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Bocazas

03/05/2011 21:28 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Que la falta de sueño es perjudicial para su salud y la de los que le rodean es de sobra conocido (y sufrido) por millones de padres en el mundo mundial.

Que además es un método de tortura y presión psicológica altamente eficaz lo sabían los de la Stasi, lo saben los de Guantánamo, la Providencia y esperemos que nuestros adorables angelitos no lo descubran hasta que nos hagan abuelos. Porque como mi hijo me pida algo a las 4 de la mañana, lo que sea, como por ejemplo un huevo Kinder o mis pinturas o una hermanita, soy capaz de dárselo o prometérselo con tal de poder volver a cerrar los ojos lo antes posible.

Con mi primer hijo tardé más de dos años en superar (¿y suavizar?) las noches interrumpidas y estar dispuesta a repetirlas. Iba mentalizada, conste, pero la Naturaleza me regaló un bebé que fue la envidia de todo aquel con el que me cruzaba. Sí, el ahora llamado Destroyer fue un bebé-valium de libro: desde sus 6 semanas de vida, duerme mínimo 11 horas seguidas. Sin interrupción. Y 2 horas de siesta diarias. Y no lloraba (casi), sólo sonreía y se achuchaba y sonreía otra vez. De baba.

No es de extrañar que, en vez de depresión, lo que yo tuve fuese la (no tan mencionada) euforia postparto y a los pocos meses (5 exactamente) volviese a la carga. Así puedo hasta con 10, me decía.

Pero algo así no se repite tan fácilmente. El último añadido al libro de familia tiene el sueño ligerito. Demasiado.

Después de agobiarme (¿le pasará algo malo? ¿por qué %$& @%& $ no duerme toda la noche?), cabrearme (mierda de euforia y mierda de hormonas manipuladoras) y desesperarme (¿cuándo pueden tomar chocolate? ¿si le doy mi rímel me dejará dormir?) he terminado por asumir la dura realidad: ajo(derse) y agua(ntarse) y a invertir en quitaojeras.

O eso pensaba yo.

Hace 5 noches me acosté tarde y, como buena autómata nocturna conversa, sabiendo que en menos de una hora tendría que saltar de mi mullida cama, decidí no acomodarme demasiado y esperar.

Lo siguiente que recuerdo es abrir los ojos, volver a cerrarlos, oir pajarillos matutinos, procesar que ya era de día y saltar y arrancar de su cuna cual posesa al Pestañas. Como si le hubiese despertado Freddie Krueger (o tendré que mirarme al espejo recién levantada... quién sabe), la cara de susto y el berrido acompañante no cesaron hasta varios minutos después.

Idiota de mí, no se me ocurrió otra cosa que consolarle a base de besitos, losientos y no-me-vuelvas-a-dar-un-susto-así-en-tu-vida, porque se lo ha tomado literal y, por lo que parece, hasta que no sea capaz de avisarme antes, no vuelve a dormir toda la noche.

Volvemos a la fase cabreo (esta vez conmigo misma) y esperando pasar directa a la sumisa.


Sobre esta noticia

Autor:
Mamaenalemania (130 noticias)
Fuente:
mamaenalemania.blogspot.com
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Tipo:
Reportaje
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