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Berlusconi y la regulación de la prostitución

16/02/2011 00:56 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Berlusconi y la regulación de la prostitución

El asunto de la prostitución, de su regulación o no, llega cada poco a los periódicos y a la política. El asunto es demasiado complejo para tratarlo en unas pocas líneas y toda simplificación oculta una parte importante de la realidad que yo estoy dispuesta a discutir en otros ámbitos. Pero creo que si las feministas (abolicionistas y proderechos) no tenemos cuidado, esta batalla la terminarán ganando, como ha ocurrido en muchos otros países, los empresarios del sexo en detrimento de las mujeres en general, pero también en detrimento de los derechos de las mujeres que ejercen la prostitución.

La prostitución no se puede prohibir, ni se puede tampoco multar a quienes la ejercen en la calle como acaba de hacer el Ayuntamiento de Alcalá de Henares. Multar a las mujeres que ejercen la prostitución en la calle castiga a las prostitutas más vulnerables y favorece a los empresarios, a los dueños de los burdeles, mientras que no toca la cuestión de la distribución de poder y recursos entre mujeres y hombres, es decir las causas estructurales que la generan. Entender la prostitución como una cuestión de limpieza de las calles es sexista porque en ningún momento se plantea limpiarla de los hombres, de los clientes, los que hacen que ellas estén allí; es profundamente clasista además, porque castiga a mujeres que tienen en la prostitución su único medio de vida.

Pero en fin, ese es, como digo otro debate. Siempre que hablamos de prostitución parece ganar terreno la idea de regularla como un trabajo más, se supone que para que termine siendo tan digno como cualquier otro trabajo. A que esta posición gane terreno contribuye la enorme cantidad de dinero que los empresarios del sexo (el segundo negocio mundial) gastan en promover periódicamente campañas a favor de esta solución. Sorprendente resulta que personas que saben de lo que son capaces las compañías farmacéuticas, las petroleras, las grandes aseguradoras etc. apoyen acríticamente estas campañas y no desconfíen de quienes serán los grandes beneficiarios el día en que la prostitución se regule.

Pero más allá de esto y dando por supuesto que mucha gente progresista ha caído en la trampa de las bondades de la regulación, que piensen en Italia. Si en las condiciones actuales de diferencias profundas y estructurales entre mujeres y hombres la prostitución se regulase y se considerase como un trabajo como cualquiera, la manera de comportarse de Berlusconi sería inatacable. Si el poder político con su enorme poder legitimador bendice la prostitución, lo que ocurre es que es que extiende por toda la sociedad la idea de que tratar a las mujeres únicamente como objetos sexuales al servicio de quien pueda pagarlas es algo normal e incluso respetable, cuando no adecuado para ellas. Se difumina entonces la posible oposición a ese trato por parte de los medios de la cultura, de la sociedad, de la política.

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Y nos encontramos con un país en el que los padres empujan a sus hijas a la cama de los poderosos como medio más rápido de ascenso social; en el que muchas jóvenes tienen claro que es mucho más efectivo y rápido pasar por la cama de alguien que hacer una oposición. Naturalmente, esto tiene consecuencias sociales: los políticos se permiten denigrar públicamente a las mujeres, los hombres machistas se sienten reforzados y alentados, y como consecuencia de esto el respeto social a las mujeres, así como cualquier idea de igualdad, está bajo mínimos. Se extiende socialmente que no importa lo que una mujer sea, su inteligencia, su formación, su capacidad, su valor como ser humano sino que cualquier mujer, en cualquier ámbito, es medida por su talla de sujetador y su disponibilidad sexual.

Si la prostitución es una profesión como cualquier otra, entonces no hay nada malo en ella. De manera que esa forma de relación entre hombres y mujeres, esa visión de las mujeres, es adecuada y no hay por qué combatirla. Teniendo en cuenta que ese es, precisamente, la visión y la relación tradicional en una sociedad aun patriarcal, entonces cualquier esfuerzo hacia la igualdad se verá socavado y el machismo tendrá una vía de refuerzo insustituible que contagiará a toda la sociedad.

¿Cómo se podría criticar el sexismo cuando la actividad sexista por excelencia se ha legitimado social y políticamente? ¿Alguna feminista bien intencionada y no ofuscada puede sostener de verdad que la situación de las mujeres en general en Italia, la lucha feminista por la igualdad, no se ha visto afectada por la legitimación que el poder, en manos de Berlusconi y otros de su calaña, ha hecho de la consideración de las mujeres como objetos sexuales a su servicio; es decir, el uso público, generalizado, legitimado social y culturalmente de las mujeres como prostitutas?

Beatriz Gimeno es escritora y ex presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB)

www.beatrizgimeno.es


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