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(I) Bin Laden, sólo una pieza en el engranaje de la "Doctrina Bush" y sus Guerras Preventivas. Eso podría explicar hasta el 11S

11/05/2011 12:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Esta es la génesis grosso modo de un desconocido personaje musulmán Osama Bin Laden, aristócrata saudí, religioso y millonario. Aquí sus luchas contra el Rey de Arabia Saudí y el Presidente Bush

La historia debía comenzar en los años 50, pero sería larga. La empezamos, pues, cuando en Argentina, después de morir el general Perón, se apodera del poder el general Jorge Videla. "Termina un ciclo histórico y comienza otro…"-dice. Y no es exacto porque los crímenes continúan, aunque la tipología cambia. Crímenes contra la humanidad, desapariciones torturas, exilios, el ejército dedicado a robar niños.

Las protestas de las organizaciones internacionales son vanas. El del llanto de las madres argentinas, deja indiferentes a los generales.

Por otro lado Jimmy Carter y el Congreso norteamericano, suspenden las exportaciones de trigo a la URSS, como represalia a su invasión de Afganistán y Videla llena el hueco vendiéndole el trigo argentino a Moscú. Argentina está a la cabeza de los países violadores de los derechos humanos. Pronto Ronald Reagan accede a la Casa Blanca, a pesar de lo cual Videla es derrocado porque el país está quebrado, el peso ha desaparecido de las Bolsas.

Y ya tenemos a Reagan instalado en la Casa Blanca con voz y votos en la Casa Rosada, que es el nuevo portaviones norteamericano para actuar contra Nicaragua, Guatemala, El Salvador, Chile...

Reagan inicia su revolución conservadora. Se gastan millones de dólares para fortalecer gobiernos de derechas, fachas o no, y subvencionarles para hacer un frente común contra el comunismo no sólo en Europa occidental, sino en América latina, Oriente Próximo, Lejano Oriente, Guerra Fría pero “sucia” declarada a todos los gobiernos izquierdistas o neutrales.

Reagan quiere hacer retroceder el Telón de Acero, borrar del mapa a la URSS. Y ganarse a los países del Tercer Mundo. Para infiltrar gente "preparada" en esos países tan pobres y contrarrestar las victorias del "Ejército Rojo" que está afincado en Europa Oriental, Estados Unidos potencia la CIA, cuyo primer jefe había sido Allen Dules, el hermano del secretario de estado, y la extiende por el mundo.

La Comunidad de la Inteligencia norteamericana a principios de los 70 contaba con una docena de organizaciones: la CIA, la Agencia de Seguridad Nacional, la Agencia de Inteligencia de Defensa, la Agencia de Inteligencia de la Fuerza Aérea, y la Marina, la Oficina Nacional de Reconocimiento y unidades de inteligencia en la Comisión de Energía Atómica, del Tesoro y en un sinfín de departamentos oficiales y oficiosos. Pero el gran derrochador de dólares no es todavía la CIA sino el Pentágono, con sus NSA (Agencia de Seguridad), DIA, NRA (Agencia de Recuperación Nacional). El FBI, con Edgar Hoover a la cabeza, se dedica a la caza de brujas con el senador MacCarthy, si son sus víctimas intelectuales, tanto mejor. Vive del chismorreo y del chantaje.

La CIA con su presupuesto anual de 750.000.000 de dólares y una fuerza de casi 20.000 hombres, no es, políticamente hablando, sino un gigante burocrático menor, aunque el KGB ruso no le va a la zaga. Pero progresa a ojos vistas a costa del FBI.

Se producen operaciones repetidas, choques de competencias aquí y allá, satélites en el cielo que colisionan unos con otros. Pero la CIA sin fronteras, claramente la encargada de la Casa Blanca de las operaciones clandestinas a veces escandalosas. Y se esfuerza por convencer al público y al congreso que defiende las grandes causas, con sus manipulaciones y montajes teatrales triunfos descomunales y terminó convenciendo.

No podía competir con el Pentágono en el campo costoso de los presupuestos y con tecnología que dominaba, pero los éxitos desestabilizadores de Estados Unidos en América Latina (El Salvador, Guatemala, República dominicana, Nicaragua, Brasil) contrastaban con el fracaso en los campos de batalla. El ejército regular en Vietnam, Laos, Camboya no deja sino víctimas con Kennedy o Johnson. Estados Unidos practica “La Guerra Sucia” que, se extendiendo por el mundo como una marea negra. La gente vive bajo el temor de una guerra atómica. El asesinato del presidente Salvador Allende, dio paso a Pinochet y también en Washington a Henry Kissinger. Otro horror sin precedentes, en nombre de la “democracia” continental.

Afganistán ofreció a Reagan y al jefe de la CIA, Casey la mejor base y oportunidad para combatir a las fuerzas soviéticas que estúpidamente habían metido el Ejército Rojo para ayudar al jefe-títere de Kabul, y pacificar el país. Había un enfrentamiento Este-Oeste, éste sin peligro nuclear y Moscú envió sus divisiones acorazadas con fuerzas “Spetsnaz”, nuevos aviones, helicópteros… y estaba ganando.

El Pentágono se negaba a enviar fuerzas regulares contra el Ejército Rojo pero también a entregar sus cohetes mágicos "Stinger", que derribaban fácilmente helicópteros, por miedo a que Moscú robara la técnica. Y así, casi con desesperación, se entregó armamento norteamericano, "Stinger" incluido, a la CIA para enseñar a los “muhaidines” a usarlos y formar un ejército de “muyas”. Es decir, los indígenas puestos a salvar al Imperio

Cuando, Estados Unidos implicó a saudíes, egipcios, gentes de cualquier estado o región árabe para combatir a los invasores soviéticos, buscó o aceptó la importación a Afganistán y Pakistán de un ejército árabe sin tener idea qué era el Islam, quienes eran los musulmanes, qué pensaban, ni qué se iba a hacer de ellos cuando los soviéticos se fueran. A quien había que derrotar era a los soviéticos con buen material, guerras sucias y juego bajo, y luego comprar a los árabes fácilmente. El Pentágono no quería otro Vietnam. Esto era diferente. No problem.

En general eran los saudíes, los encargados de buscar gente para luchar en Afganistán, con Osama Bin Laden y otros jefes parecidos a la cabeza, hombres religiosos, algunos muy cultos, y hasta aristócratas en aquellos países asiáticos. El jefe nominal de los servicios de espionaje saudí era el príncipe Turki, que confiaba lo más delicado de su misión a Bin Laden para él excepcional "de buena familia" saudí, dedicada a la ingeniería y a la construcción, con lazos íntimos con la familia real saudí.

Aquí es donde aparece por primera vez el nombre de Osama Bin Laden. Tenía suprema autoridad para reclutar, trasladar, entrenar, adoctrinar, aconsejar a los voluntarios árabes que llegaban a Afganistán. Casi todos eran gente desarraigada en sus sociedades. Muchos estaban vinculados a los Hermanos Musulmanes, histórico grupo fundamentalista que actuaba contra gobiernos de Siria y Egipto. Posteriormente muchos se integraron -cuando se fueron los soviéticos- en la red o redes Al Qaeda, grupos extremistas que luchaban contra estados (Argelia, Egipto, Siria y otras regiones). Nadie en Washington parecía preocupado de esas lejanas minucias. Lo importante, en casa, seguían siendo las próximas elecciones.

Cuando los soviéticos fueron vencidos, los Estados Unidos quisieron quitar peso específico a Afganistán, y seguir su presencia en la región utilizando a la CIA, a un presupuesto relativamente barato. Los ex-muhaidines, ahora sin empleo, se fueron a Pakistán. Los Servicios Secretos Pakistaníes a los que el Pentágono y la CIA habían entrenado y dado poder y cierta sofisticación, utilizaron ese poder y esa influencia para poner un poco orden en el caos de una nueva sociedad árabe heterogénea, de refugiados, desheredados, religiosos, buenos tácticos. Los Servicios Secretos pakistaníes utilizaban en esta tarea a una nueva facción religiosa: los Talibanes. Nadie había oído hablar de eso. Cosas de los árabes.

Además les dieron facilidades a sus líderes para que recurrieran a los veteranos islámicos y más poder a una facción minúscula ya formada, llamada Al Qaeda. Estados Unidos no se esforzó en comprender y ayudar al estado pakistaní para abordar los efectos corrosivos de la posguerra afgana. Todos los grupos nombrados estaban allí para quedarse. Y el territorio en que se movían era una zona neutra técnicamente Afganistán, rica en pobreza e ignorancia. Y también en opio.

Osama Bin Laden regresó triunfante a Arabia Saudí. El príncipe Turki, le pidió que organizara una resistencia fundamentalista contra el régimen comunista del sur del Yemen y él estableció contacto con todas, las facciones. Mucho más adelante cuando Sadam Hussein invadió Kuwait, Bin Laden se ofreció a Washington y al rey Abdalah para usar su organización para sacarlo. Le echaron para atrás. Washington ponía su ejército a las órdenes de los generales del rey y Bin Laden sobraba. Fuera. Era la guerra del petróleo no de las montañas afganas.

Bin Laden no se lo podía creer: dejar que los infieles del Pentágono invadieran el Reino de las Dos Mezquitas iba en contra del credo wahabi del Islam y el rey lo aceptaba. Sintiéndose abandonado y ofendido, tanto por la Casa Blanca como por el Rey de Arabia Saudí, Bin Laden transformó su organización “la Oficina Afgana de Servicios” en una red que vinculaba a todos los veteranos de guerra de Afganistán dispersos en Argelia, Chechenia, Bosnia, Egipto y hasta Filipinas. Ahora estaban bajo su mando y su prédica islamista.

Bin Laden se convirtió en el gran crítico del Rey de Arabia Saudí, Abdallah tratando de que entrara en razón. Demasiado tarde. El gobierno saudí le amenazó con sanciones penales y económicas, si no se callaba. Y también a su familia y a sus empresas. Bin Laden escribió a los importantes de Palacio: en vano. El Servicio Secreto Saudí le seguía sus pasos. Pensó en irse, pero… ¿a dónde?. En esto le llegó una invitación de Hasan al-Turabi, un fundamentalista que ocupaba el poder en Sudán. Osama hizo las maletas y se fue al otro lado del mar Rojo.

En 1991 la Unión Soviética dejó de existir como estado. Y en Afganistán los nostálgicos se acordaban de Osama Bin Laden, el alma de los muhaidines.

Una nueva estructura de poder para Afganistán (Bush padre)

La invasión de Kuwait por Sadam Hussein y la entrada de los generales norteamericanos en Arabia Saudí son el escenario de una parte de la historia que había de terminar en el 11S

La retirada del último soldado soviético de Afganistán se produjo en 1989 con George Bush padre quien, como presidente, quería formar en Afganistán una nueva estructura de poder, obediente y sumisa. Bin Laden se reunió con los veteranos en Kabul Kandahar y Jalalabad para revisar la situación. Pero ahora su primera preocupación no era el poder de EEUU sino de la Unión Soviética. Era 1990. En la Casa Blanca la preocupación era otra, Sadam Hussein. Los grupos islámicos minoritarios, ellos solos, se irían disolviendo. Pero tenían un gran aglutinante: el Corán.

El Consejo de Seguridad Nacional norteamericano temía en esos días era que Irak modificara los precios del petróleo a su voluntad y se atreviera a obligar a Kuwait a hacer lo mismo. Y ampliara su esfera a Irán y a otros países. Lo único que podía frenarle era un poder fuerte: Arabia Saudí. La Casa Blanca encomendó al entonces Secretario de la Defensa, Dick Cheney que viajara a Riad para entrevistarse con el Rey e influyera sobre él para que permitiera establecerse en su territorio una fuerza de choque norteamericana y una poderosa flota aérea “para proteger el reino”. Le acompañaban en su visita a Palacio, el Jefe de Estado Mayor norteamericano Norman Schwarzkopf y el Ministro de la Defensa Paul Wolfowitz. El general tomó la palabra y dijo que sólo estarían allí para defender el reino y a monarquía contra la amenaza de Sadam. Después, se marcharían.

Le apoyó el Príncipe Bandar, sobrino del Rey quien, egresado de una universidad inglesa, traducía las palabras de los norteamericanos para el viejo soberano, que rondaba los 80 años, se impuso con sus discursos. Bandar era enemigo jurado del también Príncipe Turki, amigo de Bin Laden, quien al saber lo que ocurría en Palacio lanzó una proclama por los periódicos saudíes diciendo que “el Rey viola los principios del Corán”. Para un monarca musulmán un insulto. Así que el Rey, temeroso, permitió a la Casa Blanca que se encargara de la seguridad del Reino de Arabia Saudí. Con el ejército llegó la CIA.

A los cuatro días por orden de Schwarzkopf se produjo en los cielos del Golfo un espectáculo de cientos de aviones cargados de tropas y material norteamericanos que se desplegaron con autorización de los emires de los siete Estados Federales de los Emiratos Árabes Unidos para asentarse en Arabia, lo mismo que en Omán que en todos los países del Golfo. Aunque todo era confidencial todo se sabía y en Washington comenzaban los rumores de que la guardia nacional de Sadam estaba vigilante en los límites de Irak.

El caso es que como hemos dicho antes se produjo la invasión de los iraquíes de Sadam Hussein y Kuwait sufrió las consiguientes destrucciones, violaciones, sed, exilios, incendios provocados en los pozos, saqueos, etc… Israel intervino por su cuenta con sus misiles “Patriot” y descargando sus bombardeos en el oeste de Irak. Sadam Hussein después de abandonar Kuwait siguió siendo para los Bush y el petróleo una amenaza muy apetitosa.

Y Bush estuvo a punto de invadir Irak ipso facto, ahora con un experimentado general Schwarkopf y sus armas y tanques con cabezas o armaduras de uranio empobrecido, cohetes “Tomahak”, etc. Estados Unidos-gracias al presidente Clinton y a la secretaria de defensa Madeleine Albright- había experimentado las nuevas armas en los Balcanes, sobre cobayas nativos. Irak era un paseo. Pero el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas por influencia de Egipto, Siria y casi todos los países árabes no se lo permitieron de inmediato. Pero pronto habría de llegar la invasión en forma de Irak.

Osama Bin Laden se quejó por todos los medios a su alcance diciendo que las aventuras de Sadam no eran nada comparable con la de las destrucciones y la barbarie de la aviación norteamericana sobre Bagdad, cuya fuerza ya se había experimentado en Kuwait con destrucciones, expulsiones, presos, violaciones y robo del petróleo kuwaití. Eso-según Bin Laden- podía significar que los países árabes y muchos del Tercer Mundo, con comunidades musulmanas, se unieran contra EEUU y la Casa Blanca, lo cual estaba ocurriendo ya.

En 1993 el Gobierno de Clinton no tenía ningún problema ni programa antiterrorista porque aparte de Gaddafi que ponía bombas en los aviones de la Pan-Am y en los británicos no había terrorismo. Los Balcanes estaban en calma y controlaba bien los problemas de los carteles de Colombia.

Sin embargo en los días de Clinton el terrorismo apareció primero en Oklahoma y luego en consulados y cuarteles norteamericanos de Beirut, secuestros de funcionarios consulares en Oriente Próximo y hasta atentados islámicos en Berlín.

Hacía tres o cuatro años que Osama Bin Laden había animado con veteranos islámicos de Afganistán el grupo Al Qaeda, más bien entonces banda, y resultaba que ni el FBI ni la CIA habían apenas oído hablar de ellos. Había otros “árabes” sospechosos y muchos detenidos islámicos pero Bin Laden no estaba ni fichado. En 1994 el único que se preocupaba de perseguirle era el Rey de Arabia Saudí, según hemos dicho. Debió de ser en 1995 que se produjeron rumores de un atentado contra el Presidente Bush y desde entonces alcanzó gran poder el Consejo Nacional de Seguridad norteamericano y se manejó la palabra “seguridad nacional” en EE.UU -en los medios y el Congreso-como si hubiera una amenaza inminente.

En 1992 a finales del gobierno de Bush padre, se filtró un documento del Pentágono titulado “Guía de la Política de Defensa y el Nuevo Orden Mundial”, cuyos autores eran Dick Cheney y Paul Wolfowitz, alto funcionario del Pentágono. Contemplaba un rediseño a fondo del mapa geopolítico del Oriente Medio, con gobernantes que sustituyeran a Sadam Hussein y el control de los recursos naturales de la zona y del mundo.

En 1997 en el interregno de la administración de Clinton, Cheney, Wolfowitz y otros ideólogos neoconservadores republicanos crearon el proyecto de Nuevo Siglo Americano (PNAC), un plan no político sino de análisis (think tank), que era una ampliación más pulida del proyecto de 1992, es decir una Guía de Defensa. Once de los firmantes ocupaban altos cargos en la administración de Bush hijo, por lo que se bautizó como “Doctrina Bush” de Guerra Preventiva. Incluía planes para liquidar a quien se opusiera, empezando por Sadam Hussein. Eliminaba el problema “palestino”, dando carta blanca a Israel.

No existía todavía “Wikileaks” y no tuvo la difusión que debía haber tenido. Pero algunos intelectuales que lo desaprobaron afirman hoy que de haberse sabido en que consistía “la Doctrina Bush” de Guerra Preventiva, podía haberse evitado el 11-S, la guerra de Irak y la guerra virtual con los islamistas reacios.

El nuevo frente islamista no está todavía contra Washington sino contra Moscú: la campaña por una Chechenia islámica ha comenzado

El nombre de Bin Laden y de su cuñado Muhammad Yamal Jalifa y sus mentores llegó a la Casa Blanca a través de su mayor enemigo el Rey de Arabia Saudí. Recordamos que ya Bin Laden había sido expulsado de ese país en 1954 y se le había desprovisto de la nacionalidad, sin apelación porque era decisión del Consejo Real.

Sin embargo, la verdad es que estaba poco preocupado por los asuntos norteamericanos y de Washington y su guerra estaba en Chechenia donde se libraba una yihad contra los soviéticos. Aprovechándose de la debilidad de Moscú, los islamistas habían abierto un frente en Chechenia. Bin Laden era sobre todo el mecenas de esa guerra comprando armas para los radicales reuniendo a los veteranos y organizándolo todo para convertir esa región musulmana de la URSS en un Estado Islámico. Era el mismo esquema de Bosnia.

La administración George Bush permitió una matanza indiscriminada de chechenios porque el problema ya no era el comunismo. Los ecos de las nuevas tácticas de la CIA y del KGB llegaron hasta las Naciones Unidas. Los diplomáticos pro chechenios admitían las directrices de Bin Laden y sus aliados. Indirectamente, la fama de Bin Laden llegó a Bush por otro conducto.

La Organización Internacional para la Ayuda Islámica en Arabia Saudí estaba muy activa proporcionando fondos, documentos de identidad, visados y despachos de todo tipo para los combatientes. Ahora el enemigo número uno de la Casa Blanca era ya Bin Laden. El cual sufrió en Jartum un atentado y tuvo que escaparse ¿a dónde…?… a Afganistán perseguido y controlado por los Servicios de Inteligencia Paquistaníes (ISI), los saudíes y la CIA.

Corrió el rumor de que el Gobierno de Sudan se había ofrecido a Bush para arrestar a Bin Laden y entregarlo encadenado a los agentes del FBI. Y así siguieron los años…

Del 96 en adelante la aviación y la CIA no dejaron en paz a Bin Laden. Las bombas cayeron en grandes cantidades sobre las montañas limítrofes con Pakistán, causando centenares de victimas..., hubo muchos planes para capturarle y hasta se intentó que un avión aterrizara en las montañas y lo secuestraran y lo encarcelaran como a Noriega, por ejemplo, pero se dejó todo por imposible. Hubo otras alternativas y una en la Granja Tarnak, morada del terrorista y de su equipo pero los afganos de la CIA a los que dirigía personalmente el jefe de esta organización George Tenet, fracasaron. Bin Laden se había hecho un nombre mítico en todo el mundo islámico y en 1998 la Yihad egipcia se puso a sus órdenes y a las de Al Qaeda.

En 1998, Washington consiguió que el Gran Jurado Federal encausara a Bin Laden. Bush iba a por él, vivo o muerto. La verdad es que para entonces Bin Laden escondido en alguna cueva de Afganistán estaba ya por culpa de sus males renales más muerto que vivo. Y en efecto murió (por primera vez) en diciembre del 2001. Su muerte y entierro en el mar en el 2011 como todo el mundo recordará se trata al parecer de un tremendo montaje que explicaremos en próximo reportaje.

Continúa en "(II) La segunda muerte de Bin Laden. ¿De quién era el cadáver arrojado en el mar?"


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