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Bartolomé de las Casas (III)

15/02/2012 19:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Tercera y última entrega de la vida y obra del religioso Bartolomé de las Casas. Que quiso hacer respetar las leyes Reales de España hacía los indígenas en América

En 1534, Las Casas partió al Perú con el propósito de trabajar en defensa de los indígenas y de fortalecer las actividades de su orden, pero la nave fue arrojada a las costas de Nicaragua. Desde allí dirigió una extensa carta al Emperador y al Consejo de Indias para exponer su situación y enjuiciar los títulos de dominio español sobre el Nuevo Mundo. El Consejo, a pesar de las buenas intenciones de algunos nuevos consejeros (Bernal Díaz de Luco y Mercado de Peñalosa), seguía dominado por Fonseca y sus amigos, por lo cual nada se hizo al respecto. En enero de 1536, ante la expedición de conquista y esclavización del gobernador de Nicaragua, Rodrigo de Contreras, Las Casas protestó ardorosa y vehementemente desde el púlpito, logrando que la emperatriz retrasara por dos años su expedición en Centroamérica. Junto al obispo de Tlaxcala, fray Julián Garcés, Las Casas escribió la obra "De único vocationis modo", conocida en español como "Del único modo de atraer a todos los pueblos a la verdadera religión", en la cual condenó enérgicamente la guerra como medio de conversión a la fe. Gracias a esta obra se obtuvo la bula Sublimis Deus de Paulo III (1537), en la que el Papa, suponiendo la naturaleza humana de los indígenas, los declara totalmente aptos para la fe, que debía ser recibida en total libertad. Las Casas decidió entonces acometer en compañía de fray Rodrigo de Ladrada el proyecto de penetración pacífica en Guatemala, en la región de Tuzulutlán, considerada tierra de guerra por la ferocidad de sus naturales, que ya habían hecho varias veces retroceder a los ejércitos españoles. La entrada en la que se llamaría la Vera Paz implicaba la prohibición de gente de guerra, en tanto que allí se efectuaba la conversión de los indígenas por medio del diálogo y la conversión. A finales de 1539

Las Casas regresó a España a continuar su lucha. Allí logró la expedición de varias reales cédulas que favorecieron su misión en Tuzulutlán. Residiendo en Valladolid, establece contacto con Carlos I, que preocupado por la situación indiana responde a sus demandas y decide convocar una Junta en 1542, donde Las Casas presenta un largo Memorial, "Los dieciséis remedios para la reformación de las Indias", de los cuales el octavo pedía "que se declare a los indígenas, así a los ya sujetos como a los que adelante se sujetaren, como súbditos y vasallos libres que son, y ningunos estén encomendados a cristianos españoles". Consecuencia de esta magna junta de Valladolid fue la promulgación de las Leyes Nuevas el 20 de noviembre de 1542 y la reorganización del Consejo de Indias en 1543. Estas Leyes, que supusieron el triunfo de las ideas lascasianas, establecían, entre otras cosas, la prohibición de la esclavitud de los indígenas, y se ordenaba que éstos quedaran libres de los encomenderos y fueran puestos bajo la protección directa de la Corona. Se disponía además que, en lo concerniente a la penetración en tierras hasta entonces no exploradas, debían participar siempre dos religiosos que vigilarían que los contactos con indígenas se llevaran a cabo en forma pacífica para propiciar su conversión. En marzo de 1543 fue presentado para el obispado de Chiapas, que aceptó con la esperanza de renovar su experiencia de Tuzulutlán, región que se incluía dentro de los límites de su diócesis. Consagrado obispo en la capilla del convento de San Pablo en Sevilla, partió en julio de 1544 con más de 40 jóvenes dominicos. En Ciudad Real de Chiapas redactó entonces los doce puntos de su Confesionario, que publicaría más tarde con el título de Avisos y reglas de confesores, en los que prohibía a los sacerdotes absolver a quienes poseyeran encomiendas, disposición que provocó reacciones muy adversas. En septiembre de 1546 y apoyado por Juan de Zumárraga logró realizar una reunión de los obispos de Nueva España, que aceptaron sus conclusiones, pronunciándose a favor de la libertad de los indígenas y la obligación de la restitución de lo que se hubiera obtenido de ellos, pero ante la oposición de muchos de sus contrincantes prefirió regresar a España en 1547, donde esperaba ser más útil a los indígenas buscando el apoyo del emperador, procurando el envío de obispos y misioneros y participando en el debate intelectual.

En julio de 1550 se reunió en Valladolid una junta de teólogos, expertos en derecho canónico y miembros de los Consejos de Castilla y de las Indias, con el propósito de discutir la forma de proceder en los descubrimientos, conquistas y población de las Indias. En ella participaron, además de Las Casas, Juan Ginés de Sepúlveda, fray Domingo de Soto, fray Melchor Cano y fray Bartolomé Carranza. De allí surgió la memorable polémica entre Las Casas y Ginés de Sepúlveda. Éste último, historiador y también eclesiástico, que en su obra Demócrates alter, había escrito que los indígenas, como seres inferiores, debían quedar sometidos a los españoles, sostenía que la empresa de la conquista se justificaba por la desigualdad natural de los hombres, basando su tesis en los diversos testimonios de Aristóteles acerca de los esclavos naturales. Estos eran, según la explicación aristotélica, criaturas hipotéticas que poseían suficiente entendimiento como para ser capaces de seguir instrucciones, pero no tanto como para vivir una verdadera y civilizada vida por sí mismos. Su destino era ser esclavos de aquellos amos naturales que se encargarían de pensar y decidir por ellos, quedando legitimada de este modo la conducta de los conquistadores. Las Casas, por su parte, con gran sencillez, reconoció su inferioridad en el conocimiento de textos clásicos, pero afirmó que había aprendido bien que el cristianismo sostenía la igualdad total entre los hombres, cualquiera que fuera su origen. El Consejo de Indias acogió las ideas de Las Casas y falló en su favor el 11 de abril de 1551. Durante este tiempo Las Casas presentó la renuncia a su obispado, dedicando su tiempo a diversas actividades. Tras dirigirse a Sevilla en enero de 1552 para organizar una expedición de misioneros dedicó sus horas libres en el convento de San Pablo a consultar libros y manuscritos de la Biblioteca de Hernando Colón a fin de completar y reelaborar su Historia de Indias e imprimir numerosos tratados, entre los cuales destaca la Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias, que había terminado de redactar en diciembre de 1543 en Valencia, además del Tratado sobre esclavos, el Confesionario y otros textos que aparecieron en Sevilla en ese mismo año. Fue entonces cuando inició la redacción de la Apologética historia sumaria, verdadero tratado de antropología comparada en el que, haciendo parangón entre las culturas indígenas y las de la antigüedad clásica, subraya las virtudes y grandes merecimientos de los habitantes del Nuevo Mundo. Los últimos años de su vida los pasó en Madrid. En 1562 había terminado su Historia de las Indias, donde auguraba la destrucción de la propia España como castigo por las desgracias e injusticias que los españoles y en general los pueblos europeos colonizadores habían infligido a los indígenas. Todavía escribió varios memoriales, así como De Thesauris, obra en la que cuestionaba el derecho de propiedad por parte de los españoles tanto de los tesoros entregados por el rescate del inca Atahualpa como de aquellos otros encontrados en los sepulcros o huacas de los indígenas.

No es la primera vez en la historia que una civilización escasa y violenta doblega a la original mayoritaria

En febrero de 1564 realizó su testamento en el convento de Nuestra Señora de Atocha de Madrid. Aunque contaba ya con 90 años, todavía pudo escribir un memorial al Consejo de Indias reafirmándose en su defensa de los naturales del Nuevo Mundo. Fray Bartolomé de las Casas murió el 17 de julio de 1566 en el mencionado convento de Madrid, siendo sepultado en la capilla mayor. Sus restos fueron llevados más tarde al convento dominico de San Gregorio en Valladolid.

Las ideas de Las Casas contienen los principios básicos de la moderna misionología reafirmada por el Concilio Vaticano II. Por otra parte, tanto los escritos de Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca, basados en la doctrina lascasiana, que negaban el derecho de conquista sobre tierras cuyos legítimos y originales poseedores eran los aborígenes americanos (Relectio De Indis, 1539), como las propias denuncias formuladas por Las Casas, especialmente en la Brevísima relación de la Destrucción de las Indias, dieron argumentos a los impulsores de la Leyenda Negra española. Esta constituye una singular deformación histórica que critica duramente los procedimientos empleados por los españoles y, en general, la política de España durante la conquista y la colonización de América.

Fuente MCNBiografías


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Autor:
Álvar Núñez Cabeza De Vaca (140 noticias)
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Reportaje
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