Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Alejandro Holmes Heins escriba una noticia?

¿Cambiará de opinión?

06/04/2011 21:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El atrevimiento de discernir y cuestionar sempiternas premisas teologales, origen de muchos dogmatismos religiosos

Cuando se está acechado por un pronóstico de salud lapidario y la propia existencia juega sus momentos de descuento, especialmente considerando que la persona afectada ha sido uno de los principales adalides del ateísmo en el mundo occidental, que no tuvo empacho en etiquetar como “fanática y fraudulenta” a la mismísima Teresa de Calcuta, tras ser beatificada por Juan Pablo II en octubre del 2003, ha despertado el interés por conocer la reacción del propio Christopher Hitchens de saberse letalmente enfermo (cáncer al esófago con metástasis) y si ello ha implicado un revisionismo de su ponencia antirreligiosa. Quienes se esperanzan en un renuncio o contrasentido en el intelecto combativo de éste anglosajón de verbo y escritura cáustica, como resultado de su trance personal, no obtendrán tal concesión y prolongará la incomodidad de quienes necesitan reafirmar sus propias creencias en función de otros referentes. Todo indica que no habrá voltereta de último minuto, no obstante estar en las cuerdas. Aunque se ha sometido a una agresiva quimioterapia e incluso a medicación de carácter experimental, ha reconocido que “todos los días hago preparativos para vivir y para morir, poniendo más énfasis en no morir”. El ínclito y contumaz humor plasmado en sus innumerables columnas, agitadas polémicas y pergeñados libros (“Dios No Es Bueno”; “Dios No Existe”), no lo ha abandonado, permitiéndose escribir que si estuviese en condiciones recorrería hospitales en busca de agonizantes católicos con una propuesta de último minuto: “OK, te quedan pocos días de vida, no tienes por qué seguir siendo un siervo de Dios, sólo tienes que reconocer que la faramalla de los curas es una estupidez”. Su enclaustramiento en el departamento que posee en Washington, muy esporádicamente se rompe y cuando ello ocurre, sucede que transeúntes anónimos se acercan a saludarlo con demostraciones afectuosas, aunque tampoco está ausente aquel desentono trepidante y ávido por verificar si existe alguna mutación en su pensamiento, responden al influjo reverberante de sus artículos periodísticos y su atizada inteligencia como polemista. No deja de tener un tinte paradójico, que sea objeto de una cadena de “oraciones” por parte de un grupo de católicos que se reúnen semanalmente con unción para interceder por su salvación eterna.

El atrevimiento de discernir y cuestionar sempiternas premisas teologales, origen de muchos dogmatismos religiosos, poniendo en entredicho los fundamentos casuísticos de credos y feligresías, lo incorporan como un exponente lúcido al extenso listado de autores que se han interpelado acerca de la existencia de un ser superior que trasciende lo terrenal y cómo vivir en un mundo sin Dios. Emparentado con las cavilaciones racionalistas de su compatriota Richard Dawkins, eminente científico inglés y académico de la Universidad de Oxford, que además ostenta el récord de ser el autor del libro “La Falsa Ilusión De Dios” con un millón y medio de ejemplares vendidos, simboliza el ríspido pleito entre creacionistas religiosos y evolucionistas científicos. La cercanía y similitud con los planteamientos del biólogo tienen un acervo de coincidencias, no obstante provenir de disciplinas muy distintas, aunque comparten el alma mater de Oxford (Hitchens estudió en el plantel filosofía, economía y política). Mientras el primero se empeña en confinar el estudio científico a su ámbito natural y alejarlo de toda influencia religiosa interesada en la concordancia con sus dogmas, ensamblan a la perfección con la remembranza que hace Hitchens en las páginas de su libro respecto a la lección pedagógica que escuchó de su profesora de ciencias, cuando el autor era un escolar y estaba internado en un colegio en las afueras de Londres, quien sin más, atribuyó “la predominancia del color verde en la vegetación al poder y la generosidad de Dios, quien lo había dispuesto así por ser el verde el color que menos esfuerzo exige a la vista humana”. El dislate, la animalada docente, le permitieron advertir los peligros a que puede conducir la fe, percatándose como su maestra distorsionaba todo, al sentenciar que los ojos estaban adaptados a la naturaleza, y no a la inversa. Ese profético y temprano descubrimiento sería el punto de partida que incumbe la elaboración de su propio evangelio, donde no hay reemplazo ni exégesis metafísicas al vacío, ni epístolas de redención.

El dislate, la animalada docente, le permitieron advertir los peligros a que puede conducir la fe

En su trabajo como analista político no ha cesado en lidiar con el fundamentalismo religioso flameado como justificativo y desate de conflictos. Ha hecho explícita alusión al fenómeno de modo reiterativo e implacable en una infinidad de artículos, incluso conminando al propio Barack Obama cuando postulaba a la nominación para ser candidato a la presidencia en las primarias del partido demócrata, increpándole su falta de definición por los dichos de su guía espiritual, Jeremiah Wright, pastor que no solo ofició su matrimonio, sino que además bautizó a sus hijas y contribuyó económicamente a su campaña, quien durante una prédica afirmó “que el sida y las drogas están destruyendo a la comunidad negra, porque la estructura del poder blanco lo desea”. También ha fustigado las tropelías perpetradas por los seguidores del Corán, como la sentencia a muerte a Salman Rushdie por los dicterios contenidos, según el ayatolá Khomeini, en “Los Versos Satánicos”. En estos días las secuelas del imbécil acto de Wayne Sapp, un pastor protestante que consumó la torpeza anunciada (fue disuadido a que no lo hiciese) el año pasado por su homólogo Terry Jones, de quemar un ejemplar del libro sagrado del Islam, desencadenó una represalia sanguinolenta que segó la vida de siete funcionarios de la sede de Naciones Unidas en una ciudad de Afganistán. El espeluznante ensañamiento con el que respondieron la afrenta, con decapitaciones incluidas, son las caras de una misma moneda de intolerancia y fanatismo religioso, ponen de relieve el propio empecinamiento de Hitchens por esclarecer las atroces y explosivas concomitancias que se perpetran en nombre del bien.

Ningún autor de su impronta y carácter, puede pretender escabullir las magulladuras de la crítica. Estimuladas por su ininteligible decisión, por el contrasentido ímplicito, ellas se han focalizado en el apoyo que suministró a la política exterior de George W. Bush respecto a Irak tras los atentados a la Torres Gemelas, pregonándose el atrincheramiento entre las fuerzas del bien frente a la amenaza maligna. Tal vez por eso, algunos piensan que su conversión aun puede ser posible.


Sobre esta noticia

Autor:
Alejandro Holmes Heins (19 noticias)
Visitas:
3600
Tipo:
Opinión
Licencia:
Copyright autor
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.