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Un caballero a la antigua, preocupado por cambiar el mundo

19/06/2010 11:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

"Mi generación deja un mundo peor que el que encontró" decía, asumiendo su responsabilidad de cambiar el mundo, haciéndose cargo de que había nacido para hacerlo

Seguro que no es justo que lo recuerde como un hombre enojado pero en los últimos tiempos José Saramago fue un hombre enojado. "Mi generación deja un mundo peor que el que encontró" decía, asumiendo su responsabilidad de cambiar el mundo, haciéndose cargo de que había nacido para hacerlo.

No es que no se haya esforzado: para eso se sumó al Partido Comunista en 1969 –"soy un comunista hormonal", diría mucho después--; para eso fue parte de la "Revolución de los claveles", que acabó con la dictadura en Portugal y anunció una transición al socialismo. Pero el socialismo no llegó –30 años después el destino de Portugal lo seguía enfureciendo—y él tomó la palabra. La pluma y la palabra, se entiende.

Estaba en el mundo para hacer un mejor mundo, no estaba de paseo. Por eso escribía contra las miserias humanas, las miserias del poder, las miserias del capitalismo: del fin de mundo repugnante que estamos construyendo nos habló en "Ensayo sobre la ceguera" y no por nada ese libro-parábola se metió hondo en la vida de tanta gente, en todas partes.

Lindo tipo, galán, con esa mezcla rompecorazones de librepensador y caballero a la antigua, Saramago conoció a los 63 años a la andaluza Pilar del Río y empezó un gran amor. Tenía setentay pico, ochentay pico, cuando se daba vuelta para besarla, sonreía viéndola moverse por la casa (y por el mundo), le tomaba la mano cuando ella se acercaba a hablarle. No hace falta tener 20 años para vivir una pasión, parecía decir, sin decir nada, el discreto varón portugués. En 2007 volvieron a casarse en España, por si acaso.

No estaba en el mundo porque sí y pensaba discutirlo todo. En 1991 publicó "El evangelio según Jesucristo", una novela en la que Dios manda a Jesús a fundar el cristianismo para ganar poder, trata de arruinar ese proyecto y termina amargado, viendo que el plan de Dios se cumple a su pesar. El gobierno portugués se negó a presentar ese texto para el Premio Literario Europeo del año y Saramago dejó Portugal. Se fue con Pilar a vivir a Lanzarote, en las Islas Canarias. ¿Sabía entonces que sería para siempre?

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Amable, seductor, ilustrado, iba por la calle (por cualquier calle, lo vi hacerlo en Barcelona) mirando señales del cambio de los tiempos, de la precarización de la vida de los trabajadores. Una vez en Buenos Aires se enteró de que los trabajadores de un archivo musical público pagaban de su bolsillo la conexión a Internet para que los que aman la música pudieran acceder a los documentos. El Estado no lo hacía, los trabajadores pagaban eso, actualizaban la página, cuidaban el acceso. Saramago increpó a los periodistas presentes: "¿Por qué no leo esas cosas en los diarios?"

No se calló nada. "Palestina es como Auschwitz", dijo en 2002. "Los judíos que han sido sacrificados en las cámaras de gas quizás se avergonzarían si tuviéramos tiempo de decirles cómo se están portando sus descendientes". Se lo cuestionaron con dureza. "Yo lo he dicho y dicho está. Pero si a vosotros os molesta mucho eso de Auschwitz yo puedo sustituir esa palabra y en lugar de decir Auschwitz digo crímenes contra la humanidad. No es una cuestión de más víctimas o menos víctimas, no es una cuestión de más trágico o menos trágico, es el hecho en sí".

Todas las campanas doblaban por él: defendió a Raúl Castells y a Margarita Meira, "presa desde hace más de un año por haber protestado frente al edificio de la Legislatura contra la prohibición de las ventas ambulantes". Hizo campaña por la saharaui Aminatu Haidar, donó un libro a Haití. Tenía que cambiar el mundo y por eso, aunque estaba grande y cansado, recorrió Portugal pueblo por pueblo con su "Ensayo sobre la lucidez", en el que proponía derrotar la farsa democrática con el voto en blanco. Tenía que cambiar el mundo, por lo menos comunicarse con el mundo: por eso tuvo un blog en el que opinaba sobre todo, sobre los eventos del día, sobre arte y sobre política.

Su última visita a la Argentina, en 2007, lo dejó mal. Llegó caminando, se enfermó, tuvo la entereza de presentarse en público en silla de ruedas, se fue en la silla, luego estuvo muy delicado. "Nunca se repuso de eso", dijo hace unos días Pilar.

Pero no dejó de escribir. El año pasado publicó Caín, un libro en el que aparece un dios (en minúscula) irracional, malo, egoísta. Un libro contra la obediencia satisfecha en el que por fin Caín derrota a dios. Así quiero recordarlo: vencedor.


Sobre esta noticia

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Mbelen (46 noticias)
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