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La Brigada Vasca, la historia jamás contada. La rendición alemana y el origen del batallón Gernika

21/04/2015 12:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El Batallón Gernika tuvo que enfrentarse a muchos enemigos que no eran alemanes, el General De Gaulle quería integrarlos en sus fusileros, Churchill se oponía a los "bolcheviques" vascos, pero por fin fue el Comandante Ordoki el que llevó a las gudaris a la rendición alemana

Al terminar la guerra en Euskadi y tras la rendición de Santoña, los gudaris tuvieron que enfrentarse a los pelotones de ejecución falangistas o militares mandados por oficiales italianos, pero muchos que se habían podido escapar en botes pesqueros o escondiéndose en los montes de Gipuzkoa o Bizkaia y otros lograron llegar por el Bidasoa o por monte hasta Iparralde pensando que había llegado la hora de la libertad. Pero en Francia les esperaban los gendarmes y los soldados senegaleses del ejército  francés. Ocurría que en Iparralde- más Francia que nunca- los que mandaban eran de la ultraderecha, faxistas y el  traidor vasco Jean Ybarnegaray cumpliendo órdenes del mariscal Petain, amigo y admirador de Franco, diputado por el distrito de Mauleon  puso a algunos presos. En principio los republicanos que en el momento de la debacle de la guerra civil y la huida masiva de miles de personas a Francia pasaron la frontera y escaparon por Cataluña, fueron puestos en otros campos de concentración, pero los vascos en general fueron internados con miembros exilados de las Brigadas Internacionales, aviadores y otros republicanos españoles, yugoslavos y polacos, en el campo de Gurs (Aquitania) que acogía a más de 6000 vascos de todos los partidos políticos.

Tratados como prisioneros, los internos recibieron la ayuda del Gobierno de Euskadi, del Servicio de Evacuación de los Republicanos españoles (SERE), y de otras organizaciones y personas humanitarias. Al comienzo de la II Guerra mundial en 1939 solo quedaban en Gurs unos 200 vascos. Algunos  sobre todo personas de cierta edad o sus hijos, acabaron en los campos alemanes de exterminio, generalmente Mauthausen.

El capellán de los vascos en Gurs era el padre Iñaki Azpiazu que era el enlace clandestino con otros internados en Gurs de otras nacionalidades especialmente yugoslavos, polacos y franceses. Aprovechando sus relaciones con las autoridades francesas de Aquitania,   los vascos y otros internos organizaron una fuga colectiva justo cuando a finales de 1939 los alemanes que entretanto habían ocupado Francia tras un vergonzoso pacto con el mariscal Petain y De Gaulle se refugió en Paris. En Franca resistían los maquisards, muchos vascos y republicanos españoles. Pero temían a los  colaboracionistas franceses que s los detenían los entregaban a los alemanes otra vez el campo de Gurs, fue la antesala de como hicieron con muchos indeseables (antifascistas europeos, vascos Auschwitz, donde los de Vichy los retenían provisionalmente. Así que varios dirigentes vascos y planearon una fuga colectiva con ayuda del capellán del campo y algunos guardianes aquitanos de izquierda, no profesionales, sino forzados por los gendarmes, que guardaban el entorno del campo y tenían choques con las autoridades del mismo. Esa fuga colectiva triunfó (al contrario de la fuga de San Cristóbal, cerca de Pamplona el 22 de mayo de 1938, que se saldó con centenares de muertos). con ayuda de los propios guardianes que eran gentes de Aquitania y muchos vascos. Esa huida masiva, con ayuda y encabezada por el propio capellán del campo Iñaki de Azpiazu, que tenía amistad con un prefecto aquitano y aprovechó un traslado de presos, falsificando papales de identidad y con el visto bueno de los guardias forzados. En vez de  tomar la dirección de Paris los autobuses se fueron hacia Donibane, donde fueron puestos en libertad. En seguida se unieron a grupos de resistencia franceses, algunos comandados por vascos, y se integraron en el maquís francés. Y ese fue uno de los orígenes en gran parte, no contado, de la Brigada Vasca, que tuvo de inmediato otro capellán Iñaki de Azpiazu.

El lehendakari Jose Antonio Aguirre ya tenía en mente una Brigada Vasca en la delegación del Gobierno Vasco que funcionó hasta la ocupación de Francia por los alemanes pero el lehendakari tuvo que esconderse muy ingeniosamente en Alemania haciéndose pasar por diplomático sudamericano y ayudado por diplomáticos belga en Francia. La delegación fue clausurada, saqueada y ocupada por la Gestapo española que la entregó a y pasó a ser requisada como la sede del gobierno de Franco en Paris. Oficialmente no quedaba de toda la organización vasca más que gentes en las cárceles de Euskalerría o España y detrás quedaban nuestros gudaris o civiles enterradas en fosas de Euskalerria, especialmente de Gipuzkoa, Bizkaia y Santander, y en libertad los que habían huido a Francia y unos cientos a Inglaterra y Bélgica.

En Francia, la acción del Gobierno de Euskadi o algunos miembros dispersos en el exilio permaneció orientada hacia un objetivo esencial: la derrota de la Alemania nazi y la victoria de las democracias occidentales; es el sentido de todo lo que este Gobierno logró coordinar en condiciones a menudo difíciles: redes de información y observación, información y espionaje al servicio de los aliados, redes de paso de la frontera española (distinguiéndose la Red Comet), reclutamiento de sus conciudadanos en las tropas aliadas, participación en las operaciones de sabotaje de la Resistencia francesa, ayuda a los ‘‘maquis’’, etc...

La formación del Batallón Gernika fue la  parte más visible de esta política del Gobierno vasco, y de todos los vascos que se oponían a Franco y sus aliados desde 18 de julio de 1936 y eran muy beligerantes al lado de los aliados desde septiembre de 1939. Culminó la acción del Gobierno del lehendakari Aguirre durante la guerra incivil  no siempre con el respeto de los líderes políticos de Francia e Inglaterra.

A partir de 1943, los partidos de todos los colores y el Gobierno de Euskadi pensó en reagrupar todos los vascos que luchaban en el  ‘‘maquis’’ del Sur de Francia en el seno de una unidad militar específica que podría integrar tanto a combatientes veteranos de la guerra civil española, como a otros elementos demasiado jóvenes para haber tomado parte en aquel conflicto. El gobierno vasco y  los líderes decidieron encomendar el mando de la unidad militar vasca a Kepa Ordoki, valeroso oficial del ejército vasco durante la guerra civil, en las filas de Acción Nacionalista Vasca, formación no confesional y de izquierda.

Manuel de Irujo que había sido ministro de justicia con la República, encabezaba en Londres un Consejo Nacional de Euskadi que se formó en julio de 1940. A partir de la dispersión de los vascos por Francia, Inglaterra, Bélgica o Sudamérica, en 1940 se iniciaron negociaciones por parte de este Consejo con los representantes de la Francia Libre del General de Gaulle, quien hablaba a los franceses desde la BBC de Londres y perdía que se sumaran todos en Francia a la luchar contra el ocupante nazi de Europa, especialmente Francia. Irujo propuso la formación de una unidad vasca, pero De Gaule no deseaba que llevara identidad y menos nombre vasco sino francés  y propuso integrarlos entre los fusileros marinos franceses. Quien se opuso tajantemente a que vascos republicanos lucharan en unidades francesas o inglesas fue Mr Winston Curchill quien sólo veía “bolcheviques” vascos por todas partes. Pero, de hecho, De Gaulle estaba demasiado ocupado con su política en Francia, que tenía problemas internos de liderazgo no dijo rotundamente que no a nada, pero sin quererlo en el “veremos” dejó abierto algún resquicio. Los vascos que temían  esa política discriminatoria, adoptaron la suya ancestral, de “se obedece pero no se cumple”, y se acogieron a su propia ley de facto. Kepa Ordoki era por decisión vasca, el comandante del Batallón Gernika o como algunos le decían la Brigada Vasca.

En efecto, las autoridades vascas, con el lehendakari Agirre a la cabeza, consideraron desde el comienzo que la guerra desencadenada por Hitler era una lucha propia, que no solo concernía a británicos y franceses sino a todo el mundo identificado con la democracia, y entre éstos se hallaban, sin duda, los vascos. Más aún, la opinión de que la guerra civil del 36 no había sido otra cosa que un preludio de la gran conflagración mundial se hallaba muy extendida. Esta manera de entender el panorama político internacional llevó a considerar la derrota de la guerra civil como el final de una etapa, un punto y seguido en la lucha.

La II Guerra Mundial comenzó formalmente con la invasión alemana de Polonia el 1 de septiembre de 1939. El 4 del mismo mes, el lehendakari hizo público un llamamiento a los vascos para que se ofrecieran, a través de la Liga Internacional de Amigos de los Vascos, como voluntarios a Francia, para realizar todo tipo de servicios, también militares. A diferencia de lo que ocurría en tierras polacas, primer territorio ocupado por los nazis, el inicio de hostilidades no fue paralelo a una guerra abierta en el frente occidental y durante meses la frontera franco-alemana fue testigo de la denominada drôle de guerre, una guerra de mentira. Esta fue la razón para que el ofrecimiento de Agirre a Francia solo se sustanciara en el empleo de miles de vascos exiliados en la industria de guerra. No obstante, los vascos siguieron prestando a la Deuxième Bureau Francais, el servicio de inteligencia francés, información obtenida a través del espionaje vasco o de los Servicios de Información Vascos.

Éste estuvo muy solicitado durante toda la conflagración mundial. Tras los franceses, con quienes se cortó el contacto de su “intelligentsia” en la primavera de 1940 con la ocupación alemana de Francia, vinieron los británicos, interesados en disponer de agentes que pudieran informar sobre lo que pasaba en la Francia ocupada, de donde habían salido los agentes británicos a la entrada de los nazis. Los agentes vascos no solo informaron sobre el país galo, también reportaron sobre temas de interés para el Reino Unido obtenidos en España y Euskadi.

Kepa Ordoki, militante de ANV y gudari de la guerra civil, logró, siguiendo las indicaciones de Leizaola y De la Torre, concentrar en la localidad de Sauveterre de Bèarn a todos los que iban a componer el Batallón Gernika: los procedentes del campo de Gurs, varias decenas de maquisards vascos encuadrados hasta la fecha en unidades de las resistencia francesa y otros voluntarios llegados de Euskadi peninsular y llegados por monte para unirse a Ordoki. Entre ellos no hay que olvidar a Luis María Retolaza y varios bermeanos distinguidos, como Ruperto Ormaza. Desde esta localidad bearnesa los gudaris fueron trasladados a Bouscat, cerca de Burdeos, y el 26 de febrero de 1945 se integraron en las Fuerzas Francesas del Interior, por razones de organización y operativas pues la Brigada sola no podía luchar eficazmente en terreno extraño. El 21 de marzo se creó el batallón de Voluntarios Extranjeros, donde, además de vascos, se incorporaron anarquistas españoles y soldados de otras nacionalidades. Más adelante, con la incorporación de los marroquíes se conformó el 8º regimiento mixto de Marroquíes Extranjeros al mando del comandante Chodzko, un militar francés de origen polaco.

El desembarco en Normandía había sido un éxito, ya a comienzos de la primavera de 1945 la guerra en Europa se estaba librando ya casi sobre suelo alemán. Los aliados iban hacia Berlín desde los dos frentes, los anglo-americanos y franceses desde el oeste y los soviéticos desde el frente oriental. Sin embargo, el rápido avance aliado sobre suelo francés tras el desembarco de Normandía del 6 de junio de 1944, había dejado atrás grandes bolsas de soldados alemanes atrincherados en las fortalezas construidas a lo largo de la costa Atlántica, desde Dunquerque hasta el Medoc. Estas bolsas dominaban el Canal de la Mancha, disponían de rampas de los cohetes volantes V-1 y V-2 y resistían el interés aliado en acabar la guerra rápidamente golpeando en el corazón de Alemania y sostenidos, en parte, por el contrabando de alimentos que les llegaba desde la España de Franco.

Entre estas bolsas de soldados alemanas, las que más problemas podían causar a los franceses e ingleses, eran las situadas a ambos lados de la desembocadura del estuario de la Gironda, la de Medoc, al oeste, y Royan, al este. Estas fortificaciones alemanas, potencialmente, podían impedir el tráfico marítimo con destino a La Pallice, el puerto de Burdeos.

A principios de la primavera de 1945, encaminado el fin del imperio nazi, los mandos Aliados, especialmente los franceses, deseaban acabar con las bolsas de Medoc y Royan. La tarea de conquistar la pequeña península aquitana se le asignó a la brigada Carnot donde se integró el batallón Gernika. La misión de la brigada era llegar a la Point de Grave, situada en el extremo septentrional de la península, defendida por casi 4.000 alemanes y protegida por 110 blockhaus y cientos de miles de minas, además de una fosa anti-taques.

Más de seis décadas han pasado desde esa histórica fotografía en la que el Presidente de la Republica Francesa Charles de Gaulle prometiera, entre solemnes honores militares al batallón Gernika, en la persona de su comandante Kepa Ordoki, histórico militante ekintzale, que la República Francesa no olvidaría la contribución de los vascos a la lucha contra el nazismo y por la liberación del Exágono. Estas palabras también pronunciadas en francés, se las llevó como es sabido el viento de la razón de estado.

En esta Europa en la que los derechos sociales y políticos de ciudadanos y pueblos se encuentran en plena regresión frente a la razón de estado, cada vez más autoritaria y empeñada en proteger los intereses de un capitalismo salvaje, y reprimir los grupos y personas que se alzan en defensa de opresiones sociales y nacionales, no causa sorpresa lo que hoy ha venido de Estrasburgo. Para ellos la legitimidad democrática pagada con la sangre de cientos de militantes y décadas de lucha contra el fascismo, el nazismo y el autoritarismo, de un pequeño partido histórico de un pequeño pueblo sin estado, es una minúscula minucia.

Eusko Lurra Fundazioa está empeñada en la preservación de la memoria histórica de los luchadores de izquierdas y abertzales y de sus organizaciones, como herramienta de formación y arma ideológica de los militantes y organizaciones que luchan por la independencia de Euskal Herria.

El personaje más destacado tanto en el campo de concentración de Gurs como en las conversaciones con los Generales alemanes fue el capellán de la Brigada, Iñaki Azpiazu

Esta sentencia nos ratifica en la necesidad de preservar este legado ideológico y de declarar que sólo la constitución un Estado Vasco será capaz de poner las bases de la recuperación efectiva  de una memoria histórica basada en la Verdad, la Justicia, la Reparación y las Garantías de no Repetición, que en el caso de EAE-ANV han sido conculcados al volver a ser ilegalizada por ese Estado Español heredero  del Franquismo al no haberse dado ningún tipo de ruptura democrática con el mismo.

El Batallón Gernika se dirigió a la región bordelesa en el mes de enero de 1945 y recibió la misión de dirigirse al frente del Médoc para integrarse en la Brigada Carnot de las Fuerzas Francesas del Interior (FFI) en compañía del Regimiento Mixto Marroquí Extranjero.

El objetivo de la Brigada Carnot, bajo las órdenes del coronel Jean de Milleret (alias Carnot, en la Resistencia), era reconquistar toda la pequeña península de la Pointe-de-Grave, al noroeste de Burdeos, entre el océano y la Gironde. En lo que los franceses conservan la Fortaleza Gironde y los alemanes llamaban ‘‘Festung Gironde’’, donde estaban atrincherados miles de soldados alemanes poderosamente armados y protegidos por 110 blokhaus.

En efecto, en abril de 1945,   el suelo francés no ha sido totalmente liberado; excepto a lo largo de la costa atlántica (en Dunkerque, Lorient, Saint-Nazaire, La Rochelle, la isla de Ré, la isla de Oleron, Royan y La Pointe-de-Grave) donde las bolsas alemanas resistían con la energía más feroz. Como las otras bolsas de resistencia alemana, la de La Pointe-de-Grave obstaculizaba gran parte del avituallamiento aliado; bloqueaba el puerto de Burdeos y amenazaba la ciudad; de visita en la capital girondina el 17 de septiembre anterior, el general de Gaulle que estaba procedente de Londres, había dicho: “Burdeos es la mezclaba de la alegría de encontrarse libre con el temor de dejar de estarlo, si a los alemanes que la sitian, les da la gana y salió pitando de Burdeos“, diciendo que había que recuperarlo cuanto antes.

La Brigada Carnot fue la designada para el asalto final, los combates de La Pointe-de-Grave se iniciaron el sábado 14 de abril de 1945 a las 15 horas y 35 minutos. Antes del inicio de las hostilidades, el comandante Ordoki pidió al capitán Martínez, socialista vasco, que dijera algunas palabras a sus hombres; este ultimo encontró las palabras oportunas: «Gudaris, estamos lejos de nuestra tierra, combatiendo por Euzkadi en contra del fascismo. Gora Euzkadi Azkatuta!»

Inmediatamente después, el comandante Kepa Ordoki dio la orden de atacar y los gudaris se lanzaron -como en los montes de Bizkaia ocho años antes- detrás de la ikurriña, gritando ‘‘Gora Euskadi’’ e cantando su himno de la guerra civil: ‘‘Eusko gudariak gera’’.

Los gudaris del batallón Gernika atacaron cerca de la denominada Cota 40, protegidos, en su flaco derecho, por los componentes del batallón español Libertad y, en el izquierdo, por soldados marroquíes. Al inicio de la lucha, las fuerzas alemanas se hallaban a 800 metros de los vascos, distancia únicamente practicable a través de un cortafuego de 10 metros de anchura expuesto al tiro y minado. No obstante, el batallón Gernika llegó a casi 50 metros de las líneas enemigas y solo retrocedió por el temor a quedar copado, al no poder sus flancos vencer la resistencia alemana y quedar, en consecuencia, retrasados.

En principio, las operaciones debían continuar al día siguiente, pero una contraorden anuló la ofensiva. En su lugar, los mandos aliados optaron por bombardear las posiciones alemanas, lo que provocó incendios en el bosque. Después de unas jornadas de descanso, a los vascos se les encomendó que avanzaran hasta Soulac. Esta marcha se realizó sin bajas pero no resultó fácil. El sol, la falta de agua, las dunas y las minas, no lo convirtieron en un paseo. El 18 de abril los vascos llegaron a Soulac localidad que, con la ayuda de la aviación y la marina, los Aliados lograron dominar así como casi todos los puntos fuertes alemanes de la zona. Solo quedaba por rendirse el blockhaus Y-33. Este punto fuerte le fue asignado al batallón Gernika pero antes de lanzarse al asalto, la posición alemana se rindió.

Según relató Iñaki Azpiazu en sus memorias ocurrió lo increíble. Antes del asalto a los blockhaus alemanes, en un claro del bosque apareció un general alemán con el pecho lleno de condecoraciones y una bandera blanca. Salieron a recibirle el propio Iñaki Azpiazu con su alzacuellos de sacerdote, el comandante Ordoki e Intxausti. El general se dirigió a los vascos en un mal inglés pidiendo conversaciones y Azpiazu también en inglés le contestó en nombre de las fuerzas de Su Majestad, se había dado cuenta que les tomaban por británicos. El alemán pidió primero el cese de los bombardeos aéreos, un trato humanitario para sus hombres de acuerdo con los convenios de Ginebra y el respeto a los derechos humanos de quienes se rendía. Azpiazu dijo que si a todo, le dio la mano al General y allí acabó todo.    Esta no lucha a punto estuvo de tornarse peligrosa, pues los alemanes, confundiendo a los vascos con los ingleses, por la semejanza de la bandera inglesa (Unión Jack) con la ikurriña, se habían equivocado ahorrando vidas para ambos bandos. Se oyeron  algunos disparos procedentes de las filas francesas que vigilaban el bosque recién quemado. Pero nadie resultó herido.

Ese mismo día cayeron el resto de los puestos alemanes y al día siguiente comenzó el desfile de los presos alemanes.

El batallón Gernika tuvo 5 bajas mortales: Juan José Jausoro Sasia, de Alonsotegi de 29 años, soltero y militante socialista; Félix Iglesias Mina, natural de Atarrabia y residente en Errenteria, de 32 años, casado y con dos hijos, comunista perteneciente al batallón Larrañaga; Antton Lizarralde de 37 años y ekintzaile de Durango; el jeltzale de Tolosa Antón Mugica de 18 años, y Prudencio Orbiz, guipuzcoano. Los cuatro primeros cayeron a consecuencia de los combates del primer día, en el mismo campo de batalla o en el hospital. Orbiz, en cambio, resultó muerto el 4 de abril cuando manipulaba una granada.

Estos combates que duraron del 14 al 20 de abril de 1945 finalizaron con la rendición total de las tropas alemanas con sus mandos al frente.

El coraje de los hombres del Batallón Gernika fue  reconocido por sus compañeros de armas: fue particularmente evidente durante los combates mortíferos de la primera jornada, en la cota 40, al sur de Montalivet y cuando la rendición el 19 de abril del importante ‘‘Blokhaus Y-33’’, al norte de Soulac. Cinco gudaris murieron y 35 fueron heridos.

El domingo 22 de abril de 1945, el general de Gaulle aterrizaba en el aeródromo de Grayan, acompañado por el comandante de las Fuerzas Francesas del Oeste, el general de Larminat; se trasladó al puesto de mando del coronel de Milleret y pasó revista a las tropas; se detuvo ante la bandera vasca y el general saludó largamente y se detuvo ante Kepa Ordoki y le dijo: «Comandante, Francia nunca olvidará los esfuerzos y los sacrificios realizados por los vascos para la liberación de nuestra tierra». Doce cruces de guerra recompensaron los combatientes vascos. El Batallón Gernika fue desmovilizado el 30 de septiembre de 1945. Hay una foto histórica de ese momento.

Gracias a él, el Pueblo Vasco del Sur del Bidasoa agredido por la tiranía nazi desde 1937 había participado en la victoria final sobre el Reich hitleriano, al triunfo de la democracia y de la libertad sobre la barbarie.

Más de seis décadas han pasado desde esa histórica fotografía en la que el Presidente de la Republica Francesa Charles de Gaulle prometiera, entre solemnes honores militares al batallón Gernika, en la persona de su comandante Kepa Ordoki, histórico militante de Ación Nacionalista, que la República Francesa no olvidaría la contribución de los vascos a la lucha contra el nazismo y por la liberación del hexágono. Estas palabras también pronunciadas en francés, se las llevó como es sabido el viento de la razón de estado por donde había venido. Pero los seguidores de Ordoki siguieron perseguidos, encarcelados y fusilados, con la venia de De Gaulle y de Churchill, en España y muchos en Francia.

En esta Europa en la que los derechos sociales y políticos de ciudadanos y pueblos se encuentran en plena regresión frente a la razón de estado, cada vez más autoritaria y empeñada en proteger los intereses de un egoísmo salvaje, y reprimir los grupos y personas que se alzan en defensa de opresiones sociales y nacionales, no causó sorpresa lo que dijo Deb Gaulle en lo que predica por ejemplo Sarkozy. Son idénticos. Para ellos la legitimidad democrática pagada con la sangre de cientos de militantes y décadas de lucha contra el fascismo, el nazismo y el autoritarismo, de un pequeño partido histórico de un pequeño pueblo sin estado, es una minúscula  minucia.

Muchos vascos y entre ellos los de Eusko Lurra Fundación que en su día  y hasta su muerte dirigió el comandante de gudaris, Luis Ruiz de Aguirre, a la que debemos los datos centrales de este reportaje, está empeñada en la preservación de la memoria histórica de los luchadores de izquierdas y de sus organizaciones, como herramienta de formación y arma ideológica de los militantes y organizaciones que luchan por la independencia de Euskal Herria.

Esta sentencia nos ratifica en la necesidad de preservar este legado ideológico y de declarar que sólo la constitución un Estado Vasco será capaz de poner las bases de la recuperación efectiva  de una memoria histórica basada en la Verdad, la Justicia, la Reparación y las Garantías de no caer nunca más en manos de los herederos  del Franquismo al no haberse dado ningún tipo de ruptura democrática con el mismo.

 

 


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