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Brujas, un placer para todos los sentidos

25/03/2011 07:03 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

V.F.

  • La ciudad vive su “Edad Dorada” durante el reinado de los Borgoña.
  • El puerto fue esencial en su desarrollo.
  • Ha desarrollado una amplia oferta cultural.

Brujas

A pie, en coche de caballo, en barca, en bicicleta e, incluso, en globo, Brujas es una ciudad hecha para ser disfrutada desde cualquier perspectiva. Entre sus estrechas calles y sus canales se esconden siglos de historia, puentes, jardines y rincones llenos de encanto, que han visto a una ciudad próspera, llena de comerciantes y banqueros, caer en la decadencia; pero también a un ciudad que ha sabido resurgir y aprovechar su pasado más majestuoso para labrar un presente innovador.

La declaración de su casco antiguo como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000 y la posterior elección de Brujas como Capital Cultural de Europa 2002 se convirtieron en el revulsivo que necesitaba para salir del estancamiento en el que se encontraba.

Por la Brujas borgoñona y medieval

La vista y el oído tienen una cita con ese casco antiguo surcado por canales. Hay que dejarse llevar por sus callejones y plazas, como la plaza Markt y la plaza Burg, probablemente las dos más importantes de la ciudad. La primera está rodeada por fachadas de gran belleza. Destaca por encima de todo el Campanario gótico, con su carrillón, compuesto por 47 campanas que pesan 27 toneladas.

Junto a ella, la plaza de Burg, que no sólo acoge el Ayuntamiento, uno de los más antiguos de de los Países Bajos, sino también la Basílica de la Santa Sangre, donde se guarda y venera una reliquia de la Sangre de Cristo. Todos los años lugareños y visitantes tienen una cita el día de la Ascensión, cuando se celebra una procesión en su honor. En esta ocasión, este acontecimiento, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco y que llega a congregar a entre 30.000 y 45.000 personas, tendrá lugar el 2 de junio.

La vista se nos vuelve a ir hacia arriba con dos nuevas torres. Hasta 122 metros mide la de la iglesia de Nuestra Señora, que acoge los mausoleos de María de Borgoña y de su padre Carlos “el Temerario”. Hecha de ladrillo, está considerada la más alta de Europa y demuestra la enorme aptitud de los artesanos brujenses. La segunda, la de la catedral de San Salvador.

Si lo que busca es relajarse y disfrutar del simple hecho de sentarse a escuchar el sonido de la ciudad, son varias las opciones. Por un lado, un animado paseo por los canales permite descubrir algunos de los lugares más curiosos de la ciudad. Por otro, el tranquilo Beaterio, junto al Minnewater o Lago del Amor. Otra posibilidad es respirar la calma de las llamadas Casas de la Caridad, zonas residenciales medievales con pintorescos jardines, y de la zona de Kruisvest, donde aún se conservan cuatro molinos.

Una visita diferente

Cuando uno llega a cualquier destino turístico, espera encontrarse con museos que albergan grandes obras pictóricas, arqueológicas, escultóricas… Si bien es cierto que Brujas guarda con mimo una colección de los Primitivos Flamencos única y mundialmente conocida (en el Museo Groeninge, que tras una renovación reabrirá sus puertas en breve), también ofrece al visitante algo más, algo singular, que para muchos la hace diferente, y que vuelve a agudizar todos los sentidos.

Cuando uno se pierde entre sus calles descubre en cada rincón una tienda de chocolate o puestos ambulantes que tienen en este producto su más deliciosa “tentación”. Más de cincuenta “boutiques” del chocolate lo ofrecen con las más variadas formas, tamaños y sabores. Para completar tan “sabrosa” oferta, el Museo Choco-Story muestra la historia del cacao y el chocolate, desde los mayas hasta nuestros días. Además de conocer cómo se elaboran los más deliciosos bombones, también existe la posibilidad de probarlos.

Aunque puede resultar curioso, lo cierto es que otro de los “manjares” de Brujas son las patatas fritas, que también tienen su propio museo. Uno de los edificios más bonitos de Brujas, el de Saaihalle, alberga el Friet Museum, que se autodefine como el primer y único en el mundo dedicado a este producto. Ofrece un recorrido por su historia y reserva también un lugar muy especial para los niños.

No hay visita que se precie si no se detiene uno a disfrutar de las costumbres, sabores y olores que nos ofrece la gastronomía del lugar. Uno de los clásicos es la cervecería Halve Maan, que abrió sus puertas en 1546, y la última que aún produce la cerveza dentro de la ciudad. Asimismo, el nivel culinario de Brujas ha sido reconocido, y hasta ocho restaurantes cuentan con las famosas estrellas Michelin (cinco con una estrella, dos con dos estrellas y uno con tres).

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