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Cuando Bill Gates gastó más de 200 millones en revolucionar la educación y fracasó

01/07/2019 16:39 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

A lo largo de casi una década, la fundación del magnate impulsó un proyecto de evaluación docente que terminó sin éxito. Su historia es una advertencia ante programas semejantes

 

Héctor G. Barnés

Los experimentos no siempre salen bien, pues entonces no lo serían. Ni en un laboratorio, ni en un aula. Ni siquiera aunque gastes alrededor de 1.000 millones de dólares, el coste estimado del programa impulsado por la Fundación Bill y Melinda Gates para mejorar el rendimiento educativo de los profesores, de los cuales alrededor de 200 millones fueron aportados por el cofundador de Microsoft. “El equipo ha descubierto que, a pesar de los esfuerzos de los centros y los cuantiosos recursos, la iniciativa ha fracasado a la hora de alcanzar sus objetivos para mejorar los logros educativos y su acceso a la universidad, a pesar de haber implementado medidas de eficiencia educativa”. Así de contundente se mostraba el resumen  del análisis realizado de manera independiente por el 'think tank' RAND Corporation, que hace exactamente un año certificó el fracaso de la conocida como iniciativa IP, o Intensive Partnerships for Effective Teaching, una evaluación que ha ido actualizándose para incorporar nuevos datos. Un tocho de 500 páginas resumido en una contundente nota.

El programa, que se desarrolló en siete lugares diferentes a lo largo y ancho de la geografía estadounidense —cuatro centros en California, y otros tres en Memphis, Pittsburgh y Tampa—, perseguia  mejorar el rendimiento de los profesores y ayudar a los estudiantes más vulnerables socioeconómicamente facilitando su acceso a la universidad. Los resultados, después de siete años, demostraron que todo el esfuerzo y el dinero apenas habían cambiado nada.“Con pocas excepciones, los logros educativos, el acceso de los estudiantes de minorías con menos ingresos a una buena educación y las tasas de éxito escolar en los distritos y centros participantes no eran dramáticamente mejores que en otros sitios similares que no participaron en la iniciativa”, sugería el trabajo. Un jarro de agua fría y un agrio punto y final para el ambicioso proyecto de los Gates, que había recabado una gran atencion informativa . También un agrio recordatorio de que es difícil mejorar los resultados académicos con mucho, mucho dinero si no sabes cómo hacerlo.Fue un pequeño movimiento sísmico educativo que creó cierto revuelo —sobre todo, por el montante económico— antes de caer en el olvido estival. Desde entonces, se ha convertido en un recordatorio de los continuos fracasos de los multimillonarios a la hora de reformar el mundo educativo. En 'Vox' alineaban al magnate informático junto a la familia Walton y las Fundaciones Broad como los tres jinetes del despilfarro de recursos. “Los filántropos deben retirarse del sistema educativo americano antes de que les arruine, lo arruinen, o ambas cosas”, proponía Dylan Matthews en 'Vox'. Si el fracaso del programa de Gates sigue siendo relevante tiempo después, es porque no se encuentra tan lejano a otras medidas de evaluación profesional que se están poniendo en marcha a lo largo y ancho del mundo, uno de los grandes caballos de batalla para organizaciones como la OCDE. Incluso en España, donde la ministra de Educación, Isabel Celaá, sugirio  recientemente la posibilidad de que los profesores fuesen sometidos a evaluaciones. Eso sí, se trataba, en todo caso, de un programa voluntario y que iría ligado a incentivos positivos para el desarrollo de la carrera profesional. Ahí está la clave: en los datos como determinantes del futuro laboral. Pero ¿qué datos?. Un diseño problemático. ¿En qué se gastaron los cientos de millones que recibió el programa? Básicamente, el programa elaboró una serie de métricas que permitían evaluar a los profesores, con el objetivo de reformar por completo su sistema de incentivos para premiar a los mejores docentes —según su criterio— y expulsar a aquellos que no daban la talla. Lo explicaba el propio proyecto: “Las medidas son una combinación de observaciones en el aula, el rendimiento de los estudiantes y otra información relacionada, como las encuestas a estudiantes sobre sus condiciones de aprendizaje o la profesionalidad de los docentes”.

Prácticamente todos los profesores eran eficientes, con la excepción un pequeño 1-2%

Los experimentos no siempre salen bien, pues entonces no lo serían. Ni en un laboratorio, ni en un aula. Ni siquiera aunque gastes alrededor de 1.000 millones de dólares, el coste estimado del programa impulsado por la Fundación Bill y Melinda Gates para mejorar el rendimiento educativo de los profesores, de los cuales alrededor de 200 millones fueron aportados por el cofundador de Microsoft . “El equipo ha descubierto que, a pesar de los esfuerzos de los centros y los cuantiosos recursos, la iniciativa ha fracasado a la hora de alcanzar sus objetivos para mejorar los logros educativos y su acceso a la universidad, a pesar de haber implementado medidas de eficiencia educativa”. Así de contundente se mostraba el resumen  del análisis realizado de manera independiente por el 'think tank' RAND Corporation, que hace exactamente un año certificó el fracaso de la conocida como iniciativa IP, o Intensive Partnerships for Effective Teaching, una evaluación que ha ido actualizándose para incorporar nuevos datos. Un tocho de 500 páginas resumido en una contundente nota.

Los filántropos deben retirarse del sistema educativo antes de que lo arruinen, les arruine, o ambas cosas.  El programa, que se desarrolló en siete lugares diferentes a lo largo y ancho de la geografía estadounidense —cuatro centros en California, y otros tres en Memphis, Pittsburgh y Tampa—, perseguia  mejorar el rendimiento de los profesores y ayudar a los estudiantes más vulnerables socioeconómicamente facilitando su acceso a la universidad. Los resultados, después de siete años, demostraron que todo el esfuerzo y el dinero apenas habían cambiado nada. “Con pocas excepciones, los logros educativos, el acceso de los estudiantes de minorías con menos ingresos a una buena educación y las tasas de éxito escolar en los distritos y centros participantes no eran dramáticamente mejores que en otros sitios similares que no participaron en la iniciativa”, sugería el trabajo. Un jarro de agua fría y un agrio punto y final para el ambicioso proyecto de los Gates, que había recabado una gran atencion informativa . También un agrio recordatorio de que es difícil mejorar los resultados académicos con mucho, mucho dinero si no sabes cómo hacerlo. Fue un pequeño movimiento sísmico educativo que creó cierto revuelo —sobre todo, por el montante económico— antes de caer en el olvido estival. Desde entonces, se ha convertido en un recordatorio de los continuos fracasos de los multimillonarios a la hora de reformar el mundo educativo. En 'Vox' alineaban al magnate informático junto a la familia Walton y las Fundaciones Broad como los tres jinetes del despilfarro de recursos. “Los filántropos deben retirarse del sistema educativo americano antes de que les arruine, lo arruinen, o ambas cosas”, proponia  Dylan Matthews en 'Vox'.

Los filántropos deben retirarse del sistema educativo antes de que lo arruinen, les arruine, o ambas cosas

 


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