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“Black Hole and Revelations” de Muse, la música y lo sagrado

09/03/2010 04:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Entre "Take a Bow" (primera pieza) y "Knight of Cydonia" (última canción) se resuelve no solamente el prólogo y el epílogo de Black Holes and Revelations, sino también una obra contundente de una banda que trabaja en serio

Tres notas repetitivas en una secuencia ininterrumpida e interpretadas en un sintetizador, abrirán de dramático modo el álbum que hemos decidido reseñar. Hablamos de "Take a Bow", canción que inaugura Black Holes and Revelations, trabajo de 2006 de los británicos Muse, y predecesor del The Resistance.

Entre "Take a Bow" (primera pieza) y "Knight of Cydonia" (última canción) se resuelve no solamente el prólogo y el epílogo de Black Holes and Revelations, sino también una obra contundente de una banda que trabaja en serio.

Este álbum nos trae a un Muse renovado y experimental en relación a sus tres discos anteriores: habrá menos britpop y mucho más rock progresivo. Estas once canciones forman, cada una, tomada en su entera unidad, un elemento esencial para la construcción conjunta de lo que podríamos llamar sin pretensiones hiperbólicas y noble prudencia un simple y atinado álbum de rock.

Esta entrega, la trigésima primera desde el día en que mi presencia se hiciera ritual en este portal y mis publicaciones una constante periódica, será especial. No hablaré yo en lo sucesivo y el sociólogo que soy cederá al poeta la voluntad de la palabra: Leonardo Pittamiglio conoce a Marcelo López Diez.

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Sobre la música y lo sagrado

Por Marcelo López Diez

Esta charla no pretende ser un sustantivo del milagro ausente, sino un modo de venganza por tal ausencia. El hecho de seleccionar a una banda de música electrónica para un párrafo aparte, en un país que se perdió el Glam-Rock, parece un acto de suicidio.

Pensemos en el modelo musical de los setentas en este país, el típico folklore que se empasta cegándose en dioses muertos, el llamado rock de los setentas es agridulce porque es incapaz de transformar algo a un nivel internacional. Luego, los ochentas, con la fuerza política y odio de años atrás no hizo más que politizarse.

Existieron bandas que en lugar de banderas ideológicas llevaron el maquillaje electrónico al paroxismo, un arma salvaje, como un delineador que alguna vez supieron usar los New York Dolls, impensado en nuestro país. Discos que se transformaron en clásicos, como los que supo editar David Bowie del 77 al 79, "Low", "Heroes" o "Lodger", no llegaron ni llegarán sino hasta mediados de los ochentas y no serán más que referencias, nunca utilizadas en el sagrado engranaje musical Uruguayo.

Sé que el camino será difícil para recorrer semejante concepto, muchos criticarán lo nuevo por ser nuevo (¿qué puedo esperar de gente que dice: "¿todo tiempo pasado fue mejor?")

Los noventas revivieron el mito de lo popular y lo transformaron en algo sagrado e intocable que asesinó aún más al pobre espectro musical, que no se sale de los estereotipos y crea la escuela del arrepentimiento. En donde lo musical no importa, la palabra estética se desconoce por carecer nuestros artistas de profundidad escénica. Pensemos bien, si uno de nuestros mejores iconos sobre el escenario son los súper "Buitres", y los "hágalo con mímica" de la Tabaré, no quedan más que fuegos de artificio.

Nos hemos transformado en todo lo que el rock nunca quiso ser, en ningún momento, ser convencionalmente ortodoxos. Y esto desnuda el lado más oscuro de las personalidades de los habitantes de este país, que son como una roca, duros e intransigentes.

Muchos estarán pensando "¿este tipo qué se cree?", a lo que debo acotar con completa libertad: saben que el futuro me pertenece, y nunca voy a permanecer en la caverna de Platón, en la que los uruguayos permanecen, temiéndole a las sombras que están detrás de los muros enmohecidos y gastados de la caverna de sus oídos.

Por eso, los desafió a que escuchen a Muse, un trío que en su reciente álbum, el cual recorre el pop electrónico de los ochentas con una sustancia más que subjetiva, desde el primer tema transcurren bien el paréntesis que va del minimalismo (escuchar a Philip Glas y su opera "La bella y la bestia", año 1962, le vendría bien al que quiera desenvolver la primera composición, la cual es un claro homenaje) al pop de los ochentas marcado por la sombra negra Depeche Mode. Pero este álbum, que se denomina muy sabiamente Black Holes and Revelations, esboza de manera pura y elocuente una estética entre minimal y electro rave gótico, recorriendo el sonido electrónico de los noventas con unas leves pulsiones de rock industrial, arropado en un pop de cuero que de vez en cuando puede desgarrar la espalda de cualquiera que pretenda colocarse una camisa con suavizante. En la séptima composición, la batería, se transforma en el juicio final de un álbum que se orina en la novena composición acústica y se ajusta por una base rítmica aparente. La décima composición, nos retrotrae a los acordes de la típica guitarra española que supieron utilizar varios músicos (escuchar a Robbie Krieger de los Doors, por ejemplo, en Caravana Española sería una referencia, año 1967), pero luego de pasados los dos minutos del comienzo, la base del sintetizador crea un halo de idolatría patriarcal, y el ritmo parece reinventarse para finalizar con una voz espectral. La última composición -número once-, se abre con un sintetizador brumoso, para aparcar sobre él, las luces de una significativa voz en mono, que termina con coros al estilo de una pecera sin peces, pero con muchas burbujas.

Sé que el camino será difícil para recorrer semejante concepto, muchos criticarán lo nuevo por ser nuevo (¿qué puedo esperar de gente que dice: "¿todo tiempo pasado fue mejor?"). Lo que me alienta es que los que opinan que hoy en día no existen grandes artistas, son unos perdedores cínicos, incompletos esclavos de sus pesares más antiguos.

No pretendo que enmudezcan de hastío, ni tampoco que se afilien al positivismo más cercano; existe un presente diferente que el que dejó para algunos el festival de Woodstock, hace casi cuarenta años. Está bien caminar por la misma calle, pero si no nos cambiamos de ropa de vez en cuando, nadie soportará nuestro hedor.

Los que quieran escuchar discos de vinilo editados en Uruguay del 68 al 86, no podrán opinar, porque para ellos el mundo se estancó, al igual que sus sentidos. Nuestro principal sentido, debería ser el de pensar universalmente, no desde un ghetto personal. Las ficciones se reproducen como los discos de Silvio Rodríguez y las reediciones de los Olimareños. No se necesita ser un militante para hacer arte.

La incógnita será, si te atreves a escuchar un sintetizador en lugar de una guitarra criollaaaaaaaaaaaaaaaaa.


Sobre esta noticia

Autor:
Leonardo Pittamiglio (54 noticias)
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Tipo:
Opinión
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