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Calvario de los cubanos secuestrados en Cancún

23/09/2009 23:56 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Yurizán González pensó que el suplicio había terminado después de que sus captores le hicieron un corte en la oreja con una espátula en la habitación de un caserón abandonado en Cancún, el famoso balneario de la costa sureste de México, donde lo mantenían secuestrado

Pero la sesión de torturas continuó, recuerda, cuando los captores le sacaron un tapón de trapo que le habían metido en la boca para asordinar sus gritos de dolor y lo reemplazaron por el cañón de un revólver.

"Ahí sí pensé que me iban a matar, porque estaban con tragos y como drogados'', dijo González en una entrevista exclusiva con El Nuevo Herald en la Estación Migratoria de Las Agujas, al sur de esta ciudad.

González, de 31 años, es uno de varios indocumentados cubanos que durante las dos primeras semanas de septiembre fueron víctimas de una ordalía de torturas, palizas y amenazas a manos de una banda de contrabandistas de personas. Algunos de los captores eran cubanos de Miami y otros mexicanos, según describieron las víctimas a El Nuevo Herald y a las autoridades federales de México.

Los cubanos declararon que sus captores, enardecidos porque se negaban a pagar el precio de haberlos sacado de la isla en una lancha rápida que los llevó a las playas de México, utilizaron las golpizas y torturas para escarmentar a los familiares en Estados Unidos y Europa. Algunos recibieron descargas eléctricas, dijeron dos de ellos.

González relató que cuando su rostro ya estaba lo suficientemente ensangrentado y tenía el cañón del revólver en la boca, uno de los captores le tomó una fotografía con su celular advirtiéndole que se la enviaría a sus familiares en Oregon.

Los parientes de González en Portland, Oregon, no recibieron la fotografía pero sí una llamada en la que escucharon al fondo sus gritos, según explicó a El Nuevo Herald la prima de éste, Yunia Curbelo.

"Yo sentía que le estaban dando los golpes, él gritaba: ‘Mira, me están metiendo ahí', gritaba fajado con ellos. ‘No me den más, no me den más' '', relató Curbelo, quien llegó a Estados Unidos hace cinco meses de Cuba y no tiene empleo.

"Ellos hicieron muchísimas llamadas a toda hora, amenazando que me lo iban a enviar por pedacitos, pero nosotros no teníamos ese dinero. Yo me enfermé. Le cogí pánico al celular'', agregó Curbelo, quien aseguró que los hombres que pedían el rescate son cubanos.

Minutos después de que Curbelo escuchó los gritos de González, su novio, Carlos Téllez Nápoles, recibió en su celular otra llamada.

"Me dijeron que ya no se necesitaba el dinero, que lo habían matado'', dijo Téllez.

Al día siguiente, el sábado 12 de septiembre, los secuestradores desmintieron el asesinato y exigieron el pago de $5, 000, la mitad de la suma que habían cobrado en las primeras llamadas.

Los hombres que llamaban exigían que los depósitos por el rescate se hicieran en una cuenta de un banco de Miami, agregó Téllez.

En una sala de visitas de la estación migratoria, donde las autoridades mexicanas no permiten el ingreso de cámaras ni grabadoras, González le mostró a un reportero de El Nuevo Herald los puntos de sutura en el lóbulo medio de la oreja izquierda y las huellas aún frescas de los golpes de planazos con machete que recibió en la espalda, en las piernas y en el hombro izquierdo.

Según González, los secuestradores también le hicieron un corte en la oreja a otros tres cubanos, esta vez con un cuchillo. Otros dos recibieron choques eléctricos, agregó, con un cable de una lámpara.

"Le pelaron las puntas al cable y se la ponían en la lengua o en el cuerpo por un momentico y quedaban mareados, casi inconscientes'', agregó.

En un boletín de apertura de proceso contra uno de los arrestados publicada el martes en su sitio de Internet por la Procuraduría General de la República (PGR) se confirma que en la inspección del sitio del secuestro "se localizó un teléfono celular que tenía fotos de personas siendo torturadas, un arma de fuego calibre .9 milímetros y una tela color blanca que tenía escrita una leyenda pidiendo auxilio al Ejército Mexicano y la Armada''.

De acuerdo con los testimonios de los familiares y los secuestrados, los cubanos involucrados en la vigilancia, las torturas y las llamadas para exigir el rescate viven o han residido en Miami.

El Nuevo Herald estableció que Ditsán Farradaz Ulloa, uno de los cubanos arrestados en México bajo cargos de secuestro, figura en los registros públicos de la Florida con direcciones en Kissimmee y Miami. El Nuevo Herald dejó varios mensajes en un teléfono que corresponde a la dirección en Kissimmee, pero las llamadas no fueron respondidas.

Farradaz se encargaba de la custodia de los cubanos en la casa de Cancún, pero no participó activamente en las torturas, según explicaron los secuestrados.

La torturas estaban a cargo de dos mexicanos y tres cubanos que se presentaron en la casa todas las tardes a partir del miércoles 9 de septiembre aparentemente borrachos o drogados, agregaron los entrevistados.

Entonces comenzaban a llamar a los familiares para cobrar la tarifa de $10, 000 por haber sacado a los cautivos de Cuba, pero a medida que se desesperaban porque les respondían que no tenían el dinero, golpeaban con palos y machetes a sus víctimas.

"Yo jamás había escuchado una situación de esta gravedad y salvajismo contra indocumentados cubanos'', comentó a El Nuevo Herald el abogado cubano Eduardo Matías López, director de la Asociación Cívica Cubano-Mexicana, que ha asesorado a cubanos indocumentados en México durante 20 años.

La mayoría de los indocumentados prometieron pagar a los contrabandistas a su llegada a México contando con la generosidad de sus familiares. Pero los parientes no lo sabían y quedaronsorprendidos al enterarse de la situación.

Ante la amenaza de que serían enviados a otra casa de seguridad donde torturadores mexicanos les cortarían los dedos con guillotinas de tabacos y los violarían, los cubanos escribieron varios mensajes de auxilio que lanzaron a la calle y a los patios de los vecinos de la casa en la Supermanzana 75 de Cancún.

"Auxilio aquí llamar a los federales no a la poli, ayuda rápida calle 46 sm 75, aquí al lado federales, rápido por favor 13-09-2009 no a la poli'', decía uno de los mensajes escrito un un pedazo de sábana.

Abel Hernández Jerez, otro de los indocumentados entrevistados por El Nuevo Herald, dijo que uno de los mensajes fue lanzado a la calle atado a unas baterías para que tuviera suficiente peso.

"Esa noche, [sábado 12 de septiembre] nadie durmió, lo que nos esperaba era terrible'', explicó Hernández.

El domingo, un comando del 64to. Batallón de Infantería del ejército mexicano, rescató a los cubanos y detuvo a un hombre que los custodiaba.

El Nuevo Herald supo que uno de los familiares de los indocumentados reportó la situación al Buró Federal de Investigaciones (FBI) el viernes anterior al rescate.

La operación revivió las denuncias de autoridades de inmigración de este país sobre la participación en la lucrativa operación de contrabando de gente a lo largo de la Costa Maya, por miembros de una organización que se conoce periodísticamente en esta zona como la "Mafia de Miami''.

Se trata de una red de cubanoamericanos que opera con botes y automóviles registrados en la Florida, la mayor parte de ellos robados. La organización funciona en alianza con "coyotes'' y ‘‘polleros'' [transportadores de ilegales] mexicanos.

Curbelo aseguró que durante una de las tensas conversaciones con uno de los hombres que exigían el dinero le reconoció que él y los demás vivían en Estados Unidos.

Otros indocumentados secuestrados explicaron a El Nuevo Herald que uno de los vigilantes de la casa donde permanecieron en cautiverio comentó que vivía en la Florida, pero que estaba imposibilitado para volver a Estados Unidos porque tenía problemas de robo de embarcaciones.

Hernández relató que logró salvarse de las torturas y las palizas gracias a que su hermano Leo, que vive en España, y un familiar de Estados Unidos, pagaron $2, 500.

"Yo no estaba en el cuarto de castigo y a los que pagamos algo no nos golpeaban'', indicó Hernández, técnico de cocina de Isla de la Juventud, de 34 años.

Adelaida Guerra Hernández, tía segunda de Abel, quien vive en Naples, Florida, dijo a El Nuevo Herald que ella había aportado $300 para el rescate de su sobrino. El dinero fue enviado a una oficina de Western Union en Cancún a nombre de una mujer.

Hizo el pago, explicó, luego de que Leo recibió una llamada diciendo que si no pagaba matarían a su hermano.

Guerra indicó que en un principio el dinero iba a ser enviado por Leo desde España para que ella lo depositara en una cuenta en Miami señalada por el hombre que la llamó. Guerra identificó al hombre como Erodes Gutiérrez. Pero finalmente el dinero fue enviado directamente a Cancún, agregó.

El grupo original de cubanos, compuesto por 15 hombres y una mujer, salió en una lancha rápida casi a medianoche del 31 de agosto de Playa Gerona, en la Isla de la Juventud, al suroeste de Cuba. La lancha se averió y fueron recogidos 12 horas después por otra embarcación que los llevó a Puerto Morelos, a donde arribaron el 1ro. de septiembre.

Uno de los hombres escapó de los polleros al desembarcar y la única mujer del grupo, que al parecer había pagado por adelantado, fue transportada a la frontera con Estados Unidos.

Los 14 restantes del grupo fueron acomodados en un apartamento de Cancún durante una semana. Luego, fueron llevados por otra semana a la casa de seguridad de la Supermanzana 75 de Cancún.

"Lo que más me indigna de todo esto'', explicó Curbelo, la prima de González, "es que quienes llamaban y los que torturaban eran cubanos, nuestra misma gente''.


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Ariel (3890 noticias)
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