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Borja Thyssen: el ahora insurrecto hijo de mamá

06/06/2011 11:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

ANA VELENCOSO

  • Millonario, marido amoroso y padre ejemplar, tiene una asignatura pendiente: su madre.
  • A ella le debe el apellido y su posición, pero entre ambos se interpone Blanca.

Borja Thyssen y Blanca Cuesta

Fue un niño obediente que correteaba por Villa Favorita, un palacete del siglo XVIII con 36.000 metros cuadrados de jardín frente a un lago en la ciudad de Lugano (Suiza). Estudió en Suiza, recibió una educación excelente en economía –si bien sus resultados académicos no fueron brillantes, al menos le sirvieron para aprender a hablar con fluidez inglés, francés e italiano–, pero su pasión siempre fue, y es, la mar. Ahora, también el arte, un empeño personal de su madre. Pero el joven complaciente, Borja Thyssen, es ahora un hombre casado, padre de dos hijos y con conciencia plena de lo que quiere. Y no quiere a su madre en su vida.

En conflicto

Yates, mansiones, cochazos y una paga millonaria cada mes, cortesía de su padre adoptivo, el difunto barón Thyssen. Borja nunca tuvo que mover un dedo para tener un patrimonio que la mayoría solo tendrá en sueños, pero él está emperrado en tener en el salón dos lienzos que no son peccata minuta: un Goya y un Giaquinto (valorados en 7 millones de euros) que Heini (el barón), según la versión de su propia madre, le regaló en su bautizo. Es el enfrentamiento que actualmente libran en el ring legal. Desde su esquina del cuadrilátero, Borja no entiende por qué su madre, en un desmesurado afán proteccionista, no quiere a la mujer que él ama, por qué duda de la paternidad de su hijo mayor y no le deja disfrutar íntegramente de lo que el barón le dejó en herencia. En la otra esquina, Carmen ve a un hijo mimado y desagradecido que la ha llevado a juicio, influenciado por malos consejeros. Ella ha dicho recientemente que si la llamara y le dijera: "Mamá, te quiero", todo se arreglaría. ¿Así, tan fácil?

Blanca, ¿la razón de sus disputas?

Era una chavalilla rubia y con tipazo, una belleza un poco parecida a su madre cuando ganó Miss España. Blanca Cuesta se coló en la vida de Borja en su adolescencia, en plena efervescencia hormonal. Sin duda, la baronesa debió de ser amistosa en su primer encuentro. O tal vez fuera fingida esa cordialidad de las instantáneas robadas de sus vacaciones en Gerona. Quizá reconoció en ella algo de sí misma muchos años atrás. ¿Pudo prever entonces que esa joven con aspiraciones a modelo terminaría por abrir un abismo entre ella y su hijo?

Sea como fuere, su gesto cambió cuando la diversión pasajera se convirtió en definitiva y sacó las uñas: Blanca no se llevaría lo que tanto trabajo le había costado conseguir para su Alejandro Borja Thyssen Bornemisza Cervera. "No ha llevado a mi hijo por buenos derroteros", aseguró cuando hizo pública su decisión

de no acudir a la boda de su hijo. "Ella no le ha ayudado a ser un hombre y en su lugar le ha puesto a hacer pesas y a tatuarse. He intentado ser amiga de ella durante todos estos años y no me ha hecho caso". El embarazo de Blanca empeoró la situación: había un heredero más para la fortuna Thyssen. Cinco pruebas de paternidad no parecieron convencer a Carmen de que el pequeño Sasha era sangre de su sangre. Años antes no tuvo problema en adoptar a dos niñas que también son sus herederas, y que, por otro lado, comparten un prodigioso parecido con su hijo Borja. De su segundo nieto, Eric, no debe de tener dudas: ni le ha exigido los test que pasó su hermano mayor ni lo conoce.

Tres padres y una abuela

Borja era un querubín de cinco añitos cuando Heinrich Thyssen-Bornemisza se casó con su madre en 1985. Dos años antes, el barón le había adoptado, pero su padre biológico es el publicista Manolo Segura, con quien su madre tuvo un romance fugaz. A los 12 años, Javier Báñez se convirtió en su profesor de kárate y, cuando murió el barón, se hizo uno más de la familia y siempre ha estado a su lado. Pero fue una mujer la que crio a Borja: su abuela Carmen, ya fallecida, a la que llamaba mami porque la suya viajaba mucho.

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