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Que bello es vivir (o eso creo).

06/05/2009 11:57 2 Comentarios Lectura: ( palabras)

Finales de 1976, todo esta a punto de comenzar. Nadie se imagina que lo que esta a punto de aparecer cambiará la vida de muchas personas.

Cap. 1 El comienzo (o bueno, lo que recuerdo).

 

“Lloramos al nacer porque venimos a este inmenso escenario de dementes.” William Shakespeare.

 

Son las cuatro de la tarde de un 27de noviembre de 1976 (sábado). El cielo amenaza nieve y se nota cierto aire de nerviosismo en mi casa.

El precio del periódico “La Vanguardia” era de 10 pesetas.

La prensa viene marcada por la detención-secuestro del padre Pablo Gazarri, el cual fue torturado durante dos meses. En enero el mundo conocía la noticia de que fue subido a un “vuelo de la muerte”. Contaba con tan solo 32 años.

Era un año de cambios, el régimen aún se palpitaba en las calles y la libertad en la que todo el mundo creía, no era tal.

Los nacidos bajo este año, se encontraban bajo la protección del dragón, según el horóscopo chino.

Y para mí, estaba a punto de comenzar una de mis mayores aventuras… LA VIDA.

 

Llueve sobre Pamplona, mi padre se esta poniendo su comando naranja oscuro. Por el cuello se entreve el borrego del interior. Parece ser muy calentito. Mi madre suda; a pesar del frío, nadie tirita por ello. En la residencia no hay mucha gente. La sientan en una silla de ruedas y la conducen a la sala de partos.

Mi padre, dentro de su tranquilidad, tiembla como un flan. No quiere entrar en el paritorio.

El cirujano es el único que esta tranquilo. Sonríe. Le pregunta a mi madre si lo que vienen son gemelos. Ella responde que no.

Son las seis. Llego al mundo entre risas, llantos, sudor y sangre, mucha sangre. Son seis kilos, más otros seis de placenta. Miro a mi madre y la veo exhausta.

Llevo una pulsera de plástico en la muñeca… ¡¡¡vaya!!!, me llamo Razquin y me apellido Tarazona. No me parece un nombre muy común, pero cuando estaba en el líquido amniótico solo estábamos yo y mini yo, que se escondía entre mis piernas y desaparecía hasta días enteros, así, que tampoco conozco muchos nombres.

Vaya, un hombre con un comando naranja me esta cogiendo en brazos. Me pincha con la barba. Por cierto, ¿Qué es un comando? Esa palabra se la oí a mi madre hace unas horas cuando le decía a mi padre: “Antonio, cogete el comando naranja que hace mucho frió”. Por lo tanto he decidido que un comando es algo que se toma o que uno se pone, para no pasar frió. Bueno, volviendo con el barbudo del comando, debe de ser Antonio, mi padre.

Estaba a punto de comenzar una de mis mayores aventuras… LA VIDA.

Poco a poco me estoy acostumbrando a tomar la leche, aunque a veces, suelo vomitar.

Me han presentado a mis hermanos, tengo dos, uno que se llama Ivan, que es el mayor y Tania, que me mira mal.

Hoy me he levantado súper bien, relajado, me han cambiado y no me he dado ni cuenta. Mi hermana me esta mirando por entre los barrotes, me esta dando miedo. MAMAAAAAAAAAAAAAAAAAAA. Como me duele el chichón, me ha intentado coger y me he caído al suelo, o eso creo. Bueno, espero que cuando sea mayor me trate mejor.

 

Todo lo demás hasta mis tres-cuatro años esta un poco borroso, así que ya que me he decidido a escribir, me lo voy a inventar con la información que me den mis padres.

 

De mi primer cumpleaños no me acuerdo, y mis padres tampoco. Por cierto, me han llamado ALVARO. Según me ha dicho mi madre, me lo ha puesto mi padrino.

No recuerdo tampoco muchos de mis primeros años. Son todo flases de mi vida, que los voy uniendo sin que logre que tengan sentido.

Recuerdo unas navidades… Era la noche del 24 de diciembre, y a las nueve de la noche después de cenar llamaron a la puerta. Eran los reyes magos. A mi hermano mayor le correspondía Melchor, con su gran barba blanca y unos ojos azules. Lo sentó en sus piernas y le dio dos paquetes enormes. Uno de ellos era un balón de reglamento (antes se decía así a los balones de cuero). El otro era un mecano que con el paso de los años llego a ser uno de mis mejores juguetes.

A mi hermana le toco Gaspar; este tenía una barba dorada que hacía juego con sus rizos. Le trajo una muñeca que mi hermana estuvo arrastrando durante unos cuantos años por todos los sitios.

Tanto Melchor como Gaspar lucían unos trajes muy brillantes con unas capas largas bordadas con algodón en todo el perímetro. Eran muy señoriales y muy corteses.

Yo con mi ingenuidad pregunte que donde estaba mi rey, y Melchor con una gran carcajada y mirando al señor del comando naranja (mi padre, a partir de ahora) dijo: “A ese cabronazo lo hemos dejado aparcando el coche”.

¿El coche?, pero estos tíos, ¿no venían en camellos? Esto se esta complicando mucho.

Vuelven a llamar al timbre. Todos me miran, cuando se apartan aparece un hombre con la piel oscura, como si fuese negra. Sus vestimentas son diferentes a los otros dos reyes. Este lleva un turbante en la cabeza y no lleva pantalones, lleva una túnica. Mis ojos se tornan rápidamente hacia sus manos, en los que lleva un gran paquete que intuyo es para mi. Me pide que le dé un beso y yo me pongo a llorar. Al final accedo, pensando en el regalo. Lo abro con una ilusión tremenda y me encuentro una escopeta que dispara flechas de plástico. ¿Pero que cojones se ha pensado el negro este? ¿Me ha visto cara de matarife? Ahora mis llantos no son de miedo sino de desilusión. ¡¡¡A la mierda las navidades!!!


Sobre esta noticia

Autor:
Fañez (2 noticias)
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Carman (07/05/2009)

El artículo es un poco pesado... aburrido. Me sorprende que "recuerde" su nacimiento y no así sus primeros años que ha tenido que "recurrir" a lo que le contaron sus padres. Llegado a esta parte del artículo me dió pereza seguir leyendo... Lo lamento.

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fañez (08/05/2009)

Siento que no te haya gustado. La proxima vez me esforzare un poco mas. Gracias por escribir.