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Beneficios sentimentales y sociales de poseer un buen trasero

12/12/2009 16:23 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Pero, ¿por qué es tan excitante y a la vez un tabú? ¿Por qué no puede ser sexy un codo o la rodilla?

Hombres y mujeres por igual lo amamos, vemos y veneramos. Es muchas veces el punto de discordia entre mujeres y uno de los puntos en que se fijan los hombres físicamente, a veces de manera inconsciente.

Es casi imposible que cada mañana las mujeres, con o sin ropa, lo admiremos en el espejo en una extraña manía-ritual, o cuando pasamos por un espejo o un simple reflejo de cristal, como para corroborar algunas cosas importantes: ver si no ha cambiado de lugar, una está más grande que la otra, se ha levantado o caído, agradecer a Dios que la tarjeta de crédito permitió comprar ese pantalón que hace milagros, etc.

Las mujeres establecemos una relación fantasiosa con nuestro trasero y hacia los hombres. Algo así como está bien, míralo, fantasea, pero... no lo toques, tócalo pero no lo penetres, etcétera. Casi podría decir que sentimos las miradas en él, como si tuviéramos ojos en la nuca que nos permitieran hacer semejante declaración.

Es imposible que un buen trasero pase desapercibido donde quiera que lo lleve su dueña. Pero ¿por qué nos cuesta nombrarlo? ¿Por qué tiene un sinfín de seudónimos? ¿Por qué es tan excitante, pero a la vez un tema tabú?

Desde aquellos días en que los padres propinaban severas nalgadas ya practicaban con nosotros el spanking, aunque en esos infantiles años mozos lo último que nos producía era placer, el trasero era punto de discordia. Uno buscaba esconder sus pompitas de la mano dura de los padres luego de alguna travesura. En nuestra adultez puede ser uno de los juegos más divertidos.

Pero ¿qué pasa con nuestra parte trasera tan vinculada al sexo anal, que puede despertar rápidamente, tras mirar un trasero aunque no haya cruzado palabra con la mujer y ni siquiera le haya visto la cara, a la libido masculina?

Yo creo que despierta los más oscuros deseos. Está a la vista pero no al alcance. Emociona, erotiza, sin que la mujer que lo porta haya hecho absolutamente nada. Sólo digamos, tenerlo, allí, bien atrás, bien arriba y bien redondo.

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Sin embargo, nuestra relación femenina de poder con el trasero a veces puede ser contraproducente, claro está: llevar un pantalón, que sólo te pueda entrar untándote mantequilla, en el Metro es verdaderamente kamikaze o casi lo mismo a llevar un letrero como si uno fuera galleta en el cuento de Alicia en el país de las maravillas: "Cómeme".

Y debo confesar que, en muchas ocasiones, también usamos ese poder a nuestro favor. No es necesario ser la reencarnación de Jennifer López para lograrlo, pero cualquier mujer que se precie de tener un trasero lindo puede usarlo a su favor. Quiera o no. Las miradas estarán en él.

A las mujeres nos gusta que los hombres admiren ese lugar donde la espalda pierde su casto nombre, por supuesto, pero tampoco que sean tan evidentes. Nos gusta que nuestras parejas, femeninas o masculinas, aprecien nuestros atributos físicos, sobre todo el que está en la puerta de atrás, que lo rocen casi imperceptiblemente o tal vez de manera muy evidente durante una reunión con mucha gente, en un bar o en una fiesta. Pero no siempre, depende de cada relación y de cada mujer.

Es verdad que el trasero es poderoso, pero no se vayan con la finta, hombres de Dios. El trasero no es poderoso per se. Es poderoso porque quien lo lleva encima lo es. Es decir, un trasero hermoso no es absolutamente nada sin que su dueña lo consienta.

Las asentaderas, son tan sencillas, tan naturales y al mismo tiempo tan sobrevaluadas. A mí me encanta en lo particular venerarlas en calidad de arte. Por ejemplo, me fascinan las imágenes del fotógrafo holandés Ton Dirven, que es uno de los artistas de la lente que se ha especializado en tomar instantáneas de esa parte tan venerada por los hombres del mundo.

Yo no sé ustedes, pero tengo siempre una relación de amor y odio con mi trasero. Cuando voy a hoteles que tienen espejos gigantescos frente a la cama o en los grandes tocadores de los baños, siempre lo veo. Y ahí está, tan redondo, tan formado, tan amigo mío de tantos años. Lo amo, me encanta, y lo odio. Intento buscarle nuevas cosas: ups, esta marca no estaba allí, ya adelgazó, ya engordó, está muy blanco, tiene la marca del bikini, celulitis ni se te ocurra llegar, etc.

Y ahí está nuestro venerado trasero, la manzana de la discordia, el que nos soporta en el asiento todos los días. ¿Por qué no puede ser sexy un codo, la rodilla o una mano? ¿Por qué el trasero fue el ganador absoluto en la modalidad de partes del cuerpo que pueden enloquecer a más de uno, con tan sólo mirarlo? Vaya usted a saber cómo Dios habrá hecho ese sorteo.


Sobre esta noticia

Autor:
Ariel (3892 noticias)
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Tipo:
Nota de prensa
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