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Bailando en la Cuerda Floja

24/06/2009 20:32 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los padres de Amy Winehouse dan la voz de alarma y solicitan ayuda para salvar a su hija de la drogodependencia

Europa  Press

Hay artistas que saben nadar en las aguas turbias y turbulentas del mundo del espectáculo y guardar la ropa. Cultivan con más o menos primor su imagen luciferina de estrella rebelde y desafiante que les arroja el guante a los pequeños burgueses y las pequeñas burguesas que se estremecen de placer ante la caída de otro. Pero en la mayoría de los casos es sólo una pose. Un juego y una impostura adolescente sin mayores consecuencias. No es el caso de Amy Whinehouse que está quemando su estrella tan deprisa que más que estrella parece un relámpago. Relámpago femenino que nada peligrosamente entre los arrecifes de la isla de Santa Lucía que si no tenía arrecifes los tiene ahora que Amy Whinehouse se pasea por ella. ¿Se está autoinmolando Amy Whinehouse? Alguien debería decirle que no merece la pena quemar una vida para complacer a los que nunca se mojan. Amy Whinehouse debe de ser unas de las rarísimas cantantes con carisma que ha producido la primera década de este famélico siglo que parece que ha muerto al nacer. O que aún no ha nacido del todo o que ha nacido de culo y que no ha dejado de parir desde su nacimiento cantantes afónicos. Amy se quedó afónica en un concierto, es cierto, pero antes había dado a luz un álbum espléndido, “Back to Black”. De vuelta al negro. Que es lo que deberían hacer los cantantes negros volver a sus raíces, porque la copa del arbol ya está seca. Lo mejor de la música popular del siglo XX fue compuesto por los judíos de Centro-Europa y por los negros de América. Por interpretas negros que cantaban o tocaban sus instrumentos en locales a los cuales no les permitían la entrada a los negros como el legendario Cotton Club, por ejemplo. Ellos insuflaron con su muerte diaria un poco de vida al arte de los intransigentes. Luego vinieron los artistas kamikaces como Janis Joplin que se defendían cantando y embriagándose o cantando embriagada de la hipocresía circundante y reinante, y yo me pregunto el porqué de ese placer morboso que experimentamos cuando un artista se sacrifica. ¿No será que intuimos que expía nuestra propia hipocresía? es el artista auténtico sacrificado por el corro de inauténticos. Amy Whinehouse está cayendo víctima quizás de la seducción del abismo. Pero el abismo hay que cruzarlo, no tirarse a él de cabeza para que los que nunca mueven el culo de la silla se estremezcan. Hay que cruzarlo. Y los artistas podrían dividirse en dos grupos los que logran cruzar el abismo y los que no lo logran y ni siquiera lo intentan. No es necesario intentarlo. Un artista puede producir obras de mérito sin necesidad de jugarse el pellejo, siempre que se mantenga en la esfera profana del arte, el problema es cuando se adentra en la esfera de lo sagrado en una sociedad materialista que ignora esa esfera. El materialismo sólo tiene en cuanta lo aparente, lo visible; lo invisible ni lo percibe, ni quiere percibirlo, pero está ahí presionando. El materialismo es como esas conversaciones tontas que mantienen las parejas burguesas cuando invitan a otra pareja a tomar el té en su casa, los hombre hablan de fútbol, las mujeres de trapos y bajo la superficie se agitan las cuestiones que les importan verdaderamente y de las que no hablan; hierven y se cuecen las pasiones secretas, peligrosas porque no salen a la superficie y cuando lo hacen es porque explotan. El materialismo, doctrina de las apariencias triunfó con la burguesía y es la doctrina burguesa por antonomasia. En este mundo nuestro monstruoso, donde parece que impera la religión azteca, bajo la gélida y más o menos cortes superficie nos devoramos unos a otros. La única forma de que el arte sagrado o religioso, el más alto, se desarrolle de forma incruenta es ejercitándolo en el círculo de la iglesia donde, para los cristianos, el único sacrificio es el de Jesucristo, pero para eso debería ampliarse el círculo y dar cabida a todo el mundo, al margen de sus orientaciones o desorientaciones sexuales o vitales, algo que no consienten los hipócritas que dirigen el cotarro. Mientras tanto, a los artistas de altos vuelos les aconsejo que salten siempre con paracaídas y que dejen que cada uno expíe su propia hipocresía.


Sobre esta noticia

Autor:
Francis Bullion (17 noticias)
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Tipo:
Opinión
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