¿Adiós a la barra de direcciones de los navegadores?
Puede que algunos recordéis aquellos memorables y lamentables tiempos en los que el navegador por excelencia -Internet Explorer 6- era la antítesis de lo que un buen navegador de Internet debía ser. Por muchas razones, desde luego, y entre ellas, por la increíble libertad que el navegador daba a los desarrolladores de terceras empresas para meter más y más mierda en el navegador.
Las barras de herramientas de Yahoo!, eBay, Alexa, Google, y otras muchas que surgían por doquier daban acceso directo a las funciones que proporcionaban estos servicios, pero acababan limitando el espacio vertical del navegador de forma drástica. La cosa fue minimizándose, pero la aparición de las pestañas y las barras de favoritos, dos componentes casi indispensables para muchos usuarios, volvieron a provocar el mismo efecto: menos espacio vertical para los internautas.
Pero llegó Chrome. Google revolucionó todo el mercado con un navegador que no solo era más rápido y eficiente, sino que también nos cuidaba en el aspecto de la resolución vertical. En Chrome desaparecía el menú superior de herramientas (lo dejaba todo colgado de un botón desplegable con forma de llave inglesa, a la derecha de la barra de direcciones), y tampoco había barra de título: las pestañas se fundían con el borde superior para ganar unos pocos pero preciosos píxeles.
Pero Google no tenía suficiente.
Así es: en su obsesión por hacer del navegador una herramienta más usable, los desarrolladores de Chrome pusieron en marcha un nuevo experimento: la versión Chrome Canary (más experimental aún que Chrome en el canal Dev) disponía desde ese día de una opción adicional que permitía auto-ocultar la barra de direcciones.
El efecto es singular: cuando uno está navegando lo único que ve son pestañas y, como mucho, la barra de marcadores. Es el navegador por excelencia, simple, minimalista, y dedicado a lo que los navegadores están orientados a hacer: dejarnos navegar por la red sin distracciones, sin elementos ‘ supérfluos’ . Y lo mejor de todo es que esos elementos ‘ supérfluos’ siguen ahí si uno los quiere. La barra de navegación/direcciones (que para nada es supérflua) se activa en cuanto pinchamos en una de las pestañas, y los marcadores siempre están al alcance con el atajo tradicional.
La reflexión de algunos es lógica: la barra de direcciones no estaba ahí porque sí. Entre otras cosas, este componente ha servido para situarnos en todo momento, y para ofrecer información adicional, como el grado de seguridad de cada sitio web que visitamos. Aún diré más: la fantástica Omnibar de Chrome es en sí misma barra de direcciones y buscador integrado.
Esa función es la que yo echaría de menos en el caso de optar por un navegador sin barra de direcciones como el que propone Chrome. Un navegador que desde luego sigue avanzando hacia la perfección. Y sus rivales lo saben.
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