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Aumentan acoso y abuso sexual

25/08/2018 05:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los casos aumentan sin freno y las autoridades competentes no reaccionan efectivamente a esta crisis en Colombia y en el mundo

 Por: Sandra Rodríguez

La Gran Época, México

acoso sexual

(Foto: Captura de pantalla Youtube)

El acoso y el abuso sexual son realidades espantosas que nos golpean todos los días y que dejan heridas incurables no sólo para la víctima, sino también para una sociedad que se hunde en una ola de injusticias e indiferencia.

Muchas personas dicen estar cansadas de escuchar sobre el tema y sostienen que tal mal nos ha aquejado desde siempre y que, por lo tanto, es algo inherente a vivir en sociedad. Y en realidad es algo que cansa porque la carga emocional, es decir, la rabia y el asco que provoca conocer algún caso de violación, nos deja a la merced de la impotencia y la decepción de nuestro género humano.

El juicio a cinco hombres que violaron en grupo a una chica de 18 años durante las fiestas de San Fermín en España, vuelve a encender la polémica y a poner en el ojo del huracán el acoso y el abuso sexual. La sentencia de nueve años de prisión fundamentada en que la violación no puede ser considerada como tal porque la víctima no se opuso activamente, es un claro ejemplo de la tibieza de la justicia en estos casos.

Las reacciones de la gente en redes sociales exponían tres puntos en común muy importantes: primero, los agresores premeditaron y difundieron sin remordimiento su crimen; segundo, la víctima no podía defenderse porque estaba con un alto grado de alcohol y aun si estuviera sobria no hubiera podido hacer mayor cosa ante cinco hombres corpulentos; y tercero, si la víctima se hubiera enfrentado a sus verdugos, hubiera terminado muerta, como ya ha ocurrido anteriormente.

Al analizar estos factores, resulta evidente que esto fue una violación, un acto violento y denigrante, que marcó para toda la vida a la joven mujer. Por lo tanto, muchos internautas protestan contra la ínfima condena y por la clasificación que dio el juez del delito, concluyendo que la justicia “no sirve para nada” y que los culpables “merecían una pena más fuerte”.

Y es que la polémica del acoso y del abuso sexual no para allí. El aumento de casos en 2018 tanto en contra de mujeres como de niños ha sido dramático. Sólo en Colombia el abuso contra menores subió en un 22 por ciento, teniendo en cuenta que muchos no denuncian por miedo o por desconocimiento. En cuanto a mujeres, la cifra de víctimas hasta finales de abril llegó a 18 mil. Cifras que ponen los pelos de punta y que suscitan una gran polémica con respecto al tímido castigo a los perpetradores.

Normalmente se cree que este tipo de conductas sexuales violentas se basan en una educación mínima y unas condiciones de vida difíciles, acompañadas por conductas violentas aprendidas y sufridas en la infancia, pero no siempre es así. El acoso va más allá de esto, es una manifestación de uso indebido de poder, poder otorgado por el estatus, la posición social y el género, todo basado en un discurso machista que se ha aceptado desde siempre.

Este tipo de personas ven en su “superioridad” la posibilidad de sacar provecho de sus víctimas, alimentando sus placeres sin temor, ya que su condición les favorece y los protege. Tal es el caso del profesor Freddy Alberto Monroy Ramírez, director de la Maestría en Enseñanza de Ciencias Naturales y Exactas de la Universidad Nacional de Colombia, señalado de acosar a una estudiante.

La joven explica en entrevista a W-Radio que dicho profesor se ganaba la confianza de sus estudiantes, y en especial de las mujeres, siendo un profesor muy atento y colaborador. Además, el docente goza de respeto por su trayectoria y hoja de vida, lo que naturalmente deja a sus víctimas en la encrucijada de seguir el juego, abandonar los estudios o arriesgarse a denunciarlo con la nefasta consecuencia de perderlo todo y ser perseguidas.

Este acto valiente sienta un precedente para atacar de frente la realidad del acoso y del abuso sexual en el campus. Los diferentes estamentos de la Universidad han manifestado su total rechazo a esta conducta y piden revisar el video que la estudiante decidió hacer con una cámara escondida en la oficina del profesor y en el que es evidente el ataque de éste. Por otro lado, más estudiantes que habían sufrido la conducta libidinosa de este profesor han decidido hablar.

Sin embargo, hay mucho miedo entre las víctimas y esto no permite que se conozcan miles de casos. Por un lado, el miedo se fundamenta en el rechazo de la sociedad hacia la víctima, que además de lidiar con las amenazas del violador o acosador, debe enfrentar los señalamientos de la gente que las considera culpables. Por otro lado, la justicia y su pobre accionar en contra de estos crímenes, desmoraliza a las víctimas y las deja sin voz.

Tanto en España como en Latinoamérica, el protagonismo cínico de los entes judiciales en diferentes casos, deja entrever la corrupción y la tibieza con que los jueces y autoridades llevan a cabo las investigaciones y los juicios. En Colombia, hasta los miembros de gobierno han despertado la indignación pública por su perspectiva ligera de lo que es un delito sexual.

Rosa Elvira Cely fue golpeada, lacerada, violada, casi asfixiada y empalada por su compañero de clase y su amigo en el Parque Nacional en Bogotá. Luego de días de una dolorosa agonía, Rosa Elvira muere y el secretario del distrito afirma: “la culpa es exclusiva de la víctima”.

En cuanto a los niños, las cosas son aún más aterradoras. Cuando la pequeña Yuliana Samboní fue hallada muerta y con signos de tortura y violación en el exclusivo departamento del arquitecto Rafael Uribe, la indignación explotó y a pesar de que este delincuente ya paga su condena, es evidente que hay miles de Yulianas vendidas por sus conocidos, vecinos y hasta familiares a gente muy rica que busca satisfacer sus apetitos más feroces.

Se supo en ese momento, que el caso era sólo la punta del iceberg. Resultó ser una gran red de pedófilos de gran poder y fortuna que buscan pequeñas de bajos recursos para sus bacanales desenfrenados. Hasta ahora no se ha sabido nada más y el país ha olvidado la atrocidad a la que fue sometida esta pequeña y otras muchas sin voz, ni recuerdo.

Este panorama negro es el macabro velo que esconde la inmundicia de nuestra sociedad. Es tan grueso, que no llega la luz de la esperanza; es tan pesado, que no podemos cargarlo más sobre los hombros; y tan perverso, que sigue extendiendo sus horribles tentáculos a miles de niños y niñas, mujeres y sí, también hombres, cercenándoles la vida y condenándolos a una existencia de eterno terror y culpa. Una llamada de alerta para despertar y luchar por la vida y la dignidad humana.

 


Sobre esta noticia

Autor:
Lucia Aragón (1235 noticias)
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Reportaje
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