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Enrique Madrazo
Publicada el 27-12-2011 07:42 0 3

Batería de hidrógeno para Apple

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La teoría es bien simple: células de combustible de hidrógeno, las cuales convierten el hidrógeno y el oxígeno en agua y energía eléctrica. Una fórmula que se supone ideal debido, ante todo, al nulo residuo contaminante que origina

Parece que ser que lo han vuelto ha conseguir. Los de la manzana mordida dan, una vez más, un paso en firme, siguiéndole el ritmo que marcan las necesidades (u obligaciones, dependiendo de cómo se mire) tecnológicas de cada momento. De esta manera, Apple ha presentado en la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos la patente para un tipo de pila cuyo combustible es, ni más ni menos, que el hidrógeno. Sí, ya sé que el tema suena a manido, que después de todo la NASA lo viene utilizando en sus cohetes desde hace muchos años. Pero no se preocupen, aparte del gas diatónico que, en condiciones normales de presión y temperatura, tiene propiedades incoloras, inodoras, insípidas, no metálicas pero altamente inflamables, no hay nada más en común.

La teoría es bien simple: células de combustible de hidrógeno, las cuales convierten el hidrógeno y el oxígeno en agua y energía eléctrica. Una fórmula que se supone ideal debido, ante todo, al nulo residuo contaminante que origina, el agua, pero que tenía su principal problema al necesitar de un flujo continuo de combustible, esto es, el oxígeno y el hidrógeno. Hasta la fecha, la facilidad para disponer del primero hacía aún más patente la dificultad para almacenar y distribuir el segundo; después de todo, el hidrógeno se consigue mediante unos dispositivos calificados como reformadores, que convierten hidrocarburos o alcohol en hidrógeno, pero que, a su vez, producen calor y generan otros diferentes gases. De cualquier modo, aunque la idea tenía sus déficits, resultaba una vía de desintoxicación a tener en cuenta a fin de combatir la dependencia para con otros combustibles más contaminantes.

Así y todo, no cabe duda que la evolución tecnológica viene marcada, competitivamente hablando, por la rentabilidad del producto o de sus componentes. Así, cada empresa se ve obligada a hacer sus apuestas en investigación y desarrollo, orientadas hacia un futuro de lo más rentable y lleno de posibilidades: como bien explica el refranero de la economía, a la búsqueda de las tres bes, algo bueno, bonito y barato. A día de hoy, el elevado coste que suponía la producción de hidrógeno lo hacía inasequible; y a pesar de ello, intuyendo la rentabilidad, la apuesta ha sido evidente: en la Universidad de Rice se trabajaba a partir de cápsulas de carbono; con sistemas nanoporosos, en la de Newcastle; en la de Dinamarca lo hacían comprimiéndolo en forma de amoníaco; en la Autónoma de Madrid, se centraban en el magnesio; en la de Ohio se hacía a partir de la orina o aguas residuales, más barato que el agua...

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Aparte, cabía destacar las muchas investigaciones privadas. El éxito, al menos teórico, lo firma Apple: los de Cupertino han registrado la patente que, como una hipótesis, podría convertir el sueño en realidad: una batería alimentada por células combustibles de hidrógeno. De tener éxito, sin lugar a dudas, el camino estará lleno de posibilidades: desde ya nos dicen que, debido a que su tamaño se vuelve minúsculo, las baterías serán mucho más ligeras. Además, “como pueden alcanzar densidades altas de energía, permiten el uso continuado de dispositivos electrónicos portátiles durante días o incluso semanas sin necesidad de ser recargados”. Una respuesta necesaria, tal vez, debido al gran éxito que alcanzaron con el iPhone, producto del que vendieron más de un millón de unidades en menos de tres meses; a día de hoy, debido a la gran cantidad de dispositivos móviles actuales, la vida de su batería se ha visto reducida notablemente.

Sin embargo, a pesar del descubrimiento, no pasa desapercibido el hecho de que sea Apple una de las empresas que, en los últimos años, menos dedica al sector de “investigación y desarrollo”: lo equivalente al 2, 2% del producto de la venta de sus dispositivos. Una cifra que choca con la visión de su competidora, Google, quien dedica aproximadamente un 16%. O, en un ámbito más amplio, con la visión de quien considera que la investigación es condición sine qua non para desarrollar un estado de bienestar, a cualquier nivel.

De la misma opinión parecen ser los de Apple, quienes ya consideran la patente como uno de los avances tecnológicos más importantes de la compañía. Aunque no sepamos fruto de qué investigación. Una cosa sí es cierta: sus inversiones revierten, sobre todo, en las áreas del diseño, software y comercialización. Demostrando así el milagro de una recompensa que, sin remedio, deja atrás a compañías y universidades que sí invirtieron en desarrollar esta posibilidad.

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Autor: Enrique Madrazo (64 noticias)

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