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BALADA TRISTE DE TROMPETA - El circo ibérico mundial

21/12/2010 21:44 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Muy a pesar de la imponente potencia de fuego de la artillería promocional de Balada triste de trompeta se trata sólo/ni más ni menos que de otra película de Álex de la Iglesia.

A estas alturas es un lugar común reconocer que Álex de la Iglesia es un director personalísimo con firma y planetología propia. Sería imposible ver Balada sin reconocer su autoría antes del tercer minuto de bovina. Eso es valioso porque el arte genuino, creativo y original lo es. Otra cosa es que te guste lo de este adolescente varado (de cuarenta y cincuenta tacos no obstante) e hipertrófico que revienta su mundo iconográfico a base de una inagotable serie de criaturas grotescas, hiperplásticas, esperpénticas y típicamente hijas de una estética cómic aderezada con abundante aliño gótico y gore. O sea, lo que le mola a un púber freak enclaustrado en su habitación y aislado del mundo por un cordón sanitario de cine B, manga, palomitas, tebeos (a ser posible X) y ciencia ficción. Eso es Tarantino y eso es Álex con más ternura, descaro y un bendito y perpetuo gesto risueño.

Pero no busques a Bergman en la peli pese a lo equívocas que han llegado a resultar muchas críticas de la arcabucería real, del gran aparato promocional. Está claro que el dire es ahora, entre otras cosas, El Gran Capitán de los tercios cinematográficos patrios y que el juguete ha costado más de la cuenta (lo que no acabo de entender es lo de Boyero, ese hombre enfadado que no sé cuando va de colega, de farol, de tripi o de coña y que ahora le parece Balada la Casablanca del cine nacional).

Para mí gusto El Día de la Bestia es la mejor y más rescatable de las hijas de celuloide de De la Iglesia. Por la frescura, la sinceridad y el thriller pretendido en un Madrid fabulado y maravilloso, entre poblachón manchego de fonda y baúl y New York City ibérico, con sus rascacielos y sus interminables noches de neón y heavy metal. Deliciosa.

Lo demás, aunque todo encantador, se hace, sospecho, más a pulso y con menos trozo del corazón invertido en ello o simplemente, con menos suerte.

Balada triste de trompeta (el título rebosa aspiraciones y fealdad) parte, aparentemente, de un pretendido guiño de madurez en el que habrá que reconocer a las dos españas dándose de hostias a perpetuidad (en el caso de Álex hostias siempre son chaparrones de hostias, sangre, vísceras, crujidos y huesos rotos, of course) y quizás cazar en la metáfora de los payasos psicóticos en persecución constante y delirante la esencia de las entrañas y los dientes negros de esta maldita piel de toro.

No sé, mucho grano para poco pollo me parece.

No obstante y puesto que ya somos mayores, jefes y ricos, la peli debía tener más caballos que ninguna, como las motos, que esta vez tenemos el juguete grande, así que el arranque (firma de la casa) será el más cañero de todas las pelis y cientos de fotogramas a todo gas de salvajada estética, tumbando en la curva durante toda la cinta en intensidad freak, onírica/onánista, surrealista y gore de plastilina, que es lo que nos mola.

A pesar de tanta dinamita se salva mal (si no se salva en absoluto) la distancia entre la pretensión de íntima lectura patria, dolor de corazón, emoción y compunción con los enanos volando, los elefantes, la trapecista y el payaso jodiendo, el hombre bala dándose de hostias en cada secuencia, la charcutería a tope y sobre todo la interminable persecución entre los dos payasos de manicomio, que agota a cualquiera (en eso muy Muertos de risa).

Hay a quien le gusta decir que el cine tiene que entretener, o que conviene (De la Iglesia, Boyero, etc). Lógico, el problema es que a mí Bergman me entretiene muchísimo más que Spilberg y Tarantino juntos. Ellos sin embargo se refieren justo a lo contrario. Es un maldito eufemismo. A pesar de reconocer los bichos tan simpatíquísimos propios de la casa, imprescindibles siempre, Balada triste de trompeta a mí me llega a aburrir y en ningún caso a emocionar (hasta ahí podíamos llegar) y por su puesto, a hacer reír bastantes veces.

Pero le sobra (kilo)metraje, aspiraciones y hagiógrafos.

PD1: Me siguen irritando las chapuzas (en absoluto intencionadas) de arte, secundarios, etc, o sea, oficio/industria sobre todo cuando hay pasta... con eso el cine español sigue desangrándose en espectadores enfurruñaos.

PD2: Antonio de la Torre empieza a ser un actor imprescindible (ya lo sabíamos). Carlos Areces se sale por los cuatro costaos (no lo sabíamos).

PD3: Con todo, lo mejor, de lejos, de Balada triste de trompeta es, sin duda, ver a un tipo que es exactamente Juan Manuel de Prada corriendo en pelotas por el mundo y padeciendo los infinitos y humillantes puteos a los que le somete un profesional absoluto del tema como Alex de la Iglesia. Un sueño húmedo.

ARM


Sobre esta noticia

Autor:
Teatroycine (43 noticias)
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teatroycine.blogspot.com
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Reportaje
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