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Christiaan Barnard;el cirujano sudafricano que inventó el trasplante de corazón....pero no pudo salvar a Franco en 1975

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20/11/2018 16:11 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El pensamiento casi fijo de Barnard fue: lograr un trasplante que permitiera al enfermo ser operado y sobrevivir. El quería demostrar que eso era posible.Christiaan Barnard sorprendió al mundo el 3 de diciembre de 1967, Fue el primero en lograrlo,

CHristiaan Barnard

 

Christiaan Neethling Barnard nació el 8 de noviembre de 1922 en Beaufort West, Sudáfrica, hijo de Adam Barnard y Elizabeth de Sewart. Su padre era misionero de la Iglesia Reformada de Holanda. Nadie lo ha dicho, pero es importante decirlo: la familia Barnard era boer, es decir Afrikaner. El afrikaner es el hijo de Dios, un hijo de la raza blanca. 

 Y aunque en la mayoría de las biografías de Christiaan se dice que asistió a escuelas selectas, antes de acceder a la universidad, lo cierto es que no. Su padre no tenía más recursos que los de su servicio a su parroquia, en una zona no privilegiada, situada al sudoeste del país. Christiaan tenía que caminar seis kilómetros para asistir a la escuela que no era racista y educaba a todos los menores del barrio sin distinción, blancos, negros o de otras razas.. 

 Barnard ha repetido muchas veces que él nació junto a los negros y se educó en una escuela con mayoría de niños de color, en la región desértica de Karroos, y concurría a los servicios litúrgicos que dirigía su padre para unos fieles multraciales. Muchas veces lo ha recordado: él y su padre eran los únicos blancos en una feligresía con mayoría de color, aunque hay que decir que aunque en principio en una iglesia calvinista no regía por sus leyes la integración. Pero la ignorancia, la pobreza y las necesidades vitales hacían que todos fueran iguales.Era una iglesia protestante como otra cualquiera. Y los Barnard no se sintieron nunca ni discriminados ni discriminadores, dentro de su creencia. Tampoco tenían complejos.Paradójicamente, la miseria ha sido en Surafrica, la mejor fórmula de la integración racial y humana contra los gobiernos imperantes. 

  Entrando en las páginas de su historia escolar y universitaria, sigamos diciendo que hizo sus estudios en la Universidad de Ciudad del Cabo, donde se graduó como médico en 1948. Estuvo un tiempo en Ceres como médico de familia, pero la escasez de medicinas, de agua potable, alimentos y de todo, le obligó a dejarlo. Se sabe que atendía por igual a gentes de todas las razas, porque allí había blancos, ”coloured” (mestizos), asiáticos y africanos negros. 

En 1953 terminó su doctorado en medicina en la misma universidad, los graduados eran blancos. Afortunadamente para él ese año se promulgó la Bantou Education Act, ley racial que ponía a todos los africanos bajo el control del Ministerio de Asuntos Indígenas, aunque por allí no había sino estudiantes blancos. Y sin quererlo, el “legislador” afrikaner, igualó en cierto modo a todos. La diversidad, excepto la que mantenían algunos hijos de colonos boers, era lo que imperaba, sin problemas. 

   En 1956 comenzó su aprendizaje como cirujano cardiotoráxico en la Universidad de Minnesota, Estados Unidos, con una beca de dos años. Y eso fue muy importante para él. Fue alumno del prestigioso doctor Owen H.  Wangeteen, quien le introdujo en la ciencia cardiovascular, mientras el doctor Shumway le familiarizaba con la técnica de trasplantes de corazón en animales y en 1958 Barnard recibió el Master de Ciencia de la Cirugía, tras su tesis titulada “Los problemas de la fabricación y pruebas de la válvula prostética”(que era para sustituir válvulas que no funcionan). Y el mismo año el de Doctor en Filosofía, por “La etiología de la atresia congénita intestinal” (oclusión de un orificio del cuerpo humano), que hoy se pueden encontrar ambas en la Biblioteca de esa universidad. Al regresar a su país estaba bien preparado y durante varios años practicó trasplantes con perros.

 

  Al comenzar la década de los 60, Barnard se desempeñó como jefe del departamento de cirugía cardiotorácica en el hospital Groote Schuur, donde su hermano  menor (antirracista militante) era jefe del equipo de trasplantes. Al mismo tiempo, ocupaba el cargo de profesor asociado en la Universidad del Cabo, donde realizó labores asistenciales, docentes y de investigación. Allí coordinó los trabajos para lograr una de las unidades de cirugía cardiaca más sobrias y eficaces a nivel internacional, independiente y sin apoyo estatal. 

Ya su habilidad como cirujano era  proverbial en el hospital Schuur y fuera. Su vocación eran los trasplantes y para conocer de cerca lo que se hacía fuera, hizo un viaje de estudios  por diversos laboratorios del extranjero. El origen de esa vocación irreversible por la cirugía le nació al parecer de la enfermedad cardiaca de uno sus cuatro hermanos, que murió a los cinco años, tras un gran sufrimiento, lo cual le causó una impresión imborrable. 

 Y volvió a su país con un pensamiento casi fijo: lograr un trasplante que permitiera al enfermo ser operado y sobrevivir. El quería demostrar que eso era posible. Para  ello formó  un equipo que se llamó simplemente “Barnard” y se puso al frente del mismo, asumiendo él, personalmente, cualquier responsabilidad. 

El Dr Barnard impacta al  mundo con un trasplante de corazón

Apoyado en el conocimiento y estudio de todas las técnicas quirúrgicas para trasplantes que detallaremos, así como en el ejemplo que otros muchos le dieron en la historia,   fue el primero en lograrlo, aunque no en intentarlo. Barnard adaptó con maestría,   la tecnología y farmacología médicas de la época. Christiaan Barnard sorprendió al mundo el 3 de diciembre de 1967, cuando trasplantó un corazón a un paciente de 54 años de edad. La intervención se llevó a cabo en el Hospital Groote Schuur de Ciudad del Cabo, Sudáfrica. La donante, una joven de 25 años, Dense Darvall, había sido atropellada por un coche al cruzar una calle de Ciudad del Cabo, donde trabajaba como oficinista. Sufría politraumatismo y lesiones cerebrales masivas de las que murió. 

 Ante la inminencia de la muerte de la donante, que permaneció sin actividad electrocardiográfica durante cinco minutos, sin movimientos respiratorios ni reflejos, se procedió a conectarla a un oxigenador portátil. Se inició el bypass (“puenteo” o técnica de derivación cardiaca) y el enfriamiento de la donante hasta que el corazón alcanzó una temperatura de 16ºC. Se retiró el corazón con la técnica de Shumway en aproximadamente dos minutos, etc. 

Simultáneamente, el receptor Louis Washkinasky, se encontraba bajo efectos anestésicos en la sala contigua, conectado a la máquina corazón-pulmón. El tiempo entre la interrupción de la perfusión (ventilación/aspersión) en la sala del donante y el reinicio de la misma en la segunda sala fue de cuatro minutos. Las anastomosis (uniones quirúrgicas, suturas) se efectuaron con seda, inicialmente en la aurícula izquierda y después en la derecha, en la arteria pulmonar y en la aorta. Después de 196 minutos de perfusión, con una temperatura esofágica de 36°C, se realizó una descarga de 35 joules (unidad de trabajo), lo que permitió coordinar las contracciones ventriculares. El bypass (inventado por el genial y malogrado médico argentino René Favaloro) fue interrumpido a las tres horas y 41 minutos, cuando la presión arterial sistémica era 95/70 mm/Hg, la presión venosa de 5 ml. de solución salina y las contracciones cardíacas adecuadas. Después de extraer la cánula, suturar el pericardio y lograr una adecuada hemostasis (cicatrización), se repararon la aorta y el esternón, así como los tejidos anteriores y la incisión inguinal (canal inguinario). Finalmente, Louis Washkinasky, receptor del corazón transplantado, fue conducido a la sala de recuperación, con ventilación mecánica por tubo nasotraqueal y un tubo de drenaje mediastinal de 24 F.

 

Para evitar el rechazo del órgano se usó una combinación de irradiación local, hidrocortisona, azatioprina, prednisona y actinomicina C, y con el fin de reforzar las condiciones de esterilidad, se llevó a cabo un estricto control microbiológico del paciente, del personal en contacto con él, de las habitaciones y del instrumental. No obstante la meticulosidad en la aplicación de la técnica y las precauciones tomadas, Washkinasky murió 18 días después de la cirugía debido a una neumonía. 

Como receptor Washkinasky, hombre corpulento, de 53 años, comerciante, con un irreversible problema cardiaco al que se unía una diabetes aguda y una miocardiopatía (enfermedad del músculo cardíaco), estaba consciente de su estado y era un optimista incurable. La operación la llevó cabo un equipo de 20 cirujanos (19 blancos  y un negro) y el brazo izquierdo de  Christiaan fue su hermano menor, que luego había de dedicarse  a la politica militante anti-Apartheid, saliendo muy malparado. El brazo derecho de Christiaan en los trasplantes fue el Dr Hamilton Naki, negro, encargado de la difícil tarea de retirar el corazón de la donante, Dense Darvall, y preservarlo con cuidado y  mimo hasta implantarlo. 

Las asistentas aún recuerdan la delicadeza y técnica perfectas con las que Naki limpió el órgano de todo rastro de sangre neceario para poder implantarlo en el pecho de Washkinasky. Barnard dijo lo siguiente de Hamilton Naki, el humilde autostopista negro, ”…tenía mucha mayor pericia y pulso de los que yo nunca tuve. Era uno de los más entendidos en el campo de los trasplantes de todos los tiempos y habría llegado muy lejos si no fuera por las malditas leyes raciales del Apartheid”. Ya derrotado éste, en el 2002, al recibir la Orden de Mapungubwe junto a Nelson Mandela, Naki, el héroe clandestino de la cirugía sin fronteras, dijo:”ahora puedo alegrarme de que todo se sepa. Se ha encendido una luz. Ya no hay oscuridad”. Hasta su muerte sobrevivió con una modesta pensión de jardinero, según la ley. 

Respecto a Washkinaski, después de la operación, el Dr. Barnard se expresó así:  ”imaginen ustedes por un momento un hombre solo, en la orilla de un río turbio en el que nadan los cocodrilos. De repente por detrás llega un león rugiendo que se le acerca amenazador. El hombre no puede defenderse de la fiera sin armas y su fin será el de ser devorado. Unicamente le queda lanzarse de inmediato al río y nadar hasta la orilla opuesta, burlando a los cocodrilos, cosa difícil que hace vestido y todo….Ese hombre se llama Washkinaski. Si se salva o no, está por ver, pero ante ninguna otra ha aceptado esa única probabilidad”. Hubo un célebre periodista que comparó este primer trasplante al primer viaje lunar, para disgusto de los que planearon la Misión Apolo del presidente Kennedy, que había costado tantos millones. 

El corazón de un negro en un pecho blanco

 

No habían transcurrido dos semanas después del primer trasplante, cuando Barnard realizó un segundo intento no por batir records sino porque se daban óptimas condicione y quería salvar otra vida. Su paciente, el doctor Philip Blaiberg, dentista, sobrevivió año y medio con su nuevo corazón. Fue la primera persona que salió con vida y sonriendo de un hospital sudafricano o no, tras someterse a un trasplante cardíaco. El corazón de Clive Haupt, latió 563 días y noches en el cuerpo de un blanco, hecho que inquietó al Apartheid, aunque el Premier Botha y su cuadrilla no dijeron nada (para luego tratar de explotar con “objetividad”, los resultados). Pero la prensa internacional ya estaba mucho antes al tanto de la prohibición de trasplantes interraciales en Sudáfrica y alabaron la audacia de Barnard.

 Las cosas sucedieron así: el dentista Philip Blaiberg se hallaba grave en espera de un improbable trasplante, justo cuando el Dr Hoffenberg desde urgencias, había notificado al Dr. Barnard la defunción del joven negro, Clive Haupt. 

 El equipo de Barnard vio la ocasión, casual, de implantar el corazón Clive Haupt al dentista Philip Blaiberg.Y lo hizo sin notificar a nadie, ni al gobierno cuando se dio la información con la típica brevedad que era costumbre en el hospital Groote Schuur de Ciuad Del Cabo. Casi un telegrama, especificándose el nombre, la edad, origen, causa del accidente del donante, nombres y algunos detalles del equipo, número de horas que duró la operación, etc…sin mayores comentarios, exceptuando él éxito mismo del trasplante. La prensa local y luego las agencias de noticias de la AP, a Reuter, pasando por ANSA, etc…destacaron el hecho en grandes carcteres. El  titular de portada de un célbre operiódico decía¨”El corazón de un negro latiendo en el pecho de un blanco” Y el tema del color desbordó a la hazaña médica en sí, según veremos.Fue un gran victoria del antiracismo mundial.

 

La mano derecha de Barnard: el cirujano negro  Hamilton Naki 

No vamos a revelar ningún secreto, por  lo menos para muchos, pero es algo que como todo lo que hemos señalado antes conviene decirlo: a su lado Barnard siempre tuvo al cirujano negro Hamilton Naki, sudafricano (batusan de Transkei), que jamás figuraba en fotografías porque si no, pronto podían aparecer los policías blancos del Special Branch y estropearlo todo y practicar detenciones. 

Y Naki aprendió a desaparecer y no figuró jamás entre los miembros del equipo Barnard . Sin embargo su historia es una de las extraordinarias médicas del siglo XX. 

Naki empezó como jardinero en la Universidad del Cabo, luego pasó a limpiar las jaulas del Departamento Médico y poco más adelante trabajó como anestesista de animales (en su mayoría perros y cerdos), presenciando cientos de operaciones y pasando los utensilios de una mano a otra ante el quirófano. Y no sólo mirando, sino viendo. Y esa fue su universidad. 

 Naki usaba bata blanca y mascarilla como los demás, ganaba el sueldo de un técnico de laboratorio, el máximo que podía ganar sin alertar a los inspectores afrikaners, de cuya constante presencia en el hospital se escondió durante años, escamoteándose o incluso disfrazándose. Había tenido que dejar la escuela a los 14 años y vivía en la cabaña de un ghetto negro. Jamás estudió medicina y cirugía….pero daba clases incluso a estudiantes blancos y por fin se transformó en auténtico cirujano, al que planteaban sus dudas muchos colegas blancos del hospital y algunos que habían sido alumnos suyos. El problema estaba en las leyes excluyentes de los racistas del Apartheid.

 

 Según ellas, por supuesto, a los de color les estaba vedado operar pacientes, tocar órganos o sangre de blancos, tratar con las enfermeras blancas, etc. bajo severas penas, que incluían a quienes se lo permitieran. Se hizo, por méritos propios, el segundo hombre más importante del equipo Barnard y estaba siempre a su lado en el Groote Schuur, menos cuando aparecía un fotógrafo(o un policía) y él se escondía.  

Claro está que todo esto no se publicaba en la prensa, ni en los boletines del hospital, etc. Hamilton Naki sabía estar y no estar a la vez. En una ocasión un reportero, le tomó por descuido suyo una fotografía junto a Barnard y algún otro del equipo. Y una doctora blanca que estaba en el secreto, se dio cuenta y fue corriendo donde el reportero y le dijo: “…oye, ese negro que aparece el segundo a la derecha, es un empleado del servicio de limpieza que se coló en el grupo para aparecer en la foto”.Y el reportero lo hizo costar en el pie de la foto y se salvó la delicada situación.Su labor fue decisiva en el primer trasplante de Barnard. Sin Naki no hubiera sido posible la operación, según lo comentaremos en su momento. 

Al titular “El corazón de un negro, etc”..respondio el régimen de Pretoria -como venganza muy astuta- fue prohibir al Dr Raymond Hoffenberg, médico australiano,   el  ejercicio de la docencia médica en hospitales  sudafricanos bajo el “Acta de Supresión del Comunismo” por haber admitido al joven negro Clive Haupt en Urgencias del hospital bajo su cuidado cuando tuvo el accidente en que perdió la vida. El Dr Barnard, que hizo el trasplante y Clive Haupt, el joven negro, cuyo corazón fue trasplantado, no aparecían mencionados, y Barnard no fue sancionado.. 

Este segundo trasplante desató una polémica internacional médica respecto a la bioética de tales intervenciones. Se ponía a discusión las justificaciones filosóficas y legales en cuanto a extraer del cuerpo de un donante un corazón que había dejado de latir, pero ¿había alguien que podía decir que el donante estaba verdaderamente muerto? y ¿desde qué momento? Era una pregunta sin respuesta. La polémica sobre el instante de la muerte de un humano nadie sabe cómo empezó entonces. Era un problema que se debatía desde tiempo antes.. ¿y por qué se planteó justo tras los trasplantes de Barnard?. Nunca se supo, aunque se intuyó. 

Tampoco fue casualidad que, el el Dr Hoffenberg consultor del Dr Barnard en el caso del trasplante del corazón del joven negro Clive Haupt al dentista Blaiberg, fuera interrogado largas horas por el gobierno sobre qué seguridades tenía como consultor, de que el joven donante Haupt estaba “del todo muerto” y que su corazón podía utilizarse para el trasplante al receptor Dr Blaiberg.El Dr Hoffenberg respondió que él no podría jamás declarar muerto a alguien que todavía ofrecía la menor señal de vida. Nunca antes lo había hecho, antes de los trasplantes. Se daba la circunstancia de que el caso de Blaiberg era urgente, pues el paciente, en espera de un donante, estaba gravísimo y no se podía demorar más. A pesar de todo el Dr Hoffenberg tenía por norma firmar la declaración de “muerte total” sólo cuando  comprobaba que el presunto difunto no mostraba la más mínima señal de reflejos neurológicos. Esa espera por el corazón del donante hizo que un miembro del equipo de Barnard, preparado e impaciente por recibir el corazón de Clive Haupt para iniciar la intervención, exclamara dirigiéndose a Hohffenberg :…”¡pero Hoff, a qué esperas¡¿que clase de corazón nos vas a entregar?”.

 

 En definitiva, lo principal es que el equipo de Barnard cumplía todas las normas éticas no escritas y que el trasplantado duró dieciocho meses con el nuevo corazón. El Dr Hoffenberg manifestó que de haber fallado la operación, con demora o sin ella, se hubieran tardado muchos años en poder intentar algo así otra vez. Preocupado por el incidente, el médico australiano siguió de cerca la evolución del trasplantado y le llegaron informes de que incluso el jovial Dr Blaiberg decía sentirse tan en forma que había mantenido una relación íntima con su esposa y su recuperación era asombrosa. Incluso se había dejado tomar una fotografía bañándose en la playa, en presencia de la distinguida político Helen Suzman. Murió 18 meses después de una inesperada neumonía bilateral.

El premier Botha era muy vivo y aunque enemigo personal y político de Barnard, se sirvió de su equipo gracias al South African Medical Journal que controlaba. Y en  el  número del 30 Diciembre 1967, con editoriales, artículos y fotos de las operaciones efectuadas en un hospital de Sudáfrica (sin mencionar cuál), el gobierno de Pretoria declaró que permitía a todo tipo de gentes tratamiento y hasta trasplantes. Botha, defensor fanático del sistema del Apartheid: fue primero ministro de la defensa en 1966 y cuando el primer ministro B.J.Vorster dimitió, en 1978, Botha se convirtió en primer ministro. En l984 fue elegido presidente de Sudáfrica. En l989, dimitió por enfermedad, y el nuevo presidente, por presión interna e internacional, se vio obligado a desmantelar el Apartheid y entabló negociaciones con el Partido del Congreso. Y ese mismo año Sudafrica conoció el rostro de Nelson Mandela. 

  La historia del corazón negro en el pecho de un blanco causó un tremendo efecto psicológico en Sudáfrica, el mayor muchos años antes y recorrió el mundo como mensaje antirracista per se. Lamentablemente la policía del peor Apartheid esos años intervenía cada vez más bien armada en los ghettos negros, lo cual fue el mejor síntoma de miedo al cambio en el país que se avecinaba con sangre y lágrimas.

No obstante todas las diatribas, celos e insultos, la medicina había ganado una batalla, aunque también hay que decir que el “boom” de los trasplantes fue malo en el mundo: en 1968 se llevaron a cabo 107 trasplantes realizados por 64 equipos en 24 países. Eran demasiados, hasta que las cosas volvieron pronto a su cauce.

Era indudable que, con todas las garantías médicas y morales el hecho del trasplante fue un tremendo avance para la humanidad aunque había retardatarios que no lo consideraban así. Por ejemplo, el veterano comentarista inglés y ex-diputado católico Malcolm  Muggeridge seguía considerando los trasplantes como “operaciones encubiertas que traspasan los límites de las calidades espirituales de la vida humana” y calificándolos como “la degradación final de nuestra vida cristiana”. La discusión entraba en terrenos político-religiosos interesados.

En 1979, a pesar de la insistencia de colegas de alto rango, Barnard se negó en redondo a participar en un equipo internacional  que pretendía realizar un trasplante de cabeza humana, por considerarlo impracticable y “a todas luces y con toda seguridad, inmoral.  Yo no me presto a eso”. Era la imitación de uno parecido (con perros) que se había logrado en Moscú. Esta negativa pública rotunda de Barnard le hizo recuperar en parte su condición de hombre con ética profesional. 

La fama negativa que había ganado en sus 140 trasplantes, se contabilizaba en el sentido de que Barnard era incapaz de cualquier aventura quirúrgica por subir al podium de la fama.

Y aunque damos el número de trasplantes que barajan todas sus biografias, lo hacemos con reservas, porque según cálculos de Diasporaweb éstos no superaron los 70 en número, muchos de ellos realizados gratuitamente. Se hizo muy amigo de Emmanuel Vitria, operado en Francia en 1968 y le visitaba en Paris. Con corazón ajeno Vitria vivió l8 años, y le contestaba a todas sus preguntas, algunas angustiosas. Murió en 1987, pocos días antes de que Christiaan llamara a su puerta simplemente por hablar con él. 

Barnard saludó con esperanza la aparición de la ciclosporina en 1972, con sus propiedades inmunodepresoras únicas, elaborada de un extracto de hongo encontrado en Noruega, que lamentablemente no llegó para sus trasplantes pues empezó a usarse sólo en 1983.”¡Qué 13 años perdidos!”… se lamentaba Barnard y siguió día a día los avatares del corazón artificial neumático del Dr Robert Jarvik, implantado por primera vez en 1982, año fatal, porque de hecho las manos mismas de Barnard, ese año le autodictaminaron que su artritis reumatoide  le impediría más manejar el bisturí. Y lo lamentó porque el corazón neumático “Jarvik”, segun él no sustituía al trasplante para un corazón enfermo que lo necesitaba..

El Marqués de Villaverde llama a Madrid (1975) al Dr Barnard, ..¿para qué?... 

En octubre de 1975 (cuando Barnard estaba todavía en el cenit de su carrera y en forma) le ocurrió algo increíble. Su colega español el Dr Martínez Bordiú, Marqués de Villaverde, quien se había interesado en los trasplantes e incluso   practicó por lo menos el primero (¡el primer trasplante de corazón que se practicaba en España, por el Eminente Dr Martínez Bordiú, yerno del general Franco!!). Menudo golpe de efecto de la prensa española para el régimen. Lamentablemente se dijo poco o nada del desenlace de ese trasplante. El paciente Juan Alfonso Rodríguez Grillé duró pocas horas. Pero el Marqués estaba tan enganchado por el tema que escribió, por medio de un amigo común, al Dr Barnard a Sudáfrica, rogándole que viajara a Madrid para discutir temas científicos interesantes.

Elintento de curar enfermedades graves por medio de trasplates de organos logrado por Barnard fue una hazaña que aun no se calibrado

 La segunda esposa de Christiaan, la bellísima multimillonaria de 19 años, de origen  austriaco, Barbra Zoellner, (él acababa de cumplir los 59) insistió tanto para que su marido fuera a España…porque él necesitaba unas vacaciones, un cambio, lucía cansado, etc… que Christiaan cedió de mala gana. Así que juntos hicieron el viaje a la capital de España.  

Un “amigo común”, al parecer no franquista, auque “amigo de sus amigos” del régimen español, resumió lo absurdo de ese viaje en el hecho de que el Dr Martinez Bordiu no habló al Dr Barnard una palabra de Franco y de su salud., aunque si de trasplantes.. 

Sólo Bordiú debió saber que el verdadero motivo de aquella tragicomedia era en vano pues el Generalísimo estaba ya en las últimas. Quizás el marqués pensó por un momento en un trasplante del Dr Barnard como último recurso pues sólo el mago del bisturí podía prolongar la vida del Caudillo para bien de todos los españoles. O tal vez quería mostrar al pueblo español que se estaba haciendo todo lo humanamente posible por el Caudillo, porque los periódicos publicaron en portada” el Dr Christiaan Barnard ha llegado a Madrid invitado por el gobierno”. 

 A pesar de que Franco pasó esa madrugada del 23 de octubre 1975….por una insuficiencia cardiaca crítica, nadie ni el Marqués, ni el gobierno español pidieron a Barnard que le visitara. Tampoco él mostró el menor interés. Misterio.Todo había sido un intento desesperado por parte de un régimen desesperado que no sabía que hacer en un caso tambien desesperado, porque de todas formas, Franco no hubiera aguantado un tasplante y Barnard no lo hubiera intentado tampoco pero el marqués creyó por un momento que era una buena idea que el pueblo español pensara que  se intentaba hasta lo imposible. Hasta la última bala.

La hija del primer trasplantado, Rodríguez Grille, que en aquel momento tenía tres meses, no parece estar muy de acuerdo con aquel sacrificio, ya que, en 2011, casi 40 años después de la operación, anunció que iba a demandar a la familia de Franco porque decía que su padre no estaba realmente preparado para el trasplante, pero que se realizó, según ella, para dar prestigio internacional a España. Y, además, porque el marqués de Villaverde prometió a su madre que aseguraría el futuro de la hija y pagaría sus estudios, cosa que, de ser cierta, jamás ocurrió. 

Aquel desenlace médico no mermó el prestigio de Martínez Bordiú como cardiólogo y cirujano, pues la propaganda franquista le siguió presentando como a uno de los mejores especialistas del mundo. Sin embargo, su propio hijo Francis reconoció años después de la muerte de su padre que «quizá no era el mejor médico de España». Y, además, la malintencionada rumorología popular de la época ya comentaba que el yerno de Franco «había matado más en el hospital de La Paz que su suegro en la Guerra Civil». 

Eduardo Barreiros organizó una cacería en honor del Dr Barnard y su joven esposa, en su lujoso coto de Ciudad Real. A la misma asistieron los personajes típicos del régimen, los marqueses de Villaverde, Manuel Arburua, Alfonso Fierro y la banda. Al final Barreiros regaló a la señora de Barnard unos botos camperos y un sombrero, con pluma. 

“Y el mago del corazón -terminaba alguien que captó la farsa- se fue por donde había venido, sin saber los porqués y tras asistir a una estúpida cacería tal  vez la última del régimen..”.Poco después Arias Salgado dijo ante la TV, aquel postrer mensaje ”!Españoles, Franco ha muerto¡” 

Durante varios años, Barnard estuvo como desaparecido en los medios habituales.Sólo algunas revistas del corazón parecían preocupadas por las esposas desconsoladas que el célebre galeno había dejado por el camino de su vida. De sus logros sobre la anestesia intestinal congénita, ni palabra en los medios.

Luego en 1987 esta noticia: “Barnard ha estado en los últimos tiempos volcado en la investigación de los fingolípidos (GS) en un laboratorio situado en Nueva York, patrocinado por el perfumista Irwin Alfil. Y, según se decía  había logrado producir una crema rejuvenecedora revolucionaria. Incluso él mismo –que ha cumplido los 63- tenía un aspecto juvenil impresionante (su última novia tenía 21 años). La pócima se ha experimentado en las moscas de la fruta a las que según dicenha alargado la vida. Barnard parece minarle el terreno a la celebre Dra. Ashlan”.

 

“¿Qué es el Glycel?.El producto “Glycel” se anunciaba en Londres como “la crema celular rejuvenecedora”. Y no se vendía en las cadenas farmacéuticas de “Boots” sino en el selecto “Harrods” al costo de 55 libras esterlinas el pote pequeño. Es decir unos 82 dólares”.

 

“The Observer” se había arrogado el papel de investigador por ser el primero en descubrir “Glycel” ya que ”The Lancet” no mostraba interés en temas no específicamente médicos y menos en nuevas cremas. “Para escándalo de quienes han adquirido la crema a tan elevado precio el “Observer” en una edición del verano 1986, en trabajo firmado por Carmel Fitzsimons, decía que la crema contenía substancias eventualmente catalogadas como posibles causantes de alergias.

 

En términos vulgares, como “The Observer” tiene una gran tirada y lo leen  muchos laicos en medicina, Fitzsimons decía, para resumir, que “Glycel” era una proteína obtenida de un mamífero no especificado y cera. Otros ingredientes: agua destilada –su mayor componente- vaselina. Un estabilizador y un agente penetrante.

 

La complicada historia de la cirugía y trasplantes, antes de Barnard

 

El origen remoto de los trasplantes se remonta al Neolítico y es la arqueología de la cirugía la que nos muestra amputaciones de piernas ya realizadas 5.000 años antes de Cristo. Pero un Neandertal, cuyos restos fueron hallados en las montañas de Zagros(actual Irak), hace 45.000 años, mostraba una amputación de brazo y se veía claro que no fue un accidente. Siguieron las trepanaciones con hombres que sobrevivían a esa terrorífica operación. Gracias a la autopsia (siglo III a. de J.C.) comenzó a conocerse el cuerpo humano, las religiones antiguas prohibían las mutilaciones. Las operaciones quirúrgicas de los siglos XIII y XIV requerían la autorizacón del Papa.Pero el cirujano Montino de Liuzzi en su libro  “Anatomía” publicó con detalle las disecciones que había hecho. Y pronto la Facultasd de Paris las realizaba corrientemente desde principios del siglo XV, pero los resultados se dieron a conocer en l478 y no todos. 

 Sus aportes a la medicina en cirugía, desde l893, en el trasplante de venas y órganos, rejuvenecimiento artificial de tejidos cultivados y técnicas operatorias revolucionarias aún para la época de los trasplantes, le hicieron famoso aunque le atrajeron inevitables envidias.Y por fin se fue al Canadá.

 

El Dr Rudolph Matas, catalán, padre de la cirugía vascular en USA 

Nacido  en Bonnet Carre, Luisiana, de padres catalanes, estudió medicina y se graduó como médico en l880. En 1895 era ya profesor de la Universidad de Tulane.Y estableció´la Prueba Matas para establecer la presencia de circulación colateral antes de la ligadura de la arteria carótida constituyéndose en el precursor de la cirugía vascular, siendo llamado el “Antyllus moderno” por Sir William Osler.

Sus técnicas para curar un aneurisma de la arteria braquial(dilatación o abombamiento) y la forma de tratar en casos de presentarse aneurismas fusiformes(objeto u organismo en forma de huso, elipsoide, alargado) completamente revolucionarios, publicados en 1903, causaron sensación y fue pronto nombrado Presidente de la Asociación Norteamericana de Cirugía, sin olvidar sus orígenes. Su biografía y técnicas están en el diccionario americano  nacional de biografás.

En 1933, Mann y varios de su equipo publicaron un informe sobre dos innovadoras técnicas que desarrollaron con la finalidad de trasplantar el corazón en forma heterotópica.  Hacían intersantes referencias a la aparición de rechazo del órgano trasplantado: …”el autotrasplante, que es la reimplantación de un tejido o de un órgano en el mismo organismo donante se logra con éxito en casi todos los casos, mientras la homotrasplantación, que es la implantación en otro organismo de la misma especie, pocas veces, es feliz, sin importar qué órgano o tejido sea el trasplantado”…  En 1950, Murray y John Merill lograron el primer trasplante de riñón. El trasplantado Richard Lawler, sobrevivió cinco años a la operación, realizada en Chicago y no debidamente divulgada.En 1953, Ardy logró el primer trasplante de pulmón a un enfermo con cáncer avanzado y en 1954, Murray, Cerril y Harrison efectuaron el primer trasplante renal en gemelos monocigóticos(con placenta compartida). 

 El resultado exitoso obtenido, dio un gran impulso a la investigación en el campo de los trasplantes y estimuló el desarrollo de nuevas técnicas quirúrgicas. Esto, aunado a la aplicación de recientes tecnologías, como hipotermia y bombas oxigenadoras, fue determinante en el logro de un mayor tiempo de vida en los animales trasplantados. Además, evidenció con claridad el fenómeno del rechazo al transplante.

Tampoco hay que olvidar que, al año siguiente, en 1965, en el hospital Clínico de Barcelona se realizó un trasplante de riñón, el primero que hacía en Cataluña y probablemente en Europa. Más de 40 años después, en el 2006 se efectuaron con éxito en el mismo centro, dos trasplantes en los que el donante y el receptor tenían grupos sanguineos incompatibles, circunstancia ésta que hasta la fecha se consideraba como una contraindicación absoluta. El doctor  Rafael Gutierrez dijo ante los pacientes mismos algo histórico;”Desde hoy podemos decir, que en trasplantes no hay nada imposible”

 

Barnard, pionero de técnicas, ganó años en la carrera del progreso médico

 

Barnard fue el pionero de varias técnicas cardiológicas. Entre ellas se cuentan los dobles trasplantes -sumar un corazón sano al del paciente para crear un "doble bombeo"- el diseño de válvulas artificiales y la utilización de corazones de monos para mantener vivas a personas muy enfermas. La pericia clínica y quirúrgica de Barnard permitió que sus pacientes de cirugías posteriores estuvieran con vida hasta  24 años después de un trasplante. Según sus propias palabras, esto hizo que se convirtiera ”de un médico casi desconocido en una celebridad mundial”.Fueron las suyas entonces como  las   que se llamaban en Caracas desde el principio “las manos del milagro”

A su paso por Buenos Aires a los 77 años para dar una charla sobre el control del dolor, Barnard presentó su aparato ”Simulación del Potencial de Acción” que produce impulsos eléctricos que simulan la reacción que el cuerpo humano puede tener ante el dolor. Recordó que hacía tres años lo había autoprobado para su artritis reumatoide, pero notó que el dolor se le atenuaba, pero no cedía. En sus invenciones, Barnard se constituía en autocobaya humano.

 Esa fue, quizas, la conferencia en que Barnard se extendió más, al margen de los problemas cardiovasculares.Contestó a preguntas sobre la eutanasia diciendo que ya la había defendido en un libro, para casos extremos como el de su propia madre. A alguien que le sugirió si el médico, en algún caso, tiene derecho a quitar la vida, le respondió medio enfadado :”esa pregunta refleja la actitud irracional e hipócrita de la sociedad en que vivimos. El hombre acepta pasivamente el derecho del que gobierna a matar, masacrar o eliminar a los que no le gustan. Eso debe terminar.También deben terminar derechos estatales que existen en los paises que se llaman civilizados como son los presupuestos monstruo para Defensa que superan en mucho a los de Salud y Servicios Sociales”. 

 También sugirió alguien la cuestión del tráfico de órganos, un negocio de vida o de nuerte.De oferta legal, por medio de compañías legales y medios de comunicación públicos.La oferta y la demanda de un corazón nuevo.La respuesta de Barnard para eso siempre ha sido la misma:”la donación  por la voluntad libremente expresada. Pero no abundan los donantes-terminó.

La magnitud alcanzada por la aplicación de la cirugía de trasplante de corazón puede verse reflejada en los datos de la Sociedad Internacional para el Registro de Transplantes de Corazón y Pulmón, que en su último informe comunicaba que hasta el año 2017 se habían efectuado 79.638 transplantes de corazón en el mundo, cifra que incluía 3.040 realizados los dos años previos. Como principal limitación para la ejecución de más operaciones de este tipo se cita la repetida escasez de donantes.

 En la actualidad, las principales indicaciones para considerar un transplante de corazón son la cardiomiopatía avanzada(inflamación del músculo cardíaco) y la coronariopatía. Este tipo de intervención constituye el armamento terapéutico final para curar aquellas cardiopatías para las que no existe otra opción terapéutica.Y siguiendo la biografía de Christiaan Barnard, se puede decir que fue uno de los que más clamó en el mundo, por donantes, mucho después de que dejara sus actividades como cirujano.

 Los tres matrimonios de Christiaan Barnard ; Karen, la última le dio la paz que necesitaba

  Christiaan Barnard se casó tres veces: con Aletta Jertruids en l948.Tuvieron  tres hijos.Su esposa una enfermera de profundas convicciones religiosas, se divorció de él en 1970. Su hijo mayor, pediatra, murió de una sobredosis en 1984 a los 31 años.

El segundo matrimonio con la bella joven millonaria austriaca de 19 años, Barbra Zoellner, terminó en divorcio a los 12 años, y tuvieron dos hijos Frederick y Christian, a  todos les visitaba después siempre que podía. Y fue la tercera, la modelo alemana, Karen Setzkorn, cuarenta años más joven que él, la que dio al veterano cirujano la estabilidad y la paz familiar, tras una vida tan ajetreada. Tuvieron dos hijos, Armin y Lara, que nació cuando Barnard  cumplió los 74 años.

Desde que se casaron, no se volvieron a separar. Viajaban juntos cuando Barnard daba charlas y conferencias, en deporte él ganaba casi siempre, proyectaban su futuro en familia. Ella dio una vez declaraciones que fueron muy publicadas, con motivo del nacimiento de la benjamín Lara.

”Christiaan siempre dice que de haberse casado conmigo en 1948, nunca se hubiera divorciado.Pero nunca se sabe lo que pasa por la mente de un personaje así siempre en la cúspide de la fama internacional. Se han publicado muchas mentiras y pocas verdades…bueno..algunas.Pero él se ha reinventado….Quizás todo hubiera sido diferente, pero la realidad del hoy es magnífica”.

“Aunque muchos no lo crean, la diferencia de más de 40 años nunca ha resultado un problema para nosotros. A mí Christaan nunca me ha parecído un viejo. Sus ideas no lo son, sino todo lo contrario. Es un joven de más de 70 años. Las dudas iniciales del planeamiento familiar ya ven que se disiparon…el mañana se verá.Siempre le siento cerca y no quiero que se aleje”.

Lo último que se supo es que con dinero prestado, pues el “Glycel terminó por arruinarle, compró, ya de vuelta en Sudafrica, pero aún bajo el ”Apartheid”  dos cosas:un apartamento a 30 Kms de Ciudad del Cabo, para establecerse con Karen, y un restaurante que llamó “la Vita” y cuyos chefs eran, uno italiano y el otro austriaco.En él se permitía la entrada libre a todo el mundo, cualquiera fuera su color o su raza.Un periodista blanco ”afrikaner” le denunció desde la prensa por admitir  a negros como clientes y como empleados.Lo cual incluso en los últimos años del “Apartheid” seguía siendo ilegal. Pero nada pasó ya en vísperas de la salida de Nelson Mandela de la cárcel(1989).. 

Christiaan Barnard también estaba en la lista de espera: así fue su fin 

Poco antes de su muerte, se le acercó el cardiólogo francés Christian Carbol que en abril de 1968, realizó el primer trasplante de corazón en Europa.Tras el saludo habitual, Barnard le dijo:”Ahora yo también estoy en lista de espera”.Y como su amigo mostrara su extrañeza, Barnard añadió:”la espera de la última hora para la cual los donantes están de sobra.” 

Esa hora le llegó el 3 de setiembre de 2001, cuando al borde de la piscina de un hotel tomaba el sol con una revista médica sobre el estómago. De repente, alguien observó que la revista había caido al agua y Barnard, estaba recostado, como dormido. Eran la una y cuarto, en la localidad de Paphos, Chipre.En seguida le llevaron al hospital local, pero ingresó cadáver.La prensa local y europea aprovechó la ocasión para lanzar titulares como “el mago de los trasplantes muere del corazón” o parecidos, atribuyendo su fin a un paro cardiaco 

La verdad no es esa.Barnard murió-según el examen post-mortem de un agudo ataque de asma.  A Nelson Mandela, al que comunicaron seguida la noticia, le brotaban las lágrimas y dijo:”Hemos perdido y no sólo nosotros, al hombre más extraordinario del mundo”. 

Cuando murió acababa de hacer una gira privada por Alemania y los Estados Unidos para promocionar su último libro “50 formas de mantener un corazón sano”. El corazón de Barnard aguantó hasta que le tocó el turno en la lista de espera, por lo visto él mismo había leido bien el libro:su corazón se mantuvo sano hasta el final

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