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Birmania: Aung San Suu Kyi la pacifista que supo liberar su país

11/11/2015 12:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

A los militares asiáticos los derechos humanos y la libertad les resbala, y eso lo han demostrado en Birmania y otros países durante décadas. En este reportaje el premio Nobel de la Paz que supo vencerlos sin disparar ni un solo tiro

Aung San Suu Kyi, nacida en Rangún (Birmania),   el 19 de junio de 1945,   está considerada como uno de los símbolos mundiales de la lucha por la democracia y la libertad y de la resistencia pacífica frente a la opresión.

Estudió en la Universidad de Oxford, inició su actividad política en 1988, cuando la junta militar de Birmania suprimió violentamente un levantamiento de masas, matando a miles de civiles.

En  las elecciones de 1989, la bella Aung San Suu Kyi ganó en Birmania por amplio margen. Eran comicios importantes para la suerte de todo el sureste asiático. Aung  San Suu  Kyi había llegado en 1988 a Birmania, sin el permiso del dictador Ne Win de 40 millones de birmanos, quien hace 39 años, mediante un golpe incruento se hizo con la presidencia. No corrió entonces la sangre, pero estas casi cuatro décadas han sido de hambre, opresión, exilio y masacres.

Este país, logro la independencia de los británicos en 1947, es una extraña mezcla de marxismo y budismo, de meditación y de industrialización, de droga y camellos, aunque existe la pena de muerte contra estos, sobre todo si son extranjeros. En 1987 los estudiantes a un llamado de la hoy Premio Nobel, se alzaron. La presión debió haber conmovido al mundo. Pero nada ocurrió. Los 2.000 cadáveres de jóvenes  fueron enterrados en fosas comunes. Ya en el exilio trabajó en la Secretaría de las Naciones Unidas y fue profesora en la India. Regresó a Birmania en 1988 y participó en el "segundo combate en pro de la independencia nacional".  Suu Kyi escribió una carta abierta al gobierno pidiendo la formación de un comité independiente para celebrar elecciones democráticas. Desafiando una prohibición del gobierno a que hubiera reuniones políticas de más de cuatro personas, Suu Kyi habló a grandes audiencias a lo largo de Birmania como Secretaria General de la recién formada Liga Nacional por la Democracia (LND).

Daw Aung San Suu Kyi ha sido una voz importante a favor de los derechos humanos y la libertad en Birmania (Myanmar), un país dominado por un gobierno militar desde 1962, es una patriota y política birmana, la figura emblemática de la resistencia birmana contra la dictadura militar que ocupó el poder entre 1962 y 2011. Es hija de Aung San, héroe nacional por su resistencia contra el ocupante japonés durante la II guerra mundial. Terminada la guerra firmó en 1947 el tratado de independencia con el Gobierno británico antes de ser asesinado. En 1948 publicó una biografía de su padre.

Cuando regresó a Birmania en abril de 1988 para atender a su madre gravemente enferma, a pesar de las amenazas recibidas del gobierno militar, que la puso bajo arresto domiciliario. Pese a su detención, la LND ganó las elecciones con el 82% de los escaños parlamentarios, pero la dictadura militar se negó a reconocer los resultados. Suu Kyi ha permanecido en prisión casi de forma continua desde entonces, rechazando la oferta de libertad del gobierno, ya que le exigía abandonar Birmania.

La bota militar aplastó el ansia de libertad de los birmanos, durante casi 30 años, y no volvieron a tomar las calles hasta que en el verano de 2007 el hambre golpeó sus estómagos. Con Aung San Suu Kyi encerrada y los demás d

irigentes de la liga encarcelados, los monjes budistas tomaron el testigo de los políticos para defender el derecho del pueblo a una vida digna. La llamada revolución del azafrán, por el color de los hábitos de los monjes, también fue sofocada por las Fuerzas Armadas. Miles de opositores y religiosos fueron detenidos y muchos asesinados, pero la presión internacional sobre el régimen se hacía cada vez más insostenible. Estados Unidos y Europa le impusieron duras sanciones económicas

Durante este largo combate se inspiró en el ejemplo pacífico de Gandhi y en su fe budista, que le llevó a propugnar una "revolución del espíritu que se manifiesta mediante el reconocimiento de la necesidad del diálogo y la compasión por los más humildes". A pesar de estar arraigada en la tradición birmana, supo evitar las manipulaciones nacionalistas basando su lucha en "los principios sagrados de la moral", insistiendo en la necesidad de reconciliar a todas las etnias de su país, profundamente divididas.

En 1991 le fue concedido el Premio Nobel de la Paz pero la Junta Militar birmana no le dejó salir del país y tuvo que esperar a junio de 2012 para poder recogerlo en Oslo cuando resultó elegida como representante al parlamento birmano ese año. Y también recoger personalmente el doctorado honoris causa que en 1993 le concedió la Universidad de Oxford Aung aprovechó para hacer un llamamiento a los ciudadanos del mundo para que “usen su libertad para fomentar la nuestra”.

Recibió sucesivamente el Premio Thorolf Rafto de defensa de los derechos humanos y el Premio Sájarov de libertad de pensamiento.

Reconocida como prisionera de conciencia por Amnistía Internacional, su propósito de que el drama birmano no cayera en el olvido y dar a conocer su combate al mundo entero rechazando el exilio que se le proponía a cambio de su silencio.

En 1992 el Premio Simón Bolívar recompensó el combate de una mujer visionaria que combina el idealismo y el pragmatismo ilustrado siendo consciente al mismo tiempo de que otros movimientos similares en Asia se han inspirado, en la lucha pacífica de la Liga. Ella sigue siendo una expresión viviente de la determinación de su pueblo de conseguir libertades políticas, sociales y económicas.

Los monjes budistas y los estudiantes jugaron un papel destacado en la lucha por la libertad de Birmania

Tras haber pasado 15 de los últimos 21 años encerrada, los generales que gobiernan en este país del sureste asiático liberaron en 2014 a la líder demócrata Aung San Suu Kyi.

La sonrisa que durante las últimas dos décadas ha alimentado la esperanza de millones de birmanos volvió a iluminar el país. Aung San Suu Kyi, recuperó en noviembre pasado su libertad y en su primera aparición pública llamó a la población a unirse para seguir luchando por la democratización de Myanmar (la antigua Birmania). La junta militar, que jamás aceptó entregar el poder a quien lo había ganado en las urnas 25 años antes, en las únicas elecciones democráticas celebradas en el país, Suu Kyi, al frente de la Liga Nacional para la Democracia (LND), se hizo con el 82% de los votos emitidos-, se vio forzada a poner fin al inaceptable arresto domiciliario de la dirigente demócrata y premio Nobel de la Paz 1991.

Envuelta en la aureola de tesón y paciencia que han caracterizado todos estos años de lucha, Suu Kyi, de 65 años, cruzó, el 12 de noviembre 2014, el umbral de su casa-prisión para saludar a los miles de birmanos que se habían concentrado a las puertas, a la espera de recibir, como si se tratara de las aguas bautismales, el magnetismo de su sonrisa de terciopelo.

La Dama, como respetuosamente la llama su pueblo, hizo gala de la voluntad de acero heredada de su padre -el general Aung Sang, héroe de la independencia birmana, traicionado y ejecutado justo seis meses antes de que se consiguiera esta- para pedir a su gente que siga luchando por la democracia. También mostró su espíritu conciliador al tender una rama de olivo a los militares y ofrecerles "diálogo" para sacar el país adelante.

Con unos 2.100 presos de conciencia aún en las cárceles, el icono de la resistencia birmana ha dejado abierto el camino de la reconciliación nacional, la única senda que puede devolver a sus 40 millones de conciudadanos la esperanza en un futuro más próspero, estable y democrático; un futuro en el que ya no tenga cabida la brutal represión que sufre la población desde el golpe de Estado de 1962.

La liberación de la dirigente demócrata ha sido recibida con satisfacción por toda la comunidad internacional, desde el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, hasta la vecina India, pasando por todos los países europeos. "Quiero una transición pacífica, feliz y rápida", declaró Suu Kyi en una entrevista con  apenas seis días después de abandonar su encierro.

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De aspecto delicado y siempre adornada con flores en el pelo, en la más pura tradición birmana, la líder de la LND ha defendido con firmeza a lo largo de estos años los principios democráticos y los derechos de los birmanos. En su intento por doblegarla, los generales no excluyeron el chantaje psicológico, y durante meses no le permitieron siquiera hablar por teléfono con sus hijos, que viven en el Reino Unido, ni aceptaron que su marido -el británico Michael Aris-, enfermo de cáncer, fuera a visitarla, ni a la muerte de este, en 1999, pudo ella asistir al funeral.

Nada hacía prever que Suu Kyi, educada en Europa, se convertiría en la Mandela de Asia.

El general Ne Win, quien, tras teñir de sangre las protestas, se ha visto forzado a dejar el poder en manos de otra junta militar que devolverá el poder Aun Suu Kyi.

La urgente necesidad de mejorar su imagen para poner freno al derrumbe económico de un país muy rico en recursos naturales llevó a los uniformados a convocar las últimas celebradas para dotarse de un Gobierno civil. Pero aprendida la lección de 1989, las reglas bajo las que se convocaron estos comicios no dejaron margen para unos resultados adversos. Todo estaba "atado y bien atado": aparte de reservar el 25% de los escaños de las dos Cámaras para las Fuerzas Armadas, el Partido de la Unión Solidaria y el Desarrollo, cuyas filas llenan principalmente militares vestidos de civiles, entre ellos 18 miembros de Junta, estaba diseñado para ganar. Obtuvo una amplísima mayoría absoluta.

Pese a ello, Suu Kyi, que sufrió las críticas de un sector de la LND por empeñarse en boicotear las elecciones, parece haber comprendido que, aunque con muchas carencias democráticas, esos comicios son -y muy a pesar de los generales- el primer paso para devolverles a los cuarteles. Pero no será fácil. Los expertos señalan que la carismática dirigente tendrá que hacer uso de todas sus dotes negociadoras y, apoyada en la moderación de sus demandas democráticas, emprender, con la paciencia y la voluntad de acero que ha demostrado, el camino del cambio que le piden los birmanos.

Suu Kyi, en estas semanas de intensos contactos con sus seguidores, con diplomáticos -está en juego el levantamiento de las sanciones- y periodistas, ha declarado que quiere escuchar e integrar a todos los birmanos para trabajar juntos por los derechos, las libertades y el bienestar que su castigado pueblo se merece.

En las elecciones legislativas de 2015 ha vuelto a liderar las candidaturas de la Liga, pero la ley fundamental aprobada por los militares le impedía ser candidata a la presidencia, por estar casada con un extranjero.

 

 

 

 


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