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Autores y artistas de casa: José Alfonso Gálvez

22/10/2011 21:52
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Voy caminado por la calle, pensando en mis cosas, y me cruzo con un hombre mayor.

Y como yo soy así de espontáneo, lo saludo y me pongo a charlar con él.

El caso es que descubro para mi sorpresa que el hombre que ronda los 80 años es un autor de mi tierra, un narrador, un poeta.

Me cuenta sus experiencias como escritor, sus más preciadas hazañas.

Y surge en mi interior, al mismo tiempo que lo escucho, una nueva idea:

¿Por qué no hablo en mi blog de los autores desconocidos de mi casa?

Que solo se oye sobre el Miguelico Hernández.

Hay otros como él, que no han llegado a salir del escondite que los mantiene en el anonimato.

Pues bien, esta es mi primera aportación.

¡Señoras y Señores, les presento a José Alfonso Gálvez!

Y Esto es solo una gota del enorme océano que guarda su desconocida obra:

FUTILEZAS (Humor Con-Sentido)

Empezaré este humorístico relato, haciendo notar los comentarios y las diferentes maneras de ver y escuchar los distintos hechos y circunstancias que describo.

Uno decía: - ¡Qué buen tiempo hace!

Otro a la vez: - ¡Qué mal tiempo hace!

Resulta que el tiempo era igual para los dos, lo que no eran las mismas sus actividades y de estas circunstancias, no tenía culpa la situación atmosférica, aún cuando en esos momentos estuviese nevando, ya que uno estimaba buen tiempo, para el día siguiente poder ir a esquiar y el otro a jugar al fútbol.

Todo lo mencionamos como si se definiera con la vista, y no es así, como por ejemplo:

- ¿Has visto qué música más bonita?

No la ha visto, la ha oído.

- ¿Has visto que sopa más rica?

No la ha visto, la ha degustado.

- ¿Has visto que piel tan fina?

No la ha visto, la ha tocado.

- ¿Has visto qué buen perfume?

No lo ha visto, lo ha olido.

Tenemos costumbre de a la persona que le gusta lo dulce decirle con un tono algo despectivo:

- ¡¡ GOLOSO!!

¿Por qué al que le gusta lo salado, no le decimos?

- ¡¡ SALOSO!!

¿O algo así, en el mismo tono?

He observado que algunas enfermedades causan más molestias y contrariedad, a los que no las padecen, que al propio enfermo, como es el caso de la sordera.

Cuando le hablamos a un sordo, el hecho de que no nos oiga y tengamos que repetirle lo dicho, ya nos irrita y violenta, como si la dificultad de él, la padeciésemos nosotros.

También se da la circunstancia, de que si vemos a una persona algo más gruesa de lo que debería de estar, le decimos en tono de reproche:

- ¡Qué gorda estás!

Sin embargo si a la que vemos está, algo más delgada de lo que debería, le decimos en tono admirativo:

- ¡Qué buena estás!

Fue una vez que salí de paseo, y me encontré con unos amigos a los que les pregunté:

Más sobre

- ¡Hola amigos! ¿Dónde vais?

A lo que me contestaron:

- Por ahí.

Nos separamos y mi acompañante y yo, nos fuimos a comer a un establecimiento de comidas, y cuando llegamos al restaurante, comprobamos, que nuestros amigos se encontraban allí comiendo, desde entonces sé, que a los restaurantes se les llama:

"Por ahí".

Hay quienes acostumbran a expresarse de la siguiente forma:

- "Sube, para arriba".

- "Baja, para bajo".

- "Entra, para dentro".

- "Sal, para fuera".

- "Corre, corriendo".

En estas y otras muchas frases, que no valga la redundancia.

O cuando se comen medio chorizo, y preguntan:

- ¿Queda más?

Esta es una pregunta tonta, ya que queda, medio chorizo menos.

También las siguientes y curiosas interrogaciones:

- ¿Te estás mojando con el agua?

- ¿Te estás quemando con la lumbre?

Digo yo, que lo difícil sería, quemarse con el agua y mojarse con la lumbre.

Hay veces que estamos tan absortos en lo que estamos haciendo que no escuchamos lo que nos dicen los demás, como en una ocasión que se encontraba un padre leyendo el periódico cuando su hijo pequeño le dijo:

- ¡¡Papá, papá!! ¡Hay una araña en el techo!

A lo que el padre le contesta:

- ¡Hijo! Pues, písala y cállate.

Me encontraba en una ocasión mirando como dos personas intentaban abrir la puerta de acceso a una vivienda, que estaba tan fuertemente encajada, que no la podían abrir, cuando una de estas personas, le dijo a la otra:

- "Dale a la puerta, con toda tu alma".

Y la aludida ni corta ni perezosa, le dio tan tremendo empujón con las nalgas de sus posaderas, que la puerta se abrió.

Desde aquel día supe yo, donde tenía el alma.

Les pido disculpas, si la lectura de esta narración les ha resultado aburrida, mi intención al escribirlo no ha sido otra, que la de hacerles pasar un rato distraídos, sin ninguna otra pretensión por mi parte, pero les aseguro, que no la he escrito con toda mi alma, pero si con todo mi humor y todo mi cariño.

Autor: José Alfonso Gálvez

1999: Premio Especial en Poesía Cruz Roja Española Orihuela.

1999: 2º Premio Relatos Breves Callosa.

2000: 1º Accésit Certamen Poesía Elche.

2001: 2º Premio Relatos Cruz Roja Española Orihuela.

2002: 3º Premio Cuentos Alicante.

2002: 1º Premio Poesía Cruz Roja Española Orihuela.

2004: 3º Premio Cuentos Cortos Alicante.

2005: Diploma de Honor de A. Democrática P. de Valencia.

2006: 3º Premio Poesía ACOTE Elche.

2007: 3º Premio Poesía ACOTE Elche.

2010: 1º Premio Poesía Alicante.

2010: 3º Premio ACOTE.

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