia y mala suerte: después de escapar del franquismo, aquellos anarquistas, republicanos y nacionalistas se toparon con los preparativos de la II Guerra Mundial. O mejor dicho, la guerra mundial se topó con ellos y decidió hacerles sufrir el ensayo. Lo suficiente para que muchos quisieran morir antes de vivir así.

 

“Quien haya estado en Gurs, lo suficiente para conocerlo sabe lo que era. Era muy duro dormir sobre duro, comer en unas latas viejas, de cualquier manera. Hacer nuestras necesidades en unas letrinas súper sucias, que parecían un púlpito abierto por todos los lados. De todas formas, eso fue poco con lo que luego iban a pasar los judíos y los que trajeron después, con las deportaciones que hicieron os nazis… “Nosotros al menos salimos vivos”, relata el miliciano Ramón Agesta en la obra Gurs: el campo vasco, del historiador vasco Josu Chueca Intxusta, una de los expertos que mejor ha documentado lo que ocurrió allí dentro.

SOLO PARA 'INDESEABLES'

Tras la ocupación de Francia por parte de los alemanes, este campo de concentración quedó dentro del territorio bajo control del régimen que comandaba el mariscal Philippe Pétain. “A partir de octubre de 1940, las autoridades enviaron a Gurs a los ‘indeseables’ (judíos, antifascistas europeos, etc.) como antesala de los campos de exterminio”, escribió hace algunos años el ya fallecido historiador Alberto Garate Goñi en la enciclopedia vasca Auñamendi. El “etc” de Garate comprende también a gitanos, apátridas, homosexuales o militantes republicanos que huían de la España franquista.

 

Según distintas investigaciones, alrededor de 5.500 judíos fueron enviados desde allí a otros campos de exterminio nazis. También hubo “traslados” de algunos prisioneros vascos hacia Auschwitz y, sobre todo, a Mauthausen, ubicado en Austria.

 

 

 

En este último centro de exterminio estuvo el anarquista vizcaíno Marcelino Bilbao, quien consiguió salir con vida de aquel infierno. No fue fácil: el médico nazi Aribert Heim, también conocido como 'Doctor Muerte', lo utilizó como cobaya en uno de sus brutales experimentos. La prueba, que fue realizada también a otras treinta personas, consistió en inyectarle benceno cerca del corazón.

 

“Entonces no sabíamos lo que era aquel líquido, pero durante la semana había que evitar parecer enfermo para que no te enviaran al crematorio”, contó varios años después Marcelino. De aquel grupo solo sobrevivieron siete, entre ellos este militante del batallón Isaac Puente de CNT. Murió el 25 de enero de 2014 en Poitiers, a los 94 años de edad.

 

Tras el fin de la ocupación nazi, el campo de Gurs alojó durante un tiempo a soldados alemanes y colaboracionistas franceses. El cierre definitivo se produjo en 1946. Detrás dejaba unas cifras de espanto: cerca de 61.000 prisioneros de 52 nacionalidades habían pasado por allí. Se estima que 1.100 murieron dentro. En 1985, casi cuarenta años después de su clausura, se levantó un memorial para homenajearles.

 

En el homenaje institucional que se ha realizado en sus instalaciones y entre los invitados estaba Luis Ortiz Alfau, uno de los vascos que logró salir de allí. Hoy, con más de un siglo a sus espaldas, ha vuelto a pisar Gurs, aquel inmundo sitio en el que creyó que moriría, pero sigue aquí.

No es un bosque natural: lo plantaron en 1950 para cubrir la llanura de Gurs,  para ocultar una vergüenza. Es una masa oscura de robles muy altos, de 20 o 30 metros, que levantan las ramas como brazos agitándose en el cielo, contra las nubes grises, contra la mancha azul de los Pirineos, bajo  los cuales está el cementerio...

 

-Del campo no queda casi nada, el cementerio y poco más, que algun barracón como muestra. Es una réplica de los 382 barracones de los presos, construida al final de la guerra civil. Entre 1939 y 1945, en este campo de concentración encerraron a 63.929 personas -milicianos, gudaris, comunistas, judíos, gitanos, putas, extranjeros, todos de los que quedan muy pocos con vida. Apenas una decena.

Gurs fue un campo muy grande sobre el terreno -80 hectáreas y hubo hasta 18.000 personas recluidas al mismo tiempo, cifra que lo convertía en la tercera localidad más poblada de los Bajos Pirineos, solo por detrás de Pau y Bayona-, y ha sido un campo muy pequeño en los libros de Historia. Muy olvidado. Gurs, el campo del que casi nadie se ha atrevido a hablar durante medio siglo, resume la escalada del horror europeo: enlaza el bombardeo de Gernika con el exterminio de Auschwitz.

 

Lo construyeron a todo correr,  en solo 42 días, para acoger -para acoger(¿??)- a refugiados republicanos de la Guerra Civil española.

En la primavera de 1939,  el Gobierno francés levantaba campos por todo el país para “recibir”, redistribuir a los más de 250.000 refugiados que se apiñaban en playas mediterráneas como la de Argelès-sur-Mer donde ya no cabían. Las autoridades francesas aceptaron una petición de algunos miembros del Gobierno vasco en el exilio, una sugerencia de enviar a los refugiados vascos a un campo más cercano a las provincias vascas.

Porque en Iparralde los fachas no los quisieron.

El diputado labortano René Delzangles pidió al ministro francés de Asuntos Exteriores “la repatriación general” de los refugiados “porque Francia no debe convertirse en el vertedero de Europa”. El ayuntamiento de Bayona también exigió que se rechazara a los ciudadanos españoles que habían pasado a Francia a partir del 18 de julio de 1936.Telesforo Monzón, Heliodoro de la Torre y Juan de los Toyos hicieron algunas gestiones.Mientras, Jean Ybarnégaray, diputado por Mauleón, primer presidente de la Federación Internacional de Pelota Vasca, luego ministro de la Familia Francesa en el régimen filonazi de Vichy, un perfecto hijo de puta, reclamaba “medidas de extrema urgencia”, ante la “intolerable amenaza” que constituía “la presencia de cuatro millones de extranjeros y en particular de 250.000 milicianos españoles”.

En febrero de 1938 hubo 18 esclavos fugados, que estaban prestados de gurs en un capo de trabajo.

En el grupo de los 18 fugados había tres cabos y 15 soldados de diferentes ideologías: 14 del PNV, tres socialistas y un comunista. La lista es la siguiente, respetando la grafía que figura en las fichas de la Delegación vasca en Catalunya que se conserva el Archivo Histórico de Euskadi: Jerardo Eguia Lausirica (batallón Mungia);Jerónimo Echevarria Lecue (batallón Itxas-Alde);Manuel Cahué Artola (batallón Madrid); Andrés Beltrán Elosegui, cabo del batallón Gordexola; Enrique Barrena Borroño (batallón San Andrés); Andrés Arrizabalaga Inda (batallón Loyola);Nicolás Bilbao Bilbao (batallón Mungia); Jesús Ladislao Bolumburu (batallón Martiatu);Alberto Pérez Peña, cabo del Gordexola; Marcial Inchuspe Rezola (batallón San Andrés); Vicente Iriarte Astola (batallón 2º de Ingenieros); Elías Zabala Sarria (batallón Malato); José Ganchegui Lizarralde soldado (batallón Amuategui);Francisco Bilbao Gastañaga, cabo del Martiatu; Enrique Iriarte Unzueta (batallón 2º de Ingenieros de UGT);Emilio Hernández Vázquez (batallón San Andrés);Juan Ganchegui Azcagorta (batallón U.H.P);y Agustín Mendizabal Bilbao (batallón Martiatu).

Estos gudaris y milicianos huyeron del batallón de trabajo esclavo 115 que trabajaba en los municipios oscenses de Yebra de Basa y Sobá. “Es increíble pensar que, de 96 personas vigiladas 18 se escaparan, si no fueron más. Se ha buscado en periódicos de ambos bandos en aquellas fechas y no aparece ninguna fuga. Trataban de encubrirlo”, sostiene Domínguez quien titularía la fuga como “Evasión y victoria” haciendo un juego de palabras con la película Evasión o victoria. Pero fue una hazaña. “En el caso de estos vascos, lograr la evasión, porque consiguiron su objetivo de llegar a posiciones republicanas.”.

Se produjo otra fuga masiva del campo de Gurs protagonizada por Iñaki de Azpiazu que consiguió que una parte del contingente vasco consiguiera escamatearse en autobuses y lllegar al puerto de San Juan de Luz y subir a barcos polacos y de allí escapar a Inglaterra, .Pero apenas se tiene detalles de esta hazaña.que años más tarde relató iñaki de Azpiazu a Zubizarreta.

 

 

 de los judíos alemanes a Gurs en octubre de 1940 es un caso extraño en la historia del holocausto. Se trata de la única deportación de judíos realizada hacia el oeste de Alemania por el régimen nazi. No se han obtenidos notas precisas sobre los motivos de esta deportación. Sólo existe la sospecha de que pudiera haberse tratado de poner en marcha el llamado Plan Madagascar, que preveía trasladar y apiñar a toda la población judía de Europa a la isla homónima. En este caso, esta deportación fue a su vez él único intento conocido de llevar este plan adelante. Pero lo más probable fue que el gauleiter Bürkel quiso cumplir rápidamente y a rajatabla el deseo de Hitler de no ver más judíos alemanes en Alemania, realizando por su cuenta de modo tan criminal la consigna "Dem Führer entgegen arbeiten" (Trabajar a favor del Führer)

"Venían a buscar a los judíos en camiones y se los llevaban... no les daban su ropa, porque ya no la iban a necesitar más. Casi todos eran   mujeres."

Al final acogieron a los exilados en el distrito de Olorón (región del Bearne), gracias a las gestiones del alcalde Jean Mendiondou, diputado bearnés de la Izquierda Independiente y al incansable  Telesforo. El 4 de abril de 1939, Mendiondou recibió en la estación de tren a los primeros refugiados y les estrechó la mano. En la primera semana llegaron más de 4.000 vascos, todos hombres jóvenes, casi todos soldados, militantes del PNV, del PSOE, del PC, de Izquierda Republicana: los perdedores de la guerra civil. Los enviaron al pueblo de Gurs, donde habían despejado un inmenso campo cenagoso, habían construido 328 barracones y habían rodeado todo con alambradas y vigilancia local.

 

Luis Ortiz Alfau fue uno de los primeros en llegar.

-Ni siquiera habían terminado los barracones, ni había cocinas ni nada. El Gobierno vasco que con el bravo lehendakari Aguirre se había logrado escapar nos mandaba unas sardinas, unos embutidos, y con alguna cosa más que nos daban los franceses, nos teníamos que apañar. Para dormir, nos metíamos bajo una chapa de zinc.on cuidado de las ratas hambrients que querían nuestro pan. Y para lavarnos, nos ponían agua en las cubetas donde luego hacían el cemento los obreros.

En la entrada al campo, un hombre daba a cada uno una pegatina y él se la pone en la solapa: es el triángulo azul con el que los nazis marcaban a los republicanos españoles en los campos de exterminio,  un triángulo con la “S” de Spanier.

-No tuvimos nunca ni un camastro, dormíamos en el suelo. Yo conseguí un clavo y lo metí aquí, en esta viga, para colgar el macuto.

-¿En esa viga?. Y aun sigue allí.

 

"Se empañan los ojos cuando veo que meten hoy a los refugiados que llegan de Africa en campos como hicieron en Gurs. Seguimos igual que hace 100 años"

A finales de la primavera de 1939,  Gurs recibió de golpe a 18.000 personas: además de los vascos, había republicanos de diversas partes de España y brigadistas internacionales con quienes los vascos se entendían bien y compartian. Había pulgas, piojos, ratas. Se extendieron la sarna, y el tifus, y el estreñimiento, porque la comida era muy pobre -pan, caldo negro, patatas, lentejas-. Hubo casos de escorbuto por falta de vitaminas, hubo tuberculosis por la humedad y el frío, hubo anemias, paludismo, sífilis, diarreas, reúmas. Con las lluvias, el campamento se convirtió en un barrizal.

“Muchos no tenían ni zapatos -dice Luis Ortiz-. Se ataban sacos a los pies, para ir de un lado a otro. Íbamos con unas camisas rotas, llenas de agujeros, y nos tapábamos con mantas viejas. Una cosa terrible. Teníamos unos grifos de agua fría, para lavarse. Pero lavarse con qué, si no había ni jabón.

Los refugiados sufrían un régimen carcelario, encerrados entre alambradas, y necesitaron meses de protestas para que les permitieran recibir visitas -solo los domingos, solo unos minutos, todos en una misma barraca vigilada por guardias.

-Nuestro barracón estaba cerca de la carretera. Una suerte, porque los domingos venían chicas en bicicleta desde los pueblos cercanos y nos gritaban desde el otro lado de la valla: “¿Os hace falta algo?”. Cogíamos un papel y un lápiz y escribíamos: “Me llamo fulanito, estoy en el barracón número tal, necesito jabón, hojas de afeitar, pasta de dientes”. Tirábamos el mensaje con una piedra al otro ladode la valla alhambrada. Entonces el domingo siguiente te llamaban por los altavoces: “Luis Ortiz Alfau, tiene visita”. Y esa gente de la zona nos traía jabón o pasta de dientes o lo que fuera. Una vez nos trajeron unas onzas de chocolate. ¡Chocolate!!Chocolate¡ Con eso nos sentimos capitán general.

Según la ficha que guarda el Archivo Histórico de Euskadi,  Luis Ortiz Alfau salió del campo el 27 de junio de 1939 “reclamado por su familia”.

 

 

 


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